El ladrón de las memorias

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Summary

En las noches más oscuras y silenciosas, con el arrullo de los suspiros al dormir y el suave latido de los corazones infantiles, alguien invisible se pasea entre las habitaciones. No tiene nombre. No tiene forma. No tiene recuerdos. Un alma fragil, dependiente de memorias ajenas, esferas de luz que apenas y pueden sostener su dolorosa existencia Pero todo cambia cuando conoce a Cassidy, una niña de ojos brillantes que lo ve, lo escucha... y lo recuerda. ¿Puede un ladrón de memorias vivir eternamente si alguien lo guarda en su corazón?

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13+

El ladrón de las memorias

Los mejores momentos comienzan con la luna en el cielo, acompañada de su elegante tropa de estrellas, un manto de plata que derrama brillo y sueños. Como luciérnagas que cintilan sobre mi cabeza; lo único que no olvido al final de la noche, al igual que la cálida luz del sol al comenzar la mañana.

Sensaciones similares a cuando se roba un recuerdo.

Quién soy, quién fui, no importa, no tengo un pasado que defina mi existencia, quizás nunca fui nada, quizás apenas una mota de polvo o un error que el mundo olvidó corregir. Como el fantasma de algo que se perdió hace mucho, una sombra o, en el mejor de los casos, un sentimiento; siendo que ahora no puedo evitar la envidia creciente contra todos aquellos que poseen uno de los tesoros más especiales que tiene la vida, la memoria.




Respiraciones lentas y acompasadas, suaves cual melodía. La oscuridad se apodera de todos ellos, envolviendo sus cuerpos hasta que el sol vuelva a salir.Entre suspiros y mantas, observo a los niños dormir, dulces corazones que no han sido tocados por la codicia ni manchados con envidia, tiernas infancias que ojalá su tan efímera inocencia fuera eterna.

En medio de la oscuridad siento latir sus sueños, anhelos y más puros deseos. Una adicción que me duele y atormenta, que desgarra mi conciencia y oprime lo que queda de mí, pero me trago el remordimiento, guiado por tan dulces tentaciones

Y nunca es suficiente, el hueco en mi alma sigue presente; mi dulce tesoro… memorias robadas que puedo conservar hasta que vuelva a caer la noche. Quizás es porque no me pertenecen que pronto se deshacen en el viento, igual a miles de luciérnagas viajando en el cielo. Y lo único que conservo de ellas es eso, la imagen de su partida y apenas una muy leve sensación de nostalgia.




Es posible que tú hayas olvidado algo debido a mí, enseguida me disculpo, pero has de comprender que no soy capaz de retener nada especial que forje lo que soy.

También has de saber que, sin recuerdos, se esfuma la gente. Para ustedes es muy fácil obtener nuevos, pero yo jamás consigo crear propios, siendo que incluso envidio tus sueños…. A todo esto, lo cierto es que no tengo mucho que perder, pero cualquiera le teme al olvido.




Un ligero manto gris cubre las estrellas dejando así la luna brillando en soledad.

Trémula a causa del frío la gente descansa, a excepción de aquellos que las tareas hogareñas o laborales les han traído insomnio o, muy a mi pesar, están los que se retuercen en la cama envueltos en lágrimas y angustias.

Me escabullo sin problema en los hogares, entro sin inconveniente en las habitaciones. Uno tras otro, sueños, memorias, sonrisas y en ocasiones, en compensación, sustituyo pesadillas por maravillas.

Abriéndome paso en una habitación de reducido tamaño donde en silencio descansa mi próxima víctima de cabellos dorados, muy hermosa y tan pequeña.

Me acerco con sigilo, como una sombra entre las penumbras o igual al viento que se cuela por la ventana. Así de fácil, así de correcto, me adueño de una esfera de luz cálida, un pedacito de sol, esa es la forma de un recuerdo, uno lleno de significado y valor emocional, de esos que deberían estar marcados a fuego vivo en tu piel.

Como si fuera mermelada, resguardo mi tesoro en un frasco. Ya es hora de partir; un último vistazo, una última oportunidad para retroceder, pero no, creo que no esta vez. Enmudezco mis pasos mientras avanzo, mezclándome con la voz del viento y el murmullo de la cortina ondeando.

Un sonido, el suave rose de las sábanas y un bostezo pequeñito. Doy media vuelta y ahí está ella, mirándome con los ojos bien abiertos, aletean como mariposas y desbordan miel. ¡Que dichosos! ¡Que afortunados! Han logrado darme una forma, lo más cercano a una identidad, cosa que ni yo mismo consigo.

Sus labios se curvan en una ligera sonrisa. Su mirada parece brillar con la mermelada hecha de sueños y anhelos.

- ¿Qué es? – Su voz es suave, un susurro somnoliento que, por alguna razón, llena de tristeza mi corazón

-Un recuerdo

- ¿Es tuyo?

-No

- ¿Y por qué lo tienes?

-Por qué lo necesito

- ¿Para qué?

-Para no desaparecer.

Me contempla por unos segundos y siento una necesidad dolorosa por ver a través de sus ojos. Cuánto no desearía verme a mí mismo, cuánto no daría por esa curiosidad infantil y la sencillez con la que percibe el mundo. No parece comprender mis palabras y se distrae al instante con las risas que se escapan del frasco y las frágiles sombras de luz que se tambalean de lado a lado, como si bailaran.

Vuelve su vista hacia mí al tiempo que se levanta de la cama y se acerca con lentitud, lo que me permite apreciarla mejor. Las luces iluminan su rostro, igual que luciérnagas alegrando sus ojos, extendiendo su sonrisa.

- ¿Quién eres? – La pregunta me rompe. Dime tú, ¿quién soy? ¿qué vez?

-No importa

- ¿Por qué?

-Sin recuerdos no soy nada.

No entiende y no tiene por qué entenderlo. No hay necesidad siquiera de explicar.

- ¿Cuál es tu nombre? – Es extraño, como una herida y un curita al corazón, conocer un alma que no está vacía, que está tan llena que desborda en luz, que es diferente a la mía.

-Cassidy

- ¿Qué edad tienes?

-Tres

Observo a través de la ventana, ansioso de continuar mis robos, pero este bello descubrimiento me ha dejado cautivado, verla es como si me apuñalaran con ternura, un sufrimiento apaciguado con una sonrisa.

- ¿Qué soñabas?, dime- le devuelvo la atención

-Con mis padres, mi hermana. Hace tiempo no los veo. Me dijeron que murieron, pero no sé qué es eso, algunos me dicen que se fueron y nunca van a volver, ¿eso es morir?

Dudo un momento la respuesta, repasando mi propio concepto respecto a la muerte, aunque siempre he tenido claro que no existe peor forma de morir que olvidar y ser olvidado.

-Mientras los recuerdes- empiezo a decir- viven en tus memorias, hasta que no los olvides, siempre estarán cerca de ti.

Mis palabras duelen y pesan en mi pecho. Recién ahora soy consciente del tesoro que llevo entre mis manos, del significado de las risas ahogadas por el frasco de cristal, las voces susurrando palabras de amor y los sentimientos latentes iluminando tenuemente el rostro de su dueña, su dulce, pequeña e inocente dueña.

Lo mejor de los recuerdos es que nadie desaparece completamente, no hasta que no quede quién comparta sus historias, a través de las cuales se transmite su esencia y, por ende, parte de lo que fue su vida.

El sol toca el cielo al terminar mi trabajo y desaparece con la misma velocidad con la que toco un recuerdo; abriendo paso al arrebol que decora las nubes y luego la luna adornada de sombras, el manto de plata se extiende y las risas que contenía el frasco desaparecen, pero, para mi sorpresa, en esta ocasión al menos conservo la imagen de su mirada infantil




Cada día es como si fuese el primero, las mañanas transcurren y lo único que siento es el andar del tiempo. La forma en la que me desvanezco a pesar de no ver un cuerpo, desgastarme lentamente entre sombras y luz.

Sin recuerdos, sin pasado, una existencia confusa, quizás un fantasma o un espíritu flotando. Robando esferas de luz que se traducen en risas, suspiros, sueños y a veces historias enteras; pero, al final, no hay nada que pueda retenerme aquí por siempre.

Ágil, decidido, jamás trastabillo y, sin embargo, sus bellos ojos dejaron huella en lo que yo llamo “alma”, una que solo su inocencia puede apreciar.

Es así que, decidido a tomar mi último tiempo, cada noche visito con ansia a mi pequeña amiga que yace despierta sentada en su cama.

Dulce figura con quién comparto alegrías y sonrisas, escuchando atento sus relatos así al final del día lo único que quede en mi sea la vaga sensación de comodidad. Me he quedado a su lado mientras duerme, volviéndome protector de sus sueños, intercambiando pesadillas por historias felices, aunque sean pura fantasía.




Y si, desaparezco, me hago polvo de estrella a medida que pasa el tiempo, pero olvido mi temor tan solo por desvanecer los de ella.

Me complace su sonrisa y es un lujo alejarla de la verdad sobre la gente perdida a su corta edad.

Me agrada el susurro del viento y la luna en su punto medio, me agradan las estrellas tanto como me complace el calor del sol. Me agrada la oscuridad que envuelve mi corazón y la luz que lo libera; son estas sensaciones con las que anhelo partir.

Pese a mi inevitable fin, con dolor en mi alma anuncio mi desenlace a mi pequeña niña, quien con dulzura en su mirada y en su sonrisa trae paz.

-Te vas y no regresaras, morirás, ¿verdad? - su sonrisa se extiende- pero, tú siempre vivirás, en mi memoria, en ese lugar tan especial.