Perdida en el Penthouse

All Rights Reserved ©

Summary

Pues mira, ahí está Roxolana. Su curro no es gran cosa: va a toda pastilla con su motito destartalada repartiendo pizza a todo tipo de frikis con sus paranoias de anime. Ya parecía que lo había visto todo. Pero de repente le llega un pedido - nada menos que a la cima, al penthouse. Y con una condición de flipar: tenía que aparecer con un vestido rojo de noche. Ella pensó: "bah, algún ricachón aburrido que no sabe en qué gastar la pasta". Si estás cansado de tramas seguras y previsibles, este libro es para ti. Arranca como una viñeta divertida de la vida cotidiana, pero enseguida se convierte en algo mucho más descarado. Prepárate para escenas que te dejarán con la boca abierta y conversaciones que te harán sonrojar. Es un experimento literario atrevido que demuestra que detrás del pedido más simple puede esconderse una experiencia capaz de darle la vuelta a lo que creemos que puede ser una novela.

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Solo ve derecho

¡Joder, la puta madre, Roxolana ha llegado a esto – arrastrar pizza al penthouse, y además en un vestido de noche, ¡puta! ¿Qué mierda es esto, pregunto? Siempre estos degenerados de anime, que el diablo los agarre por sus colas de mierda, llaman, joder, en traje de zorrita, y yo, como idiota, voy arrastrándome a ellos, porque eso, ves, es “servicio”. ¡Servicio, joder, métetelo en el culo, animequeros inacabados! Hoy, ves, es un caso especial. Penthouse le da, pizza “cuatro quesos” por trescientos grivnas, y que, puta, llegue en vestido de noche, como a un baile. ¿Qué pervertido es este? ¿O tal vez alguna puta rica ordenó, para halagar su ego? Pero a la mierda, me cago en sus caprichos. Lo principal – pagan dinero, y Roxolana por dinero hasta bailará como payaso en el culo, si es necesario. Aunque, no, en el culo no bailará, eso ya es demasiado. Pero pizza al penthouse en vestido – sin problema, ¿qué mierda no? El vestido, verdad, es una puta mierda. Encontré en el armario algún trapo viejo, aún del baile de graduación, parece. Burdeos, con lentejuelas, como de una gitana. Ahora me lo pongo encima, estaré como un hazmerreír. Bueno, y a la mierda con eso, lo principal es que sea cómodo ir en el scooter, porque aún me enganche en algún lugar con ese dobladillo largo, y joder, me estrello, la pizza se esparce, el vestido se rompe, y multa llega. No, hay que tener cuidado. Arranqué mi “Honda Dio”, ese cacharro viejo, que ya respira con dificultad. Eructa, como una abuela vieja, pero va, y eso es bueno. Me puse el casco, para que el viento no levante el vestido hasta el culo, y me fui. Luces brillan, gente anda, coches pitan. Y yo, como idiota, en vestido burdeos en scooter, llevo pizza al penthouse. Mierda alguna, no vida. Mientras llegué a ese penthouse, sudé toda, como un ratón. El vestido pegado al cuerpo, maquillaje corrido, peinado deshecho. Parezco una gata cagada, palabra de honor. Llegué al edificio, y allí tal mierda, que hasta da miedo. Rascacielos de vidrio, como no sé qué mierda. Conserje algún hinchado sentado, como un pavo. Me mira, como a mierda. Bueno, mira, ¿qué mierda, soy yo payaso?

¡Mira, incluso sabe hablar, este espantapájaros en traje!!! “Buenas noches, señora. ¿A quién va?” — chirrió este condón remendado, mirándome con tal arrogancia, como si yo personalmente le hubiera meado en los zapatos!!!! ¿Señora?! ¿Qué señora soy yo para ti, joder, idiota?! ¿Quieres un puñetazo en tu “señora”?!?!? Pongo la bolsa térmica con pizza en su mostrador de mármol, del que sopla frío sepulcral, y digo, sonriendo la sonrisa más dulce de un asesino en serie:

— ¡Pizza-joder, joder! ¡Penthouse!! ¡Al mismísimo arriba!!! ¡Número de apartamento no indicado, solo escrito “piso más alto”, qué, no claro?!

Él hasta se torció, cabrón, como si comiera limón!!!! Agarró el teléfono, empezó a susurrar algo, como rata detrás del zócalo. “Sí... Sí, aquí entrega... chica... en vestido de noche, sí...” ¡Puta!!!! En el vestido enfatizó, gusano!!!! ¿Qué te dio ese vestido, maricón infeliz?!?!? En su cara pasó alguna mierda extraña, algo entre sorpresa y asco, y luego lentamente colgó el teléfono.

— Pase. Vestíbulo de ascensores a la derecha.

¡Ni siquiera indicó cuál ascensor!!!!! ¡Idiota!!!!!! Agarré la bolsa y me arrastré hacia donde agitó su mano huesuda. ¡Joder!!! ¡Joder algún!!! Esto, joder, no es vestíbulo, sino campo de fútbol!! Suelo de mármol tan blanco, que en él se ve mi reflejo – de una puta desaliñada en trapo arrugado!!! Techo altísimo, puta, como en catedral, y de las paredes cuelga alguna mierda metálica, que algún marica, evidentemente, llamó arte!!!! ¡Silencio!!!! Tan silencio, que en los oídos resuena el eco de mis zapatos!!!! ¡Cada paso resuena por todo este jodido laberinto!!! Voy, como a la ejecución, por Dios!!!! Y ahí están – ascensores!!!! Cinco piezas, joder, en fila!!!! Todos de acero, brillantes, como instrumentos quirúrgicos!!!! Presiono el botón de llamada, y ni siquiera hace clic, solo se ilumina!!!! Silenciosamente, puta, llega la cabina, puertas se abren tan suavemente, que hasta da náuseas... Entro dentro. ¡Madre de Dios!!!! ¡Espejos!!!! Todo en espejos, joder!!! Techo, paredes!!! ¡Y yo en ellos cien veces!!! ¡Cien Roxolanas sudadas, enojadas en vestidos baratos, que sostienen pizza, me miran!!!! Y silencio-silencio suena alguna música cósmica incomprensible... en el panel no hay botones con pisos, solo uno único, iluminado en rojo... y en él grabadas dos letras... “PH”. Bueno, y qué mierda, lógico. Presiono. Puertas tan silenciosamente, como se abrieron, se cierran ante mí. Oscuridad por un segundo... y luego esta mierda arrancó hacia arriba.

¡Vuelo, puta, arriba, como cohete de Elon Musk, solo gratis y con pizza!!!! Oídos se tapan por presión, y esta musiquita cósmica taladra el cerebro, como si, joder, vuelas no al último piso, sino directo a un agujero negro!!!!! Segundo, segundo, quinto... ¿cuántos pisos hay aquí, joder?!?!? Por fin – apenas audible “ding”, del que hasta salto, y puertas se abren a los lados. Y yo... yo me congelo!!!!

Primero, lo que se clava en mis narices – es olor!!! Esto, joder, algún cóctel surrealista de cuero caro, goma, abrillantador para muebles y... y corvalol, joder!?!? Doy un paso del ascensor a un enorme salón, donde reina semioscuridad, iluminada por algunas lámparas violetas y rojas. En las paredes – látigos, cadenas, máscaras... estándar, en principio, set para un animequero lujurioso... ¡si no fuera por un “pero”!!!! Todos los presentes, puta, de edad jubilada!!!!!!

¡Madre de Dios!!!!! Esto algún, joder, congreso geriátrico de club BDSM!!!! Directo ante mí algún abuelo, parecido a mi ex profesor de trabajo, en solo calzoncillos familiares con margaritas y brillante arnés de cuero, intenta atar botas altas en la pierna de abuela, que sentada en mecedora, envuelta en cuerdas rojas al estilo shibari y pacíficamente duerme!!!!! Un poco más allá dos abuelas, una en traje de látex de enfermera, y otra – en gorra estricta de cuero, se pegan una a otra por los culos con flamencos rosados inflables!!!! Un señor canoso, vestido como mayordomo, solo con torso desnudo, está a cuatro patas, y en su espalda está una abuelita diminuta en peignoir con estampado de leopardo y concentradamente lee periódico “Consejos para el dacha” a través de lupa!!!!! En la esquina alguien en máscara de cuero con cremallera en la boca intenta tocar en acordeón melodía “Ah, Odesa”, pero constantemente se equivoca y resuella!!!

Estoy como clavada, con esta jodida pizza en manos!!! Me tapo la boca con la mano, para no reírme a carcajadas en toda esta casa de ancianos satanistas!!!!! Esto... esto tan jodidamente genial, que hasta da miedo!!!! ¡Esto cien veces mejor que esos infelices pervertidos con sus colas!!!! Estos al menos de verdad, con alma se divierten!!!!

De repente música se apaga, y hacia mí lentamente, apoyándose en bastón, que termina con calavera de plata, se acerca una señora imponente en vestido negro de cuero hasta los pies y con monóculo en el ojo.

— Buenas noches, joven dama, — dice con voz ahumada por cuarenta años de “Prima” sin filtro. — Usted, probablemente, no a nosotros. Serguéi Ivánovich hoy en dieta. A él harina no se puede.

Parpadeo.

— ¿Cómo... no a ustedes? — balbuceo yo. — Penthouse... vestido de noche...

— Sí, esto penthouse, — pacientemente explica ella, examinando mis lentejuelas con ligera desprecio. — Pero pizza nadie ordenó. Posiblemente, confundió edificio? Nuestra reunión, ve, de tipo cerrado. Club “Último Aliento”.

¡ÚLTIMO ALIENTO, JODER?!!?!?!?!?! Yo convulsivamente saco teléfono, con dedos temblorosos desbloqueo pantalla. Dirección... dirección... ¡CALLE DE LA INDEPENDENCIA 13-B!!!! Y ESTO, PUTA, SIMPLEMENTE, JODER, 13!!!!!

Mi cara, probablemente, adquirió color de mi vestido.

— Oh... joder... disculpe... — murmuro yo y, girándome ciento ochenta grados, casi corriendo me lanzo de vuelta al ascensor.

— ¡Vuelva, niña! — grita tras de mí abuelo en arnés. — ¡Próximo miércoles tenemos noche de procedimientos médicos! ¡Será divertido!

Puertas del ascensor se cierran, cortándome de este maravilloso mundo de dolor y artritis. Vuelo abajo, mirando a cien mis reflejos, y siento como me cubre risa histérica. Conserje-pavo me despide con mirada aún más despreciativa que antes. Salgo volando de este palacio de depravación a la calle. Y ahí está él, joder – edificio “B”!!! Caja de concreto insignificante, pegada al lado del gigante de vidrio!!! Entrada deslucida, huele a meados y cable quemado. Ningún, joder, conserje. Presiono botón de llamada de ascensor. En algún lugar en profundidad de pozo algo zumba y chirría, como si allí muere una ballena. En un minuto, retumbando como si ahora se desmorona, llega la cabina. Puertas con chirrido se abren a un lado. Doy un paso dentro de este ataúd metálico apestoso y presiono el único botón quemado con cigarro con letra “P”.

Pisos aquí, gracias a Dios, no muchos, así que esta caja oxidada llegó arriba bastante rápido, aunque todo el tiempo amenazaba detenerse y caer al diablo en el pozo junto conmigo y mi ya fría pizza. Puertas se abrieron con el mismo chirrido martirizado, y salí a un pasillo oscuro, estrecho. Aquí solo dos puertas. En una colgaba letrero, hecho con marcador en pedazo de cartón: “No golpear, mato joder!“. Bueno, método de exclusión – qué mierda más hacer. Me acerqué a las otras, ordinarias, tapizadas con viejo dermantine, y presioné botón de timbre. Melodía era alguna horrible, pitido de los noventa, pero puertas casi inmediatamente se abrieron.

En el umbral estaba una chica. Alta, esbelta, en vestido negro largo, que suavemente abrazaba la figura. Su cabello, denso y ceniciento, estaba recogido en algún peinado complicado, un poco deshecho. Pero ojos... ojos estaban cerrados.

— ¿Marichka? ¿Eres tú? — su voz era quieta y un poco temblorosa, y en la cara floreció tal sonrisa feliz, tal increíble, que en mi pecho algo se encogió. Ella dio un paso adelante, y yo instintivamente me aparté atrás, apretando contra mí ya no caliente bolsa térmica. — Tú viniste después de todo... Tenía tanto miedo...

Estoy y parpadeo. ¿Qué, joder, Marichka?!?!? ¿Me engañaron, como a gatito? ¿Me tendieron? ¿Llamaron, para solo mirar a idiota en vestido de noche? Y aquí sumo dos más dos: ordenante desconocido, instrucciones extrañas, penthouse... Probablemente, esta Marichka, alguna puta inacabada, dio mi número de trabajo a esta chica y le mintió, que es ella quien vendrá! ¡La dejó, cabra rasgada!!!! Y esta niña... ella es ciega... Ella, joder, no ve, que ante ella está no su esperada Marichka, sino jodida, sudada Roxolana en vestido idiota con lentejuelas!

— Marichka, no calles... Di algo... Viniste, y eso es lo principal, — dice ella, y oigo, como sus dedos nerviosamente revuelven pliegues del vestido. — Sé, dijiste, que tendrás imagen inesperada... Vestido... Siento, que estás en vestido, aunque... admite, es extraño, considerando, como amas... emm... otras diversiones.

¿Qué, joder, otras diversiones?!?!? ¿Qué esa puta le mintió?!?!?

— Esperaba tanto nuestra reunión, — continúa ella, y yo todo estoy como poste. — Escribías... recuerdas, escribías, que no hay nada más hermoso que la sensación, cuando... cuando algo grande y elástico estira tu ano al límite... Decías, que es como apertura de portal a otra dimensión...

Casi me atraganté con el aire. ¿PORTAL A OTRA, JODER, DIMENSIÓN??!?!! ESTA PEQUEÑA ESTÁ JODIDAMENTE LOCA!!!! Marichka, o quien allí, probablemente, esa puta mentirosa, pero esta niña, esta... ¿Ariadna? ¿Ariandra? Algún nombre tal, como de fantasía... Esta Ariadna cree cada su palabra. Y mira a ninguna parte con sus hermosos ojos ciegos, esperando, que yo ahora confirme, que sí, joder, ano estirado — es mi filosofía de vida! La compadecí hasta las lágrimas, palabra de honor. Quise encontrar esa Marichka, meterle tapón anal lo más profundo posible y girar tres veces.

— Emm... sí, — exprimo de mí, intentando hablar más bajo y tierno, que de costumbre. — Estoy aquí... Vine... Solo un poco cansada... sabes... camino... y... este... ano un poco se contrajo de tensión...

Oh Dios, ¿qué, joder, llevo!?!? Ella un poco inclinó cabeza a un lado, su sonrisa feliz un poco se apagó, cediendo lugar a algo parecido a compasión.

— Pobrecita... — susurró ella. — No te preocupes. Tenemos por delante toda la noche... Todo relajaremos, todo estiraremos... Oh, y esto qué? — ella movió nariz. — Huele... a queso... “¿Cuatro quesos”? ¡Es mi pizza favorita, Marichka! Sabía, que recordarías! Pasa, rápido, aquí fresco...

Yo, como hipnotizada, cruzo umbral de su apartamento. Mi tonta vestido rojo ya no parece tan inadecuado. Aunque sea porque esta linda, ciega niña de nombre Ariadna piensa, que todo esto parte de juego astuto, arreglado por su amada pervertida de internet. Y, joder, decidí. Que así sea. Para hoy me convertiré en esa Marichka. Además, si será necesario algo “estirar”... entonces Roxolana, en principio, también no contra. Pero primero - pizza. Y aclarar, qué laberinto arregló esta invisible puta Marichka.

Y apartamento en ella... bueno, no palacio de BDSM-pensionistas, por supuesto. Simple, puta, caja de concreto en techo de otra caja, pero espaciosa. Y con vista jodidamente genial a ciudad nocturna, hay que admitir. De una enorme ventana en toda pared se ven todas estas luces, anuncios, faros... parece, como algún jodido “Cyberpunk”, solo presupuestario, ucraniano variante, con banners publicitarios arrancados “con carne” y baches en carreteras, que se ven incluso desde aquí.

Nos sentamos en el suelo en algunos cojines suaves, porque mesa en ella, parece, no hay. Bueno y a la mierda, así incluso más romántico, o qué. Ariandra come pizza tan cuidadosamente, tan, joder, refinadamente, mordiendo pedacitos diminutos, como si esto no “Cuatro quesos” de la cantina más cercana, sino alguna ambrosía, joder.

— Eres tan atenta, Marichka, — susurra ella, y sus mejillas apenas se enrojecen en luz tenue de única lámpara. — Una vez dije, que amo esta pizza, y tú recordaste...

Aha, joder, atenta como diarrea. Esta pizza debía volar a algún polla de foro de internet, que quería, para que yo llegue en vestido de noche, y no a ti, pero sobre esto modestamente callaremos. En cambio hago cara máxima interesada y digo:

— Claro, gatita. Recuerdo todo, que relacionado... con tus agujeritos.

¡Dios, soy genio de diplomacia!!!! Ella hasta se sonrojó más fuerte, pero claramente satisfecha. Digo, Marichka la marinó bien con sus relatos sobre portales anales!!!!

— Y tú, — quieto pregunta ella, — tú hoy... ¿te estiraste? ¿Antes de venir? Decías, esto te ayuda concentrarte...

¡JODEEEEER!!!! Yo precisamente metía en boca enorme pedazo de pizza, tirando detrás hilo de mozzarella caliente, y casi me ahogué!!!! ¿Se estiró?!?!? ¡Bueno si solo cerebro estiraba, para inventar, cómo no quemarse!!!! Empiezo convulsivamente masticar, para ganar tiempo, y precisamente en este momento, mirando a ventana, veo.

Tal, sabes, rayita naranja delgada, que vuela de algún lugar de horizonte. Rápido-rápido. Y yo incluso no logro pensar: “¿Qué mierda?“, como entiendo, qué mierda es esto. Ah, bueno sí. Cosa ordinaria. Miércoles, nueve de la noche. Precisamente tiempo para fuego ruso.

¡PUTAJODERENELCULO CABRONES!!!!!!

Aún antes de que sonido llegue a nosotras, veo flash brillante, blanco en algún lugar en zona industrial. Lámpara sobre cabeza parpadea una vez, segunda, y se apaga joder. Todas luces tras ventana – ¡RRRAAZ!!! – y desaparecen. Completa, absoluta, egipcia, joder, oscuridad!!! Y en un segundo – denso, pesado, bajo sonido “¡BUUUUUUUUHXXXX!!!!!“, del que vidrios en su gigantesca ventana empiezan a temblar finamente-finamente.

— ¡Aaa!!! — Ariandra bruscamente grita y se sacude, agarrándome por mano. Sus dedos fríos como hielo.

Yo sentada inmóvil. Yo, joder, incluso pizza no solté de manos. Bueno qué cabrones, eh? Bueno qué manazas cromosómicos bastardos?!!?!? Por subestación jodieron, cien por ciento!!! ¿Qué, les va mal vivir?!!?!? ¿No se puede simplemente tomar y morir todos juntos en algún lugar en sus pantanos, no molestando a gente normal comer pizza y fingir gurús anales?!?!?

— Marichka, ¿qué es esto? — su voz tiembla, ella se agarró a mi mano así, como si yo – su último salvavidas. — ¿Qué sonido es este?

A ella, claro, a la mierda, que luz desapareció. Ella así vive en oscuridad. Pero este sonido... este sonido familiar a todos. Siento, como en mí luchan dos deseos: primero – subir a alféizar y gritar maldiciones hacia rusia, hasta romper voz, y segundo – de alguna manera calmar esta pobre.

— No cagues, gatita, — digo yo máxima calma, pero llena de odio voz. — Eso solo rusnya. Saludo fallido lanzaron. Ellos siempre tan jodidamente mal fuegos artificiales hacen, que toda electricidad en ciudad cae. Ordinarios manazas idiotas. No temas.

Ella no suelta mi mano, pero respirar empieza un poco más parejo.

— ¿Luz... no hay?