Historias de un periodista

All Rights Reserved ©

Summary

Randall, un policía, con una fascinación por historias y los testimonios. Se encuentra con un adolescente que le pone el mundo de cabeza con su historia poco creíble y loca. Terminando con 3 adolescentes y muchas historias en su libreta

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Albert

Cuando era joven, era algo extraño. Soy ese tipo de persona que tiene fijaciones por cosas poco comunes. Algunos les interesan los autos, otros coleccionan figuras de origami como locos.


Pero yo solo tenía 3 fijaciones.. Conservar latas de sopa de tomate, cajas llenas de Haikus sin sentido, y casos de personas desaparecidas.


La última era la más fuerte, me fascinaba tratar de conectar los puntos, y saber sus historias antes de la tragedia. Y en "El país" es muy fácil encontrar material para llenar almenos 50 cajas o más. Pero yo solo tenia 3.


Había 3 casos, que me llamaban mucho la atención. Eran los casos de tres adolescentes, todos extranjeros, de diferentes partes y etnias. Pero entre esos, estaba mi favorito, Albert García.


Albert era un chico de cabello azabache, piel blanca, ojos negro profundo, cabello medio largo, y rasgos asiáticos.


Nacido el 9 de abril del 69, México.


Su custodia fue dada a sus abuelos en el 79, residentes de "El país", típico caso de drogas. Cumplio 14 en el 83, cuando fue declarado como desaparecido, y su rostro fue impreso en cada caja de leche en Misery, estado en el que vivía.


Fue el primer caso que estaba tan cerca de mi, creo que eso lo hizo mi favorito.


El caso volvió loco al estado de Misery, una tercera víctima, de quien sabe quien.


Grupos de voluntarios salieron en su búsqueda, y protestantes llenaron las calles ¿Y cómo no? Otro niño, latino, de pueblo, desaparecido pocos años después que el anterior, claramente se volvería al político y social en cuestión de días.


Pero después de 3 años, sin saber nada del niño, todos se rindieron, dándolo por muerto, y dejando que el caso enfriar cual café servido.


En ese entonces, yo era un joven, que quizo volverse policía, y hacer que su pasión sirviera de algo a "El país". Pero no termino como esperaba.


Termine siendo un policía mediocre, de esos que nisiquiera tienen un arma, y un sueldo patético cada dos semanas.


En mi tiempo libre, me gustaba trabajar para periódicos pequeños, documentando cosas inútiles, pero igual me encantaba.


Luego, llegaron los 90's. Días de ropa chillona, calor, y lluvias que dejaban oliendo mal la ropa.


Uno de esos días, paso algo inesperado. Lo recuerdo de memoria, lo escribí en mi libreta.


Estaba cubriendo a un guardabosques, esperaba la llegada de mi compañero, mientras una tormenta atravesaba el bosque.


Mientras revolvía mi té, aburrido. Un chico llego a la puerta, sucio, maltratado y cansado.


Me asustó. Me quede mirándole por unos minutos, parecía un fantasma, con su cabello azabache en la cara, mojado y con la ropa sucia, con su piel blanca resaltando, a pesar de la suciedad.


Cuando alzó la mirada, clavando la en mi, casi salte de la silla, corriendo hacia él y haciéndolo pasar dentro de la cabaña. Sentando lo en el sillón, y corriendo por una manta y un botiquín.


Cuando lo revise, para curar lo que fuera que tuviera herido, note que estaba completamente intacto, lo cual era raro en una persona que se viera así "¿Así cómo?" Como si lo hubiera atropellado un camión.


Le pregunté por su nombre, y él respondiendo:


-Me llamo Albert...


Podía ser una coincidencia, pero era el nombre del chico de ese caso, con el que estuve obsesionado por meses.


No pude evitar compararlos, el cabello, la piel, los ojos, el rango de edad. Aún tenía una borrosa, pero entendí le imagen visual de como lucia en el periódico, y puedo cortarme un dedo ahora mismo, por que era exactamente igual.


-Disculpa... Tu apellido?


-García...


-¿Albert Garcia? ¿¡El niño perdido de Misery!?


-Supongo..


¡Por Dios! ¿¡Qué te pasó!? ¿¡Donde estuviste estos 7 años!?


-Espera... ¿¡7 años!?


Se veía muy sorprendido, realmente sorprendido ¿Había perdido tanto la noción del tiempo?


Comenzaba a respirar de manera irregular. Puse una mano en su hombro, y trate de calmarlo.


-Tranquilo...¿Qué pasá? ¿Te sientes bien?


El chico no me respondió, solo comenzó a llorar, a temblar, a respirar aún más rápido, hasta sudar.


No sabía que decirle, o que hacer, realmente estaba poniéndose mal.


Cuando por fin pudo hablar, dijo:


-Tengo... ¿Tengo 21?...


-Oye amigo, tranquilo, trata de respirar lento.


-¿¡Perdí 7 años!?.. 7 años... Nadie nunca va a creerme...


Nisiquiera hablaba conmigo, estaba tan sumergido en un miedo que yo aún no entendía, y no sabía como ayudarlo.


Dios, comenzaba a desesperarme. Mi compañero no volvía, en la comisaría no contestaban el teléfono, y tenía a un adolescente en medio de un ataque de pánico.


Se hacía tarde, así que decidí llevarlo a casa conmigo. Le prepare una colchoneta, en la cuál termine durmiendo yo ¿Cómo voy a negarle una cama a alguien que parece nunca haber dormido en una?


A la mañana siguiente, me levante y le prepare el desayuno, y lo senté en la mesa conmigo. Era callado, pero comía como un animal, como un perro, cuando por fin come un asado, luego de una semana de comer su vómito.


Cuando termino me preguntó:


-¿Me vas a llevar a la comisaría?


-Bueno... Si, es lo que se supone que debo hacer.


-No lo hagas.


-Oye... ¿Qué?


¿Por qué no querría ir a la comisaría? No lo entendía. Ya había dicho que no le creerían, pero ¿Lo creía con tanta fuerza?


Se veía realmente preocupado por no ir, no veía manera de convencerlo.


-Oye...Si te da miedo que no te crean, te puedo asegurar-


-No, no puedes, no puedes asegurarme que lo harán.


-Solo tienes que intentar Alb-


-¡Ya dije que no quiero!...


Definitivamente no había manera de convencerlo.


Alzó un poco la voz, sentí que lo estaba presionando con demaciado insistencia. Entonces, le prometí:


-Entonces cuéntame a mi ¿No quieres ir a la comisaría? Bien, pero cuéntamelo a mi.


-¿Y porqué lo haría?


-¿No crees que aveces es...gratificante sacar las cosas? Es bueno hablar con los demás, y puedo asegurar que... Tienes mucho que contar ¿No?


El chico pensó por un momento, algo inseguro sobre que decisión tomar.


-Hagamos un trato. Tú me cuentas todo, y yo te dejo quedarte aquí, conmigo.


-¿Aquí? ¿Por qué?


-Bueno... Soy alguien un poco solo. Y puedo ver que tú también... Es mejor estar juntos entonces ¿No crees?


Le extendí mi mano, esperando a que el me diera la suya, pero solo apartó la mirada, y dijo:


-Bien, 2 horas de historia por día. Yo decido el momento para contar, y ahora tengo ganas. Así que busca lápiz y papel, porqué no repito nada.


Corrí por mi libreta, y me senté frente a él. Tratando de esconder mi emoción, ya que este tipo de cosas despertaban cierto... Morbo, por el saber. Era como un coleccionista de historias, y tenía a alguien que me contaría todo en vivo y a color.


-Comienza cuando quieras.


~°~


Era una noche fría... Iba por la carretera principal, con mi bicicleta roja. De camino a casa de mis abuelos... Mi casa, en ese entonces.


Había mucha niebla, no podía ver una mierda..Tenía que llegar a casa antes de las 9, ya que debía llegar con el regalo antes del abuelo antes que empezaran a cantar y partir el pastel. Mi abuela le había comprado una horrible estatuilla de una rata, a ese viejo le encantaban.


Iba tan rápido como podía, moviendo la bicicleta de lado a lado, con los pedales llendo a todo lo que podían. El viento frío me entumia la cara.


Pero entonces, vi una luz entre la neblina, era preciosa.. Estaba muerto de sueño, nisiquiera llegue a pensar un por qué para aquella luz frente a mí.


Para cuando me di cuenta, solo tenía unos segundos para virar, porque un camión estaba a punto de embestir me a mi y a mí pobre bicicleta, había cambiado de carril sin notarlo.


Escuche el fuerte sonido del claxon de ese camión, y vire con violencia.


Pero no logré salir ileso, ya que me fui de cara contra un poste de concreto.. El golpe fue duro, porque me desmaye al instante.


Al despertar, toque mi frente con dolor, sintiendo como mi mano se mojaba con sangre. Dios, nunca había visto tanta sangre. Nunca fui de esos niños que se lastimaba de manera grave jugando.. Nunca me quebré ningún hueso, ni me había desmayado nunca, todo era muy raro.


Me espante un poco, pude escuchar mi corazón acelerar se al ritmo de mi respiración. Pero a pesar de la angustia, pude escuchar murmullos detrás de mi, hasta risas... Asumí que era esa típica multitud que se quedaba a ver los accidentes de carretera, y no molestarse lo suficiente para saber si estás bien. Pero cuando me di la vuelta, olvidé por completo que estaba sangrando.


~°~


Albert miró a la nada por un momento, quien sabe que pensaba... Pero la curiosidad, y la espera me mataban.


-¿Albert? ¿Qué viste?


-Yo... Yo vi ratas.


-¿Ratas?


No pude evitar que en mi voz se escuchara algo se incredulidad y risa. Y este niño estaba muy a la defensiva.


-¿Te hace gracia?


-No, no... Solo... Fue inesperado. Continúa por favor.


~°~


Ratas grandes... 2 meros almenos, gigantes y aterradoras.


No podía creerlo, comenzaba a creer que era el sueño más lucido qué había tenido nunca. Las miradas, los susurros, su reír, todo me causaba náuseas y escalofríos. Creo que era el miedo..


Yo solo estaba sentado ahí, mirandolas, aterrado y confundido.


Una de ellas me miraba mucho.. Y cuando cruce mirada con ella, se dio paso entre la multitud, acercándose a mi.


Se puso de cuclillas, comenzando a olfatear mi cuello, como si fuera un maldito perro. Estaba tan asustado, que no me podía mover, estaba paralizado


¿Conocen ese sentimiento... Cuando un perro se acerca demaciado, y te da esa mirada de desconfianza? Y tu solo puedes esperar a descubrir si te mordera o solo se irá...


Entonces, comenzó a lamer mi cuello. Su lengua áspera parando de arriba a abajo por mi cuello, dejando escurrir su baba en mi


No podía entender nada de lo que pasaba, tenía tantos sentimientos y sensaciones acumulando se en mi estómago.


Su lengua era larga, hacía ruidos asquerosos... Odio recordar eso. Solo cerré mis ojos con fuerza, apretando mis manos, y sosteniendo la respiración.


Intentaba encontrar ese truco, del que tantos soñadores lúcidos hablaban, sobre despertar a voluntad.. O bajar ese interruptor para cambiar el sueño que me atormentaba, pero no lograba nada.