D-108
Ace
D-108
El aire en Londres huele a humedad, a pan tostado y a café recién molido. Llevo corriendo casi una hora. El cielo es una masa gris sin forma, y las gotas que caen son finísimas. Me gusta salir a esta hora porque no hay demasiada gente; nadie me mira, nadie me habla. Estoy solo, el ruido en mi cabeza es atenuado por las notas delset listde esta gira.
Compongo la mayoría de las canciones, pero son tantas, que a veces las olvido, lo cual es frustrante cuando estoy en el escenario, así que las escucho cuando no estoy trabajando en otras nuevas.
Reduzco la velocidad hasta detenerme frente al espejo del escaparate de una tienda cerrada. El gorro negro cubre casi todo mi cabello, la mascarilla sube hasta la mitad de mis mejillas. Apenas me reconozco, y eso es perfecto.
No soy Ace Sciurus aquí. Solo un tipo al azar.
El frío se cuela por debajo de la sudadera y me arde un poco la garganta; todavía tengo la voz ronca por el resfriado. Cuando hablo, no sueno como yo; y eso también me sirve.
Camino hastaHollow Grounds, una cafetería pequeña que conserva el olor a madera vieja. Vine aquí anoche, con Conill, y me gustó. Esta mañana hay una fila corta, pero lenta.
De la nada, un tipo—alto, calvo, con un abrigo demasiado grande—se me atraviesa, hace malabares con tres cafés calientes y, en mi afán por evitarlo, retrocedo, chocando con alguien.
—¿Podrías tener más cuidado? —gruñe el último en la fila; me giro a medias, listo para disculparme, pero el sujeto me mira con desprecio—. Aprende a estar en una fila como la gente normal. Bicho raro, ¿quién usa mascarillas en estos tiempos? ¿Te crees mejor que los demás?
—Aún es temprano, ¿por qué tan grosero? Alguien necesita con urgencia su café —dice repentinamente otra voz, femenina y desgarradoramente familiar, sin alzar mucho su tono, pero con una firmeza que nos hace a ambos mirarla—. Aquí, toma el mío. —El sujeto la mira embobado, toma el café y se marcha con el ceño fruncido—. ¡Ten un lindo día!
Paralizado, observo a la chica con el vestido de verano, a pesar de este clima otoñal. Está un poco desgastado, como si hubiera sobrevivido demasiadas lavadas. Por lo menos, lleva botas.
Su cabello es oscuro, pero desde la mitad hacia abajo está teñido de un color verde botella que llama mucho la atención. Y aunque sonríe mientras le desea un buen día al cliente molesto, sus ojos cuentan otra historia. Son marrones, pero opacos, lucen... muertos.
—Buenos días, ¿qué te sirvo? —pregunta el joven del mostrador, ya es mi turno.
—Americano con hielo, dos de azúcar, ¿y tú? —le pregunto a la chica que sigue a mi lado, aunque la tos me traiciona un poco al final.
—¿Resfriado? —pregunta con una amabilidad. Asiento en respuesta—. Tomaré unwhite mocchacon leche de avena, por favor.
La veo sacar torpemente unos billetes de su bolso, pero me adelanto y realizo el pago con mi teléfono.
—Está bien, yo invito, en agradecimiento por deshacerte de ese imbécil.
—¿Sus nombres? —pregunta el cajero.
—Ei. Es (As) —deletreo, el chico ni se inmuta mientras garabatea en un vaso, probablemente le han dicho nombres más extraños.
—Stayra.
Ese nombre me trae muchos recuerdos. Intento no pensar en eso para que la ira no se apodere de mí y haga un escándalo aquí mismo. Si pongo en evidencia mi identidad, estaré en problemas.
—De acuerdo, pueden tomar una mesa.
Desafortunadamente, solo queda un sitio libre y ella deja caer su bolso en la superficie antes de ocupar uno de los asientos.
—Puedes sentarte, si quieres. Prometo no hablar mucho.
Me siento sin decir nada, observando. Es muy delgada, sus clavículas resaltan en exceso y tiene los ojos algo hundidos. ¿Ingiere algo más que café? No es que me importe si desaparece ante mis ojos.
Sin embargo... no puedo creer que la tenga así frente a mí, después de siete años.
Nerviosa, teclea en su teléfono varias veces. Se levanta para buscar nuestros cafés antes de que nos llamen y les toma una foto antes de que pueda inclinarme y coger el mío. Mi agradecimiento se corta ante el siseo que emite al dar el primer sorbo. En contra de mi voluntad, sonrío detrás de la mascarilla, siempre se quema la punta de la lengua por impaciente.
—¿Está todo bien? —pregunto cuando le suspira al teléfono; con quien sea que converse, la pone inquieta.
Mordisquea su labio inferior con duda.
—¿Conoces a Astray? —No espera mi confirmación—. Hoy hay un concierto. —Su voz contiene la emoción que todavía no llega a sus ojos.
—Sus carteles están por todos lados —respondo; incluso si no fuera quién soy, ni los escuchara, sabría quiénes son. El auge que hemos obtenido de tres años hacia acá, es incomparable.
—A duras penas conseguimos boletos y mi amigo está muy emocionado, pero ya no estoy tan segura de ir.
Contengo las ganas de aclararme la garganta cuando hablo.
—¿Y eso?
—Es que... no me gustan las multitudes. —Hace una pausa y mira por la ventana—. Me ahogan. Sin embargo, ellos... —Regresa la vista hacia mí y juro que puedo ver un cambio en sus ojos, pero es breve—. Ellos me hacen sentir menos sola, sus canciones cuentan lo que no me atrevo a decir en voz alta.
Quiero resoplar, acribillarla con preguntas, pero me contengo.
—¿Y si fueran tú y ellos en una habitación? Sin público... ¿qué pasaría? —cuestiono.
Ella sonríe. Es una sonrisa amable, pero falsa. No malintencionada, solo... cansada.
—No sé. Probablemente me quedaría muda. O les pediría un abrazo. La verdad, no me gusta soñar despierta. Es algo que jamás pasaría. Además, aquí entre nos, tengo miedo de que no sean como los imagino, ya sabes, que todo sea una actuación ante las cámaras.
Habla como una fanática cualquiera, como alguien que no tiene un pasado en común con nosotros. Podría arrancarle esa ilusión que se ha creado y regodearme en su decepción, pero una vez más, me contengo; primero debo averiguar sus intenciones.
—Quiero ir —añade—. Este concierto ha sido lo que me ha mantenido a flote en los últimos meses, no sé qué será de mí mañana o la semana que viene, no hice planes más allá de esta noche.
—Eso es...
—Ridículo ¿verdad? Si continúo o no con vida, no debería depender de ocho hombres que nunca sabrán de mi existencia.
—Lo que sea que te dé fuerzas para vivir —digo, encogiéndome de hombros—. No soy quién para juzgar. Tengo curiosidad, ¿desde cuándo sabes de ellos?
—Oh, en diciembre del año pasado, vi a Prince bailando. Aunque soy muy mala en ello, adoro ver a la gente hacerlo. Su rostro y movimientos simplemente me cautivaron, luego fue cuestión de tiempo que los demás se hicieran notar.
—Astray debutó en 2018 —comento pensativo.
—Lo sé, es una lástima que no supiera de ellos entonces. —Su expresión se ensombrece—. Entonces, ¿los conoces? Solo un fan sabría el año exacto en que comenzaron su carrera musical.
—He oído esto y aquello. Y sé de alguien que los verá esta noche, quizás pueda encontrarse contigo y tu amigo, él va solo y seguro que apreciará la compañía. ¿En qué sección están?
—Oh, ¿en serio? Estoy en la sección 325.
—Déjame confirmarlo. —Finjo comprobarlo en mi teléfono—. Qué coincidencia, está en la misma sección, aunque no me dijo el asiento.
—Nosotros estamos en la fila C, asientos ocho y nueve —ofrece sin preocupación.
—Puedes darme tu número y se lo paso para que te contacte, si eso está bien para ti. —Le tiendo mi teléfono para que lo haga.
—Aún no estoy cien por ciento segura de ir, pero Alex irá con o sin mí, así que le avisaré. —Guarda el contacto y sin querer presiona el botón de inicio, revelando mi fondo de pantalla—. Creo que nunca había visto esta foto de Conill, sus gatos son preciosos.
Recupero el aparato antes de que pueda ver algo más.
—La descargué en Pinterest —miento—. Creo que deberías ir al concierto, será una experiencia única.
—No sé... Es muy difícil.
—Sé que no es fácil lidiar con la ansiedad o la presión social. Pero, es la primera vez que los verás en vivo, no sabes cuando harán otra gira y creo que, cuando estés allí, escuchándolos cantar, te sentirás bien. Quizás, incluso, encuentres una razón para quedarte más tiempo.
Esas palabras tienen peso y sé por el brillo en sus ojos, que lo entiende.
Stayra
El desconocido no dice adiós, solo se levanta y me ofrece una suave inclinación de su cabeza antes de alejarse. Mis ojos lo siguen hasta la puerta y luego observo su café intacto.
Paso allí más tiempo del esperado, incluso ordeno otro café. Le doy vueltas a sus palabras y tras asimilarlas, me dirijo a casa. Quisiera tener algo bonito para lucir, pero hace mucho que no compro nada para mí porque mi presupuesto no me lo permite. Sobrevivo con lo que me sobra tras enviar un gran porcentaje de mi salario al benefactor que me salvó la vida años atrás.
Necesitaba una cirugía urgente y no tenía como pagarla, por política, el hospital se negó a trabajar sin que se abonara al menos la mitad y eso, más los cuidados posteriores, hicieron una suma exorbitante. A menudo deseé que me hubieran dejado morir en esa camilla, otras veces me reprendo por ser tan malagradecida.
Tuvieron que operarme de emergencia, mi pierna derecha se había roto y había sufrido daños en la cabeza. Sin información o seguro médico, al principio se negaron a atenderme. Afortunadamente, apareció el benefactor. Sin alguien que autorizara la cirugía de alto riesgo, mi médico asumió la responsabilidad, aunque no habría nadie quien reclamara por mí si algo salía mal.
Dijeron que estuve en coma por casi un año y que, de hecho, me habían desconectado, dándose por vencidos, cuando comencé a respirar por mi cuenta. Al despertar, no tenía idea de quién era yo, o si tenía familia. Ninguno de esos datos figuraba en mi récord. Solo mi nombre, Stayra. Sin apellido.
No sé si mi ansiedad nació tras el accidente, o era así desde antes, no tengo a nadie a quién preguntarle. Nunca hice las paces con esta segunda oportunidad. ¿La merecía? El vacío que siento en mi pecho me grita que no.
Cuando llego al cuarto que alquilo, al cual incluye una minúscula cocina y un baño aún más pequeño, mi inquilino no autorizado ya está ahí. Frente a la cocina, está el sofá donde Alex duerme la mayoría de las noches, más allá, está mi cama individual y la única otra puerta que da al baño.
En un rincón, un perchero reúne gran parte de mi ropa, el resto está en el canapé abatible de la cama.
—Por favor, dime que has recapacitado e iremos juntos al concierto, no será lo mismo sin ti.
No sé si debo agradecer o culpar a Alex de mi obsesión con Astray, fue él quien me envió ese video de Prince, los conoce desde siempre y tiene un flechazo con él, aunque dice que es totalmente platónico. Prince no solo canta y baila, también pinta y eso me hace conectar con él de manera que no lo hago con los demás.
Mi estilo es más digital que tradicional, a diferencia de él, pero el arte es arte sin importar el medio de expresión.
—Iremos —confirmo, dejando mi bolso en la encimera de la cocina. Saco el cartón de jugo de la nevera y me sirvo un vaso. Luego lleno un cuenco con cereal y me lo como con las manos, dando sorbos de vez en cuando—. Me encontré con este chico en el café, pensarás que soy rara, pero siento que lo conocía de alguna parte. Su voz, aunque ronca por un reciente resfriado, me hizo tenerun déjà vu—confieso.
—¿En serio?
—Sí, pero no puedo explicar qué vi, solo tuve esa sensación.
—Podrías estar recordando.
—Me resigné a no hacerlo. Si olvidé mi pasado y ni siquiera la terapia me ayudó, es porque así es mejor, no hay nada que valga la pena recordar.
—Está bien, bebé.
—Trabajaré un poco, despiértame si me duermo —le pido.
Tengo el turno nocturno en una tienda de convivencia y suelo dormir de cuatro a seis horas en el transcurso del día, no obstante, tengo unos pedidos atrasados. Como artista digital, acepto comisiones para ilustrar personajes, escenas de libros y diseño de portadas.
Como era de esperar, me quedo dormida en mitad de un dibujo, Alex me llama a media tarde con una expresión de disculpa.
—Aunque parece temprano, en conciertos de esta magnitud, es mejor llegar con antelación. Toma la ducha primero, nos haré sándwiches para ayantar al estómago.
Asiento, aún adormilada, y hago lo que pide. Cuando salgo, él toma el relevo mientras yo engullo los panes.
La ropa de Alex siempre está en una bolsa para zapatillas Skechers, va y viene con recambios. Dice que, como trabaja en un club nocturno donde se la pasa prácticamente desnudo, no necesita más. Lo cierto es que, según mi contrato, no puedo tener visitantes que pasen la noche. Pero Alex necesitaba un lugar para ducharse y donde dormir de vez en cuando, así que me dejé sobornar por trescientos dólares al mes, lo cual me ayuda con el alquiler.
Mi casero no vive en el edificio, la cámara del pasillo está averiada y rara vez vemos a los vecinos. Estamos a salvo.
Debería tener vergüenza cuando comenzamos a cambiarnos frente al otro, pero fue Alex quién me ayudó durante mi recuperación. Era el chico de la limpieza en ese entonces y al ver que yo estaba sola, cuidó de mí.
No tengo cómo pagarle, casi le dejo quedarse de manera gratuita, pero su parte de la renta alivia un poco mi carga.
Levanto mi colchón para acceder al canapé abatible y entresaco algunas prendas. Me decido por un vestido negro estilo overol que va muy bien con mis botas de plataforma, llegan hasta las pantorrillas y le cuelgan cadenitas. También me pongo medias de red y guantes sin puntas.
—Guau, parece que vas a presentarte junto a ellos —comenta Alex, quien no luce muy diferente.
Optó por una camiseta negra desgarrada y pantalones negros con rotos, su cinturón tiene varias cadenas al igual que sus botas. El negro se ve genial contra su piel clara y ese cabello rubio peinado hacia atrás. La argolla que acompaña su oreja derecha le da el toque. Es todo lo que puedo apreciar de él ya que, si me enfoco en su rostro, veo borroso.
—No seas exagerado. Tú también te ves bien, por cierto. No sé si ponerme la chaqueta —sopeso.
—Hazlo, puede que llueva y hará frío en la noche.
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—Hay tanta gente —digo con mi mano cubriendo mi boca por las crecientes náuseas—. No sé dónde empieza una fila o dónde termina otra.
—Preguntemos.
Mientras avanzamos hacia la multitud, mi mano se aferra al brazo de Alex. Un par de chicas nos detienen para ofrecernosfreebies, pequeños recuerdos en su mayoría hechos a mano que hacen los fanáticos como obsequio o intercambio. Consigo varias fotos de los miembros, pegatinas y llaveros. Todo el mundo es amable y risueño, sin embargo, no consigo relajarme.
Alex se entera de cuál es la fila para nuestra sección y mientras esperamos allí, compruebo mi teléfono.
Número desconocido: ¿decidiste venir al concierto?
Debe ser el amigo del chico que vi esta mañana.
Yo: Estoy en la fila para entrar, ¿y tú?
Número desconocido: mi amigo no pudo venir, estaré yo en su lugar.
Yo: Oh, ¿y dónde estás?
Número desconocido: ya estoy dentro, te veré luego.
Yo: ¿cómo voy a reconocerte?
Aún si pudiera ver bien, por las sombras, me parece que llevaba puesta una mascarilla.
Número desconocido: gritaré tu nombre.
Yo: no sabes cómo me llamo.
Número desconocido: Estaba escrito en tu vaso.
Yo: cierto, ¿As? Es diminutivo de algo, ¿Asher, Ashley?
Número desconocido: solo un adjetivo que me describe.
Hago una rápida búsqueda en internet. Qué presumido.
Yo: Lo que sea.
Número desconocido: ¿Qué llevas puesto?
No puedo creer que me sonroje ante la pregunta. Suele hacerse en un contexto muy diferente. Eso, si las novelas que leo tienen un mínimo porcentaje de realidad.
Rápidamente le describo mi atuendo.
Yo: me perderás entre el mar de negro que hay aquí.
Número desconocido: ¿tu cabello sigue siendo verde?
Yo: sí, es permanente.
Número desconocido: entonces será fácil encontrarte.Disfruta del show, Stay.
Stay.
Stay.
Stay...
—¿Qué te tiene tan distraída? —La pregunta de Alex me sobresalta.
—Oh, no es... ¿recuerdas el chico del café? Era él. Al parecer ya está dentro.
—No han abierto las puertas —señala Alex.
—Quizás tenía acceso a la prueba de sonido —asumo.
—Mmm, ah, mira, ya están avanzando.
Efectivamente, la fila comienza a achicarse conforme pasan por los guardias que revisan los bolsos y luego hacia el lector de los boletos. Cuando es nuestro turno, el lector no se pone verde, sino rojo, y el sonido que hace consigue que mi corazón se salte un latido o dos.
Nerviosa, vuelvo a pasar mi teléfono, pero ocurre lo mismo.
—Déjame a mí. —Alex toma el teléfono, limpia la pantalla. Incluso la guardia de seguridad limpia el lector y lo intentamos de nuevo. Ese jodido sonido de rechazo me está colmando los nervios.
—Deben hacerse a un lado y dejar a los demás pasar —nos pide la mujer. Inquieta, me aparto. Reviso mi billetera digital y confirmo que los boletos están allí—. ¿Tienen un comprobante de compra? —pregunta después que avanza un pequeño grupo.
—Sí, aquí. —Localizo el correo en cuestión, incluso abro la aplicación de Ticketmaster y le muestro el código de barras.
—Vamos a hacerlo manualmente, permíteme —le cedo mi teléfono y ella digita los números de ambos boletos, pero sigue sin funcionar—. Lo siento, si no puedo validar el código, no puedo dejarlos pasar.
—¿Cómo así? Ya has visto el comprobante, y los boletos, debe haber algo malo con el censor —le dice Alex con el ceño fruncido.
—Son las reglas, lo siento.
—¿No hay algo que puedas hacer? ¿Llamar a un supervisor? —sugiero alzando un poco la voz por el miedo de no poder verlos esta noche después de haber llegado hasta aquí—. Por favor.
La mujer comienza a negar.
—¡Tiene que haber una forma! —estalla Alex; rara vez lo he visto alterarse. Es mi calma en la tormenta, la paciencia en mi desesperación—. Compramos esos boletos legalmente, ¿cómo es posible que no podamos entrar?
—Señor, debe calmarse y hacerse a un lado para que pasen los demás.
—No hasta que nos den una solución.
—Alex, ya basta, estamos retrasando la fila. —Me sentiré peor si arruino la experiencia de los demás, él debe verlo en mis ojos porque suspira y se coloca a mi lado junto a la puerta.
Vemos entrar a todo el mundo, incluso a los retrasados; al echar un vistazo a mi teléfono, veo que solo faltan diez minutos para que inicie el show. Desde aquí podemos oír a la gente cantando a pesar de que la banda no ha salido al escenario.
—Oye, oye, no llores —me dice Alex; no sé en qué momento comenzaron a escapárseme las lágrimas—. Odio verte así, ¡maldición! —Me abraza durante unos segundos—. Se suponía que esta noche... —Hace una pausa y me suelta, luego se acerca al miembro de seguridad—. Escuche, sé que es su trabajo y que tienen políticas, pero mire bien los boletos y el correo; esta misma mañana recibimos un recordatorio para el evento.
—Llamaré a mi supervisor.
Esperamos durante cinco minutos hasta que dos hombres en traje se aproximan y piden una explicación. Uno de ellos revisa su propia tableta y frunce el ceño.
—Al parecer, alguien ya entró con los mismos boletos, por eso sigue dando error.
—Eso no es posible.
—Es raro, pero cuando la página se sobrecarga, puede dar estos errores. Lo reportaremos. Como disculpa, podemos ofrecerle unos asientos VIP.
—¿En serio? —cuestiona Alex—. ¡Eso es genial!
—Perfecto, entonces síganme. —No he asimilado bien las palabras cuando estamos cruzando pasillos, viendo gente delstaffcorriendo de un lado para otro. Por fin llegamos a la puerta que nos da acceso al campo—. Sus manos por favor. —El sujeto nos coloca bandas en las muñecas con el número de asiento—. Es una suerte que se liberaran estos asientos en el último minuto. Eso es todo, que disfruten elshow.
—¿Cómo hemos tenido tanta suerte? —le pregunto a Alex cuando nos acomodamos en nada más y nada menos que en la primera fila del VIP, tenemos una vista frontal y lateral del escenario, es increíble—. ¿Esto es real?
—Después del susto que vivimos ahí afuera, más vale que sea real —masculla—. Y eso que no querías venir.
—Sí quería venir —replico—. Es solo que... la gente —señalo en un murmullo; incluso aquí, a pesar del clima, siento calor. El ruido de la gente parloteando sin sentidos me pone nerviosa. Pero, hay una parte de mí que da saltitos en mi interior.
—Son pasadas las siete, parece que empezarán con retraso —murmura una chica detrás de nosotros.
Justo en ese momento, suenan los acordes de la canción de apertura,Over the edge. Mi corazón se acelera y por instinto busco la mano de Alex para apretarla con fuerza. El retumbe de la batería, los acordes de la guitarra, la vocalización en laintroy la bienvenida que nos da Angel con su voz grave.
—London, are you ready!
La multitud estalla en vítores.
Me sorprende unirme a ellos cantando a todo pulmón.
I reached the top, but the silence is loud,
Every cheer fades like dust in the clouds.
My hands still shake, though I’m standing tall,
The higher I rise, the deeper the fall.
(He llegado a la cima, pero el silencio hace ruido. Cada aplauso se desvanece como polvo en las nubes. Mis manos aún tiemblan, aunque me mantenga firme. Cuanto más alto subo, más profunda parece la caída).
The wind reminds me I’m close to the end,
But fear’s an old, unwelcome friend.
If I slip again, I’ll climb once more,
Scars don’t scare me, they built my core.
(El viento me recuerda que estoy cerca del borde, pero el miedo es un viejo amigo al que ya no recibo. Si vuelvo a caer, volveré a escalar. Las cicatrices no me asustan: fueron las que me formaron).
La canción es enérgica y vibrante. El suelo bajo mis pies tiembla y la piel se me eriza. Es imposible quedarme quieta. Cuando echo un vistazo hacia Alex, está mirándome en vez de al escenario.
—¿Qué?
Desearía ver su expresión justo ahora.
—Nada, es solo que me gusta verte sonreír.
Probablemente es la primera vez desde que me conoce que percibe una felicidad auténtica en mí.
—Gracias por esto.
—¡Oh, mi Dios, Reign! —grita alguien a mi lado.
En la parte actual de la coreografía, el líder de Astray se acerca a nuestro lado, pero todos están mirando hacia el frente. Cantan tres canciones más antes de pausar para darnos formalmente la bienvenida. Reconozco la voz de cada uno y me siento cálida por dentro. No sé cómo lucen. Si en realidad son tan apuestos como dicen. Nada de eso me importa. Es cómo me hacen sentir.
City lights blur into lines on the glass,
Chasing reflections of things that won’t last.
Every road I take feels the same,
Faded faces still call my name.
(Las luces de la ciudad se difuminan en el cristal. Persigo reflejos de cosas que no van a durar. Cada camino que tomo se siente igual. Rostros difusos siguen diciendo mi nombre).
Lágrimas bañan mi rostro cuando tocanDrifting. Es tan personal que no alcanzo a describirlo con palabras. Sé que es Angel frente a nosotros por su cabello rubio y largo, además de su voz grave que se rompe un poco en la siguiente estrofa.
Echoes fade where my heart should be,
Silence speaks louder than memories.
(Los ecos se apagan donde debería estar mi corazón. El silencio habla más fuerte que los recuerdos).
Su rostro gira en mi dirección al cantar esa línea y olvida seguir con la siguiente parte.
I’m still moving, but I’m not alive,
Lost in motion, trying to survive.
(Sigo moviéndome, pero no estoy vivo. Perdido en el movimiento, solo intentando sobrevivir).
Es Reign quien lo reemplaza rápidamente al percatarse de que solo sigue la melodía sin voz. Angel parece recuperarse de lo que sea que sucedió y cambia de lugar con Lekvis. Él también evalúa la zona y saludan con la mano, lo imagino sonriendo, aunque no puedo ver las líneas de sus labios o sus ojos, hasta que llega a nosotros y se congela.
Yo también estoy paralizada, porque él está viendo hacia mí. ¿O tal vez a Alex? Podría ser alguien detrás de mí...
—Te vieron —murmura Alex en mi oído—. Te vieron.
Entonces me abraza y, aturdida, palmeo su espalda.
—¿Está todo bien?
—Sí, es solo que esperé... tanto.
—¿De qué estás hablando? Fuiste a la gira pasada.
—Parece que fue hace mucho más tiempo —murmura.
Cuando llega la canción de cierre,No turning back,todo lo que puedo pensar es en que no quiero que se termine. Los chicos aprovechan esta canción para bajar del escenario y dar la mano a los fans o tomarse fotos con ellos, sin dejar de cantar o animar al público.
I tripped a thousand times on my way here,
Still I rise, even dragging my fear.
(Tropecé mil veces en mi camino hasta aquí. Aun así me levanto, arrastrando mi miedo).
Como en cámara lenta, Konayn corre hacia nosotros con su mano en posición para chocarla, siempre hace eso. El toque dura una milésima de segundo, pero juro sentir un corrientazo. No debo ser la única porque pausa un momento allí e inclina su rostro como tratando de verme mejor.
—¡Konayn, una foto, por favor! —suplica la chica a mi lado, todos saltan y quieren pasar hacia adelante.
Eso me saca de onda. Recuerdo que estoy entre un montón de gente que no conozco. Que soy pequeña y que podrían aplastarme y caminar sobre mí. Me encojo sobre mí misma, sentándome y dejando que otra ocupe mi lugar.
—Oye, no seas grosera, regresa a tu asiento —le dice la chica que estaba a mi lado a la impertinente que ocupó mi lugar sin cuidado.
—Ella se sentó, ¿qué te importa?
—Está incómoda porque no dejabas de empujar, ¿no estabas en la fila de atrás?
—Como sea.
La persona se aleja y tengo otra vez una vista clara del escenario.
—Gracias por eso, estaba a punto de empujarla —le dice Alex.
—Mejor yo que tú —le responde la chica—. ¿Estás bien?
—Sí, gracias —me fuerzo a decir.
Konayn se ha ido, pero en alguna parte, Prince está cantando.
They ran ahead, but I learned slow,
The cracks in the ground helped me grow.
(Ellos corrieron delante, pero yo aprendí despacio,
Las grietas del suelo me ayudaron a crecer).
Lo veo en la tarima, diciendo adiós con las manos. También mira hacia aquí e inclina la cabeza con curiosidad. Me pregunto qué está pasando. ¿Es mi atuendo? ¿Mi cabello? ¿Les parezco rara? Alex dice que soy bonita, pero no puedo ver mi propio rostro y sé que tengo una cicatriz en la mejilla. Puedo sentirla grande, pero debe ser más grotesca de lo que Alex me hizo pensar.
Every scar’s a map I made,
Proof of the choices I’ve faced.
(Cada cicatriz es un mapa que tracé, prueba de las decisiones que enfrenté).
Canta Conill en alguna parte y me cubro la cara. Kitsu se une a Prince, colocando un brazo sobre su hombro y cantando animadamente.
No spotlight, no applause,
I’m enough with all my flaws.
(Sin focos, sin aplausos, soy suficiente con todos mis defectos).
Ellos intercambian de lugar con Sciurus y Reign, que cantan al unísono.
Stay, when the night feels too long,
Stay, when the world says you don’t belong.
Together we fall, we break, there’sno turning back,
The fire inside lights up our track.
(Quédate cuando la noche se haga eterna. Quédate cuando el mundo diga que no perteneces. Juntos caemos, nos rompemos, no hay marcha atrás. El fuego dentro ilumina nuestro camino).
—Muchas gracias, Londres, espero verte pronto de nuevo.
Los chicos desaparecen, las luces se apagan, pero nadie se levanta. Los entiendo. Yo tampoco quiero que se acabe. Fue el mejor momento de mi vida. No creo que, incluso antes del accidente, me haya sentido tan viva.
Salir del estadio y dirigirnos a casa es un martirio, no puedo negarlo. El cansancio nos golpea repentinamente y tenemos que caminar cerca de una hora antes de conseguir un taxi. Cuando llegamos a casa y me tiro en la cama, una duda me asalta.
—Oye, Alex, ¿crees que soy fea?
—¿De qué estás hablando? Eres preciosa.
—Pero, la cicatriz en mi rostro...
—No es tan mala como piensas. Creo que solo resalta tu belleza.
—Eso no tiene sentido —resoplo.
—No le des más vueltas, descansa.
—Descansa.
″- Hola, hola... hace mucho que no publico nada por aquí, así que estoy nerviosa...
Este libro es un proyecto que empecé con altas expectativas, pero siempre que avanzaba, terminaba borrando entre diez y quince mil palabras para comenzar de nuevo.... esta versión tampoco es perfecta, pero es con la que me siento más cómoda actualmente y por eso decidí compartirla con ustedes... -″