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— Hanae, ya llegó el camión.
— ¡Voy!
Sería la primera vez que me mudo, los comentarios de que Shibuya es un lugar tranquilo, eran muchos, pero a la vez que estaba lleno de pandillas, aunque no es mi problema, y a mamá parecía no interesarle mucho el tema, nos mudamos.
Retomaría mi ciclo escolar ahí.
Mamá estaba..., tranquila. Muy tranquila.
— Encontré un lugar para que puedas entrenar, al parecer es nuevo, contacté con el dueño, y dijo que no hay problema.
— ¿Es un gimnasio?
— Si, pero, esta vez te ayudará a entrenar.
— Ya veo...
— Sólo no te metas en peleas, dicen que hay muchas.
— Trataré de no hacerlo.
— Pero, si te molestan y dejas que te golpeen, yo misma me aseguraré de golpearte.
Así era la cosa, ¿será por eso que papá nos dejó? Mamá me enseño a defenderme, y yo aun no superaba aquello, no después de que golpee a un niño y empezaron a molestarme.
Aquello fue la gota que derramó el vaso en mamá, no le gustó que me hayan ofendido por defender a alguien y golpear a un niño, asiqué me metió a un dojo para que pudiera defenderme mejor, mamá tiene un usual sentido de paz.
Me golpeas, te golpeo; me insultas, te insulto; eres amable, soy amable; ese era el trato.
Miré lo que sería mi nueva casa, era bonita, pequeña, pero acogedora, suficiente para ambas.
Aun así, no pude hacer mucho, más que prepararme para el siguiente día de clases, al menos comenzaré una mejor vida sin ofensas ni bullyn de por medio hacía mí, ¿qué tiene de malo que una chica también sepa defenderse?
— Nos vemos en la noche cariño, y no olvides, si te molestan...
— Debo parar eso y hacerme respetar.
— Bien.
Entré, era nueva, eso se notaba, el uniforme era lindo, no lo niego, falda negra, un suerte blanco junto a un detalle de marinerito, sí, me gustaba.
Fui llevada a una de las clases.
— Preséntate.
— Si – miré a mi nueva clase – mucho gusto, soy Hanae, Oyuki Hanae, espero que podamos llevarnos bien.
— Bien, ella es nueva en la ciudad, viene de Harajuku, puedes sentarte.
Empecé con mis clases, sería algo difícil acoplarme, pero no iba retrasada, eso era bueno. Aunque claro, después de hablar con el delegado de la clase, debía ver algún club, eso era un gran requisito, pero no me decidía, no hasta que pasé por economía doméstica, sería interesante.
— ¿Buscas a alguien? – una chica pelinegra se acercó a mirarme.
— No, soy nueva, y yo...
— Oh, entiendo, ¿quieres ingresar?
— ¿Se puede?
— Claro, te llevaré con el presidente – asentí para seguirla, era un grandioso club, tenían su propio uniforme – presidente, ella es nueva, solicita ingresar al club.
— Mucho gusto, soy Hanae Oyuki.
— ¿Ingresar? Eres nueva, ¿verdad? – asentí, miré al chico frente a mí, era apuesto, pero, no tenía oportunidad con algún chico.
— Ya veo, no tengo problema, ayudarás a Yasuda.
— Si.
Lo miré irse para ayudar a las demás chicas, ¿qué clase de hombre perfecto era este?, miré a mi nueva, ¿amiga?, asiqué fui con ella, mi primer trabajo sería hacer mi propio uniforme, fui presentada con algunas chicas, todas son amables.
Mi primer día, y era genial, agradecía a mi abuela que me haya enseñado de costura, no sería tan difícil.
— Lo haces bien – inevitablemente me pinché el dedo con la aguja, me había asustado – lo siento.
— No importa, suelo concentrarme en este tipo de cosas, al punto de perder la noción del tiempo.
— Lo noté, asiqué eres nueva – lo miré un momento y asentí – ya veo, ¿de dónde vienes?
— De Harajuku.
— Entiendo, no es normal ver a alguien ingresar a medio ciclo.
— Bueno, mi madre consiguió un trabajó en Shibuya, y mi situación escolar no era muy buena allá, asiqué ante la primera oportunidad, nos mudamos.
— Fue difícil.
— Me sorprendió que un chico sea presidente de este club.
— ¿Sorprendida?
— Más bien, aliviada, lamentablemente, tuve que conocer hombres desagradables, me es un alivio saber que conocí a alguien bueno.
— Ya veo..., debieron ser un caso perdido.
— Ni te imaginas cuánto.
Hablar con él, fue, extraño, no hubo problema en ser yo misma, pero, no podía, dentro de mí decía que no podía decirle mi pasatiempo.
¿Aquí también se burlarán de mí?
Había logrado hacer la mayor parte de mi chaqueta, eso sería primordial, me ayudarían mañana con las medidas.
Apenas salí, caminé en una dirección, sólo esperaba no perderme, cuando llegué, con un par de improvistos, se veía que el negocio era nuevo, no había mucha clientela, por así decirlo.
— ¿Se te ofrece algo? – miré a un joven, supongo que es él.
— Busco a Wakasa Imaushi.
— Soy yo, ¿quién eres?
— Hanae Oyuki, mi madre le habló de mí.
— Oh, si, lo recuerdo, ven, te mostraré el lugar, por ahí están los baños, puedes cambiarte si gustas.
— Gracias.
El hombre era agradable, pero su mirada de aburrimiento y desinterés era extraña, cuando salí me acerqué a él, pondría a prueba que tanto sabía, y mediría mi fuerza.
Otro hombre estaba ahí, creo que era Kenzo Arashi, fue quien dio la señal, y me acerqué a mi oponente para golpear hacía arriba, mientras mi otro brazo empujaba su pecho y con mi pie hacía una barrida para que caiga.
Funcionó.
— Asique sabes pelear.
— Desde niña.
— Pero te falta fuerza y reflejos, trabajaremos en eso, ¿por qué una niña quiere aprender?
— Madre cariñosa, pero con problemas de ira, si me golpean, me golpeará, me enseño a que debo hacerme respetar, pero no siempre a golpes.
— Extraño, pero, supongo que no habrá problemas.
Fue así hasta la noche, cuando me despedí y salí, mamá estaba afuera esperándome, asique me acerqué, parecía que también le fue bien en su primer día, asique comimos algo en el camino.