Chapter 1
Nunca pensé que la universidad cambiaría mi vida de esta manera. Llegué con la cabeza llena de sueños y libros, lista para enfocarme en mi futuro. Pero entonces lo vi. Ethan Miller. Su voz, profunda y segura, llenaba el aula, y sus ojos... esos ojos me hacían sentir como si pudiera ver a través de mí.
Al principio, intenté ignorarlo. "Es mi profesor", me repetía, "esto está mal". Pero cada vez que nuestros caminos se cruzaban, la electricidad entre nosotros era innegable. Una mirada fugaz en el pasillo, una pregunta en su oficina, cada encuentro era una tortura dulce.
Sabía que él sentía lo mismo. Lo veía en la forma en que su mirada se demoraba en mí, en el ligero roce de su mano al pasarme un libro. Pero ambos éramos conscientes del abismo que se abría ante nosotros. Su carrera, mi futuro, todo en juego por un deseo que crecía con cada día que pasaba.
La tensión se volvió insoportable. Las noches se llenaron de pensamientos prohibidos, los días de encuentros cargados de significado. ¿Cuánto tiempo podríamos resistir? ¿Podríamos ignorar lo que sentíamos y seguir adelante? ¿O cederíamos a la atracción que nos consumía, sin importar las consecuencias?
—Tierra llamando a Valeria— me desperté de mi ensoñación. —Otra vez soñando con el profesor— se burló Micka, mi mejor amiga y la única que tenía, para ser exactos.
—Shhh— le repliqué —no digas eso, que te van a oír— suspiré, no quería que nadie supiera de mi enamoramiento con el profesor. Creía que sería algo pasajero, como esos amores de verano, pero se había instalado como un inquilino que no quería irse. Soñaba con él, sueños nada castos.
—Vamos, no creo que a nadie le importe. He oído que el profesor de matemáticas de ciencias exactas sale con un alumno— Micka me miró con incredulidad.
—Eso no importa, Micka. Con mi suerte, el hombre que me gusta es casado o gay— dije mientras pagaba el café.
—No seas pesimista, no lleva anillo— comentó sentándose a mi lado.
Le di un sorbo a mi bebida. —Eso no significa que no tenga pareja— dije dejando la taza en la mesa.
Estuvimos un buen rato charlando sobre el profesor, sobre los chicos del campus y sobre las materias, aunque esto último no era tan importante en la conversación.
Levanté la vista y lo vi entrar con la profesora de idiomas. Suspiré, la señora Maison era una mujer exuberante, casi de su misma edad. Comparándome con ella, yo no era más que un bagre al lado de un delfín. "Vamos, Val, no seas pesimista, hay más peces en el mar", pensé. "Además, estás aquí para estudiar, recuerda", me dije como un mantra.
Mi amiga me hablaba de un chico que había conocido, y yo le respondía alegremente cuando sentí que alguien me miraba.
Mi paranoia me estaba atacando de nuevo. Intenté relajarme. Entonces entró Steven Price, el líder de una de las fraternidades del campus, cuál no lo sé ni me interesa. Se acercó a mi mesa y me puse nerviosa. Había oído rumores de que era alguien peligroso, que su papi siempre lo sacaba de apuros.
—Pero si son las chicas más lindas del campus— dijo, poniendo sus manos en mis hombros. No me gustó nada eso.
—Steven, hola, nos íbamos— dije, apartando su brazo y mirando a Micka, que agarraba sus cosas. Pero él parecía no entender las indirectas.
—Oh, vamos, chicas, no sean así. Mis amigos y yo queremos conocerlas— dijo, señalando al grupo de idiotas que lo seguían a todas partes como mascotas, o mejor dicho, sus lamebotas.
—Tenemos clase ahora y vamos a llegar tarde— dijo Micka, agarrando su bolso.
—Otro día será— hablé, intentando irme, pero Steven no quería dejarme ir. —Steven, llego tarde.
—Eso no importa, vamos, nena, divirtámonos un poco— jaló de mí, acercándome más a él. Podía sentir su aliento cerca, su cuerpo tonificado por el deporte.
Intenté zafarme de su abrazo de oso.
Cuando iba a decirle algo, el profesor intervino para mi rescate.
—Señor Price, ¿podría dejar a las señoritas en paz? Tienen clase y usted está obstaculizando su camino— la voz de Ethan resonó con una autoridad que hizo que Steven retrocediera.
Steven lo miró con desdén. —Profesor Miller, no sabía que era el protector de las damiselas en apuros. Solo estábamos pasando un buen rato—
—No me interesa lo que estuvieran haciendo. Ahora, si me disculpan, tengo una clase que dar— dijo Ethan, con una mirada que helaba la sangre.
Steven, visiblemente molesto, se alejó con su séquito de lamebotas, murmurando algo sobre "metiches"
Ethan se giró hacia nosotras. —Señoritas, ¿están bien?— pregunto
—Sí, profesor Miller, gracias— respondí, con el corazón latiendo a mil por hora. Micka asintió en silencio.
—Bien. Ahora, si me disculpan, tengo que ir a preparar mi clase. Y ustedes, no se retrasen— dijo, y se alejó por el pasillo
Micka me miró con una sonrisa pícara. —Vaya, vaya, parece que tu príncipe azul vino a rescatarte—
—No digas tonterías— respondí, sonrojándome. —Solo estaba siendo amable—
—Claro, como si no hubiera notado la forma en que te miraba— dijo Micka, con una ceja levantada. —Ese hombre te devora con los ojos, Valeria.
Intenté ignorar sus palabras, pero sabía que tenía razón. La forma en que Ethan me miraba... era diferente. Era como si pudiera ver a través de mí, como si supiera todos mis secretos. Y eso, me asustaba y me atraía al mismo tiempo. writing here…








