El Nuevo Renacer

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Summary

"No todos los monstruos son malos... si los entrenás bien." Noha ahora convertido en un vampiro Loki nunca pidió ser parte del circo. Mucho menos convertirse en el corazón maldito de un mundo poblado por sombras, vampiros inmortales y un destino que lo arrastra a cada paso. Con una mordida en el cuello y cicatrices que no se ven, intenta sobrevivir entre secretos, pasiones prohibidas y un pasado que vuelve con nombres y rostros que creía perdidos. Vive bajo la mirada atenta de cuatro vampiros tan diferentes como peligrosos: Vann, Kael, Tailer e Isaac. Lo desean, lo protegen, lo controlan... y a veces, también lo lastiman. Pero Loki no es un simple vampiro de sangre pura. Lo que duerme en su sangre es más antiguo que la muerte, más oscuro que la noche. Una Parca. Un Rey de Sombras. Un arma sellada con forma de chico. En medio del caos, su única luz es EMA, una chica humana que ve más allá de su máscara. Pero ni siquiera ella podrá detener el huracán que se desata cuando los secretos de Loki salen a la luz, los celos despiertan, y los vampiros descubren que tal vez... lo aman demasiado tarde. Entre la sangre, la traición y los besos robados, Loki deberá elegir: ¿seguir siendo el monstruo que todos temen... o el rey que todos necesitan?

Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 - Antes del Último Nombre

Narrado por Noha

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Tenía el ojo morado, el labio partido y el corazón tan gastado que ni valía la pena contarlo.

Pero aun así, ahí iba yo, caminando hacia la escuela como si no me doliera nada.

Como si no me doliera todo.

A veces pienso que nací para aguantar.

No para brillar, no para soñar, sino para sobrevivir.

Y si eso me convierte en "una mala influencia" -como dicen mis padres entre cigarrillo y botella-, pues bien.

Soy eso.

Pero también soy el que trabaja hasta tarde, el que arregla lo que puede, el que haría cualquier cosa por su hermana.

Incluso... cosas que no se cuentan.

Han pasado cinco años desde que ella cayó en ese coma inducido.

La única persona que valía la pena en esta casa hecha de ruinas.

Los médicos decían que la dormían para frenar la enfermedad.

Pero yo sabía la verdad: mis padres la usaban como excusa para cobrar un plan del gobierno.

Ese dinero no iba a medicinas.

Iba a cigarrillos, a alcohol barato, a cosas que llenaban los vacíos de ellos... no los de ella.

A mí no me llenaba nada.

Ni siquiera el miedo que los demás me tenían.

No porque fuera el típico bravucón -no me interesaba ser el alfa de ninguna jauría-

pero de vez en cuando, sí... me gustaba recordarle al mundo que yo también podía aplastar algo si quería.

Después de todo, en este mundo solo hay dos formas de sobrevivir.

Eso me lo enseñó mi madre, entre gritos y carcajadas:

"Si no sos fuerte, o sos útil... o te acostás con los fuertes. Y eso, hijo, da más beneficios que dignidad."

A mí me daba asco.

Y rabia.

Y una idea fija: eso no va a salvar a mi hermana.

Dejé de pensar en eso cuando vi a Daren esperándome en la reja, como cada mañana.

Mi mejor amigo.

Mi única persona real.

Él no me tenía miedo.

Nunca lo tuvo.

Era luz, el muy idiota. Una luz suave, no de esas que encandilan, sino de las que calientan.

Tenía una familia funcional, padres que lo amaban, principios que no se quebraban.

Era todo lo que yo no era.

Pero nunca lo envidié.

Daren era mi hermano. El único que elegí.

Ese día en la escuela pasó como tantos otros.

Yo, con mis notas altas y mi actitud de mierda.

Ellos, evitándome o provocándome.

La única diferencia fue que, en la azotea, mientras hablábamos de videojuegos que yo nunca pude tener, Daren sacó un folleto.

Uno viejo, arrugado, con letras doradas que ya no brillaban tanto.

-"Circo de los Fenómenos", -leyó, como si nombrara un secreto.

-¿Y eso qué es? -pregunté, más por seguirle el juego que por otra cosa.

-Va a estar en la ciudad dentro de unas semanas. No muchos lo conocen. Dicen que no es como los otros...

-¿Y cuánto sale la entrada?

No lo pregunté porque me interesara.

Lo pregunté porque ese día sería su cumpleaños.

Y yo... haría lo que fuera por él.

-¿Querés ir conmigo? -me dijo, con esa sonrisa tonta que se le escapa cuando se ilusiona.

-Está hecho, hermano. Vamos a ir además tengo curiosidad ¿que tipo de fenómenos estarán hablando?

Él no lo dijo, pero sus ojos brillaron.

Como si me estuviera regalando algo en lugar de pedirlo.

Como si supiera que a veces, lo único que un monstruo necesita...

es que alguien lo trate como humano.