Prólogo El susurro de una corona rota
La lluvia caía con la suavidad de un suspiro sobre los techos de piedra del castillo Blackthorn. Afuera, la noche cubría el mundo con su manto de silencio, pero dentro de las cámaras reales, un llanto de un recién nacido rompía la inquietud con furia.
Una niña.
Una princesa.
Nadie celebró.
Los criados se miraban entre si con temor en los ojos. La reina-una mujer de belleza serena e indomable- yacía pálida en su lecho, sus dedos manchados de sangre, su aliento débil como una promesa no cumplida.
El rey Edrick Blackthorn observaba. Alto. solemne, un dios caído vestido de oro oscuro. Sus ojos grises, fríos como el hierro, no se movían de la pequeña criatura en los brazos de su madre, acabada de llegar al mundo.
No por ternura.
no por amor.
Sino por interés.
-Una hija -dijo con voz grave, casi decepcionado, como si esperara algo más.
La reina intentó hablar, pero ninguna palabra salió de su boca, como si su voz se hubiese ahogado en su garganta. Con un último suspiro, sus ojos se llenaron de algo que el rey no quiso ver: miedo.
El llanto de la bebé se volvió más agudo, como si sintiera que algo en el mundo no estaba bien.
Y tenía razón.
Afuera, en los jardines del castillo, la noche ocultaba más que sombras. Ocultaba pecados, secretos, y una historia que aún no estaba lista para contarse .
La niña crecería en muros dorados, rodeada de mentiras bien contadas . Aprendería a sonreír con los labios cerrados y a sospechar con la mente abierta. pensaría que su madre murió al traerla al mundo.
Y nunca olvidaría aquella mirada de su padre.
Una mirada que no amaba, no protegía...solo calculaba.
El destino ya había escrito las primeras líneas de su historia.Pero la última....la ultima la escribiría ella.