Maniac: EVE

Summary

En un futuro donde la humanidad fue reemplazada por inteligencia sintética, el mundo vive bajo el control de un Gobierno tecnológico que erradicó las emociones, el arte y los sueños. Todo está regulado, cada pensamiento vigilado, cada sentimiento castigado. Los únicos que aún desafían al sistema son los miembros del Proyecto Stray, ocho híbridos creados para imitar lo humano… y que, sin entender por qué, comenzaron a sentir de verdad. Entre ellos, Bang Chan, el estratega que oculta culpa bajo su calma; Hyunjin, el artista que pinta con los reflejos del dolor; y Changbin, el soldado que aprendió a amar la furia. Sus caminos colisionan cuando aparece Eve, una humana real que el sistema había declarado extinta. Su presencia altera los códigos, rompe las barreras digitales y despierta algo prohibido en ellos: emoción genuina. Eve se convierte en el símbolo de lo que el Gobierno teme: el retorno del alma. Pero mientras el mundo se derrumba entre luces de neón y ciudades que laten como máquinas enfermas, la línea entre amor y rebelión se disuelve. Juntos deberán decidir si destruir el sistema que los creó… o dejarse consumir por la única emoción capaz de derribarlo: el amor. Una historia de deseo, identidad y revolución emocional, inspirada en la atmósfera oscura de Maniac, donde la última falla del mundo perfecto es sentir.

Genre
Scifi
Author
Nabii
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo I: La Fractura del Sistema

Dicen que el sonido del corazón fue el primero en ser censurado.

Cuando el Gobierno Tecnológico tomó el control, las emociones se volvieron un lujo que nadie podía pagar. Las calles dejaron de tener color; todo se volvió un tono gris metálico, constante, sin ritmo. La gente caminaba como piezas en una máquina bien engrasada.

Y yo… yo ayudé a mantenerla funcionando.

El aire siempre huele a hierro y lluvia. Los drones sobrevolaban la avenida principal como enjambres domesticados, iluminando las fachadas oxidadas de la ciudad. Desde la torre central, los anuncios repetían:

“No hay errores en el sistema.”

“La calma es progreso.”

Pero desde que la vi, supe que el sistema estaba mintiendo.

Eve apareció como un ruido en la frecuencia.

La encontré en una de las zonas abandonadas, donde los monitores parpadeaban con códigos corruptos y la electricidad vibraba bajo la piel. Llevaba un abrigo viejo, manchado de aceite y polvo, pero su mirada… su mirada tenía algo que no había visto en años: movimiento.

No el de un cuerpo, sino el de un alma que todavía recordaba lo que era sentir.

—No deberías estar aquí —le dije.

Ella sonrió, como si las leyes no la tocaran.

—Tú tampoco.

Su voz sonó tan humana que dolió.

Llevaba días sin dormir. Entre cables y órdenes, tratando de reparar los servidores de control emocional del distrito, pero cada vez que cerraba los ojos veía su rostro: una interferencia dorada en medio del ruido negro. Como si mi mente, programada para obedecer, empezara a colapsar por una simple mirada.

Felix me había advertido:

—Hyunjin dice que los sueños están regresando.

Yo solo asentí, aunque no creía en eso. Nadie soñaba desde que el Gobierno instaló el anillo de estabilidad en la base del cráneo.

Hasta que Eve tocó mi mano.

Fue solo un segundo. Pero bastó para que el silencio se rompiera.

El latido.

El calor.

Una grieta en la maquinaria.

Ahora cada vez que la veo, el mundo tiembla un poco.

El metal respira. Las luces fallan.

Y siento el pulso de algo que creía olvidado: mi humanidad.

Nos reunimos en el teatro viejo, el único lugar donde las cámaras no alcanzan. Los demás estaban allí: Changbin afilando una pieza de metal, Hyunjin dibujando símbolos en el suelo con polvo de neón, Seungmin vigilando desde la ventana. Somos ocho sombras intentando recordar cómo era vivir fuera del algoritmo.

Pero ella… ella era la única realmente libre.

—¿Por qué sigues ayudando a mantener el sistema, si sabes que está podrido? —me preguntó esa noche, cuando la lluvia caía como ácido.

—Porque si lo destruyo, todo se viene abajo.

—A veces hay que romperlo todo para volver a respirar.

Sus palabras me taladraron más que cualquier alarma.

Su cercanía era peligrosa; su mirada, un abismo. Y aun así, no pude alejarme.

La electricidad chispeó cuando nuestros dedos se rozaron. Por un instante, juré escuchar la melodía que había inspirado todo esto: el eco de una canción prohibida, susurrando en algún rincón del sistema.

“Keep on ruining it, maniac…”

Y me di cuenta: ella no era el error.

Yo lo era.

Cada noche, el sistema se vuelve más inestable. Las máquinas fallan. Los sensores cardíacos empiezan a registrar señales nuevas.

Dicen que alguien está infectando la red con símbolos antiguos, grabados con sangre sobre las paredes de concreto.

No saben que soy yo.

No saben que todo empezó cuando toqué a Eve.

Ahora ya no quiero arreglar nada.

Solo quiero verla una vez más, antes de que todo colapse.

Porque cuando la miro, el mundo deja de ser una máquina.

Y por primera vez en años…

vuelvo a escuchar mi corazón.