ÉTER Y FURIA

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Summary

Esta no es una historia de amor perfecta.

Genre
Lgbtq
Author
ZRPJ2213
Status
Complete
Chapters
40
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1. ¿ QUIÉN ES ESE SEXY IMBÉCIL?

La universidad tenía un olor que no se iba.

No importaba cuántas generaciones pasaran por sus aulas ni cuánto intentaran remodelar sus espacios con pinturas nuevas o murales pretenciosos. Siempre olía igual. A humedad envejecida, a sudor mental y café frío. A pretensión y cansancio. Como si los muros mismos hubieran aprendido a absorber el eco de todos los que fingían estar bien.

Nadie decía en voz alta que quería desaparecer. Pero muchos lo pensaban.

Jimin, por ejemplo, lo pensaba todos los días.

Ese martes, el cielo amaneció encapotado, con ese tono gris plomo que parecía arrastrar las emociones hacia el fondo del pecho. El pasillo principal que dividía la facultad de danza y la de fotografía tenía más tránsito del habitual. Caminaba con los audífonos puestos, sin música, solo para fingir que no escuchaba a nadie. Llevaba un café en la mano, aunque hacía rato que había dejado de estar caliente. No tenía prisa. Tampoco ganas.

Sonreía solo cuando era necesario. Cuando el mundo lo exigía.

Por eso, cuando pasó frente al grupo de escultura y alguien le gritó algo entre halago vulgar y burla, solo esbozó esa risa de catálogo, esa que sonaba perfecta pero ya no tenía raíz en él. Sabía cómo fingir. Era su superpoder.

Y aun así, algo -alguien- lo sacó de su piloto automático.

Fue un golpe. No particularmente violento, pero sí directo. El impacto lo sacudió, le hizo apretar el vaso de cartón con más fuerza, y un par de gotas de café escaparon sobre sus dedos. El cuerpo entero se le tensó, no por el dolor, sino por el susto.

Estuvo a punto de soltar un "¿estás bien?", ese reflejo amable que nace en quienes han sido heridos tantas veces que aprenden a cuidar incluso cuando los empujan. Pero se contuvo.

Porque ya lo estaban mirando.

El otro chico ni siquiera se inmutó. Lo observaba sin disculpa alguna, con una expresión que desafiaba las reglas sociales más básicas. Chaqueta oscura, cabello desordenado, mirada tan cruda que parecía ir más allá de la piel. No se movió. No pidió perdón. Lo escaneó de arriba abajo con la misma naturalidad con la que otros parpadean. Como si fuera culpa de Jimin por haberse cruzado en su camino. Como si ese pasillo, ese día, ese momento... le pertenecieran.

-Podrías mirar por dónde vas -murmuró Jimin al fin. No sonó agresivo. Pero no era cortesía. Era defensa.

El otro se le quedó viendo un segundo más.

-Podrías no estorbar -respondió, con un tono plano, sin molestia, sin juego.

Y siguió caminando.

Jimin no se movió. Se quedó de pie, inmóvil, con las gotas de café secándosele en los dedos y la piel aún vibrando del roce. Como si el breve contacto hubiese dejado una marca invisible que le ardía desde dentro. Lo observó alejarse con esa sensación que uno tiene cuando un extraño se le instala bajo la piel sin pedir permiso.

¿Quién carajos era ese sexy imbécil?

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Veinte minutos más tarde, estaba en clase de técnica contemporánea. Taehyung hablaba como siempre: rápido, caótico, saltando de una idea a otra.

-Y te juro que dijo que su performance se basaba en "la memoria del agua" -soltó entre risas, agitando las manos como quien cuenta una leyenda urbana.

Jimin fingió reír. O lo intentó. Sonrió lo suficiente como para que no sospechara, pero no tanto como para convencerse a sí mismo. Llevaba todo ese tiempo mirando hacia la puerta del aula como si esperara que alguien -él- entrara.

No sabía su nombre. No sabía de qué carrera era. No sabía nada.

Pero lo sentía aún sobre la piel.

Como una carga estática que no desaparecía.

---

La noticia llegó con la naturalidad de lo inevitable.

-Hay fiesta esta noche -dijo Yoongi, dejándose caer sobre una colchoneta en la sala común, con su aire de eterno aburrido-. En la casa abandonada del callejón. Los de escultura, fotografía, teatro... los más intensos.

-Paso -respondió Jimin con rapidez.

Pero fue.

No por la música. Ni por las luces estroboscópicas. Ni por el alcohol ni los cuerpos danzantes. Fue por si él estaba ahí.

No lo dijo en voz alta. Pero lo sabía.

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La casa estaba a punto de desmoronarse. Literalmente.

El techo parecía sostenerse por milagro, las paredes descascaradas tenían grafitis superpuestos, y el suelo crujía con cada paso como si protestara por las pisadas. Olía a marihuana, a sudor, a cerveza tibia y juventud decadente. La música era electrónica y demasiado fuerte. La luz cambiaba con violencia. Todo estaba exactamente como una fiesta universitaria clandestina debía estar.

Jimin se movía entre la gente como flotando. Saludaba con esa sonrisa suya que lo mantenía a salvo, que lo hacía parecer parte de todo, aunque no se sintiera parte de nada.

Y entonces, lo vio.

Apoyado contra una pared, con una botella en la mano. Camiseta negra, jeans rotos, la mandíbula tensa. Lo miraba. No como si lo reconociera. Como si lo hubiera estado esperando.

Los ojos de Jimin se clavaron en los suyos.

Todo lo demás desapareció.

Sintió que el corazón se le encajaba en la garganta. Que el cuerpo no le respondía. Que el aire era otro. Quiso darse la vuelta, irse. Pero no lo hizo. Bebió. Demasiado.

Y entonces empezó a bailar.

No para disfrutar. Sino para callarse.

Se dejó llevar por el ritmo, por el humo, por los cuerpos. Cerró los ojos. Fingió desaparecer.

Pero incluso así, sentía que él lo miraba.

---

Los gritos llegaron como una bofetada.

-¡Policía!

La música se cortó. Una botella se rompió contra el suelo. El caos estalló. Gente corriendo, empujando, gritando. Jimin intentó moverse, pero no vio a Taehyung ni a Yoongi. Malditos. Seguro ya habían escapado. Se tropezó con alguien, cayó de rodillas.

-¡Por aquí!

La voz lo atravesó.

Él.

Lo tomó del brazo con fuerza y lo arrastró por una salida trasera que parecía sacada de una película de terror. Bajaron por una escalera medio rota, cruzaron un patio lleno de maleza, escalaron una reja. Corrieron dos cuadras. Jimin apenas podía respirar. El otro parecía no sentir el cansancio.

Se detuvieron en una calle sin faroles.

Jimin jadeaba, con las manos en las rodillas. El otro encendió un cigarro, como si acabaran de salir a tomar aire y no de escapar de la policía.

-¿No sabes correr? -preguntó sin mirarlo, con esa voz ronca que parecía hecha para desarmar.

-No suelo robar como excusa para hacerlo.

Una media sonrisa se le escapó.

-Se gana bien como asaltante -respondió.

Silencio.

Jimin lo miró de lado, el pulso aún en la garganta.

-¿Cómo te llamas?

Él exhaló el humo lentamente, como si decidiera si valía la pena contestar.

-No te importa.

Y se fue.

Jimin lo vio alejarse.

Sintió un escalofrío que no venía del frío.

Ese tipo era un problema.

Y él quería más.

¡Hola! Aquí empezamos de nuevo.

Estoy un poco ansiosa por compartir Éter y Furia contigo; está escrita entre mi deseo de que la leyeras y mis ganas de no compartirla con nadie. 🙃 Pero algo tan lindo no podía no salir a la luz (lindo para mí), así que te la vengo a entregar.

Vamos a aclarar que esta persona (yo) no es escritora profesional, ni nada relacionado con hacer una historia perfecta. Sin embargo, disfruto mucho de poder hacerlo.

En mis borradores, Éter y Furia ha llegado a su fin, así que estaré actualizando todos los días.

Por favor, disfrútala.

Si tienes alguna duda, pregunta o comentario, soy muy feliz de leerte y responderte.

Gracias por estar. 🫶🏻✨️