I. En otro mundo
Habían sido tiempos difíciles, desde el momento en que por miedo a su gran corazón lo maltrató y lo insultó, repitiendole que siempre sería sólo un inútil. Fueron tiempos difíciles cuando por fin pudo ver su error y disculparse…
Pero fue más difícil cuando un sentimiento extraño e intenso se instaló en su corazón, torturándolo diariamente con culpa y remordimiento. Solo cuando ese chico que siempre se colaba en sus pensamientos le gritó a viva voz que no sentía odio por él a pesar de todo, su cansado corazón tuvo un poco de calma.
Y solo entonces se permitió imaginar lo que pasaría si se atrevía a confesar su sentir. Quizás podría aspirar a un par de citas, quizás un noviazgo y tal vez “él” con su brillante mente y afán de ser un héroe podría haber ingresado al curso de estudios generales, y juntos pudieron convertirse en un gran equipo. Entre clases se permitía esa clase de pensamientos, trataba de encontrar una forma de confesar sus sentimientos a ese chico de pecas, pero nunca tuvo el valor de hacerlo.
La vida no espera a nadie, eso lo aprendió por la mala, cuando un día sin aviso llegó la tragedia, como una señal del destino diciéndole que había perdido su oportunidad.
Cuando el villano de lodo lo atacó estaba asustado, pensó que moriría ante la vista de la multitud; por supuesto nadie esperaba que alguno de los héroes presentes se moviera, la situación era peligrosa y no iban a arriesgarlo todo por un estudiante, pero sin duda, lo que nadie siquiera imaginaba era que un adolescente sin quirk corriera al campo de batalla para tratar de salvar al rehén.
Katsuki era quien estaba en peligro, sin embargo, sintió su miedo crecer al ver a Izuku correr para ayudarlo, ningún héroe profesional había intentado salvarlo, y ese pequeño pecoso con torpes movimientos le regaló segundos de valioso oxígeno cuando estaba a punto de desmayarse. Con la vista nublada Katsuki pudo ver el segundo que terminó por desgarrar su corazón: un terrible golpe del villano de lodo impactó de lleno en el costado del pequeño adolescente sin quirk, arrojándolo lejos. Katsuki vio con horror cómo su cuerpo rodó por el asfalto cubierto de cenizas, el mundo pareció detenerse cuando Izuku no hizo ningún intento por levantarse, se quedó en el suelo como si estuviera dormido, aunque todo el mundo comprendió que no era así. Ese valiente chiquillo había muerto.
No pudo recordar qué sucedió después, al parecer algún héroe lo salvó, aunque quizás el villano simplemente se fue, o tal vez podría haber muerto en ese momento y no lo había notado. Todo lo que podía recordar eran sus lágrimas y gritos alimentando el morbo de la multitud, mientras sostenía un pequeño cuerpo inerte entre sus brazos.
Al cabo de unos días recordaba perfectamente el funeral, corto y desolado, con un par de familiares, y algunos profesores que asistieron por compromiso. Pero él siempre estuvo ahí, consolando a la desamparada madre que lloraba sobre la tumba de su pequeño, y se quedó aún cuando Inko colapso y tuvo que ser llevada al hospital. Se quedó aún cuando la tierra cubrió su ataúd, aún cuando la lluvia torrencial se cernió sobre él. ¿Qué más podía hacer?, si bajo ese cúmulo de tierra yacía lo que más había amado, y quien se fue sin saber cuanto lo amaba.
Cada momento del último día en que lo vio regresaba a su mente solo para torturarlo una y otra vez, mientras él intentaba continuar con su vida, pasando cada año de su curso de héroe con la meta de vivir la vida que Izuku hubiera querido.
Le había parecido escuchar su voz mientras caminaba por la biblioteca de la UA, por instinto se volteó, solo para encontrarse con un pasillo vacío que le devolvió el amargo recuerdo de que él ya no estaba, y jamás volvería a llamarlo por ese apodo infantil.
Sólo una alucinación auditiva había bastado para recordarle todo aquello que llevaba años tratando de superar, ahora sólo podía aferrarse a las repisas repletas de libros, mientras sollozaba y dejaba sus lágrimas brotar. En ese rincón, el más apartado y olvidado de la biblioteca, permitió que sus recuerdos lo abordarán, nada importaba en realidad, solo quería ver esa sonrisa otra vez, aunque fuese solo un engaño de su mente.
Entonces lo escuchó de nuevo, está vez más cerca y más nítido.
—Por favor, te necesito. —La voz que llevaba tanto tiempo sin escuchar, pero que podía recordar perfectamente, llegó hasta él haciéndolo enfurecer.
—Deja de torturarte Katsuki —susurró para sí mismo—. Esto no es real, busca el puto libro y sal de aquí.
Se limpió las lágrimas mientras levantaba la vista para regresar a la repisa que había estado revisando, continuó buscando ese libro sobre la historia de los quirks para su ensayo, hasta que un libro en particular llamó su atención, uno muy antiguo al parecer, tanto que de su gastada portada ya no podía distinguirse siquiera el color, con los años el título también se había borrado por completo.
Por curiosidad lo tomó entre sus manos como una excusa para despejar su mente. Al hojear el extraño libro notó que en las amarillentas hojas no había una sola palabra plasmada, a pesar de que parecía haber sido releído incontables veces.
Algo más llamó su atención, mientras pasaba las gastadas hojas esa dulce voz regresó a él:
—¿Puedes escucharme? —preguntó el fantasma que lo atormentaba.
—Te escucho —respondió sollozando de nuevo, pues sabía que la voz que le hablaba no era real, era solo su mente jugando con él.
—¿Eres un héroe?
—Si Deku, lo soy —respondió con amargura. Pensó que quizás estaba enloqueciendo, pero eso no impidió que continuara hablando con aquella voz que provenía de ningún lado.
—¿Puedes ayudarme, por favor? —La tímida voz suplicante de ese chico de pecas hirió aún más su corazón, pero no dudó ni por un segundo que ayudaría a Izuku sin importar de qué forma se presentara ante él.
—Te ayudaré —dijo sintiendo un hueco en su estómago.
En el instante que pronunció aquellas palabras una cálida luz emergió de las gastadas páginas del libro, envolviendolo por completo sin darle oportunidad de procesar lo que sucedía, todo simplemente se acabó, fue como entrar en un profundo sueño o quizás una pacífica muerte.
Y así como se acabó comenzó de nuevo, con una maraña de sensaciones envolviéndolo; sentía el cuerpo cansado, como si llevara horas de entrenamiento; caliente, como si lo envolviera el fuego; luego frío, como si la muerte en verdad lo hubiese alcanzado. Abrió los ojos, pero no había nada más que una profunda oscuridad. Más allá de eso, en aquel lugar solo podía escuchar unos indescifrables murmullos. Su vista se aclaró un poco, solo para dejarlo ver siluetas borrosas paseándose frente a él. La situación lo puso alerta, al no saber si aquellas personas eran de confianza se levantó de inmediato poniéndose en guardia, listo para luchar, en ese momento un sonido metálico llenó la habitación.
—¡No, alto, guarden sus espadas! —pronunció una voz conocida, que cada vez sonaba más cercana.
—¡Majestad, no se acerque, es peligroso! —habló otra voz masculina.
—No, él aceptó ayudar, no puede ser peligroso… —continuó la primera voz.
Una figura de mediana estatura se acercó a él, lo suficiente como para que su vista lo enfocara, desde su cabello verde oscuro perfectamente peinado, sus pecas esparcidas por su rostro, hasta sus enormes y brillantes ojos verdes.
—¿Tú eres un héroe, verdad? —preguntó.
—Sí, Deku, lo soy. —Fue lo único que dijo antes de envolver en un abrazo al joven frente a él— Lo siento mucho, por favor perdóname… —susurró en medio del abrazo. Su cansada mente solo lo dejó pronunciar esas palabras, aunque las miles de ideas y disculpas que repasó en su mente por años estaban gritando, intentando salir de su garganta con gritos de súplica. Necesitaba gritar cada disculpa que tenía y cada “te amo” que reprimió.
Se aferró al cuerpo más pequeño con toda las emociones que lo consumían, agradeciendo a todos los dioses conocidos la oportunidad de volver a verlo, aunque sin entender cómo era posible.
—Bajen las espadas —ordenó el nuevo Deku.
Katsuki levantó la vista, encontrándose con un par de soldados apuntándolo con sus armas.
Entendió entonces que no estaba en UA y posiblemente ni siquiera en la época que recordaba.
Con cuidado se separó de Deku mientras levantaba las manos en señal de rendición. Por fin pudo ver con claridad, ese era Izuku, el mismo Izuku que había visto morir, aunque se veía algunos años mayor, era casi un adulto, estaba vestido con un elegante traje azul adornado con medallas doradas e insignias, a juego con una gran capa negra, un traje digno de un rey.
—Lo siento, me deje llevar —se disculpó Katsuki.
—No hay problema, héroe… después de todo funcionó... —dijo Izuku con voz débil.
Katsuki notó como la figura del nuevo Deku se desvanecía en un suspiro. Intentó sujetarlo, pero antes de poder alcanzarlo fue amenazado por las espadas de un par de soldados, extrañamente esos soldados tenían el mismo rostro que sus amigos de la UA: Kirishima y Tokoyami, ambos portaban armaduras plateadas, y lo miraban con cautela mientras intentaban levantar a Izuku.
—No te atrevas a tocarlo de nuevo —amenazó Kirishima.
—Chicos, por favor, es nuestro invitado —susurró Izuku débilmente, apenas consiguiendo mantenerse consciente.
—Majestad, no se esfuerce demasiado, ya lo logró, podemos continuar en otro momento —habló con seriedad Tokoyami.
—Aún me queda fuerza para continuar, solo un poco más Tokoyami —insistió Deku, poniéndose de pie—. ¿Cuál es tu nombre, héroe? —preguntó.
—Katsuki… Bakugo Katsuki —respondió con el mismo tono cálido con el que solía dirigirse a Izuku.
—Bakugo Katsuki, soy el príncipe Izuku, de la familia Midoriya —dijo extendiendo su mano.
Katsuki lo sujetó, sin pensar que aquello se trataba de un trato, en cuanto sus manos se encontraron juntas otra luz emergió de ellas, trayendo consigo tatuajes rúnicos de brillante color verde que se dibujaron alrededor del cuello de Katsuki y sobre la mano derecha de Izuku.
—Bienvenido a Gaia… —fue lo último que el príncipe susurró antes de desmayarse.
Kirishima y Tokoyami estaban ahí para sujetar a su príncipe.
—Iré a buscar al rey y a los monjes, tú llévalo a su habitación —habló Tokoyami.
—Yo me encargo. —Kirishima cargó sin problemas al joven príncipe y comenzó a caminar fuera del lugar— Sígueme —le ordenó al héroe.
De pronto Katsuki se encontró caminando por un majestuoso palacio, ricamente adornado con telas, pinturas y esculturas. El nuevo paisaje no lo desconcentró del problema principal, al parecer de alguna forma había terminado en un mundo diferente al suyo; lo sabía porque todo se sentía real, era habitante de su piel, podía sentir las molduras que adornaban las paredes, podía oler el aroma que desprendían los pergaminos sobre los muros. Cada paso que daba lo hacía ser consciente de sus músculos y tendones obedeciendo a su sistema nervioso, definitivamente estaba vivo habitando un mundo extraño.
Finalmente llegaron a una enorme habitación aún más sorprendente que todo lo que había visto por los pasillos, la enorme cama con dosel era lo menos importante, lo verdaderamente fascinante era la pared del fondo repleta de estanterías llenas de libros y objetos extraños. El soldado llevó al príncipe hasta su cama, siendo auxiliado por Katsuki para acomodarlo bien.
Cuando acordaron que el príncipe podría descansar, ambos se quedaron en silencio; Katsuki observaba con detenimiento cada detalle del joven dormido, sin darse cuenta que él mismo era observado por el soldado.
—¿De verdad vienes de otro mundo? —preguntó Kirishima casi en un murmullo.
—Tal parece que sí…
Katsuki se quitó el antifaz de su traje de héroe, solo para dejar a la vista sus afilados rasgos.
—¿El joven príncipe lo consiguió? —Otra voz conocida, podía recordar la monótona y cansada voz de su maestro de primer año en la UA, Aizawa Shota. Se giró, y entonces se encontró con el hombre vestido con una gran túnica negra y un báculo en su mano, luciendo además unas terribles ojeras que ya eran parte de él, como si hubiese nacido con ellas.
—¡Esto es maravilloso! —gritó otro hombre que acompañaba a Aizawa, acercándose a Katsuki y extendiendo su mano para saludarlo— Bienvenido héroe, permítame darle la más cortés bienvenida, tenga a bien llamarme Hisashi, rey de Gaia.
Katsuki devolvió el saludo observando atentamente al rey, un hombre alto de cabello negro y una larga barba, se veía un tanto joven y a pesar de su sonrisa amable Katsuki supo de inmediato que algo de ese hombre no le daba buena espina, algo en su mirada encendía sus alertas.
—¿Rey?, aún nadie me ha explicado que estoy haciendo aquí —respondió cortante.
—Te… te necesitamos, por favor no te molestes, te explicaremos todo con detalle —la cansada voz de Izuku lo tomó por sorpresa, se giró de inmediato para encontrarse con los ojos esmeralda.
—No estoy molesto, solo confundido, diganme que hago aquí y al menos podré pensar con claridad esta noche.
El rey asintió y Aizawa se acercó para ser él quien explicase su situación.
—Hace unos meses apareció en las afueras del reino una torre extraña, rodeada por maleza muerta encantada bajo algún hechizo, nadie ha podido acercarse a ella, pero desde su aparición hemos sido víctimas de ataques de criaturas que jamás habíamos visto; parece ser que esa torre las trae aquí. Por suerte los soldados siempre han podido repeler los ataques, aunque cada vez es más difícil… Entre las profecías y hechizos más antiguos nos enteramos que en épocas antiguas los seres más poderosos eran capaces de invocar espíritus de otros mundos, que podrían servir a un portador. Con el tiempo llamamos a esos espíritus héroes. Llevamos mucho tiempo intentando invocar un espíritu que pueda ayudarnos, los hechiceros más poderosos del reino han intentado hasta agotar su magia, pero hoy, después de que casi perdiéramos la esperanza, el príncipe lo ha logrado.
—Sé que aceptaste sin saber la razón por la que te traje aquí —dijo débilmente Izuku—, sin embargo, en cuanto nuestro trato termine podrás regresar a tu mundo… Lamento que estés en ésta situación, pero en serio necesitamos tu ayuda…
—¿Cómo están seguros que un desconocido podrá ayudarlos? —preguntó Katsuki.
—Eres fuerte, respondiste al hechizo y estás aquí. Además, cada ser que es invocado adquiere fuerza de nuestra diosa, ella te guió hasta aquí por una razón —respondió Aizawa.
—Entonces, ¿nos ayudarás? —insistió Izuku.
Katsuki miró al príncipe con una expresión extraña, que significaba que lo protegería a pesar de todo.
—Está bien, los ayudaré, pero aún tengo muchas preguntas para ti —dijo dirigiéndose al príncipe que no podía ni levantarse de la cama.
—De acuerdo, responderé con sinceridad todo lo que pidas —prometió—. Gracias, héroe —dijo, para finalmente cerrar los ojos y caer rendido ante el sueño.
Con el príncipe dormido fue el rey quien se encargó de mostrarle a Katsuki todo lo que su palacio podía ofrecer, y todo lo que podía tomar, después de todo eran el invitado más importante que hubiera podido quedarse en su palacio.
Conforme más lo alejaban de Izuku, Katsuki sentía más sus nervios alterarse, después de un largo tiempo sin verlo, saberlo vivo nuevamente fue demasiado para su corazón herido. Necesitaba estrecharlo de nuevo entre sus brazos, gritarle cuanto lo había extrañado y cuánto lo amaba. Necesitaba aprovechar esa nueva oportunidad del destino.