KIKA

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Summary

En un pueblo donde todos se conocen, Kika recibe algo que no debería haber leído. Lo que parecía un día cualquiera se vuelve una grieta: nombres, códigos y decisiones que no admiten marcha atrás. A veces, crecer no es elegir… es descubrir demasiado pronto.

Genre
Other
Author
Jazz.m
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Kika

La alarma volvió a sonar.

Tercera vez en menos de diez minutos.

Kika se removió en la cama, enterrando la cara en la almohada y tapándose con la colcha. Solo asomó un mechón de su cabello revuelto, pero ni eso logró convencerla de iniciar el día.

—¡KIKA! ¡TODAS LAS MAÑANAS LO MISMO! —una voz explotó detrás de la puerta, seguida de cuatro golpes firmes—. ¡APAGÁ LA ALARMA Y LEVANTATE!

Kika se quejó entre las sábanas. Sacó un brazo flácido hacia la mesita de luz y tanteó el celular hasta encontrarlo. Con un dedo apagó la alarma, aunque por dentro quería estrellarlo contra la pared.

Se sentó lentamente. Su cabello todo alborotado, los ojos achinados y el malhumor pintado en cada gesto. Se arrastró hasta el ropero y sacó su uniforme: pollera-pantalón verde oscuro. Dudó unos segundos frente a las opciones de arriba: remera o camisa, y eligió la remera blanca de mangas cortas, con cuello verde.

Del cajón sacó una cadenita con dijes de cactus y nubes, que enganchó en la cintura de la pollera. Ella amaba darle su estilo a cada cosa.

Al salir de su habitación vio la mesa del pequeño comedor: tostadas con miel. Sonrió apenas. Eso sí la motivaba a levantarse.

Bao -su mellizo- estaba en la puerta, fumando mientras sostenía una taza de café. Miraba cómo el sol empezaba a iluminar el pueblo.

Kika preparó su té de frutilla. Al sentarse, frunció el ceño al recordar que hoy devolvían las evaluaciones de Matemáticas.

Bao terminó su café, dio la última calada al cigarrillo y revisó la hora. Sus ojos se abrieron de golpe.

—¡Mierda! —agarró su campera del respaldo de la silla y miró a Kika—. Vámonos, que llegamos tarde.

Kika dejó el té a medias con un suspiro dramático. Se puso las zapatillas, agarró su mochila y salió detrás de él. Bao cerró la puerta con llave y ambos montaron sus bicicletas.

—Nunca termino mi desayuno —se quejó Kika mientras pedaleaban.

—Podrías si te levantaras tempranl —repitió Bao, como cada mañana.

Hicieron una mini carrera hasta la plaza.

Kika ganó, alzando los brazos como si hubiese vencido en un torneo internacional.

—Esta noche te toca regar el patio a vos, Bao–ne —canturreó.

Bao frunció el ceño y rodó los ojos.

Subieron por la calle empinada que llevaba a la escuela. Dejaron las bicicletas en el bicicletero.

—Encima hoy tenemos Matemáticas con la vieja —gruñó Kika.

—Ella no me preocupa —respondió Bao—. Me preocupa más que aparezca la de Responsabilidad civil.

Kika sintió un escalofrío.

Lo único peor que madrugar… era Responsabilidad civil.

Al ingresar al aula, Kika se dirijo a su lugar junto a la ventana saludando a un par de compañeras en el camino y apenas se sentó ingresó la profesora de matemáticas. Kika, suspiró cansada.

A la salida de la escuela, Kika aviso a Bao de que iría a otro lugar y luego a casa. Bao, asintió preguntándome si necesitaba que la acompañará y ella negó subiéndose a la bicicleta y yéndose para el centro del pueblo, dejando a Bao.

Luego de varios minutos pedaleando, Kika llegó a una pequeña tienda “Lady shop”, ingresó y saludo animadamente a Carla.

—¡Hey, Kika! Tanto tiempo…

—Siii ¿Cómo has estado Carla-ne?

—A Sido una semana larga —hizo una pequeña pausa— ¿Que estás buscando? —pregunto con una sonrisa.

Kika se ruborizó un poco y pidió toallitas femeninas y otras cosas de acero personal. Carla busco en los estantes de madera y en una pequeña bolsa papel madera guardó los productos.

—Desodorante… ¿Flores y Uvas?

—Si.

—Perfume… Toallitas…  —iba nombrando lo que iba guardando—mascarilla de aloe vera… y un Kilo de cera depilatoria rosa mosqueta… Listo

Kika pagó y salió de la tienda. Subió a su bicicleta y fuer interceptada por cuatro chicos, que con un marcado acento folclórico del este del pueblo–dónde predominaba raices de viajeros de otros países– se anunció como “Lele”, algo que hizo reír a Kika. Lele, la miro mal y luego le entrego un papelito bien doblado.

—Para tu hermano —hizo una pausa y miro a Kika de manera seria y luego un brillo de empatía se percibió en la mirada de Lele, un chico alto de cabello trenzado— y dile que tuvimos que entregártelo a vos porque no lo encontramos.

Y Lele juntos con su grupo se fueron. Kika, guardo el papelito en el bolsillo de su uniforme y pedaleo, en su mente no dejaba de pasar la duda de que tenía escrito aquel papel, pensamientos como si su hermano era gay o si era la confesión de aquel chico pasaban por su mente, luego pensamientos negativos y así estuvo hasta que pas el puente del rio del pueblo, se bajo de su bicicleta, la apoyó contra el barandal de madera, el río pasando frente a ella, el cielo nublandose, saco el papelito del bolsillo, lo desdobló y comenzó a leer.

“Bao, no olvides que haz hecho un trato conmigo, vendes y te llevas parte de la ganancia. Si no lo haces, tendré que retirarte del negocio.

Se que atraviesas una situación difícil, pero si no hay ganancias de tu parte, vas a tener que devolver todo.

Agradece que tenemos códigos fraternal entre nosotros. Sino ya hubiéramos ido a tu casa.

-Lele”

El cielo se terminó de nublar por completo.

Kika, arrugó el papel de la rabia, miro el río y luego miro el cielo. Guardo el papel en su bolsillo, agarró la bolsita de compras con fuerza, se subió a la bici y pedaleo con fuerza hasta su casa, abrió el pequeño portón de una patada, tiro su bicicleta en el patio delantero.

Comenzó a llover.

Kika ingresó a casa enojada, cerró la puerta con fuerza, haciendo que Bao saliera de su pieza asustado, vio a Kika y pudo observar su ceño frunció, sus achinados ojos viéndolos con molestia, sus mejillas rojas de la tension de su cuerpo. Kika saco el papelito y se lo lanzo al pecho.

—¿QUE CARAJOS ESTAS VENDIENDO? ¿POR QUE TE JUNTAS CON GENTE ASÍ?

Nao, quedó pálido, agarró el papelito y lo leyó en voz baja y rodó los ojos, se masajes la sien y se sentó en una silla.

—Justo de esto te quería hablar

Kika dejó su bolsita de las compras en la mesa y se sentó frente a su mellizo, impaciente.

—Pues, hablemos.

—Sobre esto, hoy mismo me reúno a hablar con Lele, porque voy a devolver lo que me ha dado para vender—hablo mientras miraba a su hermana relajarse— y también le voy a dar la plata de algo que le debo, me hizo un favor —agregó.

Kika se levantó de la silla con enojo.

—¿COMO QUE LE PEDISTE PLATA?

—KIKA.

Kika se sentó de nuevo y miró a su mellizo, su hermano.

—Lo otro que quiero comentarte, es que voy a empezar a arreglar bicicletas en el taller de Don Mario.

Kika lo miro sorprendida, sonrió, suspiró, agarró su bolsa de compras y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta con fuerza. Observó el desorden, ropa tirada, cama desordenada, escritorio con hojas por todas partes, tomo aire y lo exhaló con fuerza, cansada, dejo la bolsa sobre el escritorio y comenzó a ordenar de a poco su habitación, necesitaba aclarar su mente.