Prólogo
La sangre estaba por todas partes.
La sentía caliente en sus manos, empapando su vestido. La sentía dentro de su boca mientras corría todo lo rápido que podía, hasta que las piernas le dolieron y los pulmones le ardieron como si estuvieran a punto de estallarle dentro del pecho. Y, aun así, siguió corriendo. Sus pies se tropezaban con las raíces que salían sobresalientes y su vestido se enganchaba con las pequeñas ramas de los arbustos.
Estaba rodeada. Había setos por todas partes y parecían salir delante de ella entre un parpadeo y otro.
Su pie se enganchó de una raíz y cayó al suelo con un fuerte golpe que le sacó el poco aire que le quedaba en los pulmones. Se giró y entonces lo vio. Era un ser sin forma, apenas una sombra en la oscuridad de la noche. Estaba cerca, muy cerca... Intentó levantarse, pero sus piernas no le respondían. Cerró los ojos y sintió su aliento caliente en la cara, tan tan cerca...
Y gritó.