Chapter 1
En medio de un campo, una agradable tarde de primavera, dos niños jugaban juntos. Naruto, alegre, divertido, siempre sonriendo, tenía cinco años y era el más travieso de todos los de su edad. Su mejor amigo, Sasuke, era todo lo contrario a Naruto; aun teniendo la misma edad, era muy inteligente y talentoso. No tenía muchos amigos, pero con Naruto sentía que era más que suficiente. Para él, Naruto era su luz.
—Sasuke —dijo Naruto.
—¿Qué pasa, Naruto? —le respondió Sasuke.
—¿Nosotros seremos los mejores amigos para siempre, no? —le dijo Naruto con su deslumbrante sonrisa. Sasuke no pudo evitar sentirse feliz con lo que escuchó y, sin poder evitar sonreír, le contestó:
—Por supuesto, Naruto.
Naruto sonrió mucho más.
—¡Jajaja! ¡Entonces es una promesa, Sasuke! —Le extendió su meñique para hacer un juramento. Sasuke, viendo su mano extendida con su meñique, le correspondió.
—Jeje, qué tonto —Así, los dos niños siguieron jugando, con una promesa que duraría, pero no para siempre.
Después del juramento del meñique, los niños siguieron jugando. Pocos minutos después, Kushina Uzumaki, la mamá de Naruto, y Mikoto Uchiha, la madre de Sasuke, los llamó para la merienda.
—¡Naruto! ¡Sasuke! ¡Vengan, es hora de la merienda! —gritó Kushina, con una sonrisa dulce.
—¡Ya vamos, mamá! —le respondió Naruto emocionado.
—Sasuke, vamos, te hago una carrera.
—Ja, te veo allá, Naruto —dijo Sasuke, arrancando antes de que Naruto pudiera reaccionar.
—¡Sasuke, me lo pagarás! —exclamó Naruto, persiguiéndolo con una risa.
Al llegar al área de picnic, encontraron a sus padres ya sentados sobre una manta extendida en el césped. Minato Namikaze, el Cuarto Hokage, padre de Naruto, y Fugaku Uchiha, padre de Sasuke, los esperaban. Junto a ellos, Itachi Uchiha, el hermano mayor de Sasuke, leía un libro tranquilamente.
—¡Papá! —exclamó Naruto al ver a Minato.
—¡Itachi-niisan! —dijo Sasuke, acercándose a su hermano.
Los niños se sentaron rápidamente, ansiosos por la comida. Kushina y Mikoto les sirvieron onigiris y té.
—Estos dos son inseparables —comentó Kushina, observando a los niños devorar sus onigiris—. Me pregunto si de mayores seguirán así de pegados.
Mikoto sonrió suavemente.
—Quién sabe, Kushina. Quizás terminen siendo los mejores ninjas del mundo, o... algo más —dijo, con una mirada cómplice a su amiga.
Minato rio.
—Con la energía de Naruto y la cabeza de Sasuke, no me extrañaría que conquistaran el mundo. O al menos, que Naruto arrastre a Sasuke a todas sus travesuras.
Fugaku asintió, una sonrisa sutil asomando en sus labios.
—Sasuke necesita alguien que lo saque de su seriedad de vez en cuando. Naruto es bueno para eso.
Itachi, levantando la vista de su libro por un momento, observó a su hermano menor y a Naruto.
—Sasuke parece más feliz cuando está con Naruto —dijo, su voz tranquila y observadora.
Minato suspiró, disfrutando del momento.
—Es bueno tener estos momentos de paz. Con todo lo que sucede en la aldea...
Kushina tomó su mano.
—Sí, pero nuestros hijos nos recuerdan por qué luchamos por esa paz.
La tarde transcurrió entre risas, historias y la promesa silenciosa de que, en ese momento, todo estaba bien en su pequeño mundo.