Gárgolas sobre su Trasero

All Rights Reserved ©

Summary

Angie, una estadounidense de 20 años, escapa de su relación tóxica con Ethan durante un viaje sola a París. Hospedada en el elegante apartamento de unos amigos, compra lencería roja provocativa, abrazando su libertad. Su mente, alimentada por historias subidas de tono, evoca fantasías con amantes monstruosos. Paseando por Montmartre, descubre la iglesia gótica de Santa Thaïs, cuyas grotescas gárgolas parecen observarla. Una anciana extraña le advierte que detectan “almas hambrientas”. Esa noche, dos gárgolas vivientes irrumpen en su habitación, sus cuerpos de piedra y enormes penes aterradores y excitantes. Hablando en latín con insultos como luxuria (lujuria) y canicula (perra), la arrasan en una orgía surrealista y consensuada, cumpliendo sus deseos más oscuros. Abrumada por el placer y la vergüenza, Angie se entrega, transformando su cuerpo y alma. Al día siguiente, investiga la iglesia, descubriendo su origen en el siglo XIV y leyendas de gárgolas que castigan pecadores. Inspirada por el relato de Isabelle Boileau, liberada por el desenfreno, Angie se ve como una anti-Santa-Thaïs, emancipada por la lujuria. Termina con Ethan por mensaje y deja París empoderada, regalando una gárgola de recuerdo a sus anfitriones.

Genre
Erotica
Author
SofiEspo
Status
Complete
Chapters
4
Rating
4.0 2 reviews
Age Rating
18+

Prólogo

“A Pafnucio se le vino a la memoria una comedianta de gran belleza, llamada Thaïs, que vio en otro tiempo en el teatro de Alejandría. Aquella mujer se mostraba en los juegos y no temía entregarse a las danzas cuyos movimientos, acompasados con habilidad excesiva, recordaban los de las más horribles pasiones. También simulaba alguna de esas actitudes vergonzosas que las fábulas de los paganos prestan a Venus, a Leda y a Pasifae. Así abrasaba en el fuego de la lujuria a todos los espectadores, y cuando arrogantes jóvenes o ricos ancianos acudían, impulsados por el amor, a depositar flores en el umbral de su casa, ella los acogía y se les entregaba; de manera que al perder su alma, daba motivo de que se perdieran muchas almas”.

Anatole France, Thaïs, la cortesana de Alejandría, 1889.