Introduction
Las risas estridentes resonaron por todo el salón haciendo que el menudo chico se encogiera más en su lugar, si es que fuera posible. Había perdido la cuenta de las palabras ofensivas que le dirigieron todos aquellos que se creían con el derecho de criticarlo. Era injusto y cruel pero en el mundo en el que vivía, a nadie le importaba como se rompía un corazón. Estuvo horas practicando en silencio como se declararía y aunque sabía que estaba apuntando muy alto, tenía una pequeña esperanza de al menos ser escuchado; cuan equivocado estuvo, cuan jodidamente equivocado.
Tuvo que haberlo imaginado en el segundo en que aquel despreciable ser le pidió que repitiera lo que había dicho. Cualquiera en su lugar se habría dado cuenta pero él era inexperto y un completo idiota, así que lo dijo de nuevo. Habló de sus sentimientos y de lo mucho que significaba para él hacérselo saber a aquel que había sido su amor durante los tres años de secundaria. La clase entera lo escuchó y fue tan humillante, lo peor que había sentido en sus dieciseis años, no por el hecho de que supieran que le gustaba aquel chico sino por la burla y el desdén que le mostró la persona de la que estaba enamorado.
–Siempre supe que eras uno de esos maricas pero no pensé que te atreverías a tanto.
Todo el salón se hizo eco de aquella frase y como si fuera lo más gracioso del mundo comenzaron a reir y abucharlo. Le gritaron y le lanzaron lápices y cuanto objeto tuvieron a mano. Se rieron y corearon "maricón" a viva voz, como si fuese divertido, como si el simple hecho de sentir atracción por otro hombre fuera un delito o una enfermedad. Fue denigrante y doloroso, todos se ensañaron con él y lo trataron como basura pero lo más triste fue la sonrisa de victoria de aquel chico, era fría y tan insensible que se le quedó grabada en la memoria.
Tratando de recoger su orgullo roto y los pedazos de su corazón, dió la espalda a la persona que hasta ese momento había sido su sueño, era hora de despertar y vaya que lo haría de la peor manera. Su personalidad suave y delicada le impidió enfrentarlo, no podía, no delante de decenas de estudiantes que lo miraban con burla y asco. Hizo lo único que le quedaba, se marchó del salón para no regresar jamás, nunca volvería a poner un pie en ese lugar, no era fuerte y sabía que le costaría muchísimo recuperarse después de esa humillación. Caminó cabizbajo hasta la salida sin mirar atrás, no quería ver al popular de la escuela en el centro de aquel circo vanagloriándose de su victoria, lo mejor era desaparecer, el tiempo se encargaría de ayudarlo a superar el dolor, confiaba en que así sería.
–No se en que estabas pensando cuando decidiste que era buena idea confesar tus asquerosos sentimientos, solo tienes que ver quien soy para darte cuenta de que jamás miraría a alguien como tú.
Y si creía que lo anterior había sido malo, esto último se encargó de hundirlo más en la tristeza. ¿Qué había hecho mal en la vida como para merecer semejante trato? ¿A quién había hecho daño como para estar pagando de esa manera tan cruel? ¿Qué tenía de malo enamorarse de un chico? ¿Había algo mal en él? Sabía que no era alguien precisamente atractivo ni popular, que usaba lentes gigantes porque tenía problemas en la vista y que su forma de vestir tampoco era a la moda pero eso no lo definía como persona, eso era simplemente una apariencia. Aquel ser despreciable que había sido su amor durante años, fue el mismo que se encargó de abrirle los ojos sin miramientos, le enseñó que en efecto, las apariencias no son más que eso, una imagen externa que no demuestra lo que hay por dentro porque a veces lo que brilla por fuera y deslumbra, en el interior puede estar podrido.
