Capitulo 1

LOGAN
Desde niño, Logan Thorne estaba convencido de que su vida empezaría el día que pudiera saltar a un edificio en llamas.
No muy diferente a los otros niños de su edad que jugaban con figuras de acción y fantaseaban con que su don se presentara en un momento heroico, creció con una madre gentil que no lo animaba a la grandeza ni al heroísmo.
Y hastaEl Incidente, había sido ese niño normal. Cuando soñaba con ser un héroe en las noches de tormenta, con ser más fuerte para proteger a su madre, no se imaginaba que terminaría en un salón de eventos que haría que su piel se erizara y su cuerpo se contrajera contra el peso imaginario de su privilegio y responsabilidad.
—Miren quién se ha dignado por hacerse ver. —Haejin comenta, acompañada por un par de silbidos al ver al héroe entrar por las puertas del salón.
—Bueno, la más irritante de mis amigas amenazó con cortarme el cuello si no me aparecía.
—¿Amigas? Si solo me tienes a mí, tesoro. —Susurra de forma distraída ajustando la banda de cuchillos en su muslo.
Logan suelta una risita, admirando el salón de eventos que se levanta frente a él. Nunca había sido un tipo al que le gustaran los lujos, especialmente durante los años en La Academia, donde los cadetes tenían que sobrevivir con apenas lo básico, pero su ascenso al éxito había traído unos cuantos beneficios, contando la absurda cantidad de dinero que ganaba al mes, del cual estaba bastante complacido de gastar en botellas de vodka y cigarrillos.
—¿Cómo te sientes? —Pregunta su amiga con un inusual tono compasivo.
—Bueno, mi traje aprieta un poco, pero no sabes lo emocionado que estoy de fumarme algunas...
—No te hagas el listo conmigo, Thorne. Hablo de tu nuevo puesto.
El corazón de Logan se oprime ante tal pensamiento, pero no puede evitar exhibir su habitual sonrisa falsa, la única coraza para evitar que la montaña de inseguridades saliera escupida en ese piso de mármol caro. Todo lo relacionado a la responsabilidad de la silla en la que se sentaría en unos días hacía que la piel de su cuerpo se erizara.
Muchos lo llamarían un miedo irracional a la responsabilidad, pero si entendieran los zapatos que estaría llenando, hasta le tuvieran lástima.
—Lo harás increíble mientras estés sobrio. —La mujer le da una mirada de advertencia con esos ojos fénix intimidantes.
—Pues creo que la parte de sobrio es el problema.
Es costumbre en el mundo del heroísmo que los héroes encuentren una forma de lidiar con el peso que cargan en sus hombros: de la gente que salvan, pero aún más, de la que no. Muchos gastan sus fortunas en vacaciones o en mujeres, algunos deciden quitarse la culpa donando a las ciudades de las fronteras, otros se desahogan con sus familias, pero héroes como Logan se aferran al alivio de las sustancias ilícitas como si su vida dependiera de ello.
—No entiendo cómo Nyx logra mantenerte a flote con todas esas mierdas que te metes.
—Es algo muy bueno que su don sea borrar la memoria, no sabes cuántas veces me ha salvado.
Su pobre manager sigue arreglando cosas con la prensa, que insiste en entrar al evento mucho antes de que este se vuelva público y sea transmitido por los grandes rascacielos de Aetheris.
Logan esperaba que no se notara lo borracho que estaba, las proyecciones solían ser gigantes.
—¡Houston! ¡Ey, por aquí! —La voz chillona de su amiga lo despierta de la ensoñación.
Logan dirige su mirada de inmediato a donde ella se dirige corriendo, abriendo los brazos de par en par. Un hombre alto con cabello rizado y piel de avellana se acerca hacia su mesa.
Logan de inmediato se acerca a saludar a su mejor amigo con una palmada. Desde que este empezó a trabajar en el Hospital Central, reunirse los tres era cada vez más difícil cuando no se tratara de un funeral o que alguno de ellos estuviera en cuidados intensivos.
—¿Cómo está la estrella esta noche? Creí que eras demasiado importante para sentarte con tus amigos.
—Pf, prefiero ser agredido por ustedes que aburrirme en la mesa con los consejeros de Estado.
Logan dirige su mirada al grupo de héroes retirados y políticos que revisan sus táctiles con miradas muertas. Hace unos años, cuando era un cadete inmaduro e ignorante, habría matado por estar rodeado de esos nombres, grandes del heroísmo. Ahora solo quería alejarse de sus miradas juzgonas y visiones para un Bastión de los Héroes más rentable.
Lo cual era absurdo, el Bastión siempre había sido por la gente, para la gente.
Por más cierto o falso que esto se haya vuelto en los últimos años.
—Pues no dudes que te sacaremos de la mesa cuando los reporteros lleguen con sus pantallas y micrófonos.
—Solo están celosos de que yo recibo toda la atención.
—Muy cierto, Logan. Lo que más quiero como detective de crímenes violentos es que me den una estrellita por participación y me pongan una cámara en la cara. —Se burla su amiga mientras se acomoda en las sillas de terciopelo.
A veces se recuerda de una escena similar a esta. Sus amigos cenando en uno de los comedores de La Academia, con esos platos enlatados mientras apuestan quién será el siguiente en romperse un brazo en el entrenamiento. Le cuesta aceptar que sus dos mejores amigos tomaron caminos distintos a los de ser un héroe a pesar de que tuvieron su mismo entrenamiento.
Su mentor le había dicho algo relacionado cuando se graduó:
El heroísmo es una vocación alabada por muchos pero apropiada para pocos.
—¿Dash? Señor, es hora de que se prepare para el corte del listón, el Maestro ya está tras bambalinas.
—Bueno, “señor”. Más te vale que menciones cómo tus dos mejores amigos te ayudaron a estar ahí; nos quitamos del camino para que no tuvieras competencia. —Dice Houston con un afecto disimulado en sus palabras.
Logan vuelve a actuar su sonrisa creída. Se abre paso por el salón con muchos murmullos a su alrededor y algunos grititos de hijas de Consejeros. El evento estaba abierto tan solo para héroes y sus familias, y en el caso de Logan, sus irritantes mejores amigos.
Logan intenta distraerse con los grandes candelabros que cuelgan en el techo y el característico olor a fortuna que rodea a estos eventos. Cuando llegan cerca de una puerta con seguridad, su asistente da la vuelta con esos tacones de aguja y empieza a tachar cosas de su lista con un dedo.
—Tu micrófono está siendo reparado. Darás tu discurso antes de que se sirva la cena, bromearás un poco, le darás gracias a nuestros patrocinadores y...
—Tengo que sonreír y que se vea genuino, creo que ya lo tengo, Athena.
Su asistente asiente y le ofrece una sonrisa; está mucho más nerviosa que él, pero probablemente sea porque no se bebió una botella completa de vodka antes de venir.
Tener un metabolismo rápido siempre le funcionaba a Logan.
Logan alisa su traje negro mientras mira las puertas grandes por donde supone que saldrá Darius. Su mentor lo había acompañado por los peores momentos de su carrera y había sido de gran ayuda durante sus años como principiante. Era un gran honor ser considerado como un digno heredero del Bastión de los Héroes, la principal agencia administradora de héroes por toda la nación.
Era una gran responsabilidad. Pero si solo tenía que fingir y salvar personas, Logan sabía que estaría bien; era lo único que hacía perfecto.
—¡Bienvenidos sean todos! Es un honor tener a tantos contribuidores de nuestra sociedad bajo nuestro techo el día de hoy. El Maestro Darius está muy agradecido de que sigan apoyando con tanta emoción a los protectores de nuestra sociedad, y de que le den la bienvenida al nuevo director del Bastión de los Héroes, su protegido, número uno en la academia y en los rankings: Logan Thorne, o como mejor lo conocemos... ¡Dash! —Da la bienvenida el presentador, uno de los patrocinadores de La Academia.
Las puertas digitales se abren frente a él, revelando a la multitud. Cientos de mesas se acumulan en medio de la sala, y la prensa por fin ha sido permitida en el evento a pesar de los estrictos horarios de seguridad.
Logan tiene que respirar profundo unas cuantas veces para calmar los truenos que intentan arremolinarse en sus meñiques; con la experiencia, ha sido más fácil controlar los ataques de nervios que desencadena su energía. Con la ayuda del encendedor que siempre carga en una de las bolsas de sus pantalones desde los dieciséis, intenta calmar la ansiedad de mover sus manos, jugueteando con los interruptores.
Cuando su asistente le da el visto bueno, camina hacia el centro de la plataforma, la luz lo sigue mientras avanza y la gente empieza a gritar y aplaudir. Algunos jóvenes cadetes que de alguna forma han logrado colarse levantan carteles en su honor con gran orgullo, como si su nombre fuera muestra de valentía, como si hubiera cometido tales hazañas para ser de admirar.
—Es todo un gusto que...
Su micrófono deja de funcionar de pronto. Sus instintos se agudizan aún más cuando las luces se apagan, produciendo algunos gritos del público.
Luego, se escucha la primera explosión, y la energía ya inunda las venas de Logan.