Primera Noche.
Desperté de aquel sueño tan agitado, empapado como si me hubieran arrojado un balde de agua. Tembloroso, volteé hacia la ventana. La luz de la luna cubría esta oscura noche de verano.
Sin luz en la calle, sin ningún sonido en toda la ciudad, se podían escuchar hasta las goteras de una canilla rota.
Esa madrugada parecía una ciudad fantasma: tan tranquila como inquietante.
Me quedé sentado sobre el borde de la cama, pensativo. ¿Qué fue ese sueño? ¿Qué fue lo que me despertó tan asustado? Con manos temblorosas busqué mis lentes, y gracias a la luz que atravesaba mis finas cortinas, pude encontrarlos.
Medio dormido, me asomé a observar hacia afuera. La luna, tan clara, brillaba en el cielo despejado. Quizás era una señal de algo, algún tipo de fortuna o advertencia. Me sentía tan confundido.
—¿Será algún tipo de visión o revelación de esa diosa? —resonaban en mí tantas preguntas como siempre. No soy tan bueno con estas cosas. Siempre suprimo estos sentidos; me consume la poca energía que le dedico a la vida. Durante el día, me siento tan cansado…
Suspiro. Ahora toca volver a dormir, o al menos intentarlo unas horas.
Cierro los ojos. Mi respiración se vuelve cada vez más lenta. De a poco, mi cuerpo empieza a relajarse.
Empiezo a escuchar un sonido. Parece más bien una vibración. Es constante, y siempre suena con el mismo volumen. Me tiene bastante intrigado.
De alguna manera, me hace sentir más ligero, casi vacío. Es como si dijera que suelte todas mis preocupaciones y deje fluir todo.
A medida que el sonido se aleja, vuelvo de alguna manera a mis sentidos. Mi cuerpo reacciona: puedo sentir mis manos y mis piernas. Abro los ojos, pero no reconozco el lugar. No parece mi habitación. Es muy distinto: las paredes parecen de roca sólida, las ventanas son grandes pero circulares, y los muebles, de madera, están hechos con una fineza increíble.
Muy confundido, empecé a investigar un poco en la gran habitación, aunque seguía pensando en cómo llegué allí. Todo lo que había a mi alrededor me dejaba sorprendido.
Cada paso que daba, me detenía al instante solo para contemplar los artilugios que veía. La arquitectura o el trabajo de carpintería no se quedaban atrás. Todo me dejaba sin palabras. Nunca había visto un trabajo tan fino y meticuloso. Parecía una obra ancestral.
Después de asombrarme tanto, me dirigí a lo que parecía una puerta. Al ponerme justo frente a ella, se abrió por sí sola, sin emitir ningún tipo de sonido o aviso. Una vez abierta, me deslumbró un poco la luz del sol entrando. Sí, había un sol, pero se sentía algo extraño.
Era un sol de color rojizo, como un atardecer casi eterno. Bajando la vista nuevamente, a lo lejos se notaban varias casas hechas de esas mismas rocas. Me preguntaba qué tipo de tecnología o técnicas usarían para construirlas, como si requirieran poco esfuerzo.
Avancé por el camino marcado, que parecía dirigirse a lo que se asemejaba a un templo. Las paredes exteriores estaban cubiertas de símbolos extraños, de tonos azulados oscuros, aunque desgastados por el paso del tiempo.
Al acercarme, encontré unas escaleras. Eran tan limpias que parecían recién ensambladas. No dejaba de observarlas con detenimiento. Algunas veces pensaba que estaban hechas de algún material artificial. Me preguntaba de qué árbol saldría una madera de ese tono café tan sólido. Aunque realmente lo desconocía.
Al subir el último escalón, a unos cuantos pasos, vi una gran puerta abierta. No se distinguía el interior. Estaba completamente oscuro, sin ningún tipo de iluminación. Pero sí noté que se escuchaba una especie de sonido o vibración, un poco rítmica.
A medida que me acercaba a la puerta, sentí en el pecho una sensación extraña, aunque tranquilizadora. Me detuve un momento antes de entrar. Volví a mirar hacia dentro. Seguía oscuro, pero, de alguna manera, se notaba que era una sala bastante grande y espaciosa. Más al fondo, otra puerta dejaba escapar un tenue rayo de luz por debajo.
Al acercarme, esa puerta no parecía bien cuidada. Más bien, era vieja: madera desgastada, detalles en metal oxidados y deteriorados por el tiempo.
Muy lentamente avancé hacia la puerta y extendí el brazo para abrirla. La madera crujió y me hizo detenerme un momento, pero no era tiempo de dudar. Con un empujón, terminé de abrirla. Casi pierdo el equilibrio, pero logré mantenerme en pie.
Dentro de la habitación, no era como aquella en la que desperté ni como el exterior, que estaba impecable. Esta habitación estaba llena de polvo, quizás abandonada. Pero había velas encendidas, y sobre lo que parecía un escritorio, descansaba un único libro viejo, encuadernado en cuero bordó, con hojas amarillas. Sin duda, era antiguo.
Levanté la vista, buscando alguna señal de vida. No encontré nada.
Recorrí la habitación con lentitud antes de acercarme al libro. Había estanterías llenas de libros y pergaminos extraños, con símbolos o letras que no reconocía.
Del otro lado había mesas con frascos vacíos y botellas con líquidos de aspecto sospechoso. Por precaución, no los toqué. También había notas con garabatos y dibujos extraños.
En las hojas sueltas había ilustraciones de criaturas deformes o inimaginables. Solo las dejé sobre la mesa y seguí caminando. Esto parecía la habitación de algún científico o investigador excéntrico.
Finalmente, me acerqué al libro polvoriento del escritorio. Lo tomé y lo sacudí un poco, buscando algún título, pero no había nada escrito por ninguna parte. Lo abrí y fui a la primera página.
Estaba seguro de que no lo entendería. Estaba llena de símbolos extraños. No se parecían a nada que haya visto en Internet. De hecho, ni siquiera parecía algo escrito por un ser humano… aunque quizá me equivocaba. No lo sabía con certeza.
Desconcertado e intrigado, seguí pasando páginas llenas de símbolos y dibujos extraños de criaturas raras, hasta que, aproximadamente a la mitad del libro, apareció un dibujo de un humanoide. Era delgado, alto y usaba una especie de túnica. Tenía cuatro dedos largos, y alrededor de él parecía haber algún tipo de luz o aura. Realmente, no sabía qué era.
Seguí hojeando el libro. Ese mismo humanoide aparecía en más ilustraciones: en una, rodeado de rocas; en otra, con el brazo extendido y una especie de luz en la mano. Antes de llegar a las últimas páginas, me pareció entender que este ser —si puedo llamarlo así— había construido todas esas edificaciones, incluso los muebles y las escaleras. También parecía ser el único habitante del lugar, ya que nunca encontré otra señal de vida.
Parecía que todo esto le pertenecía. Estaba inmerso en algún tipo de investigación, aunque no sé de qué tipo. Si pudiera entender ese idioma, me encantaría saber de qué se trata todo esto. Me siento lleno de curiosidad… aunque también de miedo. Todo era tan tranquilo y desolado, que no había notado lo vacío de vida que estaba.
Al pensarlo, me di cuenta de que en todo este recorrido no vi ningún animal ni persona. Pero todo estaba en su lugar, como si alguien viviera allí. Me pregunté qué pudo haber pasado.
Al llegar a la última página, vi de nuevo al humanoide, esta vez dentro de varios círculos con símbolos extraños. En el centro, en un círculo más pequeño, había otra inscripción, escrita de una forma distinta, como si no perteneciera al mismo idioma del resto.
Al acercar el libro a mi rostro para ver mejor los detalles, de pronto un destello de luz me cegó. Solté el libro, y la luz se hizo tan intensa que iluminó toda la habitación.
Como pude, usé mis manos para cubrirme los ojos, pero entreabrí los dedos para ver si había terminado. Realmente estaba durando mucho. Volví a taparme los ojos y, tras varios minutos, bajé los brazos y los abrí.
Pero… al abrirlos, estaba mirando el techo de mi habitación. Me sentía desconcertado, sin saber qué estaba pasando. Todo parecía tan real… ¿Cómo era posible que, de un momento a otro, estuviera en un lugar desconocido y lo sintiera tan vívido?
Me quedé sentado un largo rato, pensando en todo lo que acababa de experimentar: todas esas cosas extrañas, esos símbolos…
Estiré el brazo para tomar mi celular y ver la hora.
Eran las 10 de la mañana.
¿Qué pasó con ese lugar en el que estuve hace unos momentos?