Capítulo 1
El primer día de clases después de las vacaciones de verano, Noah Yoon dirige sus pasos al interior del colegio junto con Kai, su mejor amigo, y todas las miradas están puestas sobre él.
Mi mirada está puesta sobre él.
Desprende una elegancia que me deja sin aliento cuando pasa justo frente a mí. Ni siquiera sé si es consciente de la impresión que provoca, pero se asemeja a un modelo profesional en una pasarela. Aunque estoy segura de que Noah no tiene idea de esa industria.
Me encuentro en las jardineras del patio del colegio Antoine Revelles, Nicole está al lado mío y tampoco puede evitar seguir el recorrido de Noah, tan hipnotizada como creo que estoy yo. Pero él continúa con los ojos puestos al frente, enfocado en llegar al aula sin percatarse de todos los comentarios que las chicas hacen a sus espaldas.
—¿Quién es? —pregunta alguien con tono meloso, yo tengo que voltear boca abajo el libro de arte que estoy hojeando para girar y saber de quién se trata. Es Lola Ibáñez, una compañera del club de arte.
—No lo sé, tal vez sea nuevo —Su acompañante le responde enredando sus dedos en un mechón de su cabello anaranjado.
Y yo no puedo creer que no sepan que es Noah.
Sí, se ve diferente. Pero no considero que el verano haya cambiado tanto a alguien como para dejarlo irreconocible.
De todas maneras entiendo la emoción que provoca a su alrededor. Entiendo que el corazón se me detenga y que mi estómago albergue un ejército de mariposas moviéndose con desesperación. Porque, a pesar de que Noah Yoon me ha gustado desde el primer año, debo admitir que su nuevo look me gusta. Que se ve incluso más guapo que antes y que su porte me impide respirar. Por eso la pregunta de las chicas no me parece tan descabellada, aunque en cierto modo me ofende porque, para mí, él siempre fue un chico muy atractivo.
Noah se pierde entre los demás estudiantes al llegar a la parte trasera de la escuela, y deja un alboroto que no soy capaz de asimilar. Hay muchas preguntas cruzándose entre líneas, comentarios yendo y viniendo a través del aire. Pero yo no puedo hablar. No puedo sacarme su imagen de la cabeza. Estoy boquiabierta observando hacia el punto donde se desvaneció y lo único que me devuelve al mundo real es el movimiento que Nicole ejerce sobre mi hombro para llamar mi atención. Ella me sonríe, pícara, y levanta sus delgadas cejas rubias una y otra vez con afán de molestar. Sé que lo merezco, me encuentro tan embobada que podría reírme de mí misma si me viera en este estado.
—¿Quieres un bote para tu saliva? —Se limpia la barbilla con los dedos y no puedo evitar sonreír. Por inercia le aviento una servilleta que encuentro por ahí para disimular los nervios—. ¡Ay, solo bromeaba!
—No sé a qué te refieres —Devuelvo mi libro a la posición de antes en un movimiento ágil—. Y no estoy pidiendo una respuesta.
Lo aclaro porque Nicole quiere explicarse. Soy consciente de lo que va a decir, pero hay muchas personas a mi alrededor y no me apetece participar de la revolución que la presencia de Noah ha causado en media plantilla estudiantil femenina. Le digo a mis pensamientos que no tengo por qué sorprenderme, las personas no deben pensar que su nueva imagen ha cambiado mi opinión sobre él porque sencillamente no es verdad.
Se trata de él, de su personalidad y de sus buenos modales. Se trata de su esencia, no de algo tan superficial como su físico.
—Por favor, Isabella, no puedes decirme que no te gusta cómo se ve —Nicole susurra cerca de mi oído—. Hasta a mí me gusta cómo se ve.
Me limito a levantar las cejas en forma sarcástica y a asentir con la cabeza varias veces.
—Sí, se ve increíble —digo sin alzar tanto la voz—. Pero este es el momento menos indicado para hablar de Noah.
Nicole mira a su alrededor y se sorprende. No puedo creer que no se haya percatado del entorno y de las personas que la rodean. El escándalo que hay y las chicas que vienen llegando al colegio hace todo demasiado evidente.
—¿Soy yo o parece que nadie lo reconoce?
—Bueno, es entendible —Le respondo apoyando mi barbilla sobre mi mano derecha—. Antes del verano nadie habría reparado en él.
—¡No lo creo! —exclama una chica que, deduzco, pertenece a un grado menor—. ¡Parece un modelo asiático!
—Es todo lo bueno en esta vida —Le responde una de sus amigas y el grupo comienza a reír alto.
Yo frunzo el entrecejo porque su escándalo me aturde un poco el oído. Pero siento mi corazón encogerse cuando escucho los adjetivos con que lo describen, y con que lo siguen describiendo, las próximas veinte muchachas que se dirigen al interior del colegio para atender a su primera clase del día.
¿Así se sienten los celos?
Suspiro profundamente y devuelvo mi vista a las ilustraciones del libro de arte barroco que acabo de pedir de la biblioteca esta mañana. Durante la semana pasada, en mi momento más ocioso, estuve mirando videos sobre curiosidades de las pinturas clásicas y quedé tan enganchada que le pregunté a la señorita Francine, la encargada de gestionar la entrada y salida de los libros, si tenía algo que se le pareciera y me recomendó “Detrás de la pintura”. El autor hace algo parecido al chico de los videos, es muy interesante.
Me resulta incómodo tener la cabeza llena de pensamientos que hacen como abejas intentando salir de un panal con desesperación, no puedo desviarlos aunque lo intento al sumergirme en el contenido del libro que sostengo en las manos.
Quiero cuestionar las acciones de Noah porque me parece muy extraña su transformación repentina, quiero encontrar la motivación que le llevó a esto, pero me digo a mí misma que no me compete. Y es verdad. Quizá si en el pasado hubiera decidido fajarme los pantalones y hablarle de una vez por todas, la historia habría sido distinta. Quizá le habría podido preguntar mis dudas sin sentir que soy una intrusa.
Pero no somos amigos. Su círculo es más pequeño que cualquiera en el colegio, incluso que del club de ajedrez, y nadie está interesado en jugar ajedrez. Solo son Noah Yoon y Kai Brahms, que se identificaron en su momento por tener la misma nacionalidad y se volvieron inseparables.
Así que yo no tengo derecho de siquiera desear enterarme de lo que sucede en su cabeza.
Pero lo cierto es que no puedo tragarme las ganas de conocer sus razones. Antes de las vacaciones, él seguía siendo el mismo que los pasados dos años. Nadie reparaba en Noah Yoon. Nadie se expresaba de la manera en que las chicas lo hacen ahora. Nadie recordaba su nombre. Nadie, salvo yo, veía lo guapo que fue desde siempre. Un poco desaliñado, tal vez, pero no puedo comprender cómo es que hasta hoy la gente se percata de algo que siempre estuvo ahí.
Mi pecho comienza a doler un poco y me doy cuenta de que estoy apretando mi estómago con fuerza. Lo hago inconsciente, cuando me pierdo en mis reflexiones y esas reflexiones me comienzan a estresar.
Levanto mi vista del libro para desviar esos pensamientos antes de que la curiosidad me invada los sentidos y me doy cuenta de que solo estamos Nicole y yo sentadas en las jardineras. Todos los demás se fueron al sonar la campana, pero yo no la escuché.
—Bien, creo que ahora sí es momento de hablar sobre Noah Yoon —La voz de mi amiga me sobresalta, lo que me provoca sentir una punzada en el pecho debido a la sorpresa—. ¿Qué? La gente ya se marchó.
—Y nosotras también deberíamos.
—¿Qué piensas de su cambio? —Se apoya la barbilla en ambas manos abiertas antes de parpadear varias veces sin dejar de mirarme.
Suspiro por segunda vez consecutiva. No me queda más remedio que desahogarme con mi única fuente de confianza.
—Solo creo que es extraño. Pero me gusta, no puedo negarlo.
—Quizá decidió dejar de ser el chico invisible y aventurarse a expandir sus horizontes. Uno se cansa de siempre interpretar el mismo papel ¿no crees?
Me encojo de hombros. Aunque es una motivación razonable, no quiero hacerme conjeturas. No quiero pretender que le conozco cuando no es así.
—Igual le sentó increíble —Sonrío al recordar la forma en que acomodó su cabello. Siempre lo traía aceitoso y se le escurría como cascadas de agua por la frente. Pero ahora, lo había peinado sin poner más que solo spray, lo traía fresco y el olor que desprendió al pasar delante de mí me hizo saberlo—. Sea cual sea la razón por la que decidió esto, lo agradezco. Me encanta el nuevo Noah.
Nicole sonríe tan amplio que temo que sus mejillas se le vayan a reventar —su rostro es regordete y por eso se le nota más— pues adoptan un color rojizo por el esfuerzo que ejerce, pero no sucede nada grave. Lleva su cabello suelto con una diadema que le ayuda a descubrir su frente, siempre le envidié lo sedoso y brillante que es. A la luz del sol resalta mucho más el color rubio platinado con que le dotaron al nacer. Parece una princesa de cuentos de hadas.
—Pero tú no estás para saberlo, ni yo para contarlo —Señalo su rostro con mi dedo índice y le dirijo una mirada de advertencia—. ¿Está bien?
Nicole hace como que cierra su boca con una llave imaginaria y luego la avienta muy lejos. Yo le sonrío con satisfacción.
—¿Qué asignatura nos toca? —Le pregunto porque olvidé revisar el horario en la página web del colegio esta mañana y no sé a qué salón dirigirme.
Sin embargo, mi amiga se encoge de hombros sin responder. Pero yo sé que ella sí revisó el horario, me está tomando el pelo.
—Nicole —El tono que utilizo es como para llamar la atención de un niño distraído.
Ella me da a entender con ademanes que su boca está cerrada y que no puede responder a mi pregunta.
Qué manera de comenzar mi primer día de clases.