Best Enemies (Kookmin +18)

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Summary

"Odiar es tan intenso como amar"

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Complete
Chapters
1
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n/a
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18+

Capítulo 1

[Jimin]

No diría que soy un mal estudiante, pero tampoco me tiraría flores. Mis notas están justo en ese glorioso punto medio entre “no me echan” y “no me felicitan”. Por eso, Taehyung, mi autoproclamado mejor amigo, ha decidido que soy el candidato ideal para sus ideas idiotas.

Actualmente tengo cinco problemas.

Problema número uno: Jeon Jungkook. El ser más irritante que camina sobre esta Tierra. Si el fastidio tuviera forma humana, definitivamente sería él. Tenemos un pasado turbio y un presente digno de telenovela barata, donde yo soy el protagonista víctima y él el villano con abdominales. No puedo verlo sin que mi presión arterial suba. Y sí, ya lo sé, Namjoon siempre viene con su frase de sabio de feria: “odiar es tan intenso como amar”. No, Namjoon, yo solo quiero lanzarlo por las escaleras.

Problema número dos: mi orgullo. Porque no sé perder, ni callarme, ni simplemente decir “no, gracias” cuando me proponen algo estúpido. ¿Orgullo tóxico? Puede ser. ¿Me importa? No.

Problema número tres: las apuestas. Si alguien dice “apuesto a que no te atreves”, ahí estoy yo, haciendo el ridículo con total dignidad. Taehyung lo sabe y lo explota como un genio del mal. ¿Será el parte del elenco de villanos? No lo negaría.

Problema número cuatro: cálculo. Esa materia infernal donde apenas sobrevivo. ¿La nueva apuesta? Aprobar con buena nota. ¿Mi reacción? Reírme. ¿Lo que hice después? Aceptarla.

Problema número cinco: el desconocido. Porque si pierdo, tengo que mandarle fotos no aptas para todo público a alguien que ni siquiera sé quién es. Y no, no estoy hablando de foticos casuales. Ustedes ya se imaginan el tipo de fotos. ¡Gracias, Taehyung!

...

Soy un estúpido.

Primero, hice una estúpida apuesta, una que claramente perdí y me llevó al segundo punto: Tengo veinte años y acababa de jalarme la polla por un par de mensajes, y eso no era lo peor. ¡Lo peor es que apenas tuve que masajearme unas cuantas veces para venirme! Como un niñato pre aborrescente, hormonal y sin experiencia.

Justo ahora veía el semen en mi mano, estaba asqueado y arrepentido de mi comportamiento. Fruncí el ceño y maldije en mi mente, auto recriminándome por lo hecho. ¡A quien engaño! El placer valió la pena.

No me llevó mucho tiempo limpiar mi mano con papel higiénico, salí del cubículo y me miré al espejo, observando con desgano mi apariencia. Me sentía incomodo; cabellos ondulados caían por mi frente, Namjoon solía decir que me hacía ver más joven, más atractivo, ¡una total mentira!

Miré mis mejillas sonrojadas y mis labios lastimados debido al fuerte agarre de mis dientes en ellos, obligándome a callar los absurdos jadeos involuntarios que minutos atrás deseaba soltar.

Me sentía molesto, sin saber bien qué me molestaba más. Podría ser el hecho de que un par de mensajes me pusieron tan caliente como para masturbarme en el baño de la universidad, ¡Dios! Me estaba convirtiendo en un pervertido. Me sentía sucio, enfermo, al concluir que no era tan simple, me había excitado enviar una foto tan reveladora a alguien que no conocía.

Porque sí, fue una apuesta absurda y debí negarme a ella desde el principio. ¿Quién en su sano juicio aceptaría apostar sobre enviar sus nudes a un desconocido? Exacto, yo.

Tras la pantalla podía estar cualquier persona, incluso existía la posibilidad de ser un hombre mayor; pero no le conocía al fin de cuentas. Podría imaginármelo como yo quisiera, lo que me llevó a cerrar los ojos e imaginarme a un hombre según mis gustos.

No estaba mal, un par de manos grandes... Dedos largos, podrían tomarme con fuerza mientras me repetía aquello que escribió, en una gruesa y pesada voz. Un jadeo se escapó de mis labios antes de poder retenerlo, dejé caer la cabeza al frente y apreté el agarre que mantenía en el lavatorio. Mordí mis labios de nuevo, sintiendo el sabor a hierro colarse en mi boca y solo jadeé de nuevo cuando imaginé a aquel hombre sin rostro morderme los labios.

Y el rostro de Jeon Jungkook apareció, susurrándome al oído que tan profundo se hundiría en mi culo, tomándome del mentón con fuerza para obligarme a verle.

Negué y abrí los ojos. No era la primera vez que fantaseaba con el simio Jeon salvaje, cada que intentaba tener una relación sexual, meramente carnal, en pleno acto el estúpido aparecía en mi mente. Lo odiaba, odiaba sentirme así por él, lo odiaba a él.

De todas formas, no quería pensarlo más, no lo necesitaba. Tenía un problema, tenía que ser consciente de ello.

Aun con mi respiración temblorosa, mojé mi rostro mientras intentaba relajarme. Sin embargo, la vida parecía odiarme.

La puerta se abrió de forma tan abrupta que salté y chillé del susto. Jeon Jungkook estaba ahí, sosteniendo la puerta mientras me miraba con molestia, no me importaba en realidad, solo quería tranquilidad después de la mierda que acababa de hacer, Jungkook podría irse a la mierda. Así que decidí ignorarle, aparté la mirada y volví a cerrar los ojos, concentrándome en bajar la erección que creció de nuevo en cuanto imaginé al simio Jeon salvaje tomarme con fuerza.

—Pero, ¿qué tenemos acá? —inquirió con burla, haciéndome bufar con molestia, solo quería calmarme e ignorarle, pero al parecer el idiota tenía otros planes. Levanté la mirada y la sonrisa arrogante que se levantó en sus labios solo me hizo bufar nuevamente—. Park Jimin acaba de jalarse la polla en los baños de la universidad.

Sí, acaba de hacerlo y eso no era asunto suyo, quise decir. Pero antes de hacerlo, sonreí con diversión al notar que él tenía un pequeño gran problema entre sus pantalones. Hipócrita. Me miraba con arrogancia, creyéndose ganador cuando ambos nos encontrábamos en el mismo escalón.

—Sí, Jeon, acabo de masturbarme —sonreí ladino y me acerqué a él con lentitud. En su lugar, Jeon se tensó y dio un paso atrás—. Pero, ¿de qué te burlas si, evidentemente, venías a lo mismo?

Ensanché mi sonrisa al verle fruncir el ceño, Dios, Jungkook era tan sexy como estúpido. Tragó pesado y su nuez de adán se movió en el proceso, pude ver su mandíbula apretarse, y joder, tenía que calmarme justo ahora. Bufé y negué con mi cabeza, finalmente me alejé y volví al lavatorio, suspiré y cerré los ojos, mis pantalones comenzaban a incomodar y lastimar mi polla erecta.

Mientras me lamentaba en mi desgracia, el simio Jeon salvaje chasqueó la lengua, le miré de reojo y le noté sonreír con sorna. Fruncí el ceño y me alejé del lavatorio, dando pasos atrás cuando le vi acercarse a mí sin desvanecer su maldita sonrisa que lo hacía ver jodidamente caliente.

—Deberíamos ayudarnos, Mimi —canturreó la sugerencia, mi apodo dicho con burla— ¿No crees?

Le analicé e inevitablemente mi mirada cayó en sus labios y supe que lo notó cuando los lamió con lentitud. Joder, estaba tan asustado y excitado que mi respiración con cada segundo se volvía más pesada.

Yo odiaba a Jeon Jungkook. Y no lo digo a la ligera, lo odiaba con todas las letras y con ganas. Su carácter fuerte, su ego del tamaño de Asia, esa sonrisa de “me creo mejor que todos”... insufrible. Solo su presencia ya me provocaba gastritis emocional. Nunca nadie me había sacado tanto de quicio como él. Bueno, salvo Taehyung cuando se come mi postre sin preguntar, pero eso es otro tipo de traición. El punto es: ¿Jungkook y yo, ayudándonos mutuamente? ¡Ja! Eso suena tan posible como que apruebe cálculo sin milagro de por medio.

Pero joder... Jungkook me miraba los labios como si fueran su cena. Y claro, yo, brillante como soy, los mordí sin pensar. Inercia, reflejo, estupidez, llámenlo como quieran. El punto es que caí. Estaba atrapado en sus malditos ojos oscuros, y no en plan “¡ay, qué romántico!“, sino como cuando ves venir un tren y no te puedes mover.

Fue entonces cuando noté su mano en mi cintura. ¿Desde cuándo me estaba tocando? ¿Y por qué demonios estaba tan cerca? Nuestras narices se rozaban, y si me inclinaba un poco —solo un poco— nuestros labios podrían juntarse. Spoiler: casi lo hice. Casi.

Miren, yo puedo odiarlo. En serio, lo odio con dedicación. Pero no estoy ciego. Jungkook es guapo. A nivel criminal. Su piel pálida contrasta perfecto con ese cabello negro que parece hecho para comerciales de shampoo carísimo, y sus labios rosados no ayudan en nada. Ni hablar de esos ojos rasgados que me miraban como si yo fuera su siguiente presa. Y lo peor... es que me sentía su presa. ¡Qué asco! Y qué emoción, también. Maldita sea.

Intimidado. Así me sentía. Y para mi desgracia... eso solo me calentaba más.

¡Genial! Jungkook tenía a todo el mundo babeando por él y ahora yo también estaba cayendo como un idiota. Pero, vamos, sería aún más idiota si desperdiciaba una oportunidad como esta, ¿no? Aunque me costara aceptarlo, el simio este tenía su encanto. Quizá la gente lo deseaba por ese misterio de “no ha estado con nadie en la universidad” o, simplemente, porque era ridículamente atractivo. Maldición.

Solo sería una vez. Una única y confusa excepción. Después volveríamos a gritarnos y a desearnos mutuamente una caída por las escaleras, como siempre. ¿Cierto?

—¿Ayudarnos cómo? —pregunté al fin, en un susurro tan tímido que quise darme una cachetada. Y claro, él sonrió. Sonrió como si acabara de ganar una apuesta interna. ¿Ronroneó? No sé, pero sonó peligroso.

Me sentí aún más débil cuando su sonrisa se fue desvaneciendo lentamente... justo antes de lamerse los labios. Maldito sea. Supo que estaba intimidado. Lo sabía. Y yo no hice nada por ocultarlo. De hecho, una parte enferma de mí quería que lo supiera. Que entendiera perfectamente lo que me provocaba.

—¿Tomo tu curiosidad como un sí, Park?

Cerré los ojos y asentí, regocijándome en lo ronca que su voz se volvía. Mi pene parecía saltar dentro de mis pantalones diciendo “rápido, préstame atención”. Mi apellido había salido con sensualidad de sus labios y yo solo quería atraparlos en los míos. Abrí los ojos y le miré directamente a los ojos, él tomó una gran bocana de aire y asintió también.

Jadeé inevitablemente cuando me acercó a él, tan cerca que nuestras erecciones se rozaron y comenzó una deliciosa fricción entre ellas que me hacía gemir con descaro. ¿Siempre era así de placentero el acto sexual? Maldita sea, yo no lo recordaba así.

—Park, si sigues gimiendo así, perderé el control —dijo, hundiendo su rostro en mi cuello mientras aumentaba la fricción; me avergoncé, claro que lo hice, pero era su culpa.

Y eso fue todo. Gemí nuevamente, esta vez en su oreja mientras él lamía mi cuello, llevé mi mano a su nuca y acaricié los cabellos de la zona, le acerqué más a mi cuello y ladeé mi cabeza dándole más espacio, en una silenciosa confesión de que aquello me gustaba.

—Entonces, no te contengas —solté y sonreí satisfecho cuando le oí gruñir.

—Te odio, te odio tanto —confesó lo que yo ya sabía, lejos de sentirme mal solo asentí y gemí cuando empujó su pelvis contra la mía—, pero justo ahora, quiero follarte y escucharte gemir por lo bien que sientes mi polla hundiéndose dentro de ti.

Lamí mis labios y cerré los ojos, suspirando de placer. Yo también lo quería, también quería escucharle gemir, por mí y para mí.

—El sentimiento es mutuo —mordí mis labios y agregué: —Hazlo, antes de que me arrepienta.

Sus manos bajaron con velocidad a mis muslos y me levantó, por reflejó rodeé su cintura con mis piernas y mis brazos en su cuello. Jadeé cuando mi espalda pegó a la pared y Jungkook me tomó con fuerza de mis nalgas y comenzó a masajear. Descarado. Dio una falsa embestida tras otra, su pelvis golpeaba mis testículos y yo solo podía gemir por el placer que aquel golpe me otorgaba.

Estaba perdido en placer, mi juicio nublado por la lujuria solo atinaba a pedir por más y más. Gemí sobre los labios de Jeon, él no parecía dispuesto a besarme, pero aprovechaba la cercanía, sus labios rozaban los míos mientras yo tenía la boca abierta para gemir.

—¿Qué esperas, Jeon? —le quise retar con burla, pero la suplica en mi voz fue más evidente. ¡Idiota, deja de actuar como perra en celo!

Jungkook frunció el ceñó y yo abrí los ojos con sorpresa cuando atrapó mis labios con los suyos. Comenzó un fuerte pero lento vaivén, me comía la boca y yo solo pude gemir ahogado por lo satisfactorio del contacto de sus labios con los míos. Cerré mis ojos y me dejé acariciar por la suave textura de sus labios mientras él colaba una de sus manos por mi ropa y rozaba sus dedos por mi columna.

Siempre fui consciente de mi sexualidad. Ya había besado muchas bocas, más de las que mi madre aprobaría, pero los labios de Jeon Jungkook... esos siempre serían mis favoritos.

Y eso me jodía. Muchísimo.

Una lágrima me bajó por la mejilla antes de que pudiera evitarlo. No sabía si era por el pasado, por el momento o por el hecho de que aún lo deseaba con tanta intensidad. Me encontraba otra vez en su órbita... y queriendo quedarme.

Jungkook se separó apenas, nuestras frentes se rozaron, y luego sentí un beso suave justo en mi lagrimal. Me ardió el pecho. Bajé la mirada, como si eso fuera a esconder algo, como si no fuera evidente todo lo que estaba sintiendo.

—¿Puedo continuar? —preguntó, con un tono tan dulce, tan inusualmente delicado, que lo único que logró fue que se me escaparan más lágrimas.

Claro. Porque si ya me iba a arrastrar emocionalmente, que fuera con elegancia.

Asentí, sintiéndome vulnerable, patético... humano.

Su boca volvió a la mía, más cálida, más lenta. Casi con devoción. Y eso solo me enfureció. ¿Quién mierda le dio permiso de besarme como si me quisiera?

Llevé mis manos a su nuca y lo atraje con fuerza. Nada de caricias. Nada de dulzura. Le besé como si quisiera arrancarle el alma, como si quisiera borrar todo lo anterior y quedarme solo con ese instante. Con el deseo. Con el temblor en mis piernas y el calor en mi abdomen.

Y él entendió. Por supuesto que entendió.

Me besó de vuelta con hambre. Con esa forma suya tan desesperada y segura, como si tuviera el derecho de hacerme temblar. Y juro que por un segundo se me olvidó todo. Quién era él. Quién era yo. Solo existían sus manos, sus labios, su cuerpo contra el mío.

Hasta que sonó el timbre.

El sonido me partió como un latigazo. Jungkook, sin decir nada, se separó de la pared conmigo todavía encima, caminó hasta la puerta y pasó el seguro. Ni siquiera se inmutó. Como si encerrarme fuera lo más natural del mundo.

Volvió a pegarme contra la pared, esta vez con más firmeza, y en cuanto nuestras bocas se reencontraron, el resto del mundo se evaporó.

Las voces en el pasillo se fueron apagando, como si ya no existieran. Solo quedaban los chasquidos de nuestros besos y mis gemidos ahogados contra su lengua. Él me devoraba y yo lo dejaba, porque, aunque odiara admitirlo, siempre supe que esto iba a pasar.

Jungkook segundos después se separó y me miró con lujuria, yo sabía que debía parecer un desastre, pero eso parecía gustarle. Sus labios estaban hinchados, sus mejillas teñidas de carmín y sus ojos humedecidos, sonreí. Sonreí porque nunca creí que Jungkook pudiera verse tan sensual de aquella forma.

Me separó nuevamente de la pared, pero esta vez se dirigió a uno de los cubículos, donde se sentó en el retrete y me dejó sentado sobre él. Se acercó y me besó el cuello con lentitud, tomó mis nalgas y me obligó a moverme sobre él.

—Móntame, siéntate en mi polla.

No tuvo que pedirlo dos veces, yo también quería aquello. Yo estaba maravillado con cómo se dejaba ver el imbécil de Jungkook, tan caliente. Asentí y sonreí, aun si él no me miraba porque se comía mi cuello. Me levanté y antes de desvestirme me aseguré de que me mirara, le sonreí y él trago pesado cuando desabroché el botón de mi pantalón.

Me miraba atento y bajé con lentitud mis pantalones, vestía un hilo negro de Calvin Klein que apretaba mi pene y dejaba a la vista mis glúteos.

[Jungkook]

Intentaba contenerme, estaba a punto de explotar y, ver a Jimin vestir un hilo, fue mi perdición. Casi gemí y sentí una gran cantidad de saliva llenar mi boca al desear pasar mi lengua por allí. Él sonrió satisfecho por mi estado y no me importó ocultarlo, Park Jimin me tenía mal, muy mal.

Su culo gordo estaba a la altura de mi rostro, Jimin se giró y me miró sobre el hombro, pero yo no pude apartar la mirada de su trasero, yo de verdad quería hundir mi lengua allí.

—Mierda, Park, no me hagas esperar más y siéntate en mi maldita polla de una jodida vez —casi supliqué con enfado.

Él cerró la puerta del cubículo donde estábamos y se inclinó a ella, pegó su mejilla en la fría hoja de metal, sin apartar la mirada de mi rostro, separó sus nalgas y yo boqueé sintiendo mi boca hacerse agua nuevamente, lo tenía tan cerca de mí. Alcé la mirada y él asintió como si me leyera la mente.

Tragué pesado y me acerqué a su culo, aparté sus manos y tomé yo sus glúteos, separándoles para ver su entrada, Jimin corrió el hilo y por fin pude ver la rosada entrada, gemí y me mordí los labios. Lentamente pasé la lengua por la zona, cerré los ojos y volví a lamer, mi pene palpitaba y yo solo comencé a lamer con vehemencia.

Con dificultad hundí un dedo y comencé a follarle con él al mismo tiempo que mi lengua humedecía la zona. Los gemidos eran deliciosos, tan vulgar. Introduje un segundo dedo y Jimin atrapó con sus pequeñitos dedos mi cabeza, los coló por mis hebras de cabello y los jaló al mismo tiempo que gemía y me empujaba más a su culo.

Yo estaba encantado, disfrutaba los gemidos, nunca creí terminar de este modo con él, probablemente en unas horas nos estemos arrepintiendo, pero por el momento yo solo deseaba complacerlo. No solo eso, quería protegerlo, mi corazón dolía de una forma tan extraña desde que vi sus lágrimas que me impulsaba abrazarle y besarle con cariño; eso quería, sin embargo, estaba follándolo con mi lengua y mis dedos.

—¡Oh, Jungkook! —sollozó de placer, con una suave voz que me erizó la piel— Mhm, se siente bien, sí, uhm.

Sonreí orgulloso de complacerlo, él estaba gimiendo por mí, esos gemidos me pertenecían. Bajé su ropa interior e ingresé tres dedos de una vez, él gimió y empujó sus caderas contra mis dedos, yo gruñí y mientras le follaba me dediqué a sacar mi pene.

Gemidos suavecitos abandonaban su dulce boca, yo ya no podía aguantar más. Saqué los dedos de su culo y me recosté a la pared, él me miró mientras masajeaba mi propio pene y se acercó con timidez, tan lindo.

Se sentó sobre mí, dejó sus piernas de forma que estas estaban flexionadas sobre las mías, sus muslos traseros pegaban a sus pantorrillas y sus tobillos quedaron en mis rodillas. Gruñí con molestia, Jimin tenía experiencia y eso solo me enfadó.

Él me besó de nuevo, pasando por alto mi entrecejo fruncido, ¿lo ignoró con gusto o simplemente no lo notó? La curiosidad me castigaba lentamente. ¿Tenía derecho de preguntar? No, no lo tenía.

Su lengua se coló por mi boca y no pude evitar suspirar pesado. Me besaba delicioso, con experiencia y eso solo me estaba jodiendo, tanto negativa como positivamente. Se levantó un poco y tomó mi pene, lo masajeó y lo alineó a su culo. Yo cerré los ojos y dejé caer la cabeza hacía atrás, llevé mis manos a su cintura y apreté el agarre.

—Dios —gemí.

Mi glande rozaba su culo, delicioso. Con lentitud Jimin se dejaba caer sobre mi polla, tan lento que podía sentir la textura de su estrechez abrazarme, él gemía suave, su melodiosa voz se colaba por mis oídos y caía directamente en mi pene mientras este se perdía en su culo.

Volví a gemir cuando mi pene estuvo completamente dentro, Jimin dejó sus manos en mis hombros.

Mientras él se acostumbraba a mí grosor, yo acaricié sus muslos, deleitándome con la suavidad de su piel, recorrí sus glúteos, su columna y me detuve en su nuca. Alcé la mirada, él miraba con una expresión suave que no supe cómo interpretar, así que le sonreí y le acerqué a mí. Rocé mis labios con los suyos antes de besarle, mis parpados pesaron y finalmente los cerré para tomar su boca. Sus gruesos labios eran deliciosos. Le besé con cariño, con miedo de lastimarle y volver a ver sus lágrimas.

Con el beso, Jimin comenzó a moverse y con el primer vaivén ambos jadeamos.

Su culo estaba tan estrecho aún, apretaba mi pene en una deliciosa fricción que me volvía loco, llevé mis manos a sus nalgas y le hice moverse más rápido, él gimió complacido y yo me dediqué a besar su cuello y clavículas que se dejaban ver por la camisa que vestía, dejé mordidas, succioné y besé mientras su culo se comía mi pene.

—¡Ah~! —gimió con fuerza y dejó caer su cabeza en mi hombro— ¡Sí, sí, sí! ¡Oh, Dios!

Aumentó la velocidad de su vaivén y yo masturbé su pene, yo estaba pronto a venirme y sus gemidos me dejaban saber que él también. Sentía tan exquisito mi pene en su interior, sus movimientos iban tan rápido, llegaba tan profundo.

—Ngh, oh, ¡Jimin! —gemí cuando jaló mi cabello y aumentó aún más la rapidez de las embestidas.

—¡Dios, Dios, Dios! ¡Jun-Jungkook! —clavó sus uñas en mis hombros.

Me mordí los labios y alcé mi pelvis para encontrarme con su culo, mi pene entró con más fuerza y yo me sentí morir de placer cuando el semen salió disparado de su pene y el líquido mojó mi mano y mi camisa. Su entrada se contrajo alrededor de mi pene, en un delicioso agarre que me hizo temblar y venirme dentro de él.

Él se dejó caer en mi pecho y ninguno dijo nada más, yo me dediqué a acariciar su espalda mientras ambos descansamos de nuestro reciente orgasmo, deseaba saber qué tanto pensaba. Quería preguntarle muchas cosas, ¿cómo te sientes? ¿Te arrepientes?

Jimin se levantó de mi pecho y me miró con neutralidad, paseó su mirada por mi rostro, y mientras miraba mi cuello y clavículas recorría con su índice la zona de mi piel desnuda. Yo suspiré gustoso por el delicado tacto y mi pecho se contrajo en dolor cuando se alejó.

Se vistió frente a mí sin decir ni una sola palabra y antes de irse se detuvo frente a mí, le presté atención pensando que quizá algo diría, pero nada salió de sus gruesos labios, me dio la espalda y se marchó.

Por alguna extraña razón me sentí decepcionado.