Prólogo

“A Pafnucio se le vino a la memoria una comedianta de gran belleza, llamada Thaïs, que vio en otro tiempo en el teatro de Alejandría. Aquella mujer se mostraba en los juegos y no temía entregarse a las danzas cuyos movimientos, acompasados con habilidad excesiva, recordaban los de las más horribles pasiones. También simulaba alguna de esas actitudes vergonzosas que las fábulas de los paganos prestan a Venus, a Leda y a Pasifae. Así abrasaba en el fuego de la lujuria a todos los espectadores, y cuando arrogantes jóvenes o ricos ancianos acudían, impulsados por el amor, a depositar flores en el umbral de su casa, ella los acogía y se les entregaba; de manera que al perder su alma, daba motivo de que se perdieran muchas almas”.
Anatole France, Thaïs, la cortesana de Alejandría, 1889.