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El Omega Perfecto (Seventeen)

Summary

¿Que es un buen omega? Para muchos un buen omega es uno que no tiene voz, que no tiene memoria, el que carece de opinión y sentimiento. El que solo es un objeto que se utiliza y se tira. Pero en la escuela para omegas no es así, ellos educan a los omegas para ser perfectos, educados y cultos. Choi Jeonghan, Lee Jihoon, Jeon Wonwoo, Xu Minghao y Boo Seungkwan están encerrados en el bello instituto pledis donde nada es lo que parece. +Meanie +Verkwan, Chankwan +Jeonghoon, Jicheol +Soonhao +Etc...

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

¿Qué debe de aprender un buen Omega? ¿modales? ¿a como respetar un Alfa? ¿a parir? La verdad es que un buen Omega no debe aprender nada, ellos se mantienen ignorantes y esperan a que su Alfa solucione cualquier problema que se presente, eso es lo que hace un buen omega. Es por esta razón que Jihoon no puede comprender la necesidad de un instituto únicamente para omegas, y menos puede comprender la necesidad de mandarlo a una.

Los padres de su alfa le aclararon a los suyos que serían solo tres años y que cuando él se graduase todo estaría resuelto, su alfa y él por fin se casarían y el martirio del "prometido" terminaría de una vez. Aquel papel que Jihoon llevó desde antes de nacer desaparecería y aunque abriría uno nuevo que duraría hasta su muerte era un alivio librarse de cosas como los preparativos de una insufrible boda y de su insufrible vida. Él comenzaría a vivir una vez que se casara con su alfa.

No le desagradaba su alfa a decir verdad, Seungcheol era soportable e incluso llegaron a cruzar algunas palabras la primera vez que se vieron. Tenía el consuelo de que al menos no haría de su vida una tragedia llorando por estar comprometido desde que nació con un hombre que ni siquiera conoce, él prefería ser simple y aceptarlo, lo mejor de su vida es que y tenía una lista de cosas por hacer, un instructivo preparado.

Paso uno; Nacer. Paso dos; crecer. Paso tres; ir a un absurdo instituto de Omegas. Paso cuatro; graduarse. Paso cinco; casarse con Seungcheol. Paso seis; darle cachorros. Paso siete; cuidar de esos engendros. Paso ocho; morir. Listo, ocho simples pasos de los cuales dos ya había completado de buena manera.

Jihoon decidió dejar de hacer un berrinche por una absurda escuela y solo aceptarlo, si era inevitable entonces no tenía sentido resistirse.

Así que el día llegó como un parpadeo, sus padres lo ayudaron a empacar y lo llevaron hasta la enorme edificación que más bien parecía un castillo de cuentas de hadas y lo acompañaron hasta donde los padres acompañaban a los omegas. Habría una ceremonia de inicio o algo así por lo que todos estaban esperando junto con sus hijos indicaciones. Y era gracioso, era gracioso par Jihoon ver a su padre Alfa esperar indicaciones, por lo general el único que las esperaba era su padre omega.

—¿De qué te ríes, Jihoon?— Preguntó su padre omega y la sonrisa de Jihoon desapareció tan pronto escuchó el apodo. —¿estás feliz de que volverás a ver a tu alfa?

—¿él vendrá?

Seungcheol pocas veces había mostrado estar interesado en él, si, el chico era agradable hasta cierto punto, pero se mostraba distante y serio la mayoría de las veces. Seungcheol era educado, se comportaba bien con Jihoon frente a los padres, y ellos siempre estaban frente a los padres. Quizás su alfa realmente no estaba interesado en contraer matrimonio con un buen omega, quizás a Seungcheol no le interesaba nada. Él nunca lo vio sonreír en sus encuentros.

—Claro. El hermano menor de Seungcheol también es un omega, y estudiará contigo.— Su padre no lo miró en ningún momento, en realidad su padre nunca miraba a nadie cuando hablaba, una mala costumbre de vivir entre alfas. —Escuche que el chico es agradable y apuesto.

—¿también está comprometido?

—No por el momento. Escuche que tuvo prometidos pero su familia los rechaza. — Su padre sonríe un poquito, es una señal de los gustos del omega; a su padre le encantan los chismes, Jihoon lo recuerda sentado sobre los sillones hablando de una absurda fiesta junto con la servidumbre, lo recuerda leyendo el periódico a escondidas o escuchando la radio para enterarse de lo que ocurre en el mundo. Su padre es un chismoso, y a Jihoon le agrada porque hay pocas cosas que su padre omega puede ser. —Muchos dicen que intentó escaparse con uno de ellos, pero Seungcheol tuvo que ir por él al aero...

—No debemos hablar sobre rumores absurdos de nuestra futura familia.— Interrumpe el alfa. —Guarda silencio.

La pequeña chispa en los ojos de su padre omega desaparece, él baja la mirada y asiente con obediencia mientras que su padre alfa no lo mira. Sus padres realmente no se veían al rostro. Jihoon se encontró preguntándose si así fueron desde que se casaron, quizás ellos no conocían el rostro del otro, o quizás no se agradaban visualmente, como que su padre Alfa siempre fue un poco feo mientras que su padre omega tenía un rostro algo infantil. Jihoon nunca tuvo una mirada fija sobre él, y él nunca fijó su mirada sobre nadie por más de diez segundos.

—¿entonces cual es la verdad?— Peguntó de repente. —Si hay rumores debe ser por algo. ¿de donde nacieron? No salen de la nada.

—No más preguntas acerca de esto.— Respondió el alfa.

—No hay preguntas acerca de nada.— Replicó él.

—Saber cuándo callar es una sabia virtud.

—Es fácil saber cuándo callar cuando todo el tiempo tienes que estar callado.— Su padre alfa apenas y giró con una advertencia que fue entendida. Jihoon bajó la mirada hacía el suelo, y en serio detestaba el suelo.

Y aunque su padre debió de lanzarle una mirada molesta esa nunca llegó, porque su padre nunca lo veía.

Un alfa nunca deja de ser un alfa, aun si este se encuentra con su familia. La única oportunidad que tuvo Jihoon de conocer a su padre fue cuando nació, justo antes de que sus padres se enteraran de que había nacido un omega. Un inservible omega ¿Qué harían con él? Lo prometieron a la mejor familia que encontraron e intentaron tener otro hijo, uno que fuera un alfa, lástima que no lo lograron y que Jihoon resultó ser hijo único.

—Jihoon.— Lo llamó su padre omega con aquel apodo que ambos detestaban. —Tu prometido llegó, se cordial.

Suspiró. Claro que sería cordial ¿Qué otra cosa podría ser aparte de un omega? Se giró un poco y saludó con una pequeña reverencia a la familia Choi, ellos hicieron lo mismo. Seungcheol no estaba al frente, él estaba un par de pasos atrás con una postura fuerte y dominante, digna de un buen alfa, y quizás era bueno, a los alfas les agradaban los alfas fuertes, a los omegas también. Hubo unas cuantas palabras que no logró escuchar del todo mientras que su vista buscaba a Seungcheol.

—¿No parece el castillo de Drácula?— La tenue voz masculina apareció como el viento, fue débil pero a la vez lo suficientemente fuerte para que llegara a los oídos de Jihoon. Seungcheol se rió a las espaldas de todos, pero no de Jihoon. Seungcheol si reía. —¿Qué pasa si me pierdo y no me encuentra?

—Para eso tienes que seguir las indicaciones, Jeonghan. Dudo que los dejen andar por donde quieran.— Respondió Seungcheol sonriéndole a la persona que estaba fuera de vista. Jeonghan.

—Cierto, los omegas no pueden andar por donde quieran.

—Eres el menos indicado para quejarte.

—Seungcheol, Jeonghan, creo que deberían saludar.— Dijo la madre de ambos dando un paso a la izquierda. Ambos quedaron a la vista de Jihoon.

Jeonghan era precioso. Más que cualquier otro omega que hubiera visto en su vida, su cabello rubio y piel blanca lo hacían ver casi como un ángel, delicado y bonito. Era más alto que Jihoon, aunque claro, mucha gente era más alta que Jihoon, pero la altura de Jeonghan era perfecta, no muy alto pero tampoco muy bajo como para perderse entre la multitud. Jihoon no supo si el sentimiento que cruzó por su cuerpo era envidia o admiración. No podía dejar de verlo.

—¿no es muy bajito para ti?— Preguntó Jeonghan intentando susurrar, pero falló.

—Jeonghan.— La voz fuerte de la mujer Alfa lo hizo callar de inmediato.

—Lo siento.

—No importa...— Respondió tan pronto como pudo.

Jeonghan le sonrió. Una hermosa sonrisa de Jeonghan.



Wonwoo fue arrastrado durante todo el camino, incluso cuando el auto se averió su padre se bajó del vehículo y lo arrastró casi un kilómetro entre gruñidos y palabras mal sonantes. Wonwoo realmente se resistió todo lo que pudo, él luchó para que no lo llevaran a ese maldito instituto del terror, pero la segunda parte, a mitad del kilómetro, se dejó caer rendido aunque su padre lo tomó como otro reto. Wonwoo ya no quería pelear ¿para qué? No iba a salir corriendo a esconderse entre los arbustos, tampoco se adentraría al basto bosque que lo rodeaba, prefería por mucho quedarse aunque sea una noche en el castillo del terror y despues huir.

—¡¿sabes cuanto nos costará esto?!— Gritó su padre cuando habían llegado al lugar, o casi, porque era demasiado orgulloso como para que otros alfas se dieran cuenta de que tenía un mal hijo omega. —Espero que entiendas de una vez la seriedad del asunto, y que no vuelvas a retar mi autoridad.

—Solo entiendo que de repente sacas dinero cuando juras que no lo tienes ¡Puedes pagar un instituto de mierda pero no internet!— Arrebató su propio brazo y se alejó de su padre.

—¡Este instituto de mierda nos costará toda una vida!

—¡Claro! ¡La mía nada más!— Su padre alzó el brazo y Wonwoo casi huyó de él. —Quiero ir a casa.

—¿para qué te acuestes de nuevo con ese infeliz? Ni loco. Eres un omega Wonwoo ¡no puedes seguir actuando así! Tu reputación es una mierda gracias a tus incoherencias.

—¡Mingyu es mi alfa!

—¡Ese idiota no tiene ni donde caerse muerto!— Su padre suspira con fuerza llevando ambas manos a su rostro. —No tiene ni una pizca de reconocimiento, no tiene nada Wonwoo, ni siquiera tiene padres. ¿Qué piensas hacer con alguien así?

Wonwoo no respondió. Su familia rechazaba por completo a Mingyu desde que apareció en su vida, ellos ni siquiera lo miraban como una persona, solo era "alguien más pobre que ellos" del que no podían sacar provecho alguno. Mingyu no venía de nadie, él no llegó con lujos o si quiera con padres, nadie sabía de donde salió Mingyu, solo que un día llegó y se quedó a vivir en el edificio. Solo sabían del alfa que no podía pagar la renta cada mes, aunque Wonwoo sabía que Mingyu si podía pagarla, solo que el alfa era estúpido y lo olvidaba todo el tiempo.

Quizás Mingyu no fuera el alfa perfecto, pero por eso le gustaba a Wonwoo. Mingyu era un completo idiota de vez en cuando como cualquier otro alfa, pero a diferencia del montón Mingyu si era una buena persona. Mingyu se preocupaba por otros y no solo por si mismo, tenía un sonrisa para el mundo y no le daba miedo expresarla, tampoco le temía a ser amable con los omegas por el simple hecho de que estos eran personas. Aunque Mingyu no era perfecto para Wonwoo era suficiente, encajaba bien.

—Es una idiotez.— Pronunció con fuerza antes de girarse, no importaba cuanto tuviera que caminar, él regresaría a casa. —Pide un rembolso, yo no me quedaré.

—¡¿en serio crees que no lo harás?!— Su padre lo tomó con fuerza del brazo, un vez más. —¡Te quedarás aquí!

—¡No!— Wonwoo no era el más fuerte, sin embargo logró deshacerse del agarre con relativa facilidad. —Yo decido por mí.

Ojala que aquella frase hubiera tenido la fuerza suficiente como para que su padre lo entendiera, pero no lo hizo, tan pronto como terminó de hablar recibió un fuerte golpe en la mejilla. Se tambaleó hasta caer y cuando menos se dio cuenta su madre ya tenía una bolsa de hielo colocada firmemente en su rostro y su hermano menor lo examinaba. Era patético.

Su padre era un alfa, y los alfas estaban acostumbrados a golpear cosas, y los omegas iban dentro de esas cosas. Wonwoo tuvo suerte de que su padre se contuviera y no intentara agredirlo más, y lejos de que el pensamiento fuera dentro de lo que cabe tierno, Wonwoo descubrió que su padre se detuvo porque no quería que su hijo llegara con el rostro hinchado al maldito instituto.

—Si te consuela...— Habló Bohyuk, su hermano menor. —Te viste muy cool diciendo aquella frase.

—No lo alientes, Bohyuk.— Dijo su madre sosteniendo la bolsa de hielos sobre la hinchazón. —Wonwoo, no espero que entiendas a tu padre, pero inténtalo. Él y yo queremos lo mejor para ti.

—Lo mejor para mí es un ojo morado.— Arrebató la bolsa de hielo colocándola mejor sobre su rostro. Su madre no se molestó, ella nunca se molestaba. —Tienen a Bohyuk, desherédenme y sigan con su vida. No les hace falta otro hijo.

—Hermanito, tú eres la herencia. Esperábamos casarte con un alfa rico, pero nadie te quiere porque Mingyu ya te usó.

—Nadie me usó.

Porque las personas no se usan, era el pensamiento de Wonwoo antes de que se diera cuenta de que sus padres si lo estaban usando. Su familia no era para nada rica ni de renombre, vivían en un edificio feo donde apenas les alcanzaba para comer todos los días, la única esperanza que habían tenido sus padres era vender a Wonwoo, claro, venderlo a un matrimonio de donde pudieran sacar provecho. Y no era del todo una mala idea, Wonwoo nunca fue feo, al contrario.

—Wonwoo, eres demasiado apuesto— Habló su madre. —No dudo que muchos alfas quieran tomar tu mano, pero están limitados por tu comportamiento. Ningún alfa quiere casarse con un omega rebelde.

—Mingyu si quería.

—Yo no veo a Mingyu aquí.

Su madre tenía razón, Mingyu no se quejó ni lo ayudó a escapar una noche antes, él solo se despidió de Wonwoo y ya. No se volvieron a ver desde entonces. Pero Mingyu era un idiota, Wonwoo podría perdonarlo una y mil veces si tan solo ese alfa idiota se presentara ante él de nuevo.

—Hermanito, ya es hora de entrar. Pon tu mejor sonrisa para ocultar lo hinchado de tu ojo, hay que disimular.

—Puedo disimular golpeando tu ojo para que estemos iguales.

Bohyuk y él sonrieron. Tres campanadas anunciaron el inicio de la ceremonia de ingreso, Wonwoo se puso de pie e intentó arreglar su traje lo mejor que pudo, su madre hizo lo mismo. Hubo una última mirada hacía su padre quien no se dignó a verlo en ningún momento. Bien, un golpe había sido suficiente, Wonwoo no quería más, así que tomó lo poco que quedaba de su dignidad y caminó hacía el edificio.



La ceremonia comenzó a tiempo, el santuario era bellísimo y enorme, mucho más enorme de lo que Seungkwan imaginó desde afuera. Y olía a santuario, como cualquier otro de alguna ciudad, él admiraba la forma en la que todos olían exactamente a lo mismo, siempre portaban una calma y serenidad extraordinaria que pocos lograban entender. Era precioso. Desde su esencia hasta las estatuas de lobos a los lados, todos con ojos de concreto pero a la vez tan expresivos que de pequeño les había puesto nombres a cada uno.

Los diez lobos representando cada etapa de la luna eran preciosas estatuas suspendidas casi tres metros del suelo.

—Seungkwan, amor— Escuchó la voz de su madre en un susurro. —Presta atención, cariño.

—Realmente es lindo.— Pronunció sin escuchar realmente a su madre.

Seungkwan estaba enamorado del santuario.

No supo cuando terminó la ceremonia, lo último que recuerda es ponerse de pie y aplaudir junto a todos los demás mientras que sus hermanas le lanzaban pequeñas miradas molestas, ellas habrían notado que no prestó ni la más mínima atención al Mayor que hablaba y hablaba de nuevos comienzos, o algo así. Cuando todos terminaron de aplaudir salieron ordenadamente del lugar, ni siquiera hubo gritos o empujones, todo fue sistemático y bonito.

—¿estás listo, Kwannie?— Preguntó su segunda hermana tomándolo de los hombros, ella tenía una bella sonrisa y parecía emocionada. —¡Vas a estudiar aquí! ¡¿sabes lo bonito que se ve todo?!

—Déjalo ya.— Su hermana mayor, la más mayor, habló alejando a la otra. —El lugar es lindo, pero no deja de ser una cárcel para omegas. No me gusta este lugar ¿sabes que todos los maestros son alfas? No hay casi ningún beta en el lugar, estamos siendo ignorados, los betas somos ignorados por todos.

Seungkwan sonrió, por lo general su hermana era defensora de todos los betas del mundo, ella insistía que la desigualdad entre los alfas y los omegas se debía a que no había un equilibro en ellos, por lo que los betas debían tomar el mando de todo y dirigir al mundo a un lugar donde todos fueran iguales, sin distinciones. En otras palabras: un mundo de betas.

—¿el lugar está repleto de alfas?— Pregunta su hermana a la otra. —¿Por qué?

—Es una exageración. —Aclara su madre. —Los maestros son alfas y betas, como los omegas no trabajan es evidente que no pueden ser maestros. No te preocupes, Kwannie, los alfas en este lugar tienen una reputación impecable, son perfectos controlándose. Sin mencionar que a los omegas se les aplica un fuerte supresor que evita su celo por un año.

Seungkwan hizo una pequeña mueca. Él no adoraba los supresores, la mayoría lo hacían sentir mareado o con dolores fuertes de cabeza, era mejor para él pasar su celo en soledad que usarlos. Su madre le dijo una vez que era por que su cuerpo los rechazaba ¿entonces si su cuerpo lo hacía que le haría aquel supresor? ¿lo mataría? Seungkwan sacudió su cabeza intentando no pensar en ello, ya estaba demasiado nervioso.

—Mamá... Quiero visitar el santuario. Vengo enseguida.— No esperó la aprobación de su madre y solo huyó de ahí escuchando a sus hermanas discutir.

Cuando llegó al lugar la sensación fue diferente, estaba vacía y era algo fría, pero seguía siendo hermosa, cada estatua y cada vidrial eran la representación de un paraíso. Las diez lunas sobre los diez lobos. Quizás pocos entendían su afición por esos lugares, incluso Seungkwan desconocía su amor por estos, pero era algo que ya no se cuestionaba, solo se proponía disfrutarlo y ya, sin más misterio.

Su mirada recorrió cada rincón hasta detenerse sobre uno de los lobos. No recordaba si era el cuarto o quinto lobo, cuarto creciente o creciente gibosa.

—Me alegra no ser el único que lo admira.— Casi saltó al escuchar la voz desconocida. Se giró tan rápido como pudo encontrándose con uno de los Menores. Ellos siempre olían a santuario. —Es el lobo que protege, la quinta luna.

Seungkwan recorrió con la mirada al Menor. El chico era joven y apuesto, y como siempre no estaba encasillado a ser un alfa, un beta o un omega, el chico pertenecía y vivía para el santuario. Seungkwan había tenido un par de amigos Menores, ellos siempre eran tranquilos y sabios, como un adulto.

—Yo solo estaba viendo...— Consiguió decir. —Usted es un Menor ¿verdad?

—Mi nombre es Vernon.— Sin duda era un Menor. —Supe que regresarías, no dejabas de ver el santuario durante la ceremonia.

—¿Lo siento?

—No, está bien, creo que al Mayor le agrada que la mente se vaya lejos cuando se está en el santuario. Cuando piensas en otra cosa menos en lo que deberías.

—O cuando holgazaneas.— Una voz desconocida pero más fuerte y firme se acercó hasta ellos. —El Mayor nos busca, Vernon. Y los omegas ya deben de estar despidiéndose de sus familias.

Seungkwan se encogió un poco en hombros, el nuevo Menor parecía poco agradable, de esos que solo quieren dar ordenes y que todo se mantenga en silencio. Seungkwan torció un poco los labios y se dispuso a irse, no estaba dispuesto a perder su tiempo discutiendo con un Menor.

—Dino, deberías adelantarte.— Dijo Vernon.

—No creo. Quiero asegurarme de que todo este en orden antes. Eso incluye a que todos los omegas estén donde deberían estar.

Se dio la vuelta por mero gusto de enfadar a Dino y le sonrió con amabilidad.

—Yo no se donde debería estar ahora.— Dijo sin tartamudear. —¿podrías mostrarme?— La pregunta fue para Vernon, pero tan pronto terminó de hablar Dino suspiró con fuerza y caminó hacía Seungkwan tomándolo del brazo y jalándolo.

Seungkwan podía intuir que él y Dino no se llevarían muy bien.



<<¿ya llegaste?>>

<<Si, ya llegue>>

<<¿Cuándo regresas?>>

<<En tres años.>>

<<¿¡que!? ¡Es mucho tiempo! ¡Aborta misión! ¡Aborta misión!>>

<<No voy abortar nada, ya estoy aquí, no me voy a arrepentir ahora.>>

<<¿No eras tú el que insistía en que yo estudiase?>>

<<Eso era antes de saber que te irías tanto tiempo TT>>

<<¡¿Qué voy a hacer ahora?!>>

<<Tú te encargas de todo, incluso de traer dinero ¡Estoy de vacaciones! ¿Qué se supone que comeré desde ahora? Voy a morir de hambre TT>>

<<Hablas como si realmente no tuvieras dinero>>

<<Sabías que esto iba a pasar, te avise con anticipación>>

<<Fue demasiada anticipación, no me acorde>>

<<Minghao TT no me dejes>>

<<¡No tengo más amigos aquí!>>

<<Estoy solo TT>>

<<Moriré triste y solo en un país desconocido TT>>

<<Estás exagerando.>>

<<¡Eres una celebridad! ¡aprovecha eso!>>

<<Muchas personas querrán contratarte.>>

<<No es lo mismo sin ti TT>>

<<TT>>

<<Jun...>>

<<Saldré de aquí en tres años, intenta no morir en ese tiempo>>

<<Te visitaré todo el tiempo que pueda. Lo prometo>>

<<Bien ¡Pero si quieres escapar de ahí solo mándame un mensaje!>>

<<¡Te ayudaré a salir!>>

<<No permiten celulares>>

<<¡Adiós!>>

Minghao guardó el celular en cuanto terminó de escribir, no quería perder más el tiempo explicándole a Jun cosas que quizás no entendería. Le dio un vistazo al lugar y observó a todas las familias despedirse de sus hijos, algunas personas con lágrimas en los ojos como si no fueran a verlos nunca. Se sintió extraño, Minghao no tenía realmente de quien despedirse aparte de Jun, se había ido de casa muy joven y gracias a eso sus padres optaron por olvidar que él existía. Así que era raro estar ahí solo.

Debió de despertar a Jun a tiempo para que lo acompañase hasta ese lugar, pero sabía que eso sería un error. Así que ahí estaba él; solo esperando a que todo ocurriese de una vez, queriendo acoplarse a la multitud. Se echó un vistazo a si mismo y despues a los demás dándose cuenta de que su vestimenta era... sobresaliente, no en solo un sentido, era colorida y un poco extravagante en comparación con los trajes pulcros y grises, tan fuera de lugar como un post-it en medio de documentos.

Despues de unos minutos, cuando todos los padres se habían ido y los estudiantes comenzaban a caminar Minghao los siguió. Eran pocas indicaciones como seguir un camino o pasar de uno por uno a cierto lugar, en ese momento se desconectó un poco el mundo, confundió los minutos con segundos y para cuando se dio cuenta ya estaba frente a una enfermera que lo tomaba del brazo mientras que sostenía a su vez una jeringa.

—¿y esto es...?— Preguntó.

—Supresor. Evitará tu celo por un año. Duele un poco.— Respondió ella con la voz fría. Ella encajó la aguja en su brazo, fue un dolo agudo que comenzó a quemar al instante, pero se acabó rápido. —Listo. No lo toques

—Gracias.— Pronunció débilmente mientras cubría la insignificante herida y se ponía de pie.

Observó su brazo por varios segundos y el pequeño bulto que se formaba ¿Cómo iba a salir eso de su cuerpo despues? ¿se disolvería o algo así? No le molestaban los supresores, pero le preocupaba un poco no saber casi nada de lo que entraba o salía de su cuerpo. Era incómodo. Lo picoteó por un segundo justo antes de recordar la indicación de no tocar.

Levantó la mirada y casi por suerte enfocó el momento exacto en el que uno de los alumnos apretaba con curiosidad su brazo y esa cosita salía de él. Era pequeño y ovalado. Se acercó por curiosidad y el chico saltó al notarlo.

—¡Se salió solo!— Casi gritó levantando ambas manos.

—¿Qué le pasó a tu ojo?

Un omega con el ojo morado era algo que se solía ver en los pueblos o ciudades pequeñas y cavernícolas, pero no en una escuela prestigiosa. Minghao lo examinó por varios segundos antes de que el joven cubriera su rostro con una mano.

—Accidente.

—¿Así como el supresor?— El alumno se encogió en hombros. —¿Puedo verlo?

—No le digas a nadie, detesto las agujas y pasar por eso de nuevo sería desagradable.

Recibió la pequeña cosita y la examinó con atención. Minghao solía investigar menudo de estas cosas, era algo así como un pasatiempo, no, en realidad él estaba un poco obsesionado con mantener su cuerpo lo más limpio posible, eso incluía la marca de supresores que utilizaba. Nunca había escuchado de uno tan longevo.

—¿y que harás con tu celo?— Preguntó regresando su mirada al chico.

—Puedo controlarlo.

—¿seguro?

—No soy un animal, claro que puedo. Solo será por un año— Minghao decidió no entrometerse.

—¿puedo quedármelo? ¿o lo quieres de vuelta?

—Quédatelo.

Minghao decidió guardarlo solo por si tenía la posibilidad de saber de dónde provenía con exactitud.

"Eres un conspiranoico de la salud" Recordó la frase que Jun le decía cada vez que hacía ese tipo de cosas.

Claro, un conspiranoico.




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1. Capítulo 1
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