Prólogo
Solo faltan cinco minutos para terminar este infierno llamado: Cálculo 1. Miro a Daniel, se está riendo junto a Bodric mientras esperan a que profesor guarde sus libros en la mochila. El resto del salón esperan a que Federico encuentre la sopresa que le espera adentro de la mochila.
—Estás funciones deberán estar resueltas para la próxima clase —indica Federico —. No quiero excusas.
Todos se quejaron de inmediato. No los culpo, jamás me han gustado las matemáticas, las detesto, tanto como aquella noche que mi padre me obligó a inscribirme en esta carrera, según el no podía seguir con mi vagancia.
Federico borra las gráficas que están en el pizarrón y toma sus marcadores para guárdalos. Todos nos encontramos en tensión, esperando a que el hombre pegue un salto al encontrarse su pequeña y adorable sorpresa entre su cosas.
Un grito recorre todo el salón y todos nos reímos de como Federico esta arriba de una mesa con una cara de pánico y muy tembloroso. De la mochila sale una rana que salta hasta donde se encuentra Lucrecia, la chica también empieza a gritar y ahora todo el lugar es un caos.
No logro detener mi risa, tampco ninguno de los que no le tenemos miedo a una inofensiva ranita. Daniel sigue grabando toda la escena de drama y comedia.
—¡Qué está pasando! —grita la directora Alba, una mujer muy misteriosa a mi parecer, aunque sabe de moda, se nota por su forma de vestir.
Daniel guarda su teléfono y evitamos seguir riéndonos. La rana se esconde al final del salón.
—Profesor, le pido que baje de esa mesa y me explique que está sucediendo aquí —prosigue y señala al piso —. ¿De quién es esta mochila?
Federico baja tembloroso y recoge la mochila.
—Es mía —traga grueso —. Alguien metió una rana en mi bolso.
Alba suspira, levanta unas de su cejas, tuerce su boca y dice:
—Puede irse, Federico. Hablaré con usted más tarde.
El hombre sale corriendo.
—¿Quién fue el gracioso que hizo esto? —pregunta molesta.
Nadie dice nada. Ninguno se delatará, al menos eso prometimos Daniel y yo cuando fuimos al río ayer por la tarde a buscar la rana. Bodric también lo sabe, se lo contamos unos minutos antes de entrar a la clase.
—Lucrecia, puedes bajarte de la mesa —indica Alba —, el animal ya no está por aquí.
La chica niega con su cabeza, sigue asustada, aunque comienzo a creer que es una exageración de su parte, es algo típico de ella, siempre quiere sobresalir. Las chicas siempre se burlan de ella, aunque la única persona que la soporta es Josh.
—Ya que Lucrecia no quiere bajar y nadie quiere decir nada, entonces, levantaré otro memorándum para esta promoción. Le recuerdo que esta es la segunda y a la tercera... —camina hasta el final del pasillo y le da una patada a la rana —. Bueno, todos serán suspendidos de esta universidad. Perderán su derecho de ingreso. En conclusión, no podrán estudiar más aquí.
La mujer camina hasta la puerta.
—Pueden irse, le pediré a algún conserje que saque esa rana de aquí —echa un último vistazo y se retira.
—¿Quién fue el idiota que se le ocurrió esta brillante idea? —reclama Lucrecia —. Estamos jodidos.
—Relájate, Lucrecia, no ha pasado nada —responde Daniel.
—No seas egoísta, Daniel —comenta Lara.
—No empieces Lara —dice Nory, su eterna rival.
Christian se levanta de su siento y exclama:
—¡Ya deténgase! ¡No podemos seguir discutiendo! De verdad, chicos, debemos de dejar estas bromas. Falta una semana para el evento y todo es un puto desastre.
—No creo que seas la persona indicada para decirnos eso, Christian —interrumpe Lara —. ¿Te recuerdo la razón del primer memorándum?
El chico aprieta sus puños y sale enojado del salón.
Todos nos quedamos callados, sin decir nada, sabíamos que la situación era grave, pero era momento de tomar decisiones.
—Andrew, necesitamos hablar —escucho a Lucía detrás de mí —. También con Daniel.
Quedo confundido al verla diferente, se ve un poco demacrada, no es la chica tierna que siempre venía temprano a clases con buen humor.
—¿Lucía? ¿Qué haces aquí? Creí que te ibas a ausentar unos meses.
—Bueno, creo que volveré.
—Es broma —siento que esta jugando conmigo —. ¿De verdad?
—Sí, a partir de mañana retorno a clases.
La abrazo con mucha fuerza. Necesitaba a mi amiga de vuelta.
—Solo debo decirte algo —siento que no le puedo mentir y debo decirle lo que esta pasando ahora.
—¿Qué sucede? —la siento nerviosa.
—Todo se está yendo al carajos, Lucía. Estamos a un paso de ser suspendidos. La promoción 96 está a punto de desaparecer.