El Choker Negro
Danny ya estaba harto. No podía dar un paso en el pasillo de Casper High sin que Dash Baxter apareciera con algún comentario, empujón o broma estúpida. A veces era un golpe en el hombro, otras un insulto rápido, otras ese “accidental” contacto que le robaba un segundo de espacio personal.
Esa tarde, en los casilleros, Danny no aguantó más.
—¿Qué demonios quieres de mí, Dash? —dijo, cerrando la puerta de un portazo.
Dash se quedó mirándolo, sorprendido por el tono.
—¿Yo? Nada.
—Nada mis fantasmas —Danny dio un paso adelante, empujándolo contra los casilleros—. Siempre me buscas, siempre me empujas... ¿te aburres o qué?
Dash sonrió, esa sonrisa estúpida que usaba cuando estaba nervioso pero no quería admitirlo.
—Es... la única forma en que sé hablarte.
—¿Qué?
—No encuentro chica más linda que tú... aunque seas un chico.
Danny parpadeó, sin saber si reír o golpearlo.
—¿Estás diciendo que todo este tiempo me has molestado porque crees que soy una chica...?
Dash lo agarró por la camiseta y lo jaló hacia él.
—Porque te quiero, idiota.
El beso fue duro, torpe, con el sabor de la desesperación contenida. Danny quiso apartarlo, pero la fuerza de Dash lo mantuvo pegado contra los casilleros. El calor subió rápido, y en segundos, Dash ya estaba empujando la rodilla entre sus piernas.
—Dash... —jadeó Danny cuando la boca del otro bajó por su cuello—. ¿Qué te pasa? Estamos en la escuela...
—Entonces no grites mucho —susurró Dash, y le mordió el borde de la mandíbula.
Las manos grandes recorrieron su torso bajo la camiseta, subiendo con descaro hasta atrapar un pezón entre los dedos. Danny soltó un gemido bajo, que Dash aprovechó para besarlo otra vez, esta vez más lento, más invasivo.
—Siempre he querido hacer esto —dijo Dash, bajando la cremallera de Danny con una mano rápida.
Danny no alcanzó a protestar antes de sentirlo envolverlo con fuerza, moviendo la mano con un ritmo decidido, sus ojos fijos en los de él como si quisiera ver cada reacción. El roce, la presión, la falta de espacio para pensar... todo lo estaba volviendo loco.
—Dash, idiota. Para... por favor —suplicó, jadeante.
—Mírame, Fenton —ordenó Dash con voz grave—. Quiero que te acuerdes quién es el que te hace sentir así.
Danny se mordió el labio, tratando de no ceder, pero el clímax llegó rápido, dejándolo temblando contra los casilleros. Dash atrapó su esencia, y de un movimiento lento, premeditado, pasó su lengua por la palma de su mano. Danny lo vio sonreír, satisfecho, y sin soltarlo, sacó algo de su bolsillo.
—¿Qué es eso? —preguntó Danny, todavía recuperando el aliento.
Dash levantó una tira negra de tela, suave, con un pequeño broche metálico: una gargantilla ajustada.
—Se llama choker. Las chicas lo usan... pero en ti se va a ver mejor.
—¿Estás loco? —Danny trató de escapar, pero Dash ya le había rodeado el cuello con la tela, cerrando el broche con un clic.
—Ahora sí —dijo, acariciando con el pulgar la tela sobre su garganta—. Oficialmente eres mi novia... aunque seas un chico.
Danny lo miró, aún jadeante, con una mezcla de indignación y un calor extraño en el pecho.
—Eres un imbécil.
Dash sonrió, atrapándolo en un abrazo, bajo, con el que tocó su trasero y le dio un último beso corto, posesivo, dominante
—Sí, pero ahora soy tu novio imbécil.
