Primeras Impresiones
Estación King Cross. Septiembre 1, 1971
Por lo andenes de la estación King Cross caminaba una hermosa niña de cabellos rojos oscuros y llamativos ojos color verde esmeralda, la pequeña buscaba apurar a sus padres porque deseaba con ansias comprobar que lo que aquella carta decía era cierto. Si bien, la pelirroja de nombre Lily Jean Evans ya había comprado todos sus materiales y libros, aún había algo en ella que le decía que todo podría ser una vil broma.
Lily siguió con su paso apresurado cuando alcanzó a divisar aquella pared que la llevaría hasta donde, pensaba, encontraría su lugar. La pequeña se detuvo frente a la pared admirándola brevemente y se giró hacia sus padres con los ojos levemente llorosos, tener que irse a una escuela lejos de casa era doloroso, pero también esa sed de aventura le llamaba desde que tuvo conocimiento de Hogwarts. Lily decidió abrazar a sus padres con fuerza, primero a su papá con quien compartía un vínculo basado en el amor y respeto, pero también en los gustos por el football y la música, después abrazó a su madre, quien era su confidente y cuyo vínculo iba más allá de lo maternal.
— Recuerda portarte bien, mi Lily — pidió la señora Evans, mirando con sumo orgullo a su hija que ahora tenía aquella sonrisa infantil en el rostro.
— Ella lo sabe, cariño — habló el señor Evans, tratando de no aligerar cualquier peso que su pequeña pelirroja pudiera llevar sobre sus hombros. — Nuestra Lily es una excelente niña.
— Adiós Petunia, cuando vuelva.
— Cállate Lily y no me toques — decía la rubia hermana mayor. Los señores Evans estaban ajenos a la situación al estar verificando que el carrito con las cosas de Lily estuviera listo. — No te quiero escuchar, eres un fenómeno, no eres mi hermana.
Aguantándose las lágrimas, Lily tomó sus cosas y atravesó la pared del andén 9 ¾. Donde rápidamente dejó sus cosas y subió al tren, buscando un compartimento vacío en el que pudiera encerrarse a llorar. Aquello era común entre las hermanas Evans, no importaba cuantas veces Lily tratara de llevarse bien con Petunia, nada parecía funcionar, pero esa manera de tratarse no siempre había sido así, sino que había comenzado en el momento en que la pelirroja había mostrado habilidades mágicas.
Los señores Evans se habían emocionado tanto con la idea de tener una bruja en la familia y hablaban todo el tiempo de ello, que Petunia se sentía cada vez menos querida, aunque no fuera el caso. Si algo habían hecho bien los señores durante todo su tiempo como padres, era que jamás habían hecho distinción alguna entre sus hijas, a ambas las querían por igual y lo demostraban por igual.
— Así que aquí estabas — interrumpió Severus Snape, uno de esos niños poco agraciados, con largos cabellos y ojos negros, piel cetrina y carácter rencoroso. Era el mejor amigo de la ojo verde y había sido gracias a él que la niña había conocido más sobre el mundo de la magia. — ¿Qué tienes?
— Petunia... Ella — Lily no pudo seguir, pero no era necesario, Severus sabía a qué se refería su amiga, él había sido testigo de las incontables veces que la hermana de la niña le llamaba por nombres horrendos, siendo “fenómeno” el favorito de Petunia.
— Lily no, te dije que no la escucharas — la niña no podía escuchar a su amigo en eso, Petunia era su hermana y realmente la quería. — Tú eres especial y lo sabes, no tienes porque escuchar lo que esa muggle dice sobre ti.
— Sev, eso es muy cruel, es mi hermana — le reprendió Lily a su amigo mientras se limpiaba las lágrimas con las mangas de sus ropas.
— En fin, ¿sabes qué es lo genial de que hoy vayamos a Hogwarts? — preguntó Severus con una sonrisa que solo le dedicaba a la pelirroja, Lily no pudo hacer más que negar con su cabeza. — Hoy nos asignan en la casa a la que pertenecemos, yo quisiera estar en Slytherin, esa es la mejor casa en todo Hogwarts, tú deberías estar ahí también, seriamos los mejores.
— ¿Slytherin? Esa es la peor casa, si yo llegase a ser elegido ahí, abandonaría la escuela y nunca volvería a hacer magia.
El par de amigos se giraron hacia la puerta del compartimento donde vieron a un niño de rebeldes cabellos negros, ojos avellana y rostro delgado, que les miraba con una sonrisa de arrogancia, no mucho después apareció otro niño junto a él, también de cabellos negros pero ojos grises, Lily les miro con desprecio pues no le gustaba lo que acababa de escuchar.
— Así es, toda mi familia ha estado en esa casa, pero yo soy diferente por lo que no estaré ahí — habló el niño de ojos grises, la pelirroja supo en ese momento que debía tratarse de alguien con una familia de magos o de mestizos, como Severus, pero se inclinaba más por la primera opción.
— ¿Y qué casa supones es mejor que Slytherin? — preguntó Severus tras escuchar al niño de ojos grises.
— Fácil — contestó el de ojos avellana y acto seguido subió un pie al asiento en el que estaba sentada Lily que no pudo evitar mirar con sorpresa, entonces niño sacó su pecho y alzó una invisible espada. — Gryffindor y ahí es donde estaré… ¡En Gryffindor, donde residen los de corazón valiente! Tal como mi padre.
— Es a donde van los cobardes que creen que por levantar un dedo son valientes.
— Te quejas mucho — dijo el niño. — Soy James Potter, ¿cuál es tu nombre?
— Severus Snape — contestó amenazante el amigo de la pelirroja, pensando que el chico se burlaría de él por su estatus de sangre mestiza.
— Bien, creo que serás Quejicus a partir de ahora, me agrada un poco más.
— Y le va bien — secundó el niño de ojos grises riendo.
— ¡Eso no es cortés! — chilló Lily molesta, no le gustaba lo que él tal James y su secuaz le decían a su amigo, Severus decidió salir del compartimento con un sonido de desdén mientras Lily le seguía de cerca, pero antes de poder salir se giró hacia el par de niños. — Estaremos en otro compartimento, si gustan NO molestarnos.
— Me agrada — dijo James recargando su brazo en el hombro del niño de ojos grises mientras veían a la pelirroja irse.
— Es una fiera — aceptó el chico antes de tenderle la mano a James. — Soy Sirius Black, por cierto.
— Seremos grandes amigos.
Al detenerse el tren, los alumnos de primer año fueron enviados mediante botes de madera. Lily veía asombrada como algo a su alrededor volteaba algunos de los botes, solo para volverlos a girar y regresar a los niños, ahora empapados, de vuelta al bote. La pelirroja no podía entender lo que era y un pequeño de cabellos castaños se acercó a ella.
— Se trata de un calamar gigante, al parecer le gusta jugar y molestar a los alumnos — Lily se giró a ver al delgado niño que parecía enfermo.
— ¿Es peligroso?
— Sólo juguetón — contestó el pequeño sonriendo levemente, aquello fue un gesto que la pelirroja le regresó.
— Lily Evans.
— Remus Lupin.
Los alumnos de primer año fueron recibidos por una alta mujer joven de cabellos negros y ojos verdes, mientras descendian de los botes, algunos de ellos volvieron a caer al lago, pero esta vez tuvieron que salir por su cuenta al no estar muy adentro. Cualquiera que fuera lo suficientemente honesto aceptaría sin chistar que la mujer era demasiado hermosa, entonces se presentó como la Profesora Minerva McGonagall, jefa de la casa de los leones Gryffindor.
Minerva los guió por un largo pasillo, la pelirroja caminaba junto a Severus y había perdido por completo al niño del bote. James Potter y Sirius Black, por su parte, no paraban de hablar y planear lo que harían en sus primeros días como estudiantes de Hogwarts. Minerva se detuvo frente a una enorme puerta y se giró a ver a cada uno de los niños con seriedad antes de comenzar a hablar.
— La Clasificación de Las Casas es una ceremonia muy importante y significativa porque mientras estén aquí, su casa será algo así como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de su casa, dormirán en el dormitorio de su casa y pasarán sus tiempos libres en la Sala Común de su casa — algunos de los niños, los más perspicaces, no pudieron evitar pensar que aquello parecía ensayado o algo que la mujer decía cada año a los nuevos estudiantes. — Las casas son Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin.
— Estoy muy nerviosa, Sev — dijo la pelirroja una vez que habían entrado al Gran Comedor. Lily miraba fijamente al nombrado Sombrero Seleccionador, aquel que determinaría no sólo su destino sino también en quien se convertiría, la niña no podía dejar de jugar con sus manos, ansiosa de escuchar su nombre.
— Todo estará bien, Lily — respondió el pelinegro sin dejar de mirar al frente. — No tienes de qué preocuparte.
— James Potter — llamó Minerva, el susodicho subió con, lo que parecía ser, su típica sonrisa arrogante mientras se sentaba en la silla, Lily no pudo evitar rodar los ojos, especialmente cuando vio que el sombrero gritaba apenas había tocado la cabeza del castaño.
— ¡Gryffindor!
La mesa de los leones rompió en gritos de júbilo y el pequeño Potter se encaminó derecho hasta ella. Mientras la ceremonia continuaba, en la mesa de Slytherin un pequeño grupo de niñas de segundo año platicaban entre ellas, ajenas a lo que sucedía.
— Oye Cissy, ese pequeño niño no deja de verte — susurró una de las presentes a otra de cabellos rubios, ojos azules y piel pálida, Narcisa Black o Cissy, como le llamaban de cariño, optó por girar su cabeza en un gesto muy elegante, logrando que su mirada se encontrara con la de aquel pequeño y flacucho niño de cabellos claros llamado Remus Lupin.
La rubia sintió algo removerse dentro de ella, rápidamente desvió la mirada y se mostró fría frente a sus amigas, que optaron por no molestarla, sabían bien que a una Black jamás debes molestar a menos que desearás sufrir las consecuencias
— ¡Lily Evans!
— Muy bien, esto es fácil, estaré en donde mejor me vaya a ir — la niña se sentó y el sombrero seleccionador tocó su cabeza, pero nada sucedía, no gritaba y la pelirroja solo podía sonreír con nerviosismo.
— Ravenclaw... Gryffindor... ¿En cuál debería dejarte a ti, pequeña Evans? — preguntó el sombrero sorprendiendo a la chica. — ¡Gryffindor!
Finalmente Lily respiro con tranquilidad y sonriendo camino hacia la mesa de Gryffindor donde la recibían entre gritos y aplausos, para su desgracia le tocó sentarse junto al arrogante James, ante la mirada escéptica de un muy furioso Severus.
Terminada la ceremonia y habiendo escuchado el discurso del Director Albus Dumbledore comenzó el gran festín. Lily sonreía y reía con las personas de su mesa, excepto Potter y Black, incluso cuando su mirada se encontró con la de Severus, la pelirroja le sonrió abiertamente, pero el niño solo asintió con su cabeza y se giró.
— En Slytherin no aceptan a los hijos de muggles, tu amigo es igual que ellos.
— ¿Hijos de muggles?
— De personas sin magia, así conocemos los magos y brujas a los que no tienen magia, como muggles.
— No, Potter — dijo la niña mirando al castaño con aquellos ojos verdes. — Sev es diferente, siempre ha sido muy educado conmigo y es mi amigo.
— Solo digo lo que sé, Evans — volvió a hablar James, metiéndose otra cucharada de pudín a la boca. La pelirroja no pudo evitar mirar nuevamente a la mesa de las serpientes, donde pocos sonreían; Severus entre ellos, lo vio conversar con otros niños que aún no conocía, pero algo dentro de ella le hacía sentir que el tonto de James tal vez no era tan tonto.