1
Cuando súbitamente empiezo a abrir mis pesados ojos lentamente lo único que mi vista es capaz de reconocer es un techo blanco, con una luz blanca que parpadea y me obliga a volver a cerrar los ojos pues no logro acostumbrarme a tan fuerte luz, lo que me hacer preguntarme cuanto tiempo he estado dormido, no se como he acabado aquí, ni entiendo donde estoy, pero estoy demasiado fatigado como para quejarme o tratar de huir, trato de moverme, pero no puedo hacerlo, mis músculos no responden. Completamente desorientado trato de mirar a mi alrededor, no oigo nada y solo puedo ver hombres y mujeres con batas blancas moviéndose de un lado a otro, tomando notas.
Al ver que es imposible ser consciente de mi entorno en un lugar tan caótico lucho por tener algo de autoconciencia para así lograr algo de claridad interior, mas no logro hacerlo, pues al intentar recodar como me he visto envuelto en esta situación me doy cuenta de que no se quien soy, por algún motivo desconocido la primera pregunta que me planteo sobre mi mismo es, "de que color son mis ojos?".
Quiero hablar, pedirles a todas estas persona vestidas de blanco que me dejen un espejo, pero las palabras no salen de mi boca, no se porque pero hay algo que no me permite hablar, tal vez sea mudo? No, no lo creo, simplemente hay algo en mi que me impide hablar.
De nuevo trato de moverme en un intento desesperado por descubrir mi realidad pero de nuevo, este intento es completamente inútil, aunque esta vez noto algo, algo en mis brazos. Sin moverme trato con mucho esfuerzo de fijar mi vista en estos y observo varios tubos y cables sobresaliendo de ambos brazos.
"Me están drogando" es lo primero que pienso y junto con este pensamiento viene unido el siguiente: "me quieren matar", esto hace que de pronto y sin previo aviso trate de levantar la cabeza, pero solo puedo moverme unos segundos hasta que un abrasador dolor en la garganta me hace volver a mi posición inicial, siento como si me estuviera asfixiando, pero eso no es posible, pues noto mi pecho moverse, tampoco es posible para mi tragar pues me doy cuenta de que hay algo en mi boca, algo que baja hasta mi garganta, posiblemente este sea el motivo por el que no puedo hablar. Intento gritar, quiero pedirles por favor que no me maten, que me expliquen que me pasa, donde estoy, porque no me puedo mover y un sinfín de preguntas que de pronto me inundan el pensamiento de golpe. Trato de mover los brazos de nuevo, esta vez para quitarme lo que sea que me impida hablar, para poder desprenderme de una vez por todas de este sentimiento de asfixia.
"Dios mío, me han atado. Me han atado y me intentan asfixiar, voy a morir" pienso, cuando inesperadamente logro reconocer unas palabras perfectamente audibles, por fin, algo de claridad en este mar de desconcierto.
─Se esta agitando.─ Dice un hombre de bata blanca mientras observa una especie de maquina que pita, como si yo no estuviera presente y su tan serio tono solo me hace preocuparme mas por mi situación.
─Vamos con etomidato, 0.2 miligramos por kilo. Calcula 13 miligramos en bolo lento.─ Dice una mujer a su lado con un tono suave, en este caso ella parece algo menos imponente, su tono de voz me resultaría hasta tranquilizante si no estuviera prácticamente reducido en una cama con cables conectados por todo mi cuerpo y un objeto extraño que no me permite ni respirar ni hablar.
Y cuando la mujer se acerca a mi saca una aguja con un liquido transparente para acto seguido inyectarlo en mi brazo, siento un pequeño pinchazo pero estoy demasiado centrado en el ardor de mi garganta como para darme cuenta de este insignificante detalle. Mis ojos se cruzan con los de esta mujer, me fijo en estos, son de un color marrón muy oscuro pero algo se refleja en ellos y junto con su expresión deduzco que siente pena por mi, pero no lo entiendo, si tanta pena le doy porque no me desata, porque me hacen esto?
La mujer se acerca a mi, parece decirme algo con expresión calmada, como si tratara de reconfortarme pero en un abrir y cerrar de ojos mis ojos vuelven a comenzar a cerrarse, haciendo que note un sentimiento de calma general, hasta que pocos segundos después acabo quedándome dormido de nuevo.
Cuando logro volver a despertar, primero por alguna razón abro mi ojo izquierdo y luego puedo abrir el derecho, sigo totalmente en calma seguramente por el liquido desconocido que me han administrado, respiro lentamente y esta vez mis sentidos parecen algo mas agudizados, noto el olor a látex y desinfectante, ruidos y pitidos provenientes de maquinas, las ya mencionadas agujas en mis brazos con la diferencia de que, a pesar de tener la boca seca, esta vez me puedo mover y no tengo esa sensación agobiante de asfixia pero sigo sintiendo una pequeña molestia en la garganta y por ultimo logro distinguir un llanto lejano.
De nuevo la luz blanca me deslumbra, pero al moverme no hay nada que me ate esta vez, así que trato de buscar a alguien, quien sea, en concreto, la voz rota que llora desconsoladamente y me taladra los oídos, me gustaría pedirle que parara, pues hace que la cabeza me duela. Al encontrar a esta persona puedo ver a una mujer de pelo corto y negro, con la cabeza metida entre sus brazos, pero quien es ella? A caso llora por mi? Definitivamente algo le ha pasado pues no solo llora, sino que su cuerpo no para de temblar, haciendo que incluso la cama en la que estoy postrado se mueva ligeramente.
Pese a mis intentos por moverme veo que la mujer no reacciona a mis intentos por hacer que levante la cabeza, simplemente se dedica a llorar cada vez mas fuerte, por lo que intento buscar a alguien mas accesible en esta blanca habitación y al mirar a mi derecha veo a un hombre de mediana edad, totalmente calvo pero con un bigote, tiene unas grandes ojeras decorando la parte inferior de sus ojos, pero me acaricia el pelo con una sonrisa, lo cual me desconcierta aun mas.
Y mas al fondo, en busca de algo de cordura, veo a un chico de entre 17 y 20 años, mirando una libreta, absorto en lo que sea que haya ahí, tiene aparato en los dientes y el pelo rapado, es un chico gigante yo diría que mide mínimo 1.85, parece que no le importa lo que pase a su alrededor en absoluto, y por supuesto, lo agradezco, es la única persona en esta sala que parece estar actuando de forma normal, ni sollozos taladrantes ni caricias incomodas, simplemente esta centrándose en sus asuntos.
─Estas bien, hijo─ Me dice el hombre desconocido, lo que me impacta aun mas, me estará llamando hijo porque realmente piensa que soy su hijo? o puede que no sea mas que una expresión? en cualquier caso sigue siendo algo extraño pues no le he visto en toda mi vida─ Todo va a estar bien.
─Donde estoy?─ Pregunto con las pocas fuerzas que tengo y de mi boca sale una áspera voz, pero algo aguda al mismo tiempo.
─Estas en el hospital.─ Me responde el, normalmente después de esto suele venir una explicación sobre lo que pasa, "te desmayaste" o "tuviste un accidente" pero en mi caso no hubo nada, absolutamente nada, lo que mantuvo mi expresión interrogante.
Al escucharme hablar la mujer levanto la cabeza, al observarla noto que es mucho mas joven que el hombre, tendrá al rededor de unos 35 años, posiblemente sean parientes, tal vez su sobrina o incluso hija si la tuvo siendo muy joven. Al intercambiar miradas, noto como la suya se llena de jovialidad y sin mas preámbulos me abraza con fuerza, no siento dolor por todos los medicamentos que me han suministrado pero estoy seguro que de no estar medicado ese abrazo habría sido el mas doloroso de mi vida, mis hombros se mojan con sus lagrimas pero sigo sin entender su reacción.
─Os conozco?─Pregunto con la voz rasposa y los ojos aun entre cerrados, pregunta que hace que a la mujer le cambie totalmente la cara y por primera vez desde que abrí los ojos el joven del fondo deje ese cuaderno y mire hacia mi pero sin cambiar un ápice de su expresión indiferente. En cambio, el hombre con asombro vuelve a hablar.
─Pues claro, somos papa, mama y Kaiet, quienes íbamos a ser sino?─Dice levantándose de la silla y mirando al chico que parece ser el tal Kaiet directamente, tras hacer un breve gesto con las barbilla hace que Kaiet entienda el mensaje, se levante y salga de la habitación con total desinterés. Al parecer estoy en un hospital con gente que dicen ser mi familia y un tal Kaiet, tal vez sea mi amigo? No, porque un amigo iba a actuar con tal pasividad, no lo comprendo. Gracias a dios sigo aturdido y en calma por la medicación, sino esta conversación habría sido un nido de ansiedad y desesperación, tal vez lo sea para ellos.
Después de eso, vuelve a aparecer el chico con un medico, no comprendo muy bien que es lo que les dice, solo se que al cerrar los ojos ya no estaban y el reloj de la pared había movido sus agujas varios números, indicando que había pasado al rededor de una hora y media. Cuando al de un rato que no se si ha sido largo o corto trato de enderezarme, con aun ciertas molestias en la zona del cuello, veo que a mi lado en lugar de estar el extraño hombre calvo de antes esta un hombre con bata blanca, tiene el pelo blanco y cara de pocos amigos, tal vez esta cara se deba a que me he visto envuelto en algún tipo de ilegalidad como conducir bajo los efectos del alcohol y por eso estoy en esta situación.
─Hola, Ibai.─ Dice el cuando ve que trato de levantarme. Así que ese es mi nombre, Ibai, significa rio, no es mal nombre.─ Que tal te encuentras? quieres algo?
─Un espejo.─ Es lo único que soy capaz de decir pues recuerdo mi interés en conocer el color de mis ojos.
─Mmm...claro porque no?─Dice el medico algo descolocado mientras se levanta lentamente para ir a buscarme un espejo, cuando vuelve no solo me trae un espejo, sino que también trae consigo otra almohada y una vez me ha ayudado a enderezarme me deja el espejo.
Al mirarme veo a un chico, mas bien un niño de entre 13 y 15 años, al observarme de arriba a abajo empiezo fijándome en el color de mi pelo, es rubio pero se nota que este no es mi color natural por las raíces y cejas negras, exactamente del mismo tono que el pelo de la mujer que dice ser mi madre. Tengo facciones bastante infantiles pero, honestamente, bastante atractivas, así como una nariz pequeña, mandíbula ligeramente marcada, varios agujeros en las orejas que me imagino que serán de pendientes y piercings que por algún motivo me habrán quitado y en el cuello me fijo que tengo una marca roja amoratada que recorre y redondea todo mi cuello, es algo fina pero muy notable.
─ Ojos verdes─ Murmuro al observar el color de estos.
─Como dices?─ Pregunta el doctor mientras le devuelvo el espejo.
─Nada, el color de mis ojos, que son verdes...─Cuando estiro el brazo por completo para entregarle el espejo la manga de mi horrible bata de hospital blanca con diminutos puntos azules se baja ligeramente, haciendo visible una pequeña marca. Con las cejas arqueadas me dispongo a levantar mis mangas y cuando veo lo que hay no puedo evitar quedarme ojiplático por varios segundos.
─Dios mío.─ Murmuro absorto en las cicatrices de mis brazos, las intento observar de una en una, algunas son totalmente blancas, otras a penas visibles pero mis ojos se centran en una única cicatriz morada que sobresale especialmente, situada unos 3 centímetros por encima de mi muñeca izquierda.
─Te acuerdas de porque estas aquí?─ Dice el, poniendo su mano sobre mi pierna y con una mirada comprensiva que no le pega nada con su cara me sonríe, en un intento fallido de que no me fije la carnicería que tengo en los brazos.
─No.─ Respondo, siendo totalmente sincero. Rezando porque de una vez por todas alguien pueda darme respuestas.
─Sabes quienes son las personas que estaban contigo antes?─Me pregunta, sacando un boli y apuntando algo en su portapapeles, haciéndome sentir como una rata de laboratorio.
─Dicen que son mis padres─ Respondo, encogiéndome de hombros─ y un tal Kaiet, pero es la primera vez en mi vida que los veo.
─Entiendo...─Dice mientras sigue escribiendo en el portapapeles, lo que me hace preguntarme si realmente ha de hacer eso en mi cara o no podría esperar a que termináramos de hablar para coger notas.─ Y te acuerdas de mi?
─No, bueno, si. ─Digo trabándome, son demasiadas preguntas una detrás de otra, si me acuerdo de el, pero no es como que lo conozca de encuentros pasados, sino de la primera vez que desperté con esa cosa en la boca que no me dejaba respirar─ Es medico, creo, bueno ayuda mucho que tenga bata blanca en un hospital, creo que usted es el que dijo "se esta agitando" cuando desperté la primera vez. He de decir que no ayudo demasiado a que me calmara.
─Así es, espero que no estés molesto por eso, es mi trabajo.─ Dijo, aun apuntando cosas en ese dichoso portapapeles, lo que me comienza a sacar de mis casillas, como puede disculparme sin siquiera mirarme a la cara?
─No, si es verdad, estaba agitado.─ Admito yo, aunque no me faltaban razones para estarlo.
Tras esa conversación, si es que se le puede llamar así ya no únicamente dio pie a mas confusión y desconcierto, me dijo que debía hacerme varias pruebas y así las hizo, me preguntaron preguntas sencillas sobre cosas cotidianas, enseñarme objetos y preguntarme lo que eran, como un lápiz, un tomate o una casa, cosas que evidentemente supe reconocer, no soy idiota pero cuando me preguntaron cosas sobre mi mismo lo único que pude contestar fue "Mi nombre es Ibai y tengo los ojos verdes", no supe decirles absolutamente nada sobre mis amigos, ni quiera se si los tengo, ni sobre mi familia, tampoco sobre el instituto al que voy o las cosas que me gustan, aunque viendo mis brazos posiblemente meterme en peleas con armas blancas sea una de ellas, al menos no le encuentro otra explicación a porque tales heridas.
De pronto, mientras el doctor me esta pasando una luz por los ojos y pidiéndome que la siga escucho un fuerte pitido, llevo tanto tiempo contestando preguntas que cuando la habitación se sumergió en silencio y inesperadamente escucho un pitido me sobresalto sin poder evitarlo.
─Que ha sido eso?─Pregunto algo agitado ─He sido yo?
─Si, significa que tu corazón sigue funcionando.─ Responde el, sin darle mas importancia.
─Al menos algo funciona.─ Respondo yo, en tono sarcástico, bueno por lo visto mi sentido de la ironía sigue funcionando. Este comentario no logra sacarle ni una emoción al medico, no parece tener un gran don de gentes este señor.
─Esta todo bien,─ dice el, comentario que me da algo de risa, como va a estar todo bien si no recuerdo absolutamente nada? ─Pero por el tiempo que estuviste sin oxigeno en el cerebro me temo que padeces una amnesia severa. Recuerdas la primera vez que despertaste?
Guiándome por el comentario del doctor y el hecho de que tengo una gran marca rodeándome el cuello dedujo que alguien me intento ahogar, posiblemente por eso nadie quiera decirme nada, aunque igualmente creo tener el derecho a saber quien fue el malnacido que me hizo esto, puede que pasara en una de las peleas en las que parece que me habitúo a meterme, aunque eso ya es mucha suposición.
─Si, mas o menos,─ Contesto yo─ No sabia conde estaba y pensé que me querrían matar o algo. Me dieron algo para que me tranquilizara, me sentó bien. También recuerdo tener algo en la garganta.
─Si, bueno eso es mas común de lo que parece,─ Dice, como si nada, mientras se levanta y se acerca hacia la puerta─ en fin...voy a traer a un compañero mas cualificado para que te explique lo que te paso, mientras tanto voy a hablar con tus padres.
─Adiós a ti también─ Murmuro d forma irónica, mientras veo como el medico sale por la puerta, dejándola entre abierta, por pura curiosidad y sin levantarme de la cama me asomo lentamente para tratar de ver o escuchar algo, por la posición de la cama no logro ver nada pero si reconozco varias voces, las de las personas de antes, las de mi familia. Al principio las de ellos son totalmente indescifrables pero de repente el medico empieza a hablar alto y claro.
─En casos como estos solemos hacer una evaluación psiquiátrica y en la mayoría de casos se recetan antidepresivos, ansiolíticos o algún tipo de antipsicótico,─ Dice fríamente, no puedo verle la cara pero me la puedo imaginar perfectamente, con una expresión distante, como si dar este tipo de noticias fuera el pan de cada día─ aunque es verdad que cuando se trata de factores ambientales como problemas en casa o en el colegio optamos por otros métodos sin medicación, pero en este caso no podríamos saber exactamente que le paso porque no se acuerda de nada. Es decir, que no le vamos a recetar nada porque podrían empeorar su amnesia ya que...
Y mientras trato de seguir escuchando la conversación que, como no, me dejo con mas dudas que antes entra otra persona con bata blanca y una expresión mas amable, igualmente no podría haber entrado en un peor momento. Me pregunto a que se refiere con antidepresivos, no es posible a caso, que me haya hecho esto a mi mismo? No, no tengo la pinta de ser ese tipo de personas, o eso creo.
Al observar a este otro medico veo que tiene una pequeña tarjeta de identificación colgada de la bata, el otro, el cual ni siquiera se ha molestado en decirme su nombre, posiblemente también la tenia pero no me llegue a fijar, pero en este caso lo que me llama la atención es que en esta identificación, al debajo de su nombre "Dr. Ignacio Mendoza" pone en letras mayúsculas y con un tipo de letra diferente "Psiquiatría".
─Que tal?─ dice el, sentándose a mi lado con una sonrisa.─ Ibai, no?
─Eso dicen.─ Respondo yo.
─Bien,─ Dice el, sin cambiar si expresión, parece que mi cortante respuesta no le ha incomodado, tal vez por esto el otro medico cuyo nombre desconozco le haya pedido que trate de lidiar con mi problema, de cualquier manera me da igual quien me explique que me ha pasado, mientras lo hagan de una vez─ Vengo a hablar de lo que te ha pasado, hazme todas las preguntas que quieras y yo intentare responderlas.
─Estoy loco?─ Es la primera pregunta pronuncio impulsivamente, pese a que esta no es la pregunta que mas me interesa.
─Te sientes como un loco?─Contesta el, a lo que yo me quedo en silencio unos segundos pensando en su ambigua pregunta.
─No se como se siente estar loco,─ Respondo finalmente─ Pero supongo que los locos tampoco saben cuando lo están.
─En tu caso la confusión es totalmente normal,─ responde, pero pese que sea normal estar confuso nadie parece querer ayudarme a salir de esta confusión─ Yo no he venido a etiquetarte, solo ha hablar de lo que te pasa.
─Ahí pone que es usted psiquiatra.─ Le respondo, me niego a que un loquero trate de analizarme, mas aun cuando ni siquiera se yo que es lo que me ha pasado.
─Y lo soy,─ dice con orgullo─ Pero yo solo voy a explicarte lo que te paso, nada mas.
─Aleluya!─Exclamo.─ Adelante
─Has estado 3 dias durmiendo, Ibai.─ dice, cambiando su expresión a una ligeramente mas seria.─ Hace 3 dias, intentaste quitarte la vida colgándote con una cuerda que hiciste uniendo los cordones de todas tus zapatillas.
Al escuchar esto me quedo totalmente en shock, sinceramente no me lo esperaba aunque ahora que lo pienso estaba totalmente claro, las marcas de los brazos, el moratón del cuello, los sollozos de la familia, el comentario sobre la medicación psiquiátrica definitivamente estoy trastornado y ahora no solo seguiré trastornado sino que no me acuerdo de porque.
─Que original.─ No puedo evitar comentar, lo mas común es hacerlo con una cuerda o un cinturón pero al parecer yo me tome el tiempo de atar correctamente un cordón a otro para luego colgarme.─ Pues parece que si que estoy loco.
─El mas original que he visto hasta ahora, si, sin ninguna duda, pero eso no quiere decir que estés loco, pueden haber un sinfín de razones.─ Explica haciendo una pausa, seguida de un suspiro, como si ahora se viniera lo peor─ Cuando te encontraron no respirabas y tuviste una parada cardiorrespiratoria, lo que quiere decir que tu corazón y tus pulmones se pararon.
─ Ósea que estuve muerto, pero solo un rato?─ Digo yo, pensando en la suerte que he tenido, o tal vez la mala suerte, porque si he optado por este tipo de salida debo tener una vida horrible.
─Medicamente hablando si, muerto por aproximadamente 9 minutos, después de tanto tiempo sin que tu cerebro tuviera oxigeno pasa un fenómeno llamado hipoxia, y esto puede traer perdida de movilidad, del habla, o incluso la muerte. En tu caso ha sido una perdida de memoria severa, pero tranquilo que en la mayoría de los casos el paciente recupera la memoria casi totalmente o totalmente, se podría decir que has tenido suerte en ese sentido.
─Entonces me suicidé y resucite?─ digo tratando de incomodar un poco al doctor Mendoza, aunque este parece estar ya curado de espanto, seguramente mientras no recuerde quien soy, mientras este viviendo en una vida y en un cuerpo que no se sienten míos seguramente me lo pasare en grande incomodando a la gente, seguramente sea lo único interesante que pueda sacar de esta experiencia.─ Yupi!─Exclamo de forma sarcástica, haciendo un pequeño movimiento con mis brazos.
─Porque dices eso?─pregunta el, mostrando su profesionalidad, aunque es natural que un psiquiatra experimentado no se deje irritar por un chico de unos 14 o 15 años, tal vez 13─ preferirías estar muerto?
Esta pregunta incluso logra incomodarme a mi, no parece que pueda jugar a este juego con este hombre pues tiene las de ganar, aunque ahora que me fijo, el no trata de incomodar a nadie, estoy peleando contra el aire y coy perdiendo. Y así, de golpe pienso en si es cierto que quiera acabar con mi vida, si ahora mismo estuviera solo lo volvería a hacer? No, no lo creo, no tengo ningún recuerdo malo, aunque tampoco bueno, estoy estancado en un sentimiento de neutralidad que durara hasta que descubra porque quise suicidarme.
─No lo se, no recuerdo porque lo hice, tal vez cuando recuerde me de cuenta de que no era para tanto, o al contrario. Pero por ahora no tengo intención de hacer nada porque me muero de curiosidad de saber el motivo por el que me intente matar.
─Parece que te interesa mas saber mas sobre tu propia oscuridad y lo que te llevo al limite que las cosas buenas, has pensado porque?
─No, no lo he pensado, no he tenido mucho tiempo para pensar en cosa buenas hoy, sabe?─Le digo, sarcástico mientras me cruzo de brazos.─ Aunque entiéndelo, no se quien soy, ni mi edad, ni en que curso estoy ni absolutamente nada.
─Eso tiene una fácil solución.─ Dice sacando un portapapeles con una sonrisa provocando mi desconcierto, haciendo que yo levante una ceja lentamente y haga un movimiento brusco con el cuello que me provoca un pequeño calambre.─ Toma nota, "Nombre: Ibai Arza, Edad:14 Peso: 61kg" posiblemente ahora algo menos─ Dice tras hacer una pausa para mirarme a la cara para luego volver a ocultar su cara tras ese portapapeles─ "Altura: 1,69. 1.60 de hipermetropía" Vaya, mandare que te traigan las gafas o vas a acabar mareándote. Mmm, veamos que mas... mira, al parecer hace 2 años viniste a urgencias por un esguince en el tobillo que te hiciste haciendo Skate, a mi sobrino también le gusta mucho─ Dice otra vez, con una sonrisa y en un tono amable que casi logra hacerme sentir culpable por haber tenido una actitud desagradable ante sus preguntas y respuestas─ y sacado del historial medico solo te puedo decir eso. En cuanto a los que están fuera, pues el chico es tu hermano, se llama Kaiet y la mujer es tu madre, Alicia y el hombre es tu padre, José Manuel, aunque le he escuchado a tu madre llamarlo Josema y la verdad es que no se absolutamente nada mas.
─Cuando desperté por primera vez tenia algo en la garganta,─ Pregunto, al recordad ese episodio que al tratar de recordarlo por completo parece tan lejano, pero cuando me centro en recordar puedo acordarme de ese ardor en la garganta, como si estuviera tragando agua hirviendo, y sobre todo, el miedo─ que era eso?
─Para que tus órganos pudieran recibir el oxigeno correspondiente los médicos se vieron en la obligación de intubarte,─ Explica, y al verme con la misma expresión de estupor ya que desconozco por completo que significa eso se aclara la garganta para continuar explicando- eso es ponerte un tubo que va desde la garganta hasta la tráquea, es decir, hasta casi llegar a los pulmones, de esta la maquina respira por ti. Es muy incomodo despertar intubado, lo siento por eso, ha tenido que ser duro.
─Parece que es usted el único que lo siente.─ Comento con sorna al recordar las frías disculpas del otro doctor.─ Al otro medico le ha importado tres mierdas ¡Pensé que iba a morir, joder!
─Tienes toda la razón.─ Dice, y este comentario me hace sentir algo validado, dentro de todo el descontrol que ha sido absolutamente todo desde que estoy despierto.─ Normalmente se quita antes de que el paciente despierte, pero ya sabes, hay muchas cosas en la medicina que son imprevisibles.
La verdad es que no, no lo entiendo pero decido dejar de hablar del tema, no es algo que me apetezca recordar ni comentar, aunque teniendo en cuanta que es uno de mis únicos recuerdos ahora mismo es difícil sacarlo de mi mente, de pronto siento la necesidad de huir, como un balde de agua fría me doy cuenta de la gravedad de la situación, he tratado de quitarme la vida, no se porque, ni quien soy, ni quienes son las personas de mi alrededor, ni siquiera se si sere capaz de volver a reunir mis recuerdos.
─Porque no me ha explicado esto el otro doctor?─ Digo, tratando de habla de cualquier cosa para que las voces de mi ansiedad y miedo se apacigüen con el ruido de la voz del doctor Mendoza.
─El doctor Fernández no tiene mucho tacto para este tipo de cosas, es un gran medico, uno de los mejores de este hospital me atrevería a decir, pero tiene que desarrollar un poco mas su lado emocional en mi opinión.─ Dice haciendo una pausa─ Te quedaras aquí unos dias y luego podrás volver a casa, aunque me gustaría poder hablar contigo de vez en cuando, así podría intentar ayudarte a recordar, no estaría mal vernos una vez a la semana y que me contaras lo que vas descubriendo, podría ayudarte a unir las piezas del puzle.
─Claro.─ Digo con indiferencia y el se apresura a levantarse y haciendo un gesto con la mano me sonríe y se despide, pero en un instante una duda me viene a la cabeza en un parpadeo, ¿Quién fue quien me encontró? Si lo hice en la calle posiblemente un desconocido, pero de ser un conocido me gustaría hablar con el o ella, cuanta mas información que tenga sobre mi mismo mas me acercara a la verdad. ─Espere!─Le digo cuando a penas esta rozando el pomo de la puerta, levantando mi brazo, dando a relucir mis marcas, que sabiendo que posiblemente son obra mía ahora me avergüenzan ligeramente, por lo que rápidamente en cuanto se da la vuelta me bajo las mangas de la bata del hospital para cubrirlas de nuevo.─ Quien me encontró?
─No lo se, pero te salvaron la vida.
Y como si la tierra ardiera bajo sus pies, sale de la habitación, dejándome solo de nuevo y aún en un mar de dudas. Tratando de poner mis pensamiento en orden me doy cuenta de que la información que realmente requiero es saber porque lo hice, porque una persona se haría todo esto a si mismo? Tengo la necesidad imperiosa de saberlo y no parare hasta cumplir con mi cometido, descubrir el porque.
Es posible que sea extraño que mi interés sea ese, saber que me llevo a querer dejarlo todo atrás, una madre que me quiere, un padre comprensivo, tal vez mi hermano fuera un motivo, parecía totalmente ajeno al hecho de que casi fallezco por mi propia mano, pero dudo que sea algo tan simple como eso, cabe la posibilidad de que mi familia no me ame tanto como parece o que en el instituto no tenga amigos, pese a no parecer el tipo de persona del que alguien se burlaría en el colegio.
Sumido en un vacío indescriptible solo tengo una cosa clara, no descansare hasta descubrir porque alguien como yo trato de quitarse la vida, aunque cada recuerdo duela mas que el anterior y aunque me lleve a sumirme en una desesperación y tristeza infinita he de recordar cada momento de dolor que me empujo al infierno del que quise salir, porqué me llegue a odiar, porqué mi alma se rompió, porque si hay algo en mi que no me va a dejar encontrar la paz he de saber que es, ya que tratar de ignorarlo solo hará que me vuelva a morir lentamente y si verdaderamente la muerte temprana es mi destino final, espero que llegue cuanto antes y no me obligue ha vivir hasta que la ignorancia me consuma.