Estúpida máquina expendedora (KatsuDeku)

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Summary

Katsuki, un niño de cinco años, tenía como tradición ir todos los sábados al mercado, recibía dos monedas por parte de su padre para que echara suerte en la máquina, pero siempre volvía con las manos vacías. Ahí conoce a Izuku, un niño alegre, que por una promesa que le hace, no se rendirá jamás sobre esa máquina estúpida.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Único 🕹

Un joven saltó de la cama. Tenía el cabello de color rubio cenizo, estaba desordenado pero no le importaba. Hoy es sábado después de todo. Cada semana de cada mes, se iba al supermercado para poder jugar a la máquina expendedora que tenían allí. La montaña de los premios oscila entre joyas, superhéroes, o animales de peluche. El premio no le importaba en verdad. Su premio sería ganar algo de esa maldita máquina expendedora.

Katsuki, de cinco años, bajó corriendo a la cocina. Su padre estaba sentado en la mesa del desayuno comiendo y preparándose para el día de trabajo.

-Oh, Katsuki, estás levantado tan temprano- dijo su padre Masaru -¿Es sábado ya?-.

Katsuki estaba sonriendo de oreja a oreja, ya que su padre le pasaba dos monedas en sus manos. Una vez que se había convertido en un ritual para Katsuki ir al mercado todos los sábados, su padre le daría exactamente dos moneditas para insertar en la máquina. Aunque Katsuki siempre llegaba a casa con las manos vacías, el hecho de que todavía estaba decidido a vencer, sorprendía a su padre y le daba ánimos.

-¡Gracias papá!- dijo Katsuki mientras se dirigía hacia la puerta. -¡Definitivamente, voy a ganar esta vez!-.

-¡Buena suerte!-.

Katsuki corrió hacia su destino, haciendo una pausa en cada parada de tráfico. Él va en la misma dirección hacia el mismo supermercado que tenía la máquina expendedora. Llegó a la entrada del mercado y las puertas automáticas se abrieron para él con aire frío del aire acondicionado, ya que llegó sudando por la carrera.

El mercado tiene muchos pasillos de alimentos y bebidas. Frutas, verduras, carne, pescado y especias, el mercado tenía todo. Incluso había un pasillo con los juguetes. Katsuki dirigió sus ojos a un lado, allí en la esquina, estaba la máquina de grúa. Katsuki se acercó a ella, podía ver los mismos premios todavía que yacen en el mismo lugar dentro de la máquina.

Nadie había ganado, como lo había sospechado. Katsuki sacó sus dos moneditas e insertó uno en la máquina, guardando su otra moneda. La máquina se encendió en un destello de luces y sonidos, la grúa estaba activa una vez más.

Agarrando el control, Katsuki escanea la montaña de premios que están en el interior. La forma más fácil de conseguir, por lo que podía ver, era un oso de peluche que estaba, a diferencia de los otros premios, sentado en posición vertical y listo para ser recogido por la grúa.

Poco a poco y con cuidado, Katsuki trasladó la grúa con la palanca de mando hacia el oso de peluche. Su otra mano estaba cerca del gran botón rojo, que hacía que la garra descienda y abrace el premio. Una vez que el gancho se había parado sobre el oso de peluche, apretó el botón y la garra comenzó a bajar y abrirse.

-Vamos, vamos-.

La garra se cerró alrededor de la cabeza del oso, y lo levantó.

El corazón de Katsuki le latía con fuerza, y el sudor se había empezado a mostrar en la frente.

El oso estaba atrapado en las garras. ¡Estaba a punto de ganar!.

De repente, la garra sacudió al llegar a lo más alto que puede ir, y el oso fácilmente se resbaló y se cayó.

-¡No!- Katsuki lloró. -¡Tan cerca!-.

Inserta otra moneda y con entusiasmo tomó de nuevo el mando. El oso ya no era accesible, ya que había acabado tumbado. Al ver una caja de joyas que tenía el tamaño perfecto para caber dentro de la grúa, fué a por todas y maniobró la grúa por encima de ella y vuelve a pulsar el botón.

Katsuki tragó saliva mientras la grúa se acercaba a la caja. Sin embargo, la grúa se deslizó fuera de su alcance, obteniendo un nuevo fracaso.

-¡No!...no de nuevo...- la cabeza de Katsuki se desplomó hacia el cristal.

-Wow, estuviste muy cerca- una voz dijo detrás de él.

Katsuki volteó la cabeza y vió a una mujer de cabello verde y un poco bajita sonriéndole. Metió la mano en su bolso y sacó algo. Cuándo ella se lo dió, Katsuki podía ver que era una moneda.

-Aquí tienes, dále otra oportunidad- ella le sonrió.

Agradecido, Katsuki tomó la monedita.

-¡Gracias señora!- Katsuki sonrió.

-De nada, cariño- ella dijo, caminando fuera del mercado. -Ahora, ¿Dónde se fué corriendo mi hijo...?-.

Katsuki se quedó mirando la moneda en la mano. Acababa de recibirlo por parte de un desconocido, otra oportunidad de vencer a la máquina. ¡Esto fue todo! ¡Era una señal! ¡Esta vez iba a ganar!.

Una vez más, miró por encima de los premios. La mayoría de ellos estaban fuera de lugar, o torcidos. ¿Uno está listo para llevar a casa cómo un trofeo?.

-Se ve lindo-.

Katsuki se volvió a un lado al oír la voz, había un chico peliverde con unas pecas adorables, por lo que pudo ver, era de su misma edad, apretando la cara contra el cristal.

-¿Qué?-.

-Ese, el conejito verde- dijo el niño, señalando a un pequeño muñeco de un conejito verde con una zanahoria.

El peluche de conejito, estaba sentado en posición vertical contra el cristal.

-Si lo quieres, lo conseguiré para ti- Katsuki sonrió.

-¿En serio? ¿Me lo prometes?- Los ojos del niño peliverde brillaban.

-Si, definitivamente lo conseguiré-.

Katsuki estaba lleno de confianza. No había manera de que perdiera contra una máquina, no esta vez. Metió su última moneda y se apoderó de la palanca de mando de nuevo. Sus manos estaban un poco sudorosas, pero él no le prestó la menor atención. El chico de cabello verde miró con asombro como la grúa comenzó a moverse por dónde estaba el pequeño conejo verde de peluche.

Poco a poco, la garra estaba por encima del muñeco, tomando precauciones adicionales para asegurarse de que estaba justo encima de él. ¡Ahora! ¡Está perfectamente alineado con el muñeco!.

Katsuki apretó el botón y la grúa cayó una vez más. Cerrándolo alrededor de la cabeza del conejito.

-¡Lo hicistes!- El niño de cabello verde aplaudió.

Katsuki estaba a punto de aplaudir también, pero el conejito de peluche cayó de las garras y se fué sobre la montaña de premios acumulados. Una vez más, la máquina había ganado.

-¡Máquina estúpida!- Katsuki gritó mientras le dió una patada fuerte, se lesionó el pie seguro. -Siento no haber podido conseguirlo para tí...- Katsuki frunció el ceño.

-¡Está bien!- el niño sonrió. -Tú lo obtendrás finalmente, ¿verdad?-. Katsuki sonrió.

-¡Sí, sin duda!-. sonrió con entusiasmo.

-¡Ahí estás!-.

La misma mujer de cabello verde que había dado a Katsuki una moneda, se acercó al pequeño niño con pequitas.

-Vamos Izuku, tenemos que comprar alimentos- La mujer dijo, agarrando la mano de Izuku.

Katsuki observaba como se retiraban, antes de empezar a salir también. Él va a ganar con el tiempo.

Va a tener que esperar hasta la próxima semana, cuando su padre le dé un poco más de monedas.





.





Un hombre de cabello rubio cenizo se paró frente a la máquina expendedora. En sus bolsillos tenía un puñado de monedas. Con impaciencia, Katsuki inserta su moneda y comenzó a jugar en la máquina expendedora, una vez más.

Veinte años han pasado desde aquel día en que conoció a Izuku. Veinte años y no gana. El conejito de peluche aún permanecía en el interior de la máquina.

Pocos minutos habían pasado, y Katsuki ya empezó a sentirse frustrado.

-¡Aargh! ¡¿Por qué no puedo ganar?!-.

Otra moneda entró y la grúa se movió otra vez, controlado por la palanca de mando. Se posó sobre el conejito, bajó y lo agarró, pero el peluche se deslizó de sus garras.

-¡Maldita sea!-.

-¿Kacchan?-.

Katsuki volvió a ser recibido por su esposo, Izuku, junto a su hija, Eri. Ella era adoptada, pero la amaban que eso es lo más importante. Izuku estaba llevando bolsas de la compra, junto con Eri.

-Kacchan, hemos terminado de comprar- dijo Izuku. -¿Vamos a casa?-.

-¡Sí, papá! Vamos a tener pollo para la cena- Eri dijo emocionada.

-Espera, sólo un minuto- dijo Katsuki, mirando otra vez a la máquina. -Estoy a punto de ganar-.

-¿Esa cosa de nuevo?- Izuku suspiró. -Te dije que no quiero ya el muñeco, no tienes que hacerlo por mí- sonrió con ternura.

-¡Pero te hice una promesa!- Katsuki protestó. -¡Sólo una oportunidad más!-.

-Bien, uno más- Izuku puso sus bolsas en el suelo.

El rostro de Eri se presionó contra el cristal cuando su padre inserta otra moneda. Sus ojos brillaban cuando la garra comenzó a moverse de nuevo.

Katsuki trasladó la grúa sobre el muñeco y, como siempre, la grúa no pudo capturar el peluche.

-¡Maldita sea!- gruñó Katsuki.

-¡Kacchan!-.

-¡Quiero decir...Argh!-.

-Bien, ¿podemos irnos ahora? Vamos cariño- le dijo Izuku sonriendo a su hija, recogiendo sus bolsas de la compra de nuevo.

Pero Eri seguía mirando a través del cristal los premios que habían en el interior.

Katsuki buscó en sus bolsillos y sacó dos monedas. Se arrodilló junto a Eri y coloca las monedas en las manos de su hija.

-Aquí tienes, cariño- Katsuki sonrió. -Dale una oportunidad-.

-¡Vale!- dijo Eri, insertando felizmente las monedas.

Izuku suspiró frotando su frente.

-¿Por qué hiciste eso, Kacchan? Ahora ella también va a volverse adicta a la máquina-. Katsuki frunció el ceño.

-¡Yo no soy adicto!-.

-Bueno, has estado jugando durante veinte años- Izuku respondió.

-Y nunca he ganado un premio- dijo Katsuki con amargura. -Máquina estúpida-.

-Si no fuera por esa máquina, nunca nos habríamos conocimos- Dijo Izuku con una sonrisa.

-Ya nunca jugaré de nuevo- Katsuki gimió triste.

Izuku se hechó a reír.

-Te lo mereces por no detenerte después de los cien primeros intentos-.

-¡Nunca te he visto jugar!- Katsuki se rompió. -¡Es muy duro!-.

-¡Papi!, ¡Papá!, ¡Mira!-.

Izuku y Katsuki dirigieron su atención hacia su hija.

En su mano, sostenía el peluche de un conejito verde con una zanahoria.

-¡Gané!-.




FIN





Me he divertido escribiendo éste corto que se me ocurrió al jugar en las máquinas del demonio, no podía conseguir ningún premio, soy muy manca para eso, y va mi amiga y lo consigue a la primera, suertuda. 🥲

Ojalá les guste. <3.