Un gusto conocerte
Mi nombre es Alan y les contaré como terminé trabajando con una persona que transformó mi mundo.
Yo soy un estudiante de pedagogía, quiero ser profesor de historia por que me fascina el tema. Físicamente, soy un tipo alto, en forma, cabello castaño con las puntas teñidas de verde, ojos del mismo color y con un poco de barba. Me gusta jugar basquetbol con mis amigos pero últimamente, hemos estados ocupados con las clases.
El asunto es que estaba corto de dinero, tenía una beca para estudiar pero no cubría todo los gastos, así que decidí buscar un trabajo de fin de semana. Como trabajé anteriormente en una cafetería, sabía hacer todo tipo de té y café (expresso, latte, mokachino, capuchino, etc), por lo que busqué trabajo en todas las cafeterías cerca de la universidad.
Debo haber entregado mi curriculum en al menos 7 cafeterías distintas, recorrí bastante a pie así que estaba cansado, pero aun me quedaba un curriculum así que busque cual sería el último lugar al que le daría este papel.
Mire alrededor, era un barrio antiguo, con construcciones más sólidas, calle con adoquines y luces públicas estilo europeo. Era un ambiente agradable y se veía bien a esta hora de la tarde.
Entonces vi un café, pero era distinto al resto, este era un café literario. A través de los ventanales podía ver estantes llenos de libros, mesas de centro y sillones mullidos de color rojo oscuro. A un lado de los estantes, se encontraba una señora con rasgos asiáticos con gafas muy gruesas, cabello largo y expresión cansada. Debía tener unos 40 años y era extrañamente atractiva. Decidí entrar a probar suerte.
Abrí la puerta del local y una campanita anuncio mi llegada.
-¡Bienvenido al Café literario “Levy”! ¿En que le puedo servir? -La señora cambio su expresión de cansada a amable y me dedicó una sonrisa.
-Buenas tardes, solo pasaba por aquí buscando trabajo. Incluso traigo un curriculum aquí conmigo. ¿Tienen una vacante disponible?
La señora me hizo una seña para que me acercara a ella, estaba tras un mesón. Caminé en su dirección y puse mi documento en el mesón. Ella tomó el papel y lo leyó.
-¿Alan, cierto? Casualmente buscamos un puesto que cubrir, el de barista de fin de semana. -La señora siguió leyendo mi papel. -Veo que tienes experiencia haciendo cafés, eso es perfecto. ¿Te interesaría trabajar solo los fines de semana?
-¡Si! Eso sería ideal, ya que estudio durante la semana.
-Ahhh, estudias en la universidad de aquí cerca, ¿cierto?
-Así es, señora.
-Perdón, no me presenté, me llamo Hana y soy la dueña de este local. Por ahora, solo trabajamos yo y mi hijo aquí, pero necesito que alguien me cubra el sábado y el domingo. Por eso el puesto está disponible. -Me explicó mientras se acomodaba las gafas.
-Ya veo. Bueno, si necesita a alguien que cubra ese puesto, estoy listo para la entrevista de trabajo. -Dije con mi mejor sonrisa.
Hana puso mi curriculum en el mesón.
-La entrevista es ahora mismo. ¿Estas listo?
-Ohh, vaya. ¿Ahora? -Me arreglé la chaqueta qué estaba usando. -Estoy listo.
Hana sacó un cuaderno de debajo del mesón y un lápiz. Entonces empezó a preguntar.
10 minutos después.
Después de contestar las típicas preguntas de entrevista, Hana se vio conforme y dejó de escribir.
-Muy bien, creo que con eso es suficiente. Ahora viene la última pregunta... ¿Puedes comenzar mañana?
Me quedé sorprendido. Era la primera vez que me contrataban tan rápido en un trabajo.
-¡Ooh, claro! ¡Aquí estaré a las 8 en punto! Pero me falta el uniforme y firmar el contrato.
-Todo eso lo haremos mañana, Alan. La ventaja de ser la dueña de tu propio negocio es que todos los trámites pasan directos hacia mí. -Hana se rió, tenía una risa muy ruidosa.
-¡Muchas gracias por darme la oportunidad de trabajar aqui! -Le estreché la mano. -Le prometo dar lo mejor de mí.
-Eso espero, Alan. Mi hijo Akira te orientará en todo lo que tienes que hacer mañana.
-¿Y como es él? Pregunto para reconocerlo mañana.
-Él se parece a mi. No te preocupes, es la única otra persona aparte de mi que trabaja aquí. Ya lo conocerás. -Me guiño un ojo.
Yo me despedí hasta mañana y volví a casa. Aun no podía creer la suerte que tenía de haber conseguido trabajo esa misma tarde.
Lo que no esperé al día siguiente es que mi nuevo compañero de trabajo si se pareciera un montón a su madre. Sobre todo en su cuerpo.
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Llegué unos minutos antes de las 8 am y el local ya estaba abierto. Entré y la campanita volvió a anunciar mi llamada. Pero nadie me saludó esta vez.
-¿Hola? ¿Hay alguien? -Pregunté mientras miraba alrededor. Mire detrás del mesón a ver si había alguien y no encontré a nadie. Me puse a ver entre los estantes y en el último, vi a una persona inclinada sobre unos libros usaba blusa blanca, delantal y unos jeans qué se le ajustaba al trasero. Tenía un trasero grande y redondo, justo del tipo que me gustan.
Como la dueña del local nunca salió de detrás del mesón, no pude ver como era la parte inferior de ella, así que asumí que ella había venido al trabajo. Me acerqué a la persona hasta estar a unos pasos de ella.
-¿Señora Hana?
La figura se incorporó de golpe, sorprendida de escuchar mi voz. Se dio la vuelta y me di cuenta de que no era Hana.
Era Akira, su hijo.
Hana no me había mentido al decir que su hijo se parecía a ella, tenía facciones finas, los mismos ojos de su madre y el mismo color de cabellos qué ella, su piel era más joven que la de su madre. Obviamente. Su figura era muy femenina, aun usando ropa común y corriente, me sentí confundido al ver un trasero tan femenino en otro hombre.
-¡Oh vaya! ¡Si que me asustaste! -Akira se sujeto el pecho. -No te escuche llegar, creo que estaba muy concentrado ordenando estos libros.
-No fue mi intención asustarte. Perdón por eso. -Le tendió una mano que él estrechó. -Soy Alan, me dijeron que tu me podrías orientar en este nuevo trabajo.
-¿Tu eres Alan? Mi mamá me habló de ti, dijo que un tipo guapo vino a pedir trabajo ayer. Yo soy Akira, un gusto conocerte.
-¿Tu mamá piensa que soy guapo? -Dije sonriendo con burla.
-Oye, no la estés mirando. -Me apunto con dos dedos a los ojos. -Mantén tu mirada en mí, no en ella.
-Vale, vale. Solo bromeaba.
-Más te vale. -Akira recogió un libro del suelo y lo puso en el estante. -Ok, ahora comencemos con la orientación.
30 minutos después.
El lugar era pequeño así que no había mucho que mostrar. Akira me mostró el inventario de los libros que estaba en el computador, que los libros estaban en orden alfabético por el nombre de cada uno y la máquina de café en la que yo trabajaría. También había un closet de limpieza y una bodega donde guardamos los productos (granos de café, hojas de té, azúcar, endulzante, leche, etc) La única repostería que teníamos a la venta eran medialunas (también llamadas croissant o facturas)Akira me explicó que su madre las preparaba en casa, pero que en el futuro también venderían pasteles y tartas. Cuando termino la orientación ambos nos pusimos detrás del mesón y nos sentamos, habían unos pisos de madera para nosotros.
-Como puedes ver, no es un trabajo difícil. Solo hay que estar aquí en el mesón, hacer bebidas y atender la registradora. Mientras tanto yo ordeno los libros y lavo las tazas de café, todo muy fácil. -Akira estaba apoyado en el mesón mientras me explicaba todo esto. Sus muslos se veían más gruesos al sentarse.
-Se ve fácil, la verdad. ¿A que hora llegan los clientes? -Miré hacia afuera, la gente iba y venía pero nadie entraba.
-Todo el día, pero nunca se llena el local. Podría decir que vienen los mismos 4 clientes de siempre.
-Mmmmhhh. -Dije pensativo. Si no había tanta demanda en este café. ¿Por que me contrataron tan rápido? No tenía sentido.
-¿En que piensas, cariño?
-Nada, yo solo... -Hice una pausa al escuchar lo que dijo. -¿Me dijiste cariño?
-Sip. No te molesta, ¿cierto? -Akira sonrió cálidamente.
Mi corazón se aceleró sin ningún motivo.
-N...no, no es eso. Es que es la primera vez que me dicen así.
-Ahh, entiendo. -Akira se enderezó y me miró fijo con sus bellos ojos castaños. - No te lo tomes personal, es solo que me refiero a todos así, una palabra afectuosa puede mejorar mucho el ánimo de la gente que viene aquí.
-Ya veo, le alegras el día con solo una palabra. Además me imagino que a los clientes les gusta que los halague alguien lindo como tú.
Apenas termine de decir eso y me di cuenta de como sonó. Trate de explicarme lo más rápido posible.
-¡O sea, no quise decir eso! ¡No es que no seas lindo, es que tus palabras son lindas! ¡No, digo la forma en que lo dices!
Akira se rio ruidosamente, igual que su madre.
-Ay, que gracioso eres. Entiendo lo que quisiste decir, no te preocupes por eso.
Me puse rojo de vergüenza.
-No es que no pienses que eres lindo, solo no quería decirlo así. Yo no soy gay, ¿sabes?
-Nunca dije que lo fueras.
-Bien, por que no me gustan los hombres.
-Si, ya entendí.
Hubo un silencio donde Akira solo se quedo mirándome mientras jugaba con su cabello, y yo tamborileaba con mis dedos en el mesón.
Por suerte, entró el primer cliente del día. Era un caballero vestido de pantalón de vestir, camisa y un cardigan. Tenía el cabello largo y sedoso atado en una trenza, y ojos verdes tras unas gafas.
-¡Don Miguel, bienvenido otra vez! ¡Que alegría verlo por aquí! -Exclamó Akira jovialmente.
-¡Hola Akira, igualmente! -El caballero se acercó al mesón. -Veo que tienes un compañero nuevo. Buenos días para ti también.
-Buenos días, me llamo Alan. -Dije extendiéndole mi mano. Él la estrecho.
-¡Oh, tienes un buen apretón de mano, muy bien! -Don Miguel sonrió al estrechármela. Se dirigió a Akira. -¿Es tu nuevo compañero de trabajo?
-Sip, es mi nueva pareja. -Dijo sabiendo bien como sonaría eso.
-¡No somos pareja! ¡Solo compañeros! -Dije enojado.
Don Miguel se rio.
-Eso van a tener que solucionarlo entre ustedes. Por mientras, me gustaría leer “Los hermanos Karamazov” de Fyodor Dostoievski.
Akira tomó un libro debajo del mesón y lo puso frente a él.
-Ya me imaginaba que querría leer este, así que lo tenia preparado. -Le sonrió cálidamente. -¿No quisiera también una tacita de café? Usted sería el primer cliente de nuestro nuevo compañero, Alan, el magnífico.
-Puedo hacer cualquier café o té qué usted quiera, señor. -Me arremangué y me acerque a la máquina cafetera.
-Mmmm, veamos... Solo quiero un latte, sin azúcar. -Dijo el cliente mientras miraba el menú qué estaba en el mesón.
-Sale enseguida. -Me puse manos a la obra. Tome una taza, le puse la leche caliente, después la espuma y con el café caliente hice un dibujo de una hoja sobre la espuma. Lo puse sobre un plato pequeño y lo serví.
-¡Oye, que bien te quedó! Vas a tener que enseñarme a hacer eso, algún día.
-Claro, cuando quieras. -Sentí un poco de orgullo al escuchar a mi colega.
-Muchas gracias a los dos. Ahora me iré a sentar. -Tomó las dos cosas y las llevo a un sillón, donde comenzó a leer su libro.
Akira me miró y me levanto un pulgar, yo hice lo mismo.
Pasó el día sin mayor novedad, mi nuevo compañero tenía razón, vinieron pocas personas al café, algunas se llevaron unos libros y otros se pusieron a leer aquí. Tuvimos un día relajado, así que nos pusimos a hablar entre nosotros para conocernos mejor. Así supe que Akira era medio latino, medio japonés. Su madre se había casado con un abogado de aquí, Akira nació en este país, por eso no tenía acento japonés. También quería ir a la universidad pero aun no decidía que estudiar, así que se dio un año para decidir su carrera. Era más cercano a su madre que a su padre, ya que no lo veía mucho a causa del trabajo. Intente grabar estos datos en mi mente.
Al fin llego la hora del cierre, limpiamos las tazas, volvimos a poner los libros en su lugar y apagamos las luces. Akira me acompaño a la entrada.
-Fue un buen día laboral. Lo hiciste muy bien, Alan. Un placer trabajar contigo. -Akira me abrazó.
No estaba acostumbrado a tantas muestras de afecto, así que me sorprendió el abrazo. Pero intente ser amable y le di unas palmaditas en el hombro.
-Si, si, como sea. Fue un día relajado.
-¿Vendrás mañana , cierto? -Akira me miró con ojos de cachorro.
-Pues si, mañana es domingo. Debo venir todo el fin de semana.
-¡Que bien! Entonces, hasta mañana... -Akira se dio la vuelta y mirando hacia atrás dijo. -...cariño.
Yo solo me despedí moviendo la mano y me fui.
No entendía a Akira. ¿Eran solo bromas o me estaba coqueteando? Decidí no tomármelo en serio, después de todo, recién lo empezaba a conocer.