No eres lo que soñé.

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Summary

Cuando los caminos de Teresa y Leonardo se cruzan, comienza el viaje que marcará sus vidas. Juntos atravesarán la tristeza, la alegría, el desenfreno y la aventura. ¿Será Teresa capaz de darse la oportunidad de transformar su historia a través del dolor?

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Una maleta llena de pesares y sueños.

En un hermoso lugar rodeado de naturaleza, frondosos árboles y riachuelos, en una casita de tabla de palma, con dos puertas y varias ventanas, cobijada de zinc, vivía Ana Ramos Silvestre con su mamá, Yolanda Silvestre, y sus hijos pequeños, José Patrocinio Ramos y Teresa Patrocinio Ramos.

Valle Escondido era un pueblo donde se cosechaban las mejores frutas. Se le conocía como “tierra de nadie”, por estar localizado en un lugar geográficamente indefinido, sin pertenecer claramente a ninguna provincia.

Era un sitio próspero, pero olvidado de Dios, solían decir sus pobladores. Sus calles rústicas y caminos empolvados le daban un aire de pobreza y desconexión de la ciudad, lo que a menudo lo convertía en destino seguro para fundaciones e instituciones extranjeras que querían contribuir con su desarrollo, procurando preservar el ambiente. Era un pueblo alegre y colorido.

Solían tener las cocinas aparte, un lugar que se volvía centro de reunión para familiares lejanos, cercanos y vecinos, que se juntaban a compartir los alimentos nocturnos y las historias de miedo en las frías noches, alumbrados solo por la luz de la luna, pues no tenían acceso a energía eléctrica.

Usaban lámparas de gas para alumbrarse. El espacio estaba bien organizado: disponían las sillas en forma de círculo, una rinconera de madera donde ponían los trastos limpios, y en el centro, una mesa con un fogón de cemento donde se cocinaba con leña. En otro rincón, una mesa pequeña con una tinaja de barro, de donde se tomaba agua fría sin necesidad de nevera.

Ana era la única hija de Yolanda. A los diecinueve años se enamoró del nuevo doctor del pueblo. Por años fueron felices, y de esa unión nacieron dos niños: José, el mayor, y Teresa, la menor. Fueron una gran familia, hasta que Joel Patrocinio, el esposo de Ana, le confesó que tenía otra familia e hijos. Así comenzaron los conflictos. Tras años de luchar por sacar adelante su relación, la falta de confianza terminó por destruir lo poco que quedaba, y sobrevino la separación.

Ella se mudó a casa de su madre con sus hijos y él se quedó solo. La principal preocupación de Ana pasó a ser el bienestar de sus pequeños. No quería depender de Joel en lo más mínimo. Quería valerse por sí misma. Mientras se encontraba sumida en sus pensamientos, escuchó una conversación que la trajo de vuelta a la realidad y que podía ser la alternativa para mejorar su vida.

Dos mujeres hablaban de unos viajes al exterior que estaban organizando. Se debía reunir una suma de dinero y una persona anónima realizaba los trámites para salir del país de forma ilegal. Las mujeres dieron todos los detalles que Ana necesitaba saber, y esta se enfrascó en esa idea.

Llegó a su casa y le dijo a su mamá que, con lo que había ahorrado y lo que tenía del divorcio, se iría a otro país. Le daría a sus hijos un gran futuro, pero para hacerlo debía aventurarse a tierras lejanas.

El trámite duró seis largos meses. La desesperación se apoderaba de ella y la indecisión se hacía presente. No quería dejar a sus hijos, pero no tenía alternativa. Era eso o pasar necesidades y condenarlos a no tener una buena educación. Con una maleta llena de pesares, sueños, tristezas y esperanzas, Ana dejó su adorado pueblito que recordaría cada día de su vida. Allí dejaba su corazón entero: su madre y sus hijos.

Ese día dejó a sus hijos, de diez y nueve años, al cuidado de su madre y una prima que llegó a vivir a la casa poco antes de su partida. Subió al avión sin mirar atrás. Sus hijos lloraban en silencio, y ella no volteó, pues su rostro estaba empapado en lágrimas. Solo de pensar que pasarían años antes de volverlos a ver, sentía cómo su corazón se partía en mil pedazos. José y Teresa se abrazaron, y así fue creciendo el vínculo entre ellos.