Elaris

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Summary

Sigue la historia de Lea, una joven monarca que tuvo que ascender al trono tras la muerte de su madre. Ella tiene que empezar a entender la política y sostener un territorio en colapso. Mientras tanto, todo se le complica cuando 6 figuras, consideradas hasta entonces leyendas, regresan tras trescientos años para una guerra que amenaza con arrasar todo.

Genre
Fantasy
Author
Astrid
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Era un día normal supuestamente. Tenía a dos doncellas a mi lado arreglándome el pelo a tirones mientras yo tenía la cabeza agachada porque me dolía la raíz del pelo, pero bueno. Una me hacía un moño y la otra me ponía piedras brillantes a mis alas negras.

Tenía un vestido algo grande para mi edad. Me picaba mucho las telas rugosas y hace mucho calor con esto puesto, me rascaba el cuello con fuerza, sin embargo, el encaje me apretaba los pechos junto con el corsé que me hacía la cintura más pequeña además de que me dejaba la piel roja e irritada.

Deseaba estar en mi cuarto. Solo estar debajo de la manta, tapada hasta la cabeza, esperando a que mamá viniera. Después de que las muchachas hicieron el peinado me dirigí hacia la señora que guardaba las horquillas del pelo en un gabinete y le pregunté en donde estaba mamá y me dijo que estaba descansando en sus aposentos.

—¿Y por qué no viene? ¿Por qué no puedo verla? —pregunté con una rapidez desesperada.

—Ahora no es un buen momento, princesa —me respondió con pesar.

—Siempre me dicen eso —murmuré bajito y con las manos en la barriga que me empezaba a doler y no era por hambre. Quién sabe qué será.

—Ya no preguntes nada más, Lea— me decían. Pero quería y tenía muchas ganas de preguntar. ¿Dónde está mamá? Y como soy algo cabezota, lo repetí una vez. Dos. Tres. Hasta una cuarta que ya me empezaron a mirar mal y tuve que callarme para que no me gritaran.

Me guiaron hacia una sala grandísima con montón de personas vestidas de negro y joyas. Al frente está el trono de mamá y ponía su nombre grabado en la piedra oscura —Isolde de Elaris—. Todos se inclinaron hacia mí con copas en la mano y miradas de tristeza.

¿Qué? No entendía nada de lo que estaba pasando. Me paré y me puse delante de uno de los guardias que me estaban escoltando y le cuestioné por qué había tantos nobles reunidos.

Los tres guardias se miraron entre ellos y murmuraron algo que sinceramente no entendí. El mismo al que le pregunté me respondió que hay una ceremonia importante.

—¿Qué ceremonia? —demandé saber.

—De despedida a Isolde.

¿PERDÓN? ¿Cómo que despedir a mamá?

—¿Cómo? —cuestioné demasiado confundida —¿Es que mamá se fue y no me llevó? —pregunté ya entrecortado y con el pulso acelerado. Empecé a estresarme mucho de tanto misterio.

que me giré sobre mi propio eje para ver todo el salón… y lo que me encontré fueron cientos de personas mirándome —unos con curiosidad, otros con esa seriedad que no entendía del todo—. De pronto, sentí unas manos sujetándome suave de la cintura (estrecha por culpa del corsé del vestido) y, sin aviso, me colocaron sobre el trono. En ese instante, todo el mundo hizo una reverencia…

Mis ojos se llenaron de agua al momento —no porque quisiera llorar delante de todos, sino porque no estaba procesando nada—; además, me dolía demasiado pensar que mamá se había ido sin mí. Me quedé aferrada a la única esperanza de que en cualquier momento cruzara esa puerta… la misma que no dejaba de mirar fijamente, mientras ignoraba la bulla de los nobles.

Las piernas me colgaban sin tocar el suelo y, entonces, uno de los guardias más nuevos se acercó y me colocó una corona llena de detalles; piedras de osmio, brillantes y frías, tan pesada que parecía un rompecuellos de lujo… y olía a mamá. Lo que yo no sabía —ni imaginaba— era que ella no volvería nunca más, y que, con apenas ocho años y sin saber nada de política (solo jugar con muñecas), ese trono detrás de mis alas y mi espalda quedaría para siempre grabado como:

«Lea de Elaris».