Examen de Ingreso
La mañana en la ciudad de Musutafu tenía ese tipo de claridad que solo el invierno podía ofrecer: el cielo límpido, el aire crujiente y fresco, y el murmullo de cientos de jóvenes caminando hacia un mismo destino.
Frente a las puertas monumentales de la Academia U.A., futuros héroes se agolpaban como hojas en una ráfaga. Algunos hablaban con nerviosismo, otros revisaban sus notas, y unos pocos simplemente... se dejaban llevar por el viento.
Uno de ellos, un chico de cabello negro despeinado que se agitaba con cada soplo de brisa, estaba a punto de llegar tarde. No porque se hubiera dormido —de hecho, llevaba despierto desde que el cielo aún era gris— sino porque se había entretenido creando espirales en el aire con su Quirk mientras sobrevolaba los tejados.
—¡Yuto, idiota, no te distraigas! —se regañó en voz baja mientras aterrizaba con un giro acrobático frente a las puertas de U.A., justo cuando el reloj marcaba la hora exacta.
Sus pies tocaron el suelo con un pulso suave, como si la gravedad dudara en reclamarlo del todo. Algunos candidatos cercanos se volvieron hacia él, entre asombrados y confundidos por la entrada dramática pero sin alarde.
—¿Y ese quién es? —susurró alguien.
—¿Llegó volando...? ¿Eso está permitido?
Yuto se encogió de hombros, una sonrisa ladeada en su rostro. No había hecho trampa, solo... usado el camino menos congestionado.
—¡A tiempo! Eso es lo único que importa —dijo para sí mismo, guardando las manos en los bolsillos mientras se unía al grupo.
Justo entonces, una voz lo sacó de su contemplación.
—¿Tú también usas el aire? —preguntó una chica con ojos intensamente rosados y cuernos en espiral, caminando a su lado. Era Mina Ashido. Su tono era amistoso, aunque había una chispa de curiosidad competitiva en él.
—Pulso Aéreo —respondió Yuto, sin dejar de sonreír—. Lo genero desde mi cuerpo. Presión y dirección. ¿Tú?
—¡Ácido! —respondió ella con una sonrisa orgullosa—. No vuela, pero derrite cosas con estilo. ¡Mina Ashido, por cierto!
—Yuto. Solo Yuto. Aunque si entro, espero tener un apodo más heroico que “el chico que casi llega tarde”.
Mina soltó una carcajada auténtica que hizo que algunos candidatos los miraran de reojo. Yuto no se inmutó.
En la fila, más adelante, Izuku Midoriya murmuraba nerviosamente para sí mismo, repasando estadísticas, estrategias y todo lo que sabía de los robots de prueba. A su lado, Ochaco Uraraka lo observaba con una mezcla de intriga y compasión. Pero su atención se desvió un momento al ver a Yuto y Mina conversando con naturalidad, como si no tuvieran una montaña de presión sobre los hombros.
—Ese chico tiene confianza —comentó Uraraka, casi sin pensarlo.
—Demasiada... —murmuró Bakugo detrás, con los brazos cruzados y el ceño fruncido—. Lo van a aplastar si cree que volar un poco lo hace especial.
Mientras tanto, Yuto alzaba la vista al edificio principal. Su sonrisa se desvaneció levemente, reemplazada por algo más serio.
“Libertad no es solo moverse rápido. Es poder elegir hacia dónde vas.”
Poco después, en la sala de espera...
El murmullo disminuyó cuando un holograma de Present Mic apareció sobre el escenario. El héroe radial dio su clásico saludo con una energía que hizo vibrar los vidrios.
—¡Bienvenidos, futuros héroes! ¿Están listos para patear algunos culos metálicos? ¡Es hora del EXAMEN DE INGRESO!
Mientras los detalles se explicaban, Yuto movía un pie rítmicamente, no por impaciencia sino por instinto. Estaba relajado, pero su mirada recorría el lugar, memorizando rostros, evaluando energías. Notó a una chica de cabello corto y expresión severa —Momo Yaoyorozu— que parecía repasar mentalmente cada palabra del presentador. También captó a una joven de lentes redondos, algo tímida, pero con una mirada que no pasaba por alto detalles —Mei Hatsume— trasteando con una especie de brazalete casero.
Yuto no lo sabía todavía, pero esas chicas —y otras más— cruzarían su camino de formas inesperadas.
Cuando la puerta hacia la zona de prueba se abrió con un estruendo hidráulico, Yuto se adelantó entre los primeros.
—¡Oye, la prueba aún no empieza! —le gritó un candidato detrás, desconcertado.
Yuto giró apenas la cabeza, lanzando una sonrisa juguetona mientras su cuerpo se impulsaba hacia adelante con una potente ráfaga de aire.
—El viento no espera. Yo tampoco.
Y así, con una estela de presión en el aire y las expectativas alzadas como banderas, comenzó su verdadero vuelo hacia lo desconocido.