Prólogo
No olvides quién eres cuando el silencio se haga más pesado que las órdenes.
Has jurado obedecer, mantenerte invisible, desaparecer antes de que el amanecer delate tu sombra. Tus manos conocen el peso del acero y el pulso exacto para detener un corazón, pero no olvides que no eres solo el filo que empuñas.
Cada misión es una herida que no sangra, pero que se acumula. Los rostros se borran, los nombres se pierden, las ciudades cambian… pero el eco de tus decisiones te seguirá siempre. No confundas la compasión con debilidad, ni el afecto con un blanco fácil.
Recuerda por qué aceptaste el primer encargo: no para servir a quienes dictan desde la distancia, sino para cumplir un propósito que solo tú entiendes. Cuando las voces de arriba se mezclen con el ruido de tu propia culpa, cuando la línea entre el objetivo y la salvación se vuelva delgada, elige con frialdad… pero no permitas que te conviertan en su arma más dócil.
Si un día dudas, mira a los ojos de quien te recuerda sin uniforme ni código. Ahí está la verdad que no pueden manipularte. Y si debes romper todas las reglas para protegerla, que así sea.
—Dao
Todos los lugares y personajes descritos en la presente obra son ficticios.
Dedicado para @Faye Peraya, con toda mi gratitud.








