01║Hola
El eco de sus zapatos resuena suavemente con cada paso que da hacia el escritorio de la recepcionista. El olor a desinfectante le resulta frío, clínico, y el silencio que domina la sala amplifica el peso de sus pensamientos. Las paredes blancas, decoradas con pósteres de cuidado prenatal, parecen observarlo desde cada rincón, haciéndolo sentir fuera de lugar. Su respiración se mantiene controlada, pero la opresión en su pecho aumenta, recordándole que este no es un día cualquiera. Aún así, avanza.
Llega hasta la joven de uniforme impecable, que lo recibe con una amable sonrisa. Él intenta devolverle el gesto, pero su mente está presa del miedo, la angustia e incluso la tristeza. Hoy, más que nunca, su experiencia para mantener las emociones al margen parece tambalear.
—Buenos días, bienvenido —saluda la chica, mostrando su ortodoncia—. ¿En qué le puedo ayudar?
Jimin lleva un mechón corto detrás de su oreja con esa elegancia que cautiva. Le extiende a la chica el papel que había impreso el día anterior en el pequeño cubículo donde trabaja.
Aunque su mano parece firme, su corazón late con fuerza.
—Tengo una cita —dice en un tono claro, sin titubear, pero la pesadez en su pecho lo traiciona.
La recepcionista toma la hoja doblada cuidadosamente e ingresa los datos en su computadora. Jimin observa cómo sus dedos se deslizan por el teclado. La espera se le hace lenta.
—Señor Park, ¿me permite su identificación? Necesito el número de su seguro médico.
Jimin, con manos algo temblorosas, abre su bolso, encuentra su billetera y saca la identificación. Se la entrega sin decir palabra. El silencio se extiende mientras la joven teclea los datos, y el leve fruncir de su ceño le confirma lo que ya temía. Su respiración se vuelve un poco más superficial.
—¿Sucede algo? —pregunta, aunque una parte de él ya sabe la respuesta.
—Su seguro médico... parece que está cancelado.
El nudo en su garganta se hace más denso. Traga saliva con dificultad, luchando contra el impulso de dejar que el pánico lo domine. No era el momento. Aunque había albergado una pequeña esperanza de que su padre no llegaría tan lejos, siempre lo supo, en el fondo. Era cuestión de tiempo.
Sonríe un poco, forzando el gesto para que la chica, ahora visiblemente preocupada, se sienta más cómoda. Pero también sonríe porque, en realidad, ya había tomado una decisión, y ahora debía vivir con las consecuencias.
El labio le tiembla ligeramente. Inhala profundamente, dejando que el aire lo estabilice por un momento, antes de hablar.
—No pasa nada. ¿Aceptan débito? —pregunta con naturalidad, su voz firme, aunque por dentro todo está desmoronándose. Le resulta fácil mantener esa fachada; lo ha hecho tantas veces que ya ni siquiera duda al hacerlo.
La recepcionista asiente y le muestra el monto a pagar. Es una cantidad considerable. Jimin observa los números en la pantalla y sabe que tendrá que reorganizar su presupuesto. Habrá que tachar algunas cosas de su lista de prioridades si quiere seguir pagando las consultas médicas.
—Señor Park... ¿estudia en la Universidad Central? —pregunta la joven, con los ojos puestos en su carné estudiantil.
Jimin levanta la vista, sorprendido, pero asiente brevemente.
—Sí.
La chica muerde su labio, pensativa, y toma su tarjeta. Antes de proceder con el pago, se detiene un momento.
—La Universidad Central tiene un seguro médico estudiantil. No cubre la totalidad... solo un treinta por ciento en consultas.
Jimin cierra los ojos por un instante, procesando la información. Asiente lentamente, un alivio tenue lo recorre. Es un respiro breve, pero reconfortante en medio del caos mental que lo envuelve.
Agradecido, proporciona los datos necesarios para completar el pago utilizando el beneficio del seguro estudiantil.
—Listo, puede esperar en la sala. En un momento lo llamarán —dice la recepcionista, con la misma amabilidad.
Jimin le dedica una sonrisa cortés y se dirige a las sillas de espera. El frío del asiento metálico traspasa la tela de su pantalón, pero él mantiene su postura erguida y elegante. Al alzar la vista, un póster en la pared capta su atención. Muestra la anatomía de un doncel y una mujer en gestación, con anotaciones comparativas. Se concentra en cada detalle, aunque ya conoce bien esa información. Durante los últimos días ha leído todo lo que ha podido sobre el tema.
El sonido de risas lo saca de sus pensamientos. Desde el consultorio, una pareja sale caminando; la mujer con el vientre abultado, sostenida de la mano por su pareja. Ambos sonríen, radiantes, compartiendo una alegría que parece llenar la sala.
«¿Me veré así más adelante?» se pregunta, aunque para él esa escena parece tan distante como ajena. Entiende la felicidad de esa pareja, pero no logra proyectarla en sí mismo. Para Jimin, la realidad que enfrenta es mucho más complicada.
—Park Jimin.
La voz lo vuelve a traer a la realidad. Se levanta con la misma elegancia con la que llegó y camina hacia la puerta del consultorio.
Al entrar, la doctora lo recibe con una sonrisa cálida. El ambiente del consultorio es igualmente frío y clínico, con más imágenes prenatales adornando las paredes. Una camilla está al fondo, separada por una cortina blanca.
—Hola, Jimin-ssi. Es bueno verte —dice la doctora, señalándole la silla vacía frente a su escritorio —. Toma asiento.
Jimin asiente levemente, aunque por dentro sus pensamientos se arremolinan. Era su primera vez en una consulta obstétrica, y la situación lo hacía sentir más vulnerable de lo que jamás había experimentado. Aún así, su postura seguía impecable, su traje perfectamente arreglado, y su sonrisa en su lugar.
—Buen día, doctora Kang. Es un gusto verla nuevamente —saluda con voz educada, controlada, como siempre.
—El gusto es mío. Me has sido de mucha ayuda. Serás un excelente abogado, lo sé —responde la doctora, y Jimin le ofrece una pequeña sonrisa en agradecimiento-. Supongo que ya has tomado una decisión.
Jimin traga saliva discretamente. La doctora Kang es clienta del consultorio jurídico donde él trabaja como asistente a medio tiempo, y por fortuna ha sido de gran apoyo durante los últimos días.
—Voy a continuar —responde, su tono firme, sin dejar espacio para la duda.
La doctora Kang asiente con una sonrisa que tiene ese toque de condescendencia al que Jimin ha tenido que acostumbrarse en las últimas semanas. Quizás deba verlo más a menudo.
—Recuerda que no había una decisión incorrecta. Continuar o no, ambas cambiarían tu vida. Eres muy inteligente, Jimin-ssi. Serás un excelente padre —le dice con suavidad. —. Lo importante es que tienes la opción de elegir.
Jimin baja la mirada por un instante, fijándose en lo impecable de sus uñas, perfectamente arregladas. “Buen padre”... no estaba tan seguro, aunque ya había tomado la decisión.
—Bueno, te haré unas preguntas antes de proceder con la evaluación física, ¿te parece bien?
Mientras la doctora hablaba, Jimin asintió de nuevo, procesando cada palabra con atención, aunque la realidad de lo que estaba por enfrentar lo golpeaba lentamente. La idea de hablar sobre su cuerpo de una forma tan íntima, de reconocer que algo dentro de él estaba cambiando por completo, lo hacía sentir como si una pesada niebla cubriera su mente.
—Sí... gracias —responde con cortesía.
—Bien, ¿Es tu primer embarazo? — Jimin asiente tímido y la doctora teclea en su computador —. ¿Cómo te has sentido? ¿Algún síntoma incómodo?
—Vómitos matutinos, principalmente... y, ¿el cansancio cuenta como síntoma? —pregunta, genuinamente curioso.
—Sí, de hecho es bastante común. Te voy a recetar algunas vitaminas. La pérdida de energía es parte del proceso, por lo que es importante que mantengas una dieta balanceada y tomes tus suplementos. ¿Alguna otra molestia?
Jimin medita brevemente antes de negar con la cabeza.
—¿Estás haciendo alguna actividad física?
—Sí, suelo trotar cada mañana por cuarenta minutos y los domingos voy al gimnasio.
—¿Pesas?
—Sí, y barras.
La doctora ajusta sus gafas y teclea algunos datos en su computadora.
—¿Lo has hecho en el embarazo?
—Si. Aunque después de enterarme lo dejé —admite con un leve suspiro.
—Bueno, ahora revisaremos tu estado físico para ver si puedes mantener tu rutina o si es mejor reducir la intensidad. No recomiendo a mis pacientes que dejen de hacer ejercicio, especialmente si ya están acostumbrados. Es muy beneficioso, tanto para ti como para el bebé.
—Entendido —responde Jimin, aunque una ligera inquietud cruza su mente. La idea de que algunos de sus hábitos puedan cambiar lo hace sentir un poco abrumado.
—¿Cuándo fue tu último ciclo?
—Hace ocho meses.
—¿Era regular?
—Sí, cada seis meses. Por eso tardé en darme cuenta —explica, con la naturalidad que le permite su habilidad para mantener la calma.
—Los donceles tienen suerte -comenta la doctora con una sonrisa—. Nosotras, las mujeres, lidiamos con el ciclo mensual. Ustedes solo dos veces al año.
—Sí, me lo han dicho muchas veces —responde Jimin, sin añadir más, con su habitual compostura.
—Voy a tomarte la presión —anuncia la doctora mientras se acerca con el tensiómetro, envolviendo su brazo derecho. Tras unos segundos, registra los resultados en su archivo—. ¿Desayunaste?
Jimin asiente con discreción.
—Bien. Es importante que tomes algo antes de salir. Las mañanas pueden ser duras si no tienes los niveles adecuados de azúcar. Ahora, pasa por favor a la báscula y luego a la camilla. Haremos una ecografía.
Jimin se acomoda en la camilla, siguiendo las instrucciones de la doctora Kang. Su abdomen expuesto, vulnerable, mientras fija la mirada en la lámpara del techo, intentando no pensar demasiado en lo que está a punto de ver. El frío estéril del consultorio se cuela por cada rincón de su ser, pero nada es más gélido que la sensación de incertidumbre que lo invade.
Escucha el sonido de los guantes de látex deslizándose sobre las manos de la doctora y el crujido del gel que se prepara para ser aplicado. Todo parece distante, como si la escena estuviera ocurriendo fuera de su propio cuerpo.
—Te voy a aplicar un poco de gel. Puede sentirse incómodo, pero es necesario —dice la doctora con un tono suave pero profesional.
Jimin asiente, sintiendo el gel frío contra su piel. La sensación lo trae de vuelta a la realidad, pero no logra disipar el nudo que tiene en el estómago.
La doctora comienza a mover el aparato por su abdomen, enfocada en la pantalla. Jimin desvía la mirada hacia el monitor, pero su mente sigue atrapada en otra parte, en la noche que lo cambió todo. Una noche de risas, de música alta y copas de más. Una noche que debió ser solo eso: una noche.
—Aquí está —la voz de la doctora lo trae de vuelta —. Estás de catorce semanas, Jimin-ssi.
Catorce semanas. Sabía exactamente cuándo había ocurrido. Lo sabía desde que vio la línea positiva en la prueba de embarazo, pero escucharlo de la doctora le da un peso distinto, una realidad que ya no puede ignorar. Esa fecha, nueve de marzo, lo persigue como una marca imborrable de una decisión impulsiva.
Recuerda esa fiesta. El calor de los cuerpos bailando, el brillo de las luces, la sonrisa ladina y encantadora de alguien que no conocía hasta esa noche. Nunca pensó que una conexión tan fugaz podría tener un impacto tan profundo. Era solo una fiesta, una distracción. Pero ahora, ese encuentro tenía un rostro, un latido que resonaba en la pantalla frente a él.
Jimin respira hondo, intentando ordenar sus emociones. El peso de la realidad comienza a hundirse en su pecho. Este no era el futuro que imaginaba para sí, pero ahora tenía que enfrentarlo. No había marcha atrás.

Jimin llegó a la residencia estudiantil agotado. Aunque la clínica no quedaba muy lejos, el trayecto a pie le había resultado extenuante. Adaptarse a la ausencia de su auto se había convertido en un desafío que se sumaba a su creciente malestar.
Su padre estaba decidido a retirarle todo tipo de ayuda y privilegio. No solo le había quitado el auto, sino que también había cancelado sus tarjetas de crédito. La noticia del seguro médico cancelado había sido un golpe bajo, pero Jimin estaba decidido a mantenerse firme en su decisión.
Al llegar a su habitación y ver la correspondencia acumulada sobre su pequeño escritorio, no le sorprendió encontrar entre ella una orden de desalojo. Su padre también había dejado de pagar por la residencia.
Se sentó en la cama, mirando el pequeño espacio que había sido su hogar durante los últimos cuatro años. El escritorio estaba lleno de libros, los horarios estaban pegados a la pared, y varias fotografías, cuidadosamente colocadas por su mejor amigo, adornaban el lugar. Era un refugio modesto pero familiar.
Podría haberse mudado a un apartamento, como su padre sugirió infinidades de veces, pero Jimin había rechazado la idea a pesar de que su padre no escatimaba en gastos por él. Ahora, sin embargo, todos esos recursos habían sido arrebatados. Todo por quedar embarazado de un desconocido en lugar de la persona que su padre había planeado para él.
Jimin, con las manos temblorosas, abre su bolso y saca la ecografía. La mira y siente sus ojos arder. Allí está su bebé: era real, era suyo. Aunque había tomado la decisión correcta, el peso de la realidad aún lo abrumaba.
Deja salir el primer sollozo, el nudo en su garganta se había hecho insoportable.
—Puedo... puedo con esto —murmura entre lágrimas, aferrándose a la ecografía como si fuera un salvavidas. Se repite a sí mismo que no es el primer padre soltero y que encontrará soluciones. Es el estudiante de derecho más sobresaliente de su clase, y aunque tener un hijo sea un desafío, está decidido a enfrentarlo. Sin embargo, al ver la ecografía, todos sus muros de seguridad se derrumban, dejándolo sentir solo y vulnerable.
Su teléfono vibra y, entre lágrimas, se recompone para ver la notificación. Su mejor amigo le había conseguido el contacto que estaba buscando. Sin pensarlo mucho, respira profundo y realiza la llamada, sintiendo que cada segundo solo incrementa su angustia. Es lo correcto... lo legal y moralmente correcto.
—¿Hola?
La voz ronca al otro lado de la línea hace que Jimin apriete los ojos, su cuerpo temblando de nervios. Respira profundamente y trata de calmar su agitada respiración mientras traga saliva y ajusta su voz para hablar.
—Hola... ¿Min Yoongi?
—Eh... ¿quién eres y qué quieres con él? —La voz en la otra línea suena cargada de desconfianza.
—Soy Jimin... Park Jimin. No sé si me recuerdas...
—¿Jimin? ¿El Jimin de la fiesta de Jackson? —La incredulidad es palpable en la voz de Yoongi.
Jimin siente un ligero alivio al confirmar que Yoongi no lo había olvidado del todo
—Sí... ese Jimin.
—Oh —Un silencio incómodo se instala. Jimin se aferra al teléfono con fuerza, asegurándose de que la llamada sigue en curso mientras mira la pantalla de su teléfono con ansiedad —. Oye... me diste mal tu número. Intenté llamarte y me respondieron de una lavandería.
Jimin se lleva una mano a la frente, sintiendo un peso en el pecho. Agradece estar solo en su habitación, aunque la situación le resulta angustiante. No pensó que sería necesario estar en contacto con alguien que se iba del país en pocos días.
—Ah, eso... lo siento.
Un bufido se oye al otro lado de la línea.
—¿A qué debo tu llamada entonces?... espera —El tono de Yoongi cambia, se vuelve más preocupado—. No me digas que es una ETS.
—No... no, no, no. Me hice pruebas, estoy... estoy limpio —asegura Jimin con voz temblorosa, sintiendo cómo el sudor le recorre la frente —. Dame tu correo y te reenvío los resultados del laboratorio.
Yoongi hace una pausa, y Jimin puede escuchar el leve suspiro al otro lado. Luego, el tono de Yoongi cambia de nuevo, esta vez a uno más seductor.
—Está bien, te creo. Solo que me sorprende un poco que alguien tan lindo como tú me llame después de varios meses.
Jimin siente un escalofrío recorrer su cuerpo ante la respuesta de Yoongi. Su actitud seductora le recuerda dolorosamente cómo llegó a esta situación. Se golpea la frente con una mezcla de frustración y desesperación, incapaz de contener el dolor que le causa recordar todo lo que ha pasado.
—Necesito decirte algo —inicia Jimin, llenándose de valor —. Antes que nada, quiero que sepas que no es mi intención hacer ninguna exigencia. Solo pretendo que estés informado.
—Bien, ya me estás asustando, lindo.
Jimin respira profundo, sintiendo cómo el nudo en su garganta se hace más apretado. Con una determinación que apenas puede mantener, suelta las palabras sin rodeos.
—Estoy embarazado.