El Mujeriego Que Se Enamoró Del Dios De La Muerte

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Summary

La vida le habia dado grandes oportunidades que no habían costado tanto, no como en su muerte. La redención será parte de su desarrollo, pero ¿Cómo? Las consecuencias de sus actos serán tomadas como puntos de tortura para resimirse, todo con ayuda de un dios. ¿Por qué un dios? ¡Ni siquiera sabe que significa Itzae! ¡Mucho menos sabe quién es el dios de la muerte Maya!

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Ongoing
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1
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n/a
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18+

- Prólogo -

Risas sobrevaloradas dentro del recinto que se iluminaban tenuemente sobre los cuerpos entrelazados y dejando que los voluptuosos cuerpos se restregaran sin vergüenza alrededor de un fornido cuerpo que escandalizaba los ruidos divertidos con su potente risa y opacaba entre sus brazos las deslumbrantes figuras delicadas entre sus brazos.

Sí, era todo un mujeriego en vida, que no pensó realmente en las consecuencias que en el mundo terrenal creo, dejando huella en cada paso, cada caricia, cada halago, cada beso y cada entrega de cuerpo sobre las sábanas que se resolvían entre dos cuerpos, perlados en sudor y fluidos que solo dejaban a la imaginación sus actos tan desvergonzados. No, en absoluto podía considerar que sus acciones tuvieran consecuencias respecto a su vida llena de excesos y de disfrute, y simplemente se excusaba en una simple frase: “Solo vivó mi vida, ¿Qué tiene de malo?”, y sin que nadie pudiera refutar; ya que, ¡Vaya razón tenía! Pero nunca se detenía en otros asuntos.

Donovan Villa Reinosa, un joven de más de los treinta y dos años, con varios sueños incumplidos que solo desataba un caos hormonal con cada llegada de su persona a cada discoteca que pisaba, era como un destello atrayente, como moscas hacia la miel, tan malditamente hermoso que era inevitable para varias féminas no intentar obtener algo de su atención.

Para muchos, otro gringo obteniendo un privilegio mientras se quedaba en México con un salario primermundista lleno de dólares, todo una plaga que tendrían que haber devuelto a su país. Para los demás, un joven visionario que podía darte “chamba” si quería, solo que no era el mejor trato que un trabajo; algo que claramente no se decía, dentro de un territorio habitado antiguamente por guerreros.

No, era inhumano, vil y simplemente era como siempre se justificaba Donovan: “Solo me divierto y vivó mi vida”.

Un joven mestizo, de padre nacido en el sur de México y madre nacida en el oeste de Estados Unidos. Toda una pareja que solo se dieron la oportunidad, con la madre teniendo un lugar en una empresa que, al final pudo darse con este y un padre con ideas que muchos gringos no daban en que fuera de la humilde tierra del maíz. Y mayormente debido a la apariencia que nadie cree que Donovan tuviera en sus venas sangre de aquellos antiguos guerreros que tanto veneraban a variación de dioses.

Lamentablemente, debido a acciones que nunca pensó que tuvieran sus consecuencias, era ahora que estaba pagando por ellas

Fue solo una sola noche, una donde una de las favoritas de Donovan, fue ignorante y solo se adentró a la boca del lobo como si él no fuera una presa del rencor y resentimiento. Solo entró, disfruto como tanto predicaba, cual sacerdote en iglesias, y finalizó su vida en el mundo terrenal, tal cual como siempre justifico, como había llegado al mundo, solo que ahora sin vida.

Y es entonces que ahora solo podía ver restos de un par de recuerdos después de haberlas vivido, de haberlas sentido.

── Ahora, ¿entiendes por qué estás aquí? ── escuchó a sus espaldas, sintiendo un escalofrío enorme, que si tuviera su columna vertebral, hubiera temblado de pies a cabeza, aunque ahora solo fuera simple esencia y la imagen de sus recuerdos.

Trago, haciendo desaparecer la ilusión de haber obtenido entre sus brazos a tantas mujeres como tanto quería, a tanto trabajador que tanto explotaba, a cada persona que estaba dispuesto a lamerle la suela de sus zapatos, incluso besar el suelo donde caminaba.

Vaya vida, que ahora solo se reducía a ser él, dentro de la tenue luz pálida en una fría oscuridad apenas iluminada.

── Solo…

── Solo viviste tu vida, ¿Verdad? ── interrumpió, reapareciendo a su lado, una forma esquelética que apareció de forma titánica, aplastando parte del suelo terroso con una de sus grandes manos con afiladas garras que partió como mantequilla la tierra negra sobre sus; apenas, existentes pies.

Haciéndole temblar del miedo, mirando hacia arriba, notando la gran corona con varias piedras preciosas y pesadas cuál jade y oro, sus mechones anaranjados que apenas se podían notar, mirando el par de cuencas vacías con ese brilló tan atrayente como el fuego, un par de luciérnagas pequeñas y electrizantes como pupilas fogozas.

Si hubiera podido, sudaría frío en ese momento, sentía que con aquel hocico y afilados caninos sería devorado y resguardado en ese bulto de carne que apenas se asomaba en el vientre el gran ser, donde claramente se notaban los movimientos y los rostros de personas desconocidas de igual forma tan esquelética que te congelaba del miedo y repulsión.

Respiro agitadamente; si podría decirse así, mirando como la saliva; igual si podría decirse así, se escurría de entre sus afilados dientes y escuchaba mejor los gritos agónicos de las corruptas almas.

── Claro, tan arraigado a tus propias creencias que no pudiste ver más allá de tus acciones. ── una de sus afiladas garras se paseó por debajo de su barbilla.

Se alejó por reflejo, un acto tan impulsivo pensando en que podía desgarrar la inexistente piel delicada de su cuello. Haciendo reír al titánico ser esquelético, un gruñido salió de su garganta de forma que la tenue risa se opacara.

── Patético ── escucho de la gruesa y gutural voz.

── Por favor. ── salió tan delgado en un ruego que sentía su garganta quemar.

Y nuevamente la risa gutural sonó desde su garganta, mientras las voces de las almas en pena, resonaban sobre su garganta.

── ¿Ahora súplicas? ── suelta con diversión, al notar a la esencia de Donovan tan llena de miedo por su imagen tan aterradora que; si fuera posible, se “cagaría” de miedo absurdo ── ¡Anda! Sigue suplicando como perro con la cola entre las patas, ¡Esto es estupendo! ── exclamó con gran fervor, dando un par de pasos agigantados como su tamaño y reír extravagante por la imagen que Donovan le estaba regalando.

Y nuevamente el miedo fluyó con normalidad, una naturaleza tan común que no dudó en retraer sus pasos, mirando a cada rincón oscuro de aquel extraño inframundo; o mejor dicho, el tan conocido Xibalba.

¡Se supone que iba a ir al cielo! Disfrutar lo que le faltaba de vida.

── ¿Qué? ¿Ahora te arrepientes? ── nuevamente esa voz tan gruesa y oscura resonó.

La risa seguía, esta vez más suave, mientras la bruma oscura envolvía el gran cuerpo esquelético, los gritos se volvían como canto de cuervos agonizando por comida. Con miedo, vio como la forma esquelética se transformaba y escuchaba los sonidos de huesos crujir como si estuvieran moliendo cada uno con un mazo pesado, y lentamente la risa bestial se volvía más natural, como un humano que había vivido grandes años de su vida, como si hubiera escuchado un chiste mal contado y solo riera por cortesía.

Atemorizado, vio como el humo, la bruma y la forma se disolvía y la figura esquelética desaparecía para darle paso a un ¿Hombre?

Realmente no lo sabía, solo era una especie de hombre de una gran altura, con buen porte a pesar de su delgadez, con rostro esculpido, casi estético, ojos pequeños; de los cuales, podía notar finalmente un color azabache, tan brillante como el fuego azul que había visto en su forma demoniaca esquelética.

── Pobre Itzae. Sí, ese será tu nombre a partir de ahora. Si es que realmente quieres tener la oportunidad de querer cambiar la asquerosa actitud que tienes, Itzae. ── escuchó la voz no tan diferente a la de hace un momento, era gruesa, era de un hombre fornido, aunque la apariencia actual no fuera acorde a lo que mostraba en esa forma más normal, más humana.

── ¿Oportunidad? ── preguntó en confusión, mirando a la figura que se acercaba a él.

Los dedos del joven hombre se envolvían en la misma bruma negra, un humo que comenzó a dirigirse hacia él. Y claro, por naturaleza, intentó correr en dirección contraria a la del humo que apenas había tocado “su pie”. El humo detuvo su huída, escuchando la carcajada estruendosa y firme del demonio detrás de él.

── ¡No, por favor, aléjate! ── gritó, tirando de su pie invisible e intentar quitar el humo negro que solo sentía reforzarse alrededor de su tobillo como una trapa de oso.

Sus ojos se humedecieron del miedo, realmente sentía cagarse del miedo por tanto que podía escuchar, oler, sentir y mirar. Era todo un infierno creado para causar una impresión negativa, aunque no tuviera ningún tono rojizo como tanto se decía. No, todo lo contrario, el color azul; casi, negro era la fría imagen estupenda de un lugar tan poco conocido, poco habitado y aquello era por la persona que ahora lo envolvía con ayuda de un humo desgarrador, un humo peor que los cigarrillos que fumaba, una peor sensacion que estar ahogándose en el vacío del mar, una sensación fría, peor que estar dentro de un glaciar, era inexplicable, sabía que sentía frío pero solo enfriaba su interior; si es que la sensación podía llamarse así, y sentir quemar su exterior como capas de una lasaña que; en algun momento de su vida, intento calentar en su departamento.

── Por favor ── nuevamente escuchó, esta vez con la voz cortada, tan quebrada que podía sentir lástima de la imagen que daba el joven rubio teñido.

── Oh Itzae ── escucho la voz varonil tan cerca que solo pudo soltar una especie de lágrimas que quemaban su exterior, un calvario genuino ── Apenas empezamos, todavía ni siquiera te he mostrado cómo llegaste aquí. Claro, fuiste un mujeriego completo, ¡En toda la expresión de la palabra, hombre! Y solo es la punta del iceberg que has creado, una vida que no te costó absolutamente nada, una vida de ricos en tierra humilde. ¿Qué carajo pensabas? ── la exclamación, la ironía y la risa aun seguían en aquel tono que resonaba en la garganta del más alto.

Y solo el joven hombre, podía soltar sollozos y llorar de forma tan patética que hacía reír sin vacilaciones. , mientras intentaba retroceder, algo que la bruma negra no dejaba, sintiendo que sus pies estuvieran enterrados en arena,sin posibilidad de moverse libremente. Más lágrimas descendían sobre su rostro pálido; a pesar de ya tener un ligero color similar, la bruma lo envolvió, haciendole chillar del terror, como ese extraño humo negro le hacía sentirse de forma extraña, ahogado, sin posibilidad de poder sentir más allá de lo que sus recuerdos generaban. Recuerda la vez que tuvo miedo, esa primera vez cuando tenía alrededor de, ¿seis?, tal vez siete años, donde el sótano de aquella primera casa; en donde estuvo con sus padres, sería el lugar de sus pesadillas, el crujir de la madera al bajar las escaleras, le tintineo interminable del foco mal puesto, la estúpida arpa que había comprado su madre para practicar; la cual nunca tocó, las miles de cosas sin usar o tocar de su padre, las sábanas blancas que siempre confundía con fantasmas. Aquel sentimiento se sentía igual; tal vez, peor, de la que una vez recuerda como pequeño, mientras el humo negro lo envolvía de pies a cabeza, sintiendo el calor infernal y el roer de algo que sabía que ya no estaba ahí. Era difícil de explicar, como si tu cuerpo volviera a reconstruirse, como una operación sin anestesia, cada hueso, cada órgano, cada extremidad, la sangre, los músculos, el sistema respiratorio y demás que ahora no recordaba tener en vida. Todo, absolutamente todo estaba volviendo de una forma tan desgarradoramente dolorosa.

Gimió y se retorció con cada grito que desgarraba sus; ya existentes, cuerdas vocales, tanto que sentía opacar aquellas voces que escuchó dentro del demonio esquelético de hace unos momentos. Era la peor sensación que pudo obtener en ese momento.

── Listo ¡Ja! ── escuchó la voz burlona de aquel hombre que aún seguía frente a él.

Cayó de rodillas una vez que aquella tortura terminó, si hubiera ido a aquel museo de la tortura, diría que no es lo más fuerte que pudo ver. No, cada sistema que se podía llegar a mostrar en el museo de “La Santa Inquisición” se quedaba corta con lo que había sentido en ese maldito momento. Como si volviera a morir, mientras su cuerpo se reconstruía de forma tan tortuosamente lenta. Sin duda, la peor que un humano pudiera experimentar.

Sintió su quijada ser levantada y apretada a la fuerza. Movimientos bruscos y poco considerados, mientras era notado de forma detallada, con esa ligera tez apiñonada que le resultaba curiosa mezcla, un ápice ligero de lo que era en vida, un suave y brillante castaño con esos ojos distintivos formados con esmeraldas atrayentes, todo un prodigio de la belleza pura.

── Felicidades, ahora eres Itzae, el regalo de dios ── mencionó con burla y sonriente que mostraba, dejando un escalofrío en el; ahora, cuerpo del recien nombrado.