Corona de flores rojas

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Summary

Años noventa, Asunción. La fiscala Alma es hallada muerta en su domicilio, presuntamente de un crimen pasional. Pero el detective Sergio sospecha que hay algo más y, con el apoyo del oficial Miguel, van desentrañando un caso que resulta ser más perturbador de lo que imaginaban.

Genre
Mystery
Author
Msolfere
Status
Ongoing
Chapters
20
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1. La muerte de la fiscala

— Nde, ya otra vez asesinaron a alguien.

— ¡Che dios marangatú! ¿Y quién pio fue esta vez?

— Una tal fiscala. Dicen que fue crimen pasional.

— ¡Nde bárbaro! Seguro le fue infiel.

Unos señores estaban conversando en un parque, mientras hojeaban el diario del día. A unos metros, se encontraba una pareja tomada de la mano, mientras un canillita repartía periódicos por los alrededores. Al fondo, pasaba el peculiar tranvía, enmarcando la postal típica del antiguo casco histórico de Asunción.

En las proximidades estaba un hombre de unos 45 años, cabellos castaños y una campera de cuero sobre su camisa blanca. Era el detective Sergio, quien salía de su departamento para dirigirse a una parada de taxi y, con suerte, llegar a la casa de su próximo cliente en la hora acordada.

Un poco al extremo del parque, un perezoso guardia encendió la radio con frecuencia AM, en donde se escuchaba la siguiente transmisión:

"Hoy, 3 de julio del año 1993, se halló el cadáver de la fiscala Alma Benítez en su domicilio. Las autoridades señalaron a una ex pareja como perpetrador del asesinato a mano armada, por lo que se presume fue un crimen pasional. La prueba está en la corona de flores colocada sobre la cabeza de la víctima, que poseía las huellas dactilares del sospechoso y… "

Pero el detective no consiguió escuchar más, porque se alejó bastante del área hasta alcanzar la parada de taxi. Por suerte, había un vehículo disponible, por lo que subió y le indicó al conductor:

— Llévame a la calle Azara esquina Charles de Gaulle.

— Como diga, don.

Sin más aclaraciones, el taxista arrancó el motor y le llevó al detective al destino indicado.

………………………………………………………………………………………………………

— Ella ko era muy guapa, demasiado valé para este país jodido.

— Merecía más nuestra bebé, muy miserable cómo terminó.

Los padres de la fiscala, quienes eran unos ancianos jubilados de avanzada edad, habían llamado al detective Sergio para que investigara el caso. Ellos no creían que fuera un mero crimen pasional porque la ex pareja siempre había sido un hombre honrado. Aun si la relación no funcionó, siempre se trataron bien y, cada tanto, cooperaban juntos en algún caso complejo.

— Las noticias mienten todo, son puros sensacionalistas – reclamó el papá – me duele que los periodistas manchen la imagen de mi niña, cuando ella demasiado mucho luchó por la justicia.

— Ella nos habló de que se metió en algo turbio – continuó la mamá, mientras hacía sonar su nariz – no sabíamos en qué, prefería mantenernos al margen. Pero ayna, yo ko sabía que esto le iba a pasar.

— Comprendo su dolor – dijo el detective, mientras hacía sus apuntes en una libreta – por cierto, ¿la fiscala tuvo hijos con su ex pareja?

— No. Nunca tuvieron hijos – respondió la mamá – siempre quisimos nietos, pero demasiado ocupados estaban para eso. Sin embargo… hay alguien…

— ¿Quién?

— Se llama Miguel- respondió, esta vez, el papá – es un policía, pero de los buenos. Es un muchacho muy guapo, humilde.

El detective Sergio no evitó mostrar una mueca de disgusto cuando escuchó la palabra “policía”. Y todo era porque, hacía un par de años, se involucró en unos casos de desapariciones forzadas surgidas durante la dictadura de Stroessner, descubriendo así que gran parte de la Policía Nacional estaba involucrada. No obstante, debía contenerse si quería resolver el caso y ser recomendado para situaciones futuras.

— Aun así, se atrevió a preguntar:

— ¿Creen que el señor Miguel pueda tener relación con el asesinato?

Antes de responder a esa pregunta, un policía ingresó a la casa, o eso intuyó Sergio, debido a que portaba el clásico uniforme caqui que solían llevar los oficiales. El recién llegado tenía los cabellos peinados a un costado, enmarcando así sus ojos grandes y el mentón cuadrado, sin vello facial. El detective calculó que podría estar en sus treinta, dada a su apariencia y porte.

Sin embargo, el policía no estaba ahí por alguna cuestión de su oficio, sino más bien se encontraba en calidad de visitante.

Apenas notó a la pareja de ancianos, se acercó a ellos, abrazó a la mujer y le dijo, con una voz apagada:

— Mis pésames.

La mujer lloró en su hombro, mientras el anciano se acercaba también y, mientras le daba palmadas en el hombro, le decía:

— Gracias por venir.

Tras esa escena, Sergio captó que ese policía era Miguel y estaba muy allegado a la familia. Sin embargo, no parecía ser un pariente, más que nada por tener una apariencia muy diferente a la de la fiscala, quien se caracterizaba por sus cabellos rubio oscuro y ojos celestes. El papá también poseía los ojos de ese color, mientras que la mamá los tenía marrones.

Cuando Miguel se separó de la anciana, le dijo:

— Interrogué al ex, pero se cagó de miedo y me dijo, una y otra vez, que era inocente. Pobre diablo, no creo que sea él.

— Nosotros también creemos en su inocencia – le dijo el anciano – por eso decidimos contratar a un buen detective para llegar al fondo del asunto.

Miguel se percató de la presencia de Sergio, pero actuó como si no le importara. El detective, ocultando su pavor por estar delante de un policía, extendió su mano en señal de educación y le saludó:

— Es un gusto, oficial. Soy el detective Sergio y estaría encantado de tomar este caso.

El policía miró la mano extendida, pero no la estrechó. En su lugar, volvió a dirigirse a los ancianos:

— Regresaré al lugar de los hechos, quizás se me pasó algo. Les juro que voy a pillar a ese hijo de puta y me las va a pagar. Cueste lo que me cueste.

Con esas duras palabras, se retiró del lugar.

La anciana respiró hondo, se secó las lágrimas y le dijo a Sergio:

— Será mejor que vaya también a apoyarlo. Así vas a ver mejor la escena y no dejarte llevar por la prensa.

— ¿La casa sigue allanada por la policía? – le preguntó Sergio.

— Sí, han cerrado todo para que los periodistas no entren ahí a tocar las cosas – respondió el papá – seguro te dejan entrar, así hacés esas cosas de detectives como suelo ver en las películas.

— Ojalá fuera así de fácil – suspiró Sergio – pero no se preocupen. Me centraré en el caso y, conforme avance en mis investigaciones, los estaré avisando.

Cuando termino su reunión con los padres de la fiscala, volvió a tomar un taxi para, esta vez, ir al lugar de los hechos.

Lo que no sabía era que acababa de involucrarse en un caso que resultaría ser más turbio de lo que incluso los ancianos se imaginaban.

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Che dios marangatú: Significa “Mi Dios Santo” o “Mi Dios bondadoso”, se usa especialmente para reflejar sorpresa ante un hecho inesperado.

Guapa/guapo: En Paraguay, usamos este término para referirnos a una persona trabajadora y honrada, habla más de su belleza interior que física.