OO1 Bodas y rencores
Cuando cayo en cuenta que debia casarse con Carolina se molesto con mucha fuerza. Sus padres se esforzaban demasiado en una familia que ya no existia y ahora querian cumplir los sueños que ellos no cumplieron con él. Por Merlin, tenia 23 él podria perfectamente conocer a alguien con quien casarse, pero no queria, no queria atarse a esta edad.
No tenia nada en contra de Carolina, ella era realmente hermosa, demasiado que si fuera completamente hetero caeria ante sus pies sin pensarlo. Era bella, inteligente, amable con los niños y ademas era valiente, cualquier hombre o mujer la querria tener a su lado, pero él no era esa persona y tampoco pensaba atarla sabiendo que ella podria conseguir a alguien mejor.
Sin embargo por más que se esforzo para lograr parar esa boda no encontro solucion. Asi que sin más tuvo que asistir a la boda, se puso el traje negro que quedaba precioso a su figura, una flor en el bolsillo y peino su cabello. Habia hechado al carro una mochila con una muda de ropa por si le daba la valentia de correr a mitad de todo, pero sabia que no lo lograria, antes de siquiera pensarlo su papá ya lo habria atrapado y regresado a rastras.
La catedral de Guadalajara estaba bellamente adornada, tenia flores blancas en lo más alto y ya habia gente afuera para cuando llego, sudo frio, no estaba listo para casarse. Pero aún asi bajo, no le causaria la humillacion de no llegar a la boda a Carolina, ella necesitaba al menos una explicacion de por que repentinamente su prometido corria a mitad de la ceremonia gritando histerico: ¡No me casare! pero no era tan veloz como para poder escapar.
Entro al lugar acompañado de su señora madre, ella iba hermosa, deslumbrante como hace años, llevaba un vestido color vino que acentuaba su tono de piel, el pelo recogido en una trenza bella y un maquillaje leve.
— No quiero, mamá — suplico ofreciendo su brazo mientras entraban a la catedral.
— Miguel, por favor, mijo. — contesto ella — Carolina es hermosa y de buena familia, nos ayudara. — Pero no sere feliz — afirmo — Un matrimonio sin amor…
— Callate, Miguel . — reprendio — Un matrimonio sin amor si funciona, miranos a tu padre y a mi.
La confesion lo golpeo fuertemente, sabia que sus padres no se amaban pero no sabia que tampoco eran felices. Se pregunto si todos esos momentos en su niñez habian sido mentira, una vil mentira que le hizo enojarse y querer llorar pero lo evito, toda la gente tenia sus ojos en ellos, iban a mitad del camino, su madre ahora tenia una expresion suave y una sonrisa de oreja a oreja como si estuviera tan orgullosa de atar a su hijo con una mujer que ni siquiera conoce bien y como si fuera poco atar tambien a Carolina cuando no lo merecia.
— Ahora, hijo. Sonrie, ponte feliz estaras casado con la gran Carolina Levelt. — dijo acomodando su saco viendolo a los ojos una vez que llegaron al altar.
— Si, mamá — susurro
La musica clasica comenzo a sonar, su corazon latio demasiado fuerte, sudo frio, sus manos temblaban y no supo como es que le tenia tanto miedo a casarse. Carolina llego del brazo de su padre, el gran Esteban Levelt, un empresario reconocido de todo Guadalajara.
— Miguel Del Monte , te entrego a mi hija. Amala, respetala y cuidala, ella esta lista para estar en el hogar, servirte a ti y a tus hijos. — dijo Esteban y Miguel sintio asco de la forma en la que se refirio a su hija, a su propia hija.
Se la entrego como si fuera un objeto. Tomo la mano de Carola, era calida, le sonrio triste y ella correspondio, su vestido blanco era bello pero sus ojos eran tristes y melancolicos.
— Perdón — susurro La ceremonia comenzo sin complicaciones, hasta que llego el momento.
— Miguel Del Monte , ¿Aceptas a Carolina Nayel Levelt como tu esposa hasta que la muerte los separe? — pregunto el obispo Dudo. — Acepto — respondio sin más
— Carolina Nayel Levelt, ¿Aceptas a Miguel Del Monte como tu esposo hasta que la muerte los separe? — le pregunto ahora a ella — Acepto — no habia duda en sus palabras pero si sabia que estaba arrepentida.
— Ahora les pregunto a ustedes, ¿Hay alguien que se oponga a esta union? — pregunto el obispo al publico
Hubo silencio, Miguel queria que alguien se opusiera. — ¡Yo me opongo! — grito alguien a sus espaldas. — Mierda. Solto el hombre cuando sus ojos se encontraron.