La Obsesión de un Mafioso

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Summary

Carolina, una joven de 19 años, sufre el maltrato constante de su madre, quien la culpa del abandono de su padre. Además, en la universidad es víctima de bullying debido a su apariencia, pues no encaja en los estándares de belleza convencionales. Por otro lado, Dante, un poderoso y despiadado mafioso de 30 años que domina Italia, es posesivo, cruel y adicto al sexo. Sin embargo, nada parece satisfacerlo y se siente vacío. Cuando conoce a Carolina, la desprecia de inmediato, ya que no es el tipo de mujer que suele atraerlo. Sin embargo, algo en ella despierta en él un deseo incontrolable, una atracción que no puede ignorar. Poco a poco, Carolina se convierte en su obsesión.

Genre
Erotica
Author
MAYAFLOR
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 1


POV Carolina

Las luces parpadeaban al ritmo frenético de la música, cegadoras por momentos, como si intentaran opacar el bullicio de risas y gritos que llenaban el club nocturno. El ambiente era espeso, cargado de humo de cigarrillos que se mezclaba con el aroma penetrante del licor caro y los perfumes intensos de quienes se movían sin freno en la pista. La gente reía, bailaba y bebía como si nada importara, como si la noche les perteneciera.

Yo no estaba ahí para disfrutar.

Me deslicé entre la multitud, incómoda con mi blusa sencilla, que contrastaba con los vestidos ajustados y las lentejuelas brillantes que me rodeaban. Había salido de casa tan deprisa que olvidé mi chaqueta; el frío me erizaba la piel, pero lo ignoré. Mi cabello castaño caía sobre mi rostro, ocultándome un poco mientras avanzaba, esquivando cuerpos que se mecían al compás de la música.

La buscaba a ella.

Otra noche. Otro club. Otra vez el mismo temor: encontrar a mi madre desplomada sobre la barra, inconsciente, perdida en ese mundo que nunca me ha pertenecido ni quiero que lo haga. Yo sabía que no debía estar ahí, que ese lugar no era para mí… pero no me importaba. Tenía un solo propósito: llevarla de regreso conmigo antes de que la oscuridad de ese sitio terminara por consumirla del todo.


POV Dante

Hoy tuve un puto día de mierda. Descubrí que había cinco infiltrados en mi mafia y, como siempre, me encargué de que cantaran antes de morir. Los até, les arranqué uñas, les quebré huesos… y cuando no me quedaba nada más que sacarles, les volé la cabeza. Una pérdida de tiempo, pero necesaria.

—Dante, ya quítate esa cara de cabrón amargado y diviértete. Te traigo a las nuevas chicas que llegaron y escoges una para follártela, así te desestresas… ¿qué dices? —dijo Alex, con esa sonrisa de idiota.

—Está bien, pero si no me satisface, se muere. Ahora lárgate, que tu puta sonrisa me revienta.

Alex es mi mano derecha, mi mejor amigo, pero a veces olvido por qué lo sigo aguantando.

Estoy en mi club, en el reservado que solo yo uso. Desde aquí controlo todo: luces estroboscópicas, drogas circulando, putas bailando por unas monedas, música a todo volumen. Un circo, y yo soy el maldito dueño del espectáculo.

Entran seis mujeres, hermosas hasta la exageración. Cuerpos diseñados para tentar a cualquiera. Elijo a la morena de cabello negro, la más jugosa, y mando a la mierda a las demás.

—Empieza a desnudarte —ordeno con voz seca, dejándome caer en el sillón de cuero—. Acércate.

Saco la verga. Ella obedece, se agacha, me la lame, la mete hasta la mitad, mueve las manos, intenta todo lo que sabe. Y yo… nada. Ni una puta erección. Mi polla muerta. La frustración me hierve en las venas. De un empujón la tiro al suelo.

—¡Eres una puta barata de mierda! Ni para calentarme sirves.

Me subo el cierre, paso la mano por mi cabello, bebo whisky directo de la copa. Dos meses sin follar. Dos meses de intentarlo, de probar con todo tipo de mujeres, y siempre igual: nada. Es como si estuviera maldito. Un mafioso sin poder follar… patético.

La perra sigue en el suelo, llorando. Me da asco.

—¡Jon! —mi jefe de seguridad entra al instante.

—Llévatela. Que la usen todos si quieren y cuando acaben, mátenla.

—Como usted ordene, jefe.

—¡No! ¡No, por favor! —grita mientras se la arrastran fuera.

Yo me recuesto en el sofá de cuero, indiferente, bebiendo mientras el club sigue su espectáculo de caos. No siento nada. Ni culpa, ni placer, solo un vacío que me consume.

Hasta que la vi.

Una cabellera castaña entre la multitud. Se mueve diferente, con prisa, como si quisiera esconderse del mundo. Camina hacia la barra. Me fijo mejor y su rostro… joder, es fea. Ni siquiera llega a promedio. Viste una blusa común y unos jeans corrientes. Nada en ella grita “perra de lujo”. Nada en ella debería interesarme.

Y, sin embargo… mi polla despierta.

Un calor sucio me golpea el bajo vientre. La tienda en mis pantalones crece con fuerza, traicionándome.

—No… —murmuro entre dientes, apretando la mandíbula.

Mierda. ¿Cómo carajos puede excitarme una mujer así? ¡Fea, corriente, fuera de mi mundo! Es una humillación que mi propio cuerpo reaccione con tanta fuerza por alguien tan jodidamente simple.

Me arde la rabia. Me niego a aceptar que mi verga se endurezca por ella. Pero, al mismo tiempo, no puedo apartar los ojos de sus tetas enormes, de cómo sus caderas se mueven sin querer, atrayendo miradas.

Los demás la miran como perros hambrientos. Pero yo la vi primero.

—Jon… —llamé, con la voz calmada pero cargada de veneno.

—A sus órdenes, jefe.

—Averigua quién es la castaña. La quiero hoy mismo.

Jon asiente sin una sola pregunta y se marcha.

Yo sigo bebiendo, los ojos fijos en mi presa, mientras mi interior hierve entre la excitación y el puto odio.

No sé si quiero follármela o destruirla… quizá ambas cosas.

..........

Mientras tanto, Carolina finalmente encontró lo que buscaba: su madre, apoyada en la barra con un vaso de vodka a medio terminar. Suspiró con cansancio, preparándose para la batalla de cada noche, y para la posible paliza que se llevaría.

......