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Summary

Compilación de historias de femboy en sus años dorados. Escrito con cariño para todos los femboys que tienen miedo a ponerse como el vino 😘

Status
Complete
Chapters
6
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n/a
Age Rating
16+

El profesor

Era un día soleado en el instituto “Porvenir”, una prestigiosa escuela donde se impartía educación de calidad a muchas jóvenes promesas. Tenía profesores dedicados a sus estudiantes y altos estándares académicos.

Se acercaba el 14 de febrero, Día de San Valentín y cada curso estaba preparando una actividad especial para ese día. No es que fuera una fecha muy importante, pero era la fecha que el director dio permiso para hacer un festival, así que los estudiantes lo iban a aprovechar.

En uno de esos cursos se encontraba el profesor de historia, Miguel Leiva, un profesor muy inteligente y comprensivo con sus estudiantes, estaba casado hace 15 años con su querida esposa Sara y tenía una hija de 12 años llamada Gabriela.

Era un hombre mayor pero muy femenino, era delgado, siempre afeitado al ras, su cabello era largo y sedoso, ojos verdes que se podían apreciar detrás de sus gafas, casi siempre usaba pantalón de vestir, camisa y un cardigan, lo que le daba un aire elegante. Era el profesor más querido del instituto.

Sus estudiantes estaban votando que actividad hacer para el festival del amor. Las opciones eran: Una casa de terror, un café de maid o un show de magia. Estaban discutiendo hace media hora y no lograban llegar a ningún acuerdo. El profesor estuvo esperando que llegarán a algún acuerdo, pero como las conversaciones no llegaban a ningún lado, se levantó del escritorio y habló.

-¡Chicos, chicos! No vamos a llegar a ningún consenso si no votan por algo. -Su voz era suave pero firme. - Además recuerden que el tema principal es el amor, ya saben entre parejas.

Una chica se levantó en el fondo del salón. -¿Parejas heteros, cierto?

Varios rieron.

-Eso no importa, el amor es amor. Puede ser amor platónico o amor de película romántica, lo que importa es que la actividad se trate de eso.

Un chico cerca de la ventana se levantó y habló. -¿Podemos combinar conceptos? ¿Cómo el café maid y el show de magia?

-¡Por supuesto! Esa es una idea muy original, bien pensado, Gonzáles.

Gonzáles se sonrojo y el muchacho al lado de él le palmeo la espalda.

Otra chica se levantó. -¡Podríamos vestirnos de maid para el show de magia y de conejita para atender el café!

-Muy buena idea, Ana, pero no pueden mostrar mucha piel con ese traje de conejita, esto es un colegio.

-¿Y si los hombres se visten de mujer y las mujeres de hombre? -Dijo Cristian, uno de los jóvenes más callados del salón.

Todos se quedaron en silencio.

Oh no, pensó el profesor. Si no digo nada, puede que lo empiecen a molestar. ¡Mejor digo algo pronto!

-¡Excelente idea, Cristian! ¡Sería como una obra de teatro antigua donde los personajes masculinos interpretaban femeninos. Eso si que es original!

Hubo un murmullo en el salón y todos estuvieron de acuerdo. Al final la actividad sería, un café maid con trucos de magia y con cambios de vestuario entre hombre y mujer. El profesor Leiva miró el papel con la solicitud de la actividad, aun no podía creer que eso fue lo que escogieron hacer. No le dio mucha importancia, al fin y al cabo, son jóvenes. Los jóvenes siempre tienen ideas muy locas.

Le entregó el papel al director en la oficina, quien lo tomó y empezó a leer. El director era un hombre de unos 55 años, medio calvo, con sobrepeso y que le gustaba tomar té con mucha azúcar.

El director miró al profesor sobre el papel.

-¿Esto escogieron los estudiantes? -El director levantó una ceja.

-Así es, es una combinación de actividades con cambio de ropa entre hombres y mujeres.

-¿Y usted está de acuerdo con esto?

-Estoy 100 % de acuerdo con mis estudiantes. Suena divertido y original, además es una buena manera para que convivan entre ellos.

-Ok, si esta de acuerdo, por mi, no hay problema. -El director firmo el papel y lo guardó. -Le diré lo mismo que a los otros profesores, supervise la actividad de su curso y asegúrese que todo salga bien

-Confíe en mi, director. Los muchachos son muy capaces cuando se lo proponen. -El profesor le extendió la mano y el director se la estrecho.

-Eso lo veremos.

Fue cuando volví a la sala de profesores que me informaron. Él profesor debe participar con su curso en la actividad. Tenía que vestirme de mujer y yo estoy a punto de cumplir 40 años.

Oh oh.

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Desde ese punto, todo se salió de mi control. Le informe a mi esposa de lo que había pasado y en vez de reírse de mi (o enojarse), se mostró muy entusiasmada con la idea. Fuimos a nuestro dormitorio y me mostró toda la ropa femenina que me podía quedar bien. Me hizo vestir faldas largas, blusas holgadas y me dejo mi cárdigan tal como estaba, dijo que ya era femenino de por si. Sentí que me había convertido en la muñeca de mi esposa.

Incluso mi hija estaba feliz de verme así, me dio algunos de sus broches para el pelo con forma de flor. Y cambio mi cabello de una cola de caballo a una trenza, debo admitir, que me gustó pasar tanto tiempo con mi familia. Al menos este desastre tenía sus ventajas.

Llego el día del Festival del amor, lo hicimos el 13 de febrero. Como suponía, mis alumnos se esmeraron como siempre y tenían todo listo. (Siempre daban todo de sí, cuando no se trataba de hacer tareas) El salón se convirtió en una pequeña cafetería con un escenario al lado de la pizarra, los chicos iban vestidos de maid y las chicas de mayordomos, todos parecían divertirse. Excepto yo. Verán, solo había un estudiante que podía hacer magia, se llamaba Diego y estaba vestido con su atuendo de mago, con sombrero de copa y todo. Pero necesitaba un asistente para que todo saliera bien, y ese papel recayó en mi. Como buen asistente del mago, iba vestido con el clásico atuendo de conejita. Era rosado, ajustado a mi cuerpo, venía con orejas de conejo y un moño en el cuello, el traje se ajustaba a mi cuerpo y sobre todo a mi trasero, de no ser por las medias qué me dio mi señora, mis piernas estarían expuestas a todo el público, y como el traje era ajustado, algunos de mis músculos se notaban. Al menos yo estaba en forma a mi edad, ya quisiera ver que el director se pusiera esto y le quedara tan bien como a mi.

-¿Esta listo, profe? Le agradezco de nuevo un MONTÓN por ayudarme, nadie quiso vestirse de asistente, ni siquiera mi mejor amigo. -Diego se veía muy nervioso, ambos estábamos detrás de la cortina qué se suponía era el escenario.

-No te preocupes, Diego.-Le acaricie el cabello, reconfortándolo. - Todo saldrá bien, haz ensayado bastante y tus compañeros dijeron que aplaudirían pase lo que pase. Así que, ¡respira profundo y diviértete! Este festival es para todos.

Mi alumno me miró con ojos brillantes y asintió, se puso su sombrero y respiro profundo. Yo hice lo mismo y salí al escenario. No solo estaban mis estudiantes y los de otros cursos, también algunos padres que estaban invitados.

Cuando me vieron, hubieron reacciones mixtas, algunos aplaudieron, otros silbaron, otros solo pusieron cara de asombro y una persona se paró y se fue. También mi querida Sara estaba ahí, entre el público sacando fotos. Trate de no ponerme rojo como tomate, y presente a mi alumno.

-¡Bienvenidos al show de magia más impactante, sorprendente, alucinante, impresionante, increíble de toda Latinoamérica unida! -Moví los brazos en un circulo, sobre mi cabeza. - ¡Donde quedarán asombrados con las artes místicas y misteriosas nuestro mago y hechicero, el gran Dieguini!

Diego apareció en una nube de humo con una reverencia y todos aplaudieron. El show continuó con trucos con aros de luces, haciendo aparecer y desaparecer un conejo de una caja e incluso, atinarle a una manzana con una carta sobre la cabeza de un voluntario, estilo William Tell.

Termino el show e hicimos la última reverencia, el salón se lleno de aplausos, y salimos por el lado izquierdo del escenario, detrás de la cortina.

-¡Eso salió muy bien! ¡Me sentí como un mago real! Muchas gracias, de nuevo, por la ayuda, profe.

-Fue un placer, mi muchacho. Además, tienes mucho talento para la magia, ¡cuando termines tus estudios podrías dedicarte eso!

-¿En serio? ¿Usted cree? Quizás podría dedicarme a la magia desde ahora.... -Se veía muy entusiasmado.

-No, DESPUÉS de que termines tus estudios. -Puse mi voz más seria. -La educación es muy importante y no debes saltártela. Además, los tiempos que pasas en la escuela con tus amigos son los más recordados en la vida de una persona. Y tu no quieres perderte eso, ¿cierto?

-Creo que no.

-Muy bien, ahora sal de aquí. Debo sacarme este ridículo traje.

-¡Pero si se le ve muy bien!

-...Quizás. Pero es muy incomodo, y ya me sacaron bastante fotos con esto puesto. ¡Vamos, fuera!

En ese momento se escucho un grito y un sonido de caída.

Salí rápidamente hacia el pasillo que era donde se había escuchado la conmoción.

Uno mis alumnos estaba en el suelo y un adulto lo estaba mirando con asco desde arriba. Era Cristian, el chico que propuso los cambios de ropa, que estaba vestido de maid y el adulto que estaba ahí no era otro más que su padre, un tipo que había venido más de una vez con olor a alcohol a las reuniones de apoderados.

-¡No puedo creer que me saliera un hijo maricón! -El padre de Cristian arrastraba las palabras al hablar, se nota que había bebido antes de venir.

Cristian no dijo nada, solo lloró en el suelo mientras se cubría la mejilla.

Controle mi ira, me puse entre él y su padre, de brazos cruzados. Aun vistiendo mi traje de conejita rosa.

El tipo me miró estupefacto.

-¿Y tu quien mierda eres? Hazte un lado, estoy hablando con mi hijo.

-¿A eso le llamas hablar? Será mejor que te alejes de mi alumno. Ese no es un comportamiento digno de un adulto.

-¿Que sabes tu? Estas vestido como una puta. Apuesto que tu hiciste maricón a mi hijo. -Lanzó un puñetazo que estaba listo para recibir.

Fue en el lado derecho de mi cara, menos mal que me había sacado los lentes. Pero ya había recibido puñetazos en la cara cuando joven, así que sabía como recibirlos. Dolió un poco, pero ahora si podía defenderme sin recibir una amonestación después.

Tome impulso con mi puño derecho, puse mi pie atrás como apoyo y con todo el peso de mi cuerpo, le di el puñetazo más fuerte que pude en su mandíbula. El abusivo padre cayó de espaldas como un saco de papas. Inconsciente.

Hubo un momento de silencio.

Y después gritos de alegría, incluso algunos aplausos. El inspector llego a calmar los ánimos mientras yo levantaba a Cristian del suelo, quien se veía de mejor ánimo, después de eso.

-¿Estas bien, Cristian?

-Si... si, profe. -Se mejilla estaba roja, lo mejor sería ponerle algo frío.

-¿Alguien tiene una bebida o soda qué me pueda dar? -Pregunte al resto de mis alumnos que nos estaban rodeando. Una chica me alcanzó una lata de Sprite qué puse en la mejilla de Cristian.

-¿Ese era tu padre, cierto? -Ya lo sabía, pero quería escuchar su respuesta.

-Si, lo es. Pero ya no vive con nosotros, mi mamá se divorcio de él.

-Ya veo. -Puse una mano sobre su hombro. - Cristian, no dejes que lo que diga tu padre te afecte, nunca aceptes críticas de alguien que no respetas ni se hace respetar. Estoy seguro que tu madre te apoya y te ama, al igual que nosotros también te apoyamos. ¿Cierto, chicos?

Todo el salón asintió, incluso mi esposa que estaba mirando, aun con la cámara en mano.

-¿Pero, y si tiene razón? ¿Y si en verdad soy un maricón por vestirme así? -Apunto su traje de maid.

-Uno no es “maricón” por como se viste, si no por como actúa. ¿Tu crees que un adulto pegándole a un niño es un comportamiento de hombre? ¿O ese hombre llegando ebrio a ver el show de su hijo? ¿O incluso asaltar a otro adulto que se viste con ropa femenina? Eso no es un comportamiento de hombre. Él no puede opinar sobre ti. Tu eres un gran muchacho y nosotros lo sabemos. Levanta tu cara y siéntete orgulloso de lo que eres, por que se necesita ser valiente para atreverse a hacer cosas, fuera de tu zona de confort.

-Gracias, profe. -Cristian me abrazo y yo lo abracé.

Espero que este discurso no se hubiese visto muy extraño por mi usando un traje de conejita.

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Después de que él director me llamara a su despacho para que le reportará lo que sucedió y gracias a las fotos que mi esposa tomó de ese borracho golpeándome, el día terminó sin novedad y yo volví a hacer clases el día siguiente.

Al día siguiente, llegue un poco tarde al instituto, pero sin mayores contratiempos.

Salude como siempre a mis estudiantes. Me senté en mi escritorio y abrí el cajón para sacar un plumón. Estaba lleno de cartas rosadas dedicadas a mi por el día de San Valentín.

Me sorprendí y después me reí.

Mis estudiantes también sonrieron.

-Lo siento, muchachos, pero estoy felizmente casado. -Dije mostrando mi anillo en el dedo anular. -Pero esta tarde le diré a mi esposa que le salió competencia.

Las clases siguieron normalmente en el instituto “Porvenir ”