Capítulo 1

“En las antiguas escrituras de los reyes humanos, decían que alguna vez este mundo y universo era de seres que solo existen en los libros de fantasía”
“Se cuenta que hace mucho, mucho tiempo antes de que yo naciera y tuviera uso de razón para tomar el mando del reino de los humanos, existían criaturas de solo cuentos de hadas”
“Les decían, los valar’s dioses hermosos como los elfos, padres y madres de sus criaturas y el mundo, de todo lo que rodeaba esta tierra”
—Incluso los animales, ¿padre? —. Pregunto aquel pequeño infante, mirando maravillado a su madre que era tan joven como cuando conoció a su padre.
—Si cariño, incluso los animales—. Respondió, con una sonrisa y acariciando el cabello de su pequeño.
“Los valar’s crearon vida, desde los árboles mágicos, y cascadas que te daban belleza o fuerza, crearon a los elfos, seres de extremada belleza”
“Siguieron los enanos, hijos del valar’ de la herrería y de las rocas, seres egoístas con su tesoro, pero su esposa, la única y amable valar de todos, y la única que se preocupaba por sus creaciones de su esposo hizo un trato”
“Cada enano, elfo, humano o Hobbit’s tendrían un alma gemela, los enanos los llamaban:
ÚNICO
—¿Cómo sabían que habían encontrado a su ‘Único’? —. Pregunto el pequeño, mirando expectante a su madre.
Su madre sonrió, acariciando la cabeza de su pequeño y negó un poco con la cabeza.
—Bueno—. Soltó, sin decir nada más y sus ojos mostrando un pasado tan distante como los años y siglos, mientras soltaba una pequeña risa, pero también una triste.
“Los enanos cuando encontraban a suÚnicosentían ganas de cuidarlo mucho más que su oro, aquellas creaciones del valar Aulë, se mostraban menos rencorosas y orgullosas.”
“Su amor era tan grande como lo profesaba el señor Aulë por Yavanna la creadora de aquellos pequeños hombrecitos llamados Hobbit’s”
Cerro suavemente la puerta de la habitación de su pequeño que quedó dormido, su reinado pronto terminaría y empezaría el de su pequeño.
Pensó, caminado y recorriendo aquellos pasillos de aquel castillo que tenía tantos años como los que el tenia.
—Cuanto más tiempo tendré que sufrir la soledad sin ti—. Susurro en aquella noche
estrellada, caminando por los pasillos y observando como la luz de la luna le daba a su figura tan etérea que tan solo con verlo, los pecadores y mortales pedirían perdón bajo sus pies.
En un tiempo, sería tan feliz al ver aquellos humanos pidiendo y arrodillados ante sus pies, pero ahora, solo quería que uno se arrodillara.
Aquel humano, de cabellos blancos como los copos de nieve qué alguna vez cayeron, sus ojos azules cual cielo o zafiro, helados como los fuertes inviernos qué vivieron en sus aventuras, pero tan cálidos como los días soleados y la primavera a su apogeo.
—Cuando será el día, en donde te podré ver—. Murmuró quedándose en una de las ventanas que daban al cielo oscuro, estrellado y la luz de la luna dando a su rostro y ojos.
Aquella imagen la miro un guardia, sus ojos azules y su cabello blanco observaron la figura más etérea de toda su mortal y miserable vida,
quería tanto abrazarlo y apartar aquella tristeza que se cernía sobre aquel ser tan hermoso como los cuentos que contaban sobre los elfos.
Megumi volteo su mirada a aquel ser que lo miraba, sus ojos verdes-azulados por una vez se mostraron sorprendidos, aquel ser, aquel que alguna vez amo, se encontraba a una distancia de él.
Su corazón latió como loco, como en aquel inverno que se encontraron, se sintió como algo tan cálido, como una primavera, sin importar el frío invierno donde estaban.
El guardia le sonrió y se acercó poco a poco, con pasos pesados pero suaves, como un inverno, pero como un verano al mismo tiempo.
—Es un gusto verlo, su majestad, me habían dicho de su gracial belleza, pero nada se le compara al verlo de frente—.Dijo, tomando la mano de aquella belleza y besándola suavemente.
Megumi guardo silencio y sintió volver su corazón latir como cuando era joven.
—Supongo que tú eres el nuevo guardia—. Soltó tan frío como un glacial y soltaba su mano del rostro de aquel guardia coqueto.
Satoru sonrió, sentía que al conocer a aquel ser de tan hermosa, gracial y figura etérea, sus días aburridos y tristes, serían mucho más diferentes y divertidos.
Sin saber que aquellos dioses, fueron los que ahora movían los hilos del destino, donde aquel ser que sufrió y tenía una intensa tristeza, volvería a brillar como los veranos donde vivía sus aventuras y sentía el amor nuevamente florecer como las flores de aquellas Primaveras.
