Capítulo 1
El frío del invierno era penetrante a los débiles huesos del anciano del pueblo. La mayoría de los hombres se habían ido a la guerra, y las mujeres se habían resguardado en los ancianos que no fueron aptos de ir a batallar. Pero a medida que el frío iba llegando, los ancianos iban muriendo de manera feroz, buscando un descanso de todo el mal que asolaba en la tierra conocida.
Solo una mujer se había ajustado el cinturón de las vestiduras, Blanca, madre de una niña pequeña. Era la carnicera del pueblo, quien también era despojada de la aldea por la muerte de su marido antes de ir a batalla, y por la profesión que ejercía en lugar. Sin embargo, era la que cazaba para dar alimento a todos y cuidaba en las noches para que los ancianos no murieran congelados. Nadie se compadecía de sus actos bondadosos, ni siquiera su hermana, noble de cuna. Blanca había dejado de ser la hija de un noble, para casarse con el carnicero del lugar. Y ahora no le importaba manchar sus nobles manos para alimentar a su pueblo y a su amada hija Ganbaatar, nombre que le había dado su difunto esposo.
Vale recordar que Bianca era extranjera en estas frías tierras, proveniente de lo que era Europa, si bien se desconoce hasta el día de hoy su origen exacto. Tomó como esposo a un hombre mongol, que le llenó de amor y se complementaron hasta el día de su último respiro.
Ganbaatar, era distinguida por ser una niña mixta, como le decían. Piel pálida como la de su madre, cabellos oscuros como el de su padre, y dos ojos azules que eran comparados con los hielos de su hogar. Muchos hombres de oscura proveniencia habían intentado fallidamente obtener la vida de la niña para enriquecimiento propio y degenerado. No obstante, las habilidades que había adquirido le habían levado a proteger a su hija a cualquier costa.
La belleza de Blanca aún seguía intacta, cuando estaba enferma y débil, las vecinas del lugar contrataron a uno de estos hombres y la joven mujer desapareció de la faz de la tierra. Ante tal hecho, la inmovilizaron y le llevaron hasta la casa de su abuelo materno, quien no se compadeció de su hija y nieta, pero que la tomó bajo su abrigo con desdén y repulsión de los orígenes.
—¿Vez esto hija? Ocasionaste el sufrimiento a esta mixta— dijo mientras miraba a su nieta de siete años alimentar los caballos-
La familia entera se burlaba de las quemaduras que tenía en su cuerpo por el frío, o del cabello negro que provenía de su padre. Sin embargo, a pesar de su corta edad, Ganbaatar no se molestaba, sino que su mente y corazón extrañaban a sus padres.
—¿Supiste que parece ser que el rey del otro imperio tiene a la hija del amo?— una sirvienta murmuró muy bajo, pero lo suficiente para que la niña oyera en su escondite— Escuché por parte la señorita, que su padre había acordado con el rey para poder tener un príncipe que le sucediera en el futuro. Recuerda que la reina no puede tener hijos, y lo mejor sería que ella con su esplendor diese un hijo. —
Ganbaatar, salió de su escondite fresco y segura. Las caras de las mujeres mostraban horror, por ver a la niña escuchar su conversación. Por lo que le tomaron y golpearon hasta dejarla tirada en el lugar que había salido.
Aun así, ella se arrastró hasta poder levantarse. Tomó un trapo que había allí, limpió sus heridas y sacudió su ropa; había entendido el mensaje. Pero lo que no sabía, es que todo esto había sido observado por su abuelo, que por primera vez había sentido culpa.
De un momento a otro, la pequeña niña había desaparecido. La búsqueda comenzó, sin embargo, no había nadie que pudiese encontrarla. Pasó la mañana, y la noche se aproximaba. Cuando unos soldados vieron un gran charco de sangre, una parte corrió para buscar a su amo y la otra se quedó a observar de qué o quién provenía. Para la sorpresa de ellos, era la pequeña niña matando a cinco conejos para la cena de ese día, se horrorizaron cuando vieron que la niña cargaba con un cuchillo más grande que el de sus manos. Y su cara angelical, tenía grandes salpicaduras por los cortes que habían realizado. El anciano, al ver lo que su hija había hecho, pensó que sería de gran ayuda en el futuro, un verdugo para el rey.
—Desde ahora, vas a ser la nieta perdida de este abuelo.— sonrió mostrando todos sus dientes podridos de azúcar-
Lo que ocasionó un gran asco en la niña.
Dos mujeres, las que habían golpeado a la niña, le llevaron hasta una de las habitaciones que el noble había preparado, que alguna vez había sido utilizada por su madre.
Tomaron las ropas manchadas de sangre en silencio, y tuvieron cuidado al preparar la temperatura del agua. Buscaron unas esencias para perfumar la piel de la niña, y unos líquidos babosos que suavizaban la piel y dejaban limpio el cabello de los adinerados.
—Mi lady, lamentamos lo que le ocasionamos la última vez— las mujeres tenían sus rostros sobre el piso-
—No se preocupen, su carne no me sirve para alimentar al pueblo.-sonrío haciendo que sus ojos brillaran con ayuda del fuego-
Tal comentario erizó la piel de las doncellas. Ahí se dieron cuenta, de que no era una niña cualquiera, era descendiente de la noble más grande imperio: Blanca Glen y del descendiente de la tribu más peligrosa. Era más que obvio que la niña no sería normal como los demás, era un viento diferente, en cualquier parte que lo vieres o sintieres.