Sunrise 🌅

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Summary

Sunrise Jennifer siempre ha vivido con un plan: cada paso, cada decisión, cada sueño cuidadosamente calculado. Sabe lo que quiere, cuándo lo quiere y cómo lograrlo… y no hay espacio para desvíos. Connor es todo lo contrario: humilde, directo, un hombre que vive de lo que da la tierra y del esfuerzo, y que ve en Jennifer todo lo que siempre quiso, pero que ella rechaza sin dudar. Para él, ella es luz y posibilidad; para ella, un obstáculo que no encaja en su visión perfecta del futuro. Hasta que un día, todo cambia. El mundo de Jennifer se pone patas arriba y descubre un nuevo horizonte: la vida sin mapas, sin horarios, sin certezas. Por primera vez, siente lo que sería dejarse llevar, amar sin reglas y descubrir que la felicidad puede estar en lo inesperado. Entre amaneceres dorados, calles pintorescas y secretos que se esconden en los rincones más simples, Sunrise nos invita a mirar la vida desde otro ángulo, donde nada es lo que parece… y todo se ve más hermoso cuando se vive de verdad.

Status
Complete
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sunrise

Sunrise es una de las marcas de lácteos más importantes de esta región. Mi bisabuelo compró estas tierras con el propósito de vender leche, y hoy, mucho tiempo después, somos responsables del 42% de la leche y productos lácteos que se consumen aquí, además de producir el 18% de la carne. Entre nuestros próximos proyectos está nacionalizar la marca Sunrise, y mis hermanos y yo trabajamos cada día para lograrlo.

Daniela guiaba a un grupo de visitantes por la parte más antigua de la vaquería, convertida ahora en un pequeño museo. Todos llevaban batas blancas que protegían su ropa, botas de goma y redecillas para el cabello. Ya estaban terminando el recorrido y Daniela los conducía a un salón donde podían probar diversos productos Sunrise: yogures, distintos quesos, leche, e incluso pequeñas muestras de carne de la mejor calidad. En una de las paredes, un mural contaba la historia de la vaquería, desde su fundación hasta la actualidad, terminando con una foto sonriente del fundador, el señor Ray Bolton.

—Disculpe —preguntó una anciana—, ¿usted mencionó que es bisnieta del fundador?

—Sí, así es —respondió Dani, sonriendo con suavidad a la mujer. Su melena negra y sus ojos castaños eran un marcado contraste con los rasgos del viejo Ray Bolton—. Tal vez si conoce a mi hermano, se dará cuenta de que sí somos parientes. —Señaló el retrato—. Los Bolton eran ganaderos, hombres de trabajo. Pero, como a muchos, el dinero se les subió a la cabeza, y cuando mi abuela se enamoró perdidamente de un simple peón de granja, su padre la repudió. Tras la muerte del viejo Bolton y eventualmente del hermano de mi abuela, todo el patrimonio pasó a manos de mi abuela, que en paz descanse. Hoy, somos nosotros quienes honramos no solo la tradición familiar, sino también a mi abuela, que amaba estas tierras y sé que estaría muy orgullosa de lo que hemos logrado. —Dani rió suavemente junto con la anciana y la invitó a probar los quesos.

A solo unos pasos, Jennifer la observaba con el ceño fruncido, visiblemente contrariada.

—¿Por qué demonios tienes que hacer siempre esos comentarios tan desagradables? —preguntó Jennifer—. Limítate a dar el tour y ahórrate los comentarios malintencionados.

Jennifer odiaba que su hermana y su hermano despreciaran al viejo Bolton. Si fuera por ella, esa historia de su abuela fugándose con su abuelo estaría enterrada para siempre. Quería gozar del privilegio y la admiración que significaba ser una Bolton, sin que nadie cuestionara nada.

—No entiendo por qué te ofendes, Jenni —replicó Dani, sonriendo con calma—. Somos descendientes directos de Hiram Ross, y el abuelo era de lo mejor. A mí me importa muy poco lo que piensen los demás. Ray Bolton era un imbécil —añadió con un toque de picardía—, muy de nuestra familia, pero imbécil al fin.

Jennifer resopló, incapaz de entender la postura de Dani. Lo mismo pasaba con la menor de los Ross. Sabía que Jennifer adoraba a su abuelo, siempre fue la niña de sus ojos, y no comprendía por qué, de repente, se sentía tan alejada de la historia de amor de sus abuelos.

—Estás muy guapa hoy —dijo Dani, intentando suavizar el momento.

Jennifer, como siempre, lucía impecable. Su melena ondulada caía hasta la cintura, su vestido ceñido resaltaba su figura, y sus discretos pero perfectos tacones completaban su look. Para ella, la imagen lo era todo, incluso en medio de una granja.

—Gracias —respondió Jennifer—. Tengo una cita esta noche.

—¿Así que es alguien que conozco?

—Steven —dijo, con una ligera sonrisa.

Daniela sonrió levemente. Steven Taylor era el mejor amigo de su hermano Hiram, conocía a Jennifer desde siempre. Estudiaba medicina y había elegido Austin para su residencia, cerca de su familia y de Jennifer, a quien pretendía formalmente.

—Estoy emocionada —añadió Jennifer—. Me invitó a Luiguis y luego a tomar algo.

Tomadas de la mano, caminaron hacia un área de despacho donde estaban descargando un camión con galones de leche recién traída de las granjas locales. Desde una esquina, Connor Young las saludó con una sonrisa. Jennifer pensó que su día no podía empeorar. Cada vez que Connor tenía oportunidad, intentaba acercarse.

—Me voy a la oficina —dijo Jennifer al verlo acercarse.

— Claro que no, sabes por qué se acerca. Intenta ser amable esta vez —le susurró Dani.

—¿Para qué tengo que ser amable con él? —respondió Jennifer, rodando los ojos.

—No seas engreída, Jennifer. Es un colaborador de la compañía y un hombre muy amable.

—A mí qué me importa.

—Hola, Connor. ¿Qué tal el trabajo? —saludó Daniela.

Connor se detuvo, quitándose el sombrero vaquero. Su camisa azul mostraba señales de desgaste, los jeans tenían una rotura en la rodilla, y sus botas completaban un look de ganadero auténtico. Su rostro fuerte, con una ceja partida y una pequeña cicatriz en el tabique, revelaban experiencias pasadas. Sus ojos oscuros estaban enmarcados por cejas abundantes y su altura superaba la de Jennifer por unos centímetros.

—Buenos días, señoritas —sonrió—. Todo bien, hoy este es mi segundo camión.

—Eso es estupendo, ¿verdad, Jenni?

—Sí, maravilloso —dijo Jennifer, revisando su reloj y acomodando su cabello. Connor no pudo disimular que estaba completamente cautivado por ella. —Si me disculpan, tengo cosas que hacer —dijo, girando con elegancia y alejándose.

Connor la siguió con la mirada, perdido por completo. Desde el primer momento que la conoció en una reunión de Sunrise, Jennifer había ocupado sus pensamientos y sus sueños. Cada día la veía más como la mujer de su vida.

—Es ahora o nunca, Connor. Tienes dos opciones: que te acepte o te rechace. Así te sacarás esa espina y podrás seguir con tu vida —le dijo Dani, sonriendo.

—¿De verdad creo que tengo oportunidad?

—No te tomaba por miedoso, Young.

—De eso nada, cuñada —replicó Connor, acelerando el paso hacia las oficinas.

****

Al dar la vuelta en una de las esquinas, Connor se encontró con Jennifer hablando con su hermano. Hiram Ross III discutía con ella varios asuntos de los despachos del día. Vestía casi igual que Connor, pero sin el agujero en los jeans, y su camisa era blanca con el logotipo de Sunrise.

—Connor, amigo, qué sorpresa —dijo Hiram al divisarlo cerca de ellos. Jennifer, por su parte, dejó ver una mueca de frustración y desvió el rostro para no tener que cruzarlo con el hombre. —Hoy es un buen día para ti, Young: dos camiones y tu producto es de la mejor calidad. Tenemos que hablar de negocios —comentó Hiram. —Espero que siga siendo un buen día —respondió Connor—. Hablaremos de lo que tú quieras, solo dame un minuto. ¿Jennifer, podemos hablar?

Ella dio un pequeño salto de impresión. “Por favor, no” se dijo para sí misma. Su hermano la miró fijamente y luego volvió a Connor, repitiendo la mirada tres veces antes de comenzar a reírse. Le dio un pequeño beso a Jennifer y palmeó el hombro de Connor:

—Me buscas cuando termines, ¿de acuerdo, amigo?

Jennifer miró a su hermano con ojos suplicantes, pero él no se dio por aludido y se alejó de inmediato. Connor, más que nervioso, se pasó la mano por el cuello y cambió el peso de un pie a otro varias veces.

—No quiero quitarte mucho tiempo —dijo, sonriendo de medio lado—. Quería invitarte a cenar conmigo este sábado.

—No —respondió Jennifer sin parpadear, mirándolo directamente a los ojos mientras ocultaba su decepción tras un rostro impasible—. ¿Para qué?

—Para conocernos —contestó él—. Entiendo que eres una mujer ocupada, pero a nadie le hace daño un poco de diversión.

—No me interesa divertirme —replicó ella—. Lo mejor es que mantengamos una relación solamente laboral.

Connor intentó hablar de nuevo, pero Jennifer se dio la vuelta sin siquiera despedirse.

Suspirando relajadamente, esperaba que al fin se hubiese quitado ese asunto de encima. Fue alcanzada en las puertas de su oficina por Daniela, que simplemente le dijo:

—Eres desagradable, ¿lo sabías, verdad?

Su hermana había presenciado todo, siendo testigo de cómo el corazón de Connor Young se hacía pedazos mientras Jennifer se alejaba.

—Deberías al menos avergonzarte —añadió Dani, antes de cerrar la puerta en la cara de Jennifer, dejándola muda ante la acusación.