Capítulo 1: El paciente sin nombre
Hospital Clínico de Santiago, 2:47 AM.
El doctor Gabriel Contreras, especialista en traumatología, tomaba café frío por tercera vez esa noche. Las guardias nocturnas eran solitarias, y los casos extraños rara vez llegaban tan tarde… hasta que sonaron las puertas de urgencia.
Una camilla entró a toda velocidad, empujada por dos paramédicos y acompañada por tres hombres de traje, empapados por la lluvia.
—¡Paciente masculino, inconsciente, múltiples heridas profundas! —gritó uno de los paramédicos.
Gabriel corrió al encuentro y se detuvo en seco al ver las lesiones. Tres cortes largos y curvos, como hechos con garras gigantes, recorrían el pecho y el muslo del hombre. La piel estaba desgarrada, no cortada. Había también marcas de mordidas pequeñas… pero irregulares, como si fueran de un animal que no encajaba en ningún patrón conocido.
—¿Qué le pasó? —preguntó Gabriel, alarmado.
—Accidente de caza —respondió uno de los hombres de traje, sin mirar al herido.
—¿Dónde ocurrió?
—No importa. Solo ayúdelo. Es un amigo importante del gobierno.
El paciente seguía inconsciente. No tenía documentos, y no hablaba. Lo único que murmuró, entre delirio y fiebre, fue una palabra ininteligible:
"Ñirr’kal..."
Gabriel sintió un escalofrío.
Le pidió a la enfermera tomar muestras de saliva, tejido y sangre. Lo que vio al microscopio lo dejó helado: la sangre no tenía rastros de patógenos conocidos, pero sí células que no pertenecían al ser humano moderno.
Gabriel se sorprendio e intento buscarle explicacion en un libro pero...no habia
En la sala de espera, uno de los hombres trajeados hablaba por teléfono.
—Sí, lo trajimos a Santiago como ordenaron…
(Pausa)
—No, el doctor no sospecha nada todavía.
(Pausa)
—No. Aún no sabemos cómo escapó del sitio... ni qué lo atacó exactamente.
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FIN DEL CAPÍTULO 1