01 | La Taza Rota
Leila.
Mis manos torpes se movían rápidamente terminando las cenas de aquellas personas que simplemente tomaban, fumaban y se toqueteaban sin pudor en la casa, en mi casa. Solo podía escuchar los exclamos de mi madre siendo feliz al lado de ese imbécil. Coloque los respectivos alimentos en sus platos, gire y estire mi mano alcanzando las tazas de vidrio favoritas del imbécil. Rod, hasta su nombre sonaba como un estúpido.
Tomé la jarra que contenía el café y lo vertí en aquellas dos tazas, intentando terminar lo más rápido posible.
—¡Dios mío Leila! ¡¿Hasta cuando?! —Rod gritó desde la sala con un tono de voz muy amenazante lo que me hizo sentir pequeña y nerviosa.
—¡Mueve ese maldito culo! —se unió mi madre a los insultos dejando escapar unas risas con Rod. Nerviosa tomé las tazas para colocarlas en la bandeja y...
¡Zaz!
Solté un chillido cuando la taza cayó, derramando el líquido caliente en mi pie y salpicar en mis pantorillas. Pestañe varias veces viendo el desorden.
—No, no, no, no... —murmuré sintiendo como mis latidos comenzaban a acelerarse y como mi pecho comenzaba a presionarse así mismo sintiendo la falta de aire por el miedo.
Me arrodille sin pensarlos, aún cuando los cristales de la taza se incrustaron en mis rodillas, con mis manos tomé los cristales con apuro intentando limpiar todo.
—¡¿Leila?! ¡¿Que carajo fue eso?!
Los pasos resonantes y fuertes comenzaron a escucharse en la oscura sala que era iluminada solo por el televisor encendido. Mordí mi labio sintiendo como mis manos comenzaban a temblar, haciéndome así un pequeño corte.
—¡Leila! —la pequeña pero imponente figura de mi madre estaba de pie enfrente de mí, con su entrecejo fruncido y una mirada amenazante.
Mis ojos comenzaron arder sintiendo como las lágrimas amenazaban con salir.
—Y-yo sin querer deje caer la taza, p-pero no se preocupen lo estoy limpiando —hablé torpemente y volví a bajar la mirada intentando recoger los pocos pedazos que quedaban.
—Esa taza... Es la favorita de Rod —al alzar la mirada solo vi rabia y entonces sabía lo que se aproximaba —¡¿Por qué tienes que hacer todo mal?! ¡¿Por qué me haces enojar rompiendo sus cosas?!
Gritó y cerré mis ojos asustadas. Temblando como una hoja al caer de un árbol, sintiendo el miedo en todo mi cuerpo como todas las veces anteriores.
—M-Mamá fue sin querer
Solté un gritó cuando su pie derecho piso mi mano contra el suelo lleno de pequeños vidrios, sentí el escalofríos de mi mano recorrer todo mi cuerpo al igual que una onda de dolor.
—¡Haces todo siempre sin querer! ¡Otra vez arruinando todo como cuando naciste!—agradecí cuando dejo de pisar mi mano y caí sentada hacia atrás, tomando mi mano observándola con dolor. Cristales incrustados y sangre chorreando a mares. —¡Siempre eres un maldito problema! ¡¿No puedes hacer nada bien acaso?! ¡¿Que fue el mal que hice para que salieras tan estúpida?!
Me propinó una patada provocando que cayera se boca al suelo, sin decir nada intenté reincorporarme y volver a sentarme pero otra patada fue directo a mi pecho, dejándome en el suelo.
—¡Eres una inservible! ¡Ni para sirvienta sirves! —comenzó el mar de palabras de desquite se mi madre mientras me golpeaba con sus pies —¡Siéntate y mirame maldita sea!
Cabizbaja hice lo que pidió pero aún así no paro, jalo mis cabellos mientras intentaba golpearme el rostro e intenté cubrirlos con mis manos y brazos, sintiendo el dolor de sus golpes tanto en mi cuerpo como en mi mente. Mientras lloraba ella solo gritaba y pegaba, intente separarme pero fue en vano.
—¡Callate carajo! ¡No soporto escuchar tus lamentos! —de nuevo intento golpearme pero al verse obstaculizada por mis antebrazos tomo uno de los cristales y con movimientos bruscos busco como cortarme.
Solté un quejido cuando el filo del cristal me hizo varias cortadas en los antebrazos. Pedi entre súplicas un "por favor ya, para" pero ella solo seguía golpeándome con rencor.
—Lucia —La voz de Rod se escuchó en toda la estancia, como si solo pronunciar su nombre hizo que se detuviera por completo. Todo se había calmado de un momento a otro.
Agradecí internamente, casi siempre en todas los "castigos" cuando mi madre ya estaba que me terminaba de moler a golpes aparecía Rod.
Tal vez sea lastima, bueno, la verdad no. Era un idiota seguramente lo hacía para no cargar con un muerto o porque el ruido lo molestaba.
—Es suficiente, solo trae la maldita comida y comamos, me estoy muriendo del hambre.
Mi madre soltó el cristal y con la mano que sujetaba mi cabello lo soltó bruscamente haciendo que cayera sobre el desastre de café y cristales. Haciendo que nuevamente mis manos se llevarán el impacto.
—Si, cariño —respondió melosa mientras tomaba la comida que les había preparado —Limpia este desastre Leila, a menos que quieras que te castigue.
Me dio la espalda retirándose con Rod quien me dedicó una mirada de desprecio y tal vez lástima.
Dios, odiaba todo esto.
Nuevamente las risas de ellos proveniente de la sala se escuchó en toda la extensión, provocándome más repulsión. Miré mis manos y mis brazos, siendo los principales afectados con cortes y sangre.
Me levanté aún aturdida, sintiendo mis piernas flaquear me apoye de la encimera. Mire todo el entorno y todo era un desastre, café tanto en el suelo desparramado como en mi ropa, cristales y sangre.
—Ay
Solté un quejido sintiendo como los dolores de mi cuerpo me pegan fuertemente.
Tenía una quemadura en mi pie y pantorrilla, cristales en la piel desnuda de mis rodillas, mis brazos se desangraban con cortes por doquier y mis manos ya se hallaban completamente cubridas por aquel color carmín. Aún seguía llorando, seguía sintiendo como mis lágrimas limpiaban la sangre de mi cara pero aún así, me sentía completamente bañada en sangre.
Con todo el valor y dolor que pude obtener encendí el grifo de agua y lave mis manos soltando quejidos por el horrible dolor.
Maldita sea. Dolía como la mierda.
Sería más tarde que me intentaría curar, lo esencial en este momento era limpiar.
Lo cual fue un gran problema porque mientras limpiaba el café y los cristales dejaba huellas de sangre.
Di un vistazo nuevamente a la sala, observándolos jugar y reír entre ellos. Ignorando lo que pasó, lo que siempre pasaba.
¿Cuando acabaría este sufrimiento?