Corona de escamas | | Honghwa

Summary

En el reino dividido de Kaeryon donde los clanes dragones dominan los elementos y la sangre es ley, una nueva era se abre con la coronación del más temido de los líderes: se trata del dragón carmín, el emperador del Clan de los Dragones Vampíricos. Sangre real corre por sus venas, sangre que arde con magia oscura y poder ancestral. Pero para consolidar su trono la tradición exige que el emperador elija un Omega -no uno cualquiera, sino uno digno de compartir el peso del reino ... y su lecho. Así se invoca el Llamado del Omega, una competencia brutal donde los herederos de cada clan deben presentarse ante el emperador. Entre ellos está Park Seonghwa, omega del Clan Solar, que jamás quiso estar allí. Criado entre deber, fuego y disciplina, odia la idea de ser poseído, menos aún por un monstruo de leyenda como el emperador. Lo que nadie sabe es que el llamado no es solo una tradición sino que todo aquello es parte de una profecía sellada en los huesos del primer dragón. "𝑼𝒏 𝑨𝒍𝒇𝒂 𝒅𝒆 𝒐𝒔𝒄𝒖𝒓𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒆𝒕𝒆𝒓𝒏𝒂 𝒚 𝒖𝒏 𝑶𝒎𝒆𝒈𝒂 𝒅𝒆 𝒇𝒖𝒆𝒈𝒐 𝒑𝒖𝒓𝒐 𝒅𝒆𝒃𝒆𝒏 𝒖𝒏𝒊𝒓𝒔𝒆 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒇𝒐𝒓𝒕𝒂𝒍𝒆𝒄𝒆𝒓 𝒍𝒂 𝒔𝒂𝒏𝒈𝒓𝒆 𝒚 𝒆𝒍 𝒇𝒖𝒍𝒈𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒍𝒖𝒛 𝒆𝒎𝒂𝒏𝒂𝒓𝒂" Escenas explícitas႒ Historia corta႒

Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

ᡴ🌫️ꪫ

Desde las alturas del clan de las nubes se desgarraron ante la silueta descendiendo.

Luego de liderar una misión Seonghwa aterrizó con la majestad y la furia de un sol herido batiendo la niebla. Sus alas podían ser livianas, pero provocaban grandes remolinos al batirse contra el aire frío de aquel monte donde habitaba. Las copas de los árboles se inclinaron en reverencia ante su llegada.

El Templo del Clan Solar se hallaba incrustado en la cima de aquel monte rodeado de niebla, pétalos congelados y la eterna quietud de sus ancestros.

Allí, el tiempo se movía más lento. Allí, hasta la rabia ardía con elegancia.

Seonghwa aterrizó en el claro central. Sintió el crujir de la tierra helada bajo sus filosas garras, el leve estremecimiento de los árboles al paso de su sombra.

— Mierda... las flores de mamá — pensó.

Las blancas alas se replegaron con un crujido extendiéndose momentáneamente antes de hundirse en la tierra con un rugido profundo retumbando desde su cuello. Una picazón en la base de la cola lo obligó a girarse y rascarse con los colmillos resoplando con fastidio.

Aquel gesto rompía con toda la nobleza que normalmente se asociaba a su figura, pero había sido así desde la madrugada.

Con un suspiro gutural Seonghwa clavó sus garras en la tierra del templo y emitió un rugido contrayendo las delicadas escamas del pecho. De inmediato la transformación se activó como un latido inverso.

Sus escamas se replegaron como pétalos cerrándose, el brillo áureo se tornó piel, carne, hueso. Su aliento se volvió vapor humano, y allí, desnudo entre la niebla, emergió Park Seonghwa: no el guerrero omega, sino el heredero del Clan Solar.

Uno que tenía deberes por cumplir

Aun temblando por la transformación recogió un manto de lino que colgaba de una estela de piedra y se lo cruzó sobre los hombros cubriendo su desnudez. La tela olía a incienso seco y a aceite de flor de ciruelo, seguro obra de Jimin.

Subió los escalones de piedra tallada sin mirar alrededor, sus pies descalzos apenas sonaban contra el mármol helado, algo a lo que ya estaba acostumbrado. Mientras caminaba los estanques, los bonsáis dormidos y los faroles de papel apagados se apaciguaban como si hubieran aguardado por su regreso.

La puerta corrediza de su casa encajada en la estructura posterior del templo, cedió con un susurro cuando la abrió arrastrando sus vestiduras.

Se sorprendió al encontrar a su padre inmóvil junto al altar familiar con los brazos cruzados bajo el amplio haori negro. Su madre estaba sentada frente a la tetera con las manos entrelazadas sobre el regazo como si contuviera una tormenta dentro del kimono. Ambos lo observaban en silencio como si lo hubieran estado esperando desde antes de que partiera, eso lo descolocó un poco. La cicatriz en el rostro de Park Hyun Sik era la misma, los ojos de su madre, sin embargo, tenían una humedad nueva, una grieta apenas perceptible entre las pestañas perfectas.

— Hijo, llegas tarde — dijo su padre

— Hubo contratiempos, pero el trato está cerrado y la frontera asegurada. Debido al enfrentamiento el cargamento se retrasó un poco, pero al menos ahora estará seguro para abastecer la aldea del norte.

— Eso es perfecto, querido. Aunque debiste llevar a tu hermano para ello.

— Bogum tiene suficiente con el bebé en camino, no quise molestarlo por algo así.

Seonghwa se mordió el labio por vergüenza al recordar el altercado de las flores

— La misión se complicó — respondió cambiando de tema — El clan del Este no entregó lo prometido así que hice uso de la fuerza y bueno, quizás se deban usar recursos para la reconstrucción de la muralla.

Su madre se levantó asustada, caminó hasta él con la lentitud de las hojas secas cayendo, y sin decir palabra, lo rodeó con los brazos. Olía a arroz cocido, a sangre limpia, a casa.

— ¿Te hirieron en alguna parte? — preguntó Hee-sun ella, aún sin separarse del todo.

— Solo en el orgullo madre — dijo él, casi sonriendo.

Ella asintió, como si hubiera esperado esa respuesta exacta. Luego, con delicadeza, tocó su mejilla.

— Entonces descansa un poco, mandé a que prepararan tus panecillos preferidos y aceites para un baño. Después si gustas podemos hablar más ¿De acuerdo? — al regresar de cada misión siempre lo esperaban alegres y con felicitaciones, pero esta vez notó que habían exagerado un poco.

Seonghwa asintió emocionado y caminó hacia el centro donde la mesa baja ofrecía tres tazones de té humeante. Afuera era el temor y la representación de lo que podía representar su clan, pero dentro de casa podía darse la libertad de ser el consentido de los Park junto a Jimin quien siempre daba problemas menores. No le sorprendería si regresara con otra queja de hacer de las suyas en el pueblo.

Se deslizó hacia los baños del ala este y se sumergió lentamente en la tina de porcelana blanca.

Agradeció que el agua estaba perfumada con aceite de yuzu y pétalos secos. Cerró los ojos y dejó que el vapor le envolviera el rostro, e hiciera su trabajo de ablandarle la dureza acumulada en los músculos.

Era de su gusto en especial ese santuario a campo abierto. Le gustaba que el frío de la montaña penetrara entre la niebla y se mezclara con el vapor del agua. Un estremecimiento recorrió su espalda al sentir una brisa acariciarle el cuello desnudo y se relamió los labios por puro placer sensorial.

Era un guerrero, sí, pero también era alguien que conocía el valor del cuidado. A pesar de las escamas que a veces le reclamaban su lugar, su piel humana era suave, tersa, bien protegida con lociones de algas, polvo de perla y corteza de loto. Defendía su clan con garras y velocidad, con estrategias precisas y vuelos en picado que partían el cielo, pero eso no negaba su amor por las telas finas que acariciaban el cuerpo con dulzura ni las joyas que colgaban con peso justo sobre su clavícula.

No era secreto para nadie

Entonces el viento sopló de repente arremolinando pétalos rosados desde los árboles de loto que crecían desde las cornisas. Algunos cayeron sobre su pecho y flotaron a su alrededor como si el agua los hubiera estado esperando. Echó la cabeza hacia atrás, dejando que el cabello rosa y húmedo se esparciera por el borde de la tina. Suspiró mientras su índice formaba remolinos sobre el agua mientras que su pierna derecha extendida fuera del agua se balanceaba levemente con languidez infantil.

Pero entonces ...

Un gruñido retumbó

Profundo y gutural. No era eco a distancia, era una presencia cercana.

El sonido pareció retumbar dentro de su pecho como una campana negra que nadie había hecho sonar, pero que él sintió en los huesos.

De inmediato Seonghwa se incorporó con rapidez. El agua se agitó derramándose un poco sobre los bordes de la tina dejándolo descubierto de la parte inferior del pecho. Su mirada se afinó como una lanza de inmediato en busca del intruso. Recorrió sus ojos agudos entre los árboles, las columnas, la neblina densa que comenzaba a espesar demasiado rápido obstruyéndole la vista.

El gruñido volvió, más claro esta vez. Parecía venir de detrás del viejo altar de piedra en el extremo del baño donde el musgo cubría parte de los relieves. Pero no era lo único que emergía del vapor.

Seonghwa lo sintió antes de verlo y elevó la mirada hacia las alturas donde las nubes se abrían, desgarradas por la silueta inmóvil de una criatura más grande que el miedo.

Allí estaba

Un dragón negro

Enterradas en la roca sus garras fundían la nieve con un solo contacto. Sus ojos rojos fijos, lo examinaban con una calma tan inhumana que resultaba más aterradora que cualquier rugido. Los colmillos asomaban bajo un hocico inmenso y su piel era negra como una cobra acechando entre cenizas. Notó que sus escamas brillaban con toques rojos.

Seonghwa tragó saliva

Nunca le temió a los suyos. Había enfrentado a dragones mayores. Pero esto no era solo un dragón. Era algo prohibido, algo que no debía estar allí y que estaba invadiendo sus tierras.

No tenía que doblegarse

Desnudo y mojado con el vapor aun subiendo desde su piel Seonghwa dio un paso firme sin miedo y flexionó el cuerpo llamando al pulso que le recorría la espina. Las escamas blancas intentaron surgir desde su nuca, su pecho se contrajo para soltar el rugido inicial del cambio.

Pero entonces, el dragón negro gruñó bajo irrumpiéndolo. El sonido rasgó el aire y por un instante las escamas de Seonghwa se encogieron, como si su propia sangre dudara de transformarse frente a ese poder.

El monstruo alzó sus alas y con un solo aleteo ascendió varios metros, removiendo el aire en un embate brutal. El viento levantó los pétalos del loto en una tormenta caótica. Seonghwa se cubrió el rostro con un brazo cuando las flores lo cegaron.

Y cuando el aire volvió a calmarse el dragón se había ido más rápido que cualquier otro que haya visto.

Lo único que quedó fue el temblor de la montaña. Y la certeza brutal de que había sido observado.

Seonghwa bajó el brazo lentamente con el corazón golpeando como un tambor de guerra. Miró hacia el cielo cubierto de niebla con los cabellos rosas aún húmedos.

— ¿Quién carajos del clan oscuro se ha atrevido...? — murmuró con el enojo reprimido en la garganta.

Porque eso era lo más perturbador de todo

Ese dragón tenía olor a sangre

Quien quiera que fuera tenía olor a muerte antigua

A vampiro

Seonghwa soñó esa misma noche sintiendo que los ojos rubíes y ese iris puntiagudo le perseguían tras la ventana. En cuanto despertó a la mañana siguiente se dirigió al pabellón principal con el ceño fruncido, sus padres también lo habían tomado con alerta, querían descartar que el clan real estuviera tomando actos de espionaje, eso jamás había ocurrido antes y menos dentro del clan. Seonghwa iba envuelto en una capa ligera de lino blanco, húmeda por el rocío, y llevaba el cabello aún recogido con una cinta oscura.

Al llegar, encontró a sus padres sentados en la estancia principal del templo, junto a la mesa baja donde el té humeaba intacto.

Encima de una bandeja de madera oscura, justo entre ellos, reposaba una carta cerrada con un sello rojo.

— Buenos días, querido — dijo su madre con voz templada — Espero que hayas reposado bien

— No diría eso, pero bien tengo algo que decirles que no puede esperar

— Oh, justo también debemos hablar contigo de algo importante-

Antes que Hee-sun pudiera continuar, una figura pequeña y alegre entró corriendo desde un pasillo lateral, descalza y cubierta con un yukata claro decorado con llamas bordadas.

— ¡Hyung! — exclamó el también pelirosa deteniéndose justo antes de lanzarse sobre su hermano — ¿Volviste ayer y no me avisaste?

Seonghwa parpadeó, sorprendido. Pero cuando Jimin le abrazó la cintura con entusiasmo, no pudo evitar que una sonrisa suave se dibujara en su rostro.

— Jimin, no era hora de visitas — dijo su madre, aunque su voz sonaba más enternecida que seria.

— Lo sé, lo sé ... Pero sentí su dragón al entrar en el templo. Estaba dormido y de pronto fue como si el aire se encendiera. Sabía que había vuelto — explicó el chico con una sonrisa brillante, levantando la mirada hacia su hermano.

— Sigues tan dramático como siempre — murmuró Seonghwa, revolviéndole el cabello — ¿Qué haces despierto tan temprano?

— Venía a dejarte esto — dijo Jimin, sacando de la manga una pequeña bolsa de tela — Mandé a calentar los panecillos de flor de loto que te gustan. Pensé que estarías de mal humor.

— No estoy de mal humor — replicó Seonghwa, aunque su tono era suave ahora. Tomó la bolsa y la dejó a un lado con gratitud muda — Solo estoy algo ocupado.

Jimin se sentó junto a él sin pedir permiso, rodeando sus rodillas con los brazos. Miraba a sus padres con curiosidad.

— Los vigías revisaron cada palmo del aire y la ladera sur. No encontraron nada. Ni escamas, ni olor a ceniza, ni huellas de calor mágico, nada.

Su madre entrecerró los ojos con inquietud. Su padre, como siempre, permanecía en silencio, con los brazos cruzados sobre el haori oscuro.

— Eso solo puede significar una cosa — prosiguió Seonghwa, con la voz cada vez más firme — El intruso no solo era poderoso, era calculador. Sabía cómo borrar todo rastro. Y si eso es así... entonces no vino por error. Vino porque sabía lo que buscaba, no se reportó ningún robo de reliquias, nuevos artefactos o personas desaparecidas.

— Seonghwa, escúchame — intentó su madre de nuevo, con la mano sobre su regazo — Hay algo más...

— El Llamado ¿No? Creo que será perfecto para solicitar una reunión — interrumpió él, convencido

— Hyung, espera... ¿Tú? ¿En el Llamado? — preguntó Jimin con los ojos muy abiertos, girándose hacia él con súbita emoción.

— No como omega candidato — respondió él enseguida — Si realmente se va a llevar a cabo, entonces podemos usarlo. Iré y hablaré directamente con el emperador. Si se trata de uno de los suyos deben responder directamente.

Hyun Sik cerró los ojos brevemente, como si contara hasta diez.

— ¿Hablar con el emperador? — preguntó su madre, más sorprendida que escéptica.

— Si ese dragón pertenece al Clan Oscuro, el emperador debe responder. No pueden volar sobre nuestras tierras como si fueran suyas. Nadie tiene ese derecho, se puede tomar como provocación.

Su padre entonces dejó escapar un suspiro y se incorporó con lentitud. Caminó hacia la ventana abierta, donde la niebla se colaba entre las celosías.

— ¿Padre?

— Seonghwa — dijo finalmente, girándose con gravedad en la voz — Tú no vas como emisario y tampoco irás como observador.

El silencio cayó como un manto silencioso en el suelo

Jimin se quedó quieto mirando a su madre con ojos grandes.

— ¿Entonces cómo va?

Su madre deslizó lentamente la carta por la mesa empujándola con los dedos sin apartar la vista de su hijo. El sello estaba roto, pero la carta no había sido desenrollada del todo.

— Llegó esta madrugada — explicó — Con el emblema de la Corte Carmesí. No es una invitación, es un mandato. El nombre que aparece dentro es el tuyo como candidato.

Seonghwa parpadeó

— ¿Mandato?

— El Llamado del Omega ha iniciado oficialmente — dijo su padre — Y por primera vez en la historia, el Clan Solar ha sido convocado. No por voluntad, sino por selección directa. No es algo a lo que podamos refutar Seonghwa, es una decisión tomada.

— ¿Qué?

— Tu nombre está escrito allí — dijo su padre sin girarse. — Eres uno de los elegidos para el Llamado.

— No — la palabra salió más rápido de lo que él pensó — Eso no puede ser, el Clan Solar nunca ha participado. Jamás, reniego a la idea de ser el omega de alguien. No es nuestra función, ni nuestra tradición ¿Por qué lo haríamos ahora?

— No lo sabemos — dijo su madre — Pero esto no es una sugerencia. Es un mandato directo del trono.

Seonghwa se levantó de golpe, la vestidura se agitó tras él como una ráfaga y el cuello le vibró su dragón interno haciéndose presente.

— Seonghwa... — murmuró su madre, levantándose también. — Nadie dijo que debes aceptarlo con gusto. Aunque si no participas alguien de la misma línea de sangre deberá hacerlo, Bogum ya tiene esposa así que está fuera de esto.

Jimin bajó la mirada al entenderlo — ¿Eso quiere decir qué? — su pequeña mano se aferraba a la tela de su yukata.

— De ninguna manera — dictaminó, sus ojos tornándose blancuzcos ante el pensamiento de su Jimin en las garras de un alfa desconocido, antes muerto que entregar a su hermano menor. Seonghwa volvió a mirar la carta

— Bien, lo haré

Y giró sobre sus talones, alejándose con pasos tensos. Jimin lo siguió con la mirada, aunque en su pecho pequeño ya sabía una cosa: algo importante había cambiado.

Y eso que a partir de las decisiones que se tomaran repercutiría hacia el clan

El viento era suave esa noche, casi tímido al rozar las copas de los cerezos blancos. La luna se deslizaba entre la niebla y el jardín del templo estaba sumido en un silencio. Las linternas de papel apagadas colgaban como promesas dormidas, y la tierra olía a incienso frío y hojas húmedas.

Seonghwa estaba sentado bajo el árbol donde crecían las flores que su madre había plantado hacía décadas. Tenía los brazos cruzados sobre las rodillas y la mirada clavada en la tierra.

A su lado, arrugado y sucio, yacía el papel del Llamado. El sello carmesí —Sabía que no podía ignorarlo para siempre.

El Clan Solar nunca había sido convocado. Nunca habían respondido al Llamado en siglos. El suyo era un linaje respetado, sí, pero apartado de la política imperial. Eran guardianes diplomáticos inclinados al arte de la belleza de la naturaleza, no piezas de un tablero ¿Por qué entonces, ahora, debía él ponerse de pie y ofrecer un omega guerrero? No lo quería, no lo había pedido. Mucho menos con los colmillos de un vampiro como corona.

Y sin embargo, ahí estaba.

Sabía que incluso si aceptaba participar, no tenía que ganar. No ganaría y esa era justo la idea. Iría, sí. Se enfrentaría a los herederos de otros clanes dejaría que todos lo vieran, haría lo mínimo. Se dejaría perder aún bajo la mirada del emperador, bajo la sombra del clan oscuro, Seonghwa ya estaba pensando en cómo sabotear su propia victoria. Fingiría torpeza, dosificaría sus ataques y mediría movimientos. Saldría de ahí con las manos limpias y regresaría al monte, a su casa, a las flores que aún podía cuidar.

Al menos, ese era el plan.

Escuchó pasos suaves sobre la grava blanca. No necesitaba mirar. Ya sabía quién era.

— Te traje esto — dijo Jimin con voz baja, extendiéndole una manta gruesa de lino suave.

Llevaba un yukata de lana bordado con soles diminutos, con una cinta desatada que arrastraba detrás de él como una pequeña nube nocturna. Seonghwa sonrió porque a pesar de los años que Jimin llevaba viviendo en el clan ambientado al frío, su rostro siempre lucía sonrojado sin acostumbrarse. Seonghwa aceptó la manta sin una palabra y se la colocó sobre los hombros. Se cubrió dentro de ella como si necesitara contenerse, no quería que su hermano lo viera temblar.

— Gracias, pequeño

Jimin se sentó a su lado con la misma naturalidad con la que se sienta uno junto al fuego. No habló, ni lo forzó. Solo compartió el silencio. Era uno de los dones de su amado hermano: saber cuándo el amor era palabra ... y cuándo era presencia.

Pasaron unos minutos antes que hablara

— Estás muy callado desde ayer

— Tengo razones

— Ya lo sé. Solo... pensé que tal vez necesitabas escucharlo en voz alta.

Seonghwa cerró los ojos por un momento. Sus dedos comenzaron a jugar con un pétalo que había caído en su regazo.

— ¿Escuchar qué?

— Que tienes miedo

Eso sí lo hizo mirarlo

Jimin no sonreía ni tenía su expresión traviesa de siempre. Solo honestidad pura, limpia, brutal. Como un espejo de agua que muestra todo, cuando le daban esos momentos quietos podía llegar a ser más sabio que su mismo padre, un rasgo de su madre sin duda.

— No tengo miedo — dijo Seonghwa en voz baja, casi defensiva.

— Sí lo tienes. Pero no del Llamado, ni del emperador.

Seonghwa bajó la mirada. Tragó saliva con dificultad.

Jimin continuó.

— Siempre has peleado por el clan. Por mamá, por papá, por mí. Pero esta vez ... no te lo están pidiendo ellos. Esta vez, te están pidiendo que pelees por ti. Y eso... eso da más miedo que cualquier oponente.

Seonghwa no respondió. Pero sus hombros se encogieron, como si por primera vez en mucho tiempo ... permitiera que alguien más viera lo que pesaban.

— No quiero que nadie me use — murmuró finalmente — No quiero ser propiedad de nadie. No quiero que mi cuerpo o mi nombre sean una bandera. Solo quiero vivir, aquí una vida plena con alguien que me respete. No sé cómo termine esto, pero por ahora jamás dejaría que te pongan en ese lugar.

El corazón de Seonghwa latió distinto, dejó caer el pétalo estrujado sobre el agua de la fuente. Luego, se puso de pie.

— No voy por corona — dijo con la manta aun colgando de sus hombros — Si puedo evitar que me elijan, lo haré y averiguaré quién fue el intruso.

Jimin lo miró con una mezcla de orgullo y tristeza.

— Te haré panecillos cuando regreses

— Que estén calientes

Y esa noche, Seonghwa caminó hacia el altar de los ancestros con paso firme a rezar con determinación.

La competencia se llevaba a cabo por niveles. Desde los cielos bajos hasta las alturas más finas del reino, los candidatos debían probar no solo su fuerza sino también su dominio sobre el cuerpo y el alma. Las pruebas evocaban los antiguos desafíos de los primeros clanes, cuando el linaje se decidía en vuelo y sangre. Todos los enfrentamientos eran en su forma dracónica. No había lugar para lo humano. No cuando el imperio exigía bestias.

Volaban, luchaban, resistían. Y al final, cuando solo quedaban los que no temblaban ni al caer venía la prueba final.

El combate cuerpo a cuerpo

Sin vuelo, sin fuego. Solo la voluntad pura de someter al otro sin misericordia.

Pero Seonghwa no estaba allí para ganar, pero tampoco se daría el lujo de rendirse.

Había entrenado en los riscos más salvajes de su monte. Fortaleció sus alas contra las corrientes más brutales hasta que resistieron el peso del cielo. Endureció el cambio de grosor en la piel hasta que las escamas blancas se volvían casi tan firmes como la roca y blandas en otra. Aferró sus garras al granito volcánico.

Seonghwa era un guerrero nato, el mejor del clan

Su determinación en cada acción no se daba porque quisiera el título de omega imperial. No porque deseara pertenecer a nadie. Su objetivo era otro permanecer y con eso ganar tiempo. Llegar lo suficientemente lejos para recabar suficiente información.

Así que, si tenía que volar hasta que se le quebraran las alas, lo haría. Si debía luchar contra herederos que llevaban generaciones entrenándose para esto, también. Si debía sangrar, si debía romper, si debía arrastrarse hasta la última puerta lo haría.

El Palacio del Clan de los Dragones Vampíricos parecía surgido de la misma noche. Sus muros oscuros y torres esculpidas con promontorios afilados se alzaban como juramentos de sangre. El salón central, un círculo majestuoso de ónix y hueso, estaba dispuesto para la gran ceremonia.

El cielo mágico sobre el palacio se tiñó de rojo profundo. Desde el noroeste descendió el primer clan. Un dragón de alas plateadas, escamas azul verdoso, se posó con elegancia.

El heraldo alzó la voz con autoridad

— Clan del Viento, heredero Jung Wooyoung — anunció, y el joven saludó con la cortesía de un saludo militar. Sus padres, ataviados con túnicas de seda azul pálido, aplaudieron serenamente.

Desde el sureste se oyó un crujido como ramas rompiéndose. Llegaron los descendientes del Bosque Profundo, portando aromas de hojas y musgo. El dragón esmeralda se inclinó para luego alzarse.

— Clan del Bosque, heredero Yeo Hwanwoon — dijo el heraldo, mientras la heredera colocaba una coronilla tejida de ramas vivas. Sus familiares los rodearon en silencio como si poseyeran mil ojos.

Después, un susurro salado se convirtió en un rugido. Desde el este se reveló el Clan del Mar Profundo. La candidata emergió del aire cargado de humedad exhibiendo escamas turquesas y una presencia tan vasta como el océano.

— Clan del Mar Profundo, candidata Heo Aisha — dijo el heraldo. Los asistentes se inclinaron y algunas gotas de agua suspendidas en el ambiente cayeron sobre el mármol.

Así se escuchó uno tras otro cada candidato

El lugar aguardó en silencio mientras las últimas gradas permanecían vacías, el último clan se había presentado y dieron por sentado todo ... hasta que un haz de luz boreal desde lo alto surcó el techo rojo del palacio.

El cielo encantado sobre el palacio comenzó a oscurecer ante la repentina aparición de nubes. Desde el horizonte más alto de Kaeryon, donde la luz toca primero y el frío nunca se atreve a instalarse, algo descendió.

Una línea blanca como un cometa descendió a través de la atmósfera mágica del domo del palacio

El dragón blanco del Clan Solar

De inmediato se escucharon murmullos ante la noticia. Su silueta atravesó los cielos sin un solo rugido, pero los cristales del techo vibraron como campanas antiguas. Tenía el cuerpo alargado, ágil, una combinación letal de gracia felina y elegancia aérea. Sus escamas eran níveas, pero bajo la luz adoptaban tonos iridiscentes como si cada centímetro de su piel contuviera un fragmento de aurora.

Sus alas eran largas y esbeltas más parecidas a mantos de luz que a membranas de carne. Y, sin embargo, al batirse dejaban remolinos de aire que hicieron temblar los estandartes de los clanes presentes. El cuello del dragón era alargado, curvo como un tallo de flor divina. Sus ojos, oh, estos eran plateados tal fuego silencioso. Las garras, afiladas como cristales solares no emitieron ruido al tocar tierra.

En torno a su cuello el característico collar hecho de escamas finamente pulidas, ensambladas en un patrón único. No eran de su propio cuerpo, sino forjadas por los ancestros, símbolo sagrado del rol que le habían asignado.

El collar de escamas, el sello que marcaba su casta de omegas

Y entonces, el dragón se plegó sobre sí mismo. Con movimientos lentos su cuerpo se sacudió. Las alas se replegaron hacia su espalda, aun ardiendo en un tenue resplandor plateado.

Aún quienes nunca lo había visto de inmediato supieron que se trataba de Park Seonghwa

El heraldo sin poder evitar bajar la mirada, apenas alcanzó a pronunciar:

— Clan Solar ... heredero Park Seonghwa

En lo alto, sus padres lo contemplaban. Su madre con los ojos levemente húmedos, su padre con el rostro de mármol junto Jimin, pequeño aún, desde lo lejos le mostró una flor blanca en alto, como un juramento silencioso.

Seonghwa caminó rugiendo hasta la línea donde los otros herederos ya se encontraban y se colocó alzando los cuernos junto a ellos con la calma de quien nunca había sido segundo en nada. Dejó exhalar vapor por sus fosas cuando sintió la picazón de nuevo en sus escamas así que se sacudió el lomo agitando las membranas.

La sala del trono se silenció de golpe cuando el heraldo anunció la llegada del Emperador. Un viento extraño se deslizó entre columnas y alas desde la sombra elevada del trono carmesí, surgía la figura más temida

Kim Hongjoong