Capítulo 1
1 Año después-
Cuando bajo del avión lo primero que siento es el sofocante calor impactar contra mi piel. No recordaba los calurosos veranos en la ciudad ni la densidad del aire. Siento mi cuerpo pesado después de varias horas de vuelo y realizo algunos estiramientos mientras espero para tomar la maleta de la cinta transportadora. Definitivamente el suéter que traigo lo tiraré a la basura.
Durante todo ese año me habitué al frío de Londres, a su cielo permanentemente encapotado y la neblina recubriendo las estructuras. No fue fácil pero luego de varios meses podría decir que casi lo disfrutaba. La calefacción mantenía la calidez de los ambientes y el chocolate caliente se había transformado en mi bebida favorita; eso y los abrigos, de diversos modelos y colores. Pero aquí nada de eso servía. Así que solo coloqué en la maleta los atuendos necesarios para la temporada de verano, pues sería el tiempo que me quedaría allí.
Estoy deseando ver a mi familia y a mis amigos. Las llamadas y mensajes no resultan lo mismo estando tan lejos y me hace mucha falta las conversaciones, las risas y el contacto cálido de sus abrazos. Como solo estaré dos meses, tuve varias ofertas de hospedaje, pero estoy tan acostumbrada a vivir sola que preferí alquilar un piso durante ese tiempo y mantener mis hábitos y rutinas de siempre. Quedarme con mi madre resultaría demasiado agobiante; con mi padre, mi hermana y su madre, demasiado sociable y Samantha está recientemente en una convivencia que prefiero no interrumpir. De modo que, con maleta en mano, me tomo un taxímetro y me dirijo hacia el piso, para poder acomodarme y posteriormente visitar a las personas que me esperan.
El edifico se encuentra en la zona céntrica de la ciudad. Cuando ingreso me encuentro con un piso sencillo de dos ambientes, con paredes blancas y casi sin decoración. El salón tiene un sofá gris, una mesa baja de madera clara y una lámpara de pie que ilumina con tono cálido. La cocina, integrada al salón, es práctica y pequeña, con muebles blancos y lo básico para cocinar. El dormitorio cuenta con una cama matrimonial de sábanas claras, un armario empotrado y una mesilla con una vela. La ventana deja ver los tejados de los edificios cercanos. El baño es reducido, con azulejos marfil y una ducha estrecha. Todo transmite la idea de un espacio funcional y transitorio, sin excesos. Lo necesario para esa temporada.
Mi móvil comienza a vibrar dentro del bolso. Sonrío al ver su número y tomo la llamada.
-Estaba por avisarte que ya llegué- digo.
-Supuse que por el cambio horario lo harías más tarde. ¿Qué tal el viaje?- quiere saber.
-Largo, tedioso y aburrido- repongo mientras me acerco al ventanal y observo los tejados a través de las cortinas transparentes. -El calor es insoportable- añado intentando quitarme el suéter.
-No puedo imaginar eso- responde riendo. -Te dejaré acomodarte. Solo quería saber que llegaras bien-
-De acuerdo, cariño. Que tengas buena tarde-
-Igual tú- se despide y finalizamos la llamada.
Theo es la clase de hombre que cuida sin presiones. Cálido, sereno y con una enorme paciencia. Nos conocimos en la biblioteca de la Universidad de Artes hace poco más de 8 meses, mientras buscaba información sobre la expresión plástica como medio terapéutico para aplicar con algunos pacientes.
Trabaja como profesor en una cátedra de la universidad de artes. Ese mundo le queda tan natural como la forma en que habla: sin prisas, con un entusiasmo sereno que se contagia. Le apasiona la pintura contemporánea y tiene la costumbre de ensuciarse las manos de carbonilla cuando dibuja junto a sus estudiantes, algo que siempre me resultó tierno.
Así que, en un principio, al verme frustrada entre las inmensas estanterías, se ofreció a ayudarme.
Sus primeros intentos de acercamiento fueron rechazados. No estaba allí para entablar vínculos con nadie sino para trabajar. Y para olvidar. Luego de intenso año experimentado, solicité una bacante en una Clínica privada en Londres, donde alguna vez realicé seminarios rogando que, por algún milagro divino, aceptaran mi propuesta laboral. Y así lo hicieron. Así que me marché y comencé de nuevo en una ciudad nueva, con personas nuevas y una rutina diferente.
Theo llegó a mi vida en un momento donde aún me encontraba demasiado sensible y cerrada, pero se mostró paciente y amistoso hasta que estuve preparada para aceptar algo más que un encuentro para hablar de arte. Y a pesar de que puse demasiadas condiciones, se quedó.
Su atractivo es distinto a lo que suelo acostumbrar, sereno, casi inadvertido a primera vista, pero imposible de ignorar cuando uno se detiene. El cabello castaño claro con ondas suaves, siempre con ese aire un poco despeinado que parece natural en él. Sus ojos, de un verde tranquilo, muestran esa mirada que ve sin juzgar. Tiene una sonrisa fácil, abierta, iluminando el rostro con un gesto que desarma tensiones. Suele vestir con sencillez: camisas de lino, sweaters de punto, jeans gastados. Hay en él un aire bohemio, como si la elegancia no le preocupara y aun así lo acompañara sin esfuerzo.
Muy de a poco, entre su simpleza y habilidad para hacerme reír, logró un espacio en mi vida que creí que no podría volver a darle a nadie. No exigía amor, ni compromisos, ni entrega. Solo lo que yo tuviera para ofrecer. Así que tenemos una relación armoniosa, agradable y con el suficiente espacio para ambos. Me siento segura y estable con él. Y eso es todo lo que necesito.
Paso el resto de la tarde con mi familia. Divido mis tiempos para poder visitarlos a ambos, llevarles algunos presentes y compartir. Mi madre llora emocionada cuando me ve y no deja de hablarme sobre sus nuevas actividades en el Club barrial. Me alegra saber que está sosteniendo rutinas saludables y un grupo de amistades diversas. Mi padre por su lado prepara junto a su esposa y mi hermana, un viaje familiar para el próximo invierno así que me cuentan organización y planes futuros. Mi hermana se ve mucho más desenvuelta; ingresando en la preadolescente y con muchas ganas de explorar el mundo. Es una chica tranquila, así que supongo que no tendrán que pasar, al menos aún, por etapas de rebeldía. Luego de demasiada comida, entre el almuerzo con mi madre y la merienda con mi padre, paso nuevamente por el piso para una ducha refrescante y me dirijo al apartamento de Sam, donde he quedado para la cena.
Me siento algo abrumada por las conversaciones y las emociones de mi familia. Generalmente suelo estar sola en Londres, o acompañada por Theo y algunas pocas amistades en un entorno demasiado tranquilo. Aquí encuentro más ruido, movimiento por la temporada y el entusiasmo de mi familia al vernos nuevamente. Supongo que tardaré unos días en adaptarme.
Llamo a la puerta del apartamento de mi amiga y tras algunos segundos me recibe con un abrazo que me corta la respiración. Correspondo el mismo y me doy cuenta de cuánto la echaba de menos. Entre sonrisa y lágrimas me mira, como si estuviese corroborando que de verdad estoy allí.
-Mírate… tan radiante- dice y vuelve a apretarme entre sus brazos. Ella sigue tan risueña y hermosa como siempre.
-Vas a cortarle la respiración- la voz de Adam hace eco desde el fondo y cuando lo veo, a pesar de que sé que están juntos y ahora en plena convivencia, siento una punzada de incomodidad. No por él, sino por lo que me recuerda. -¿Cómo estás?- pregunta saludándome también con un cálido abrazo.
-Muy bien. Que alegría verlos- respondo.
-¿A mi no me saludas?- otra voz que se asocia con mi pasado. Ver a Connor me hace sentir una mezcla de nostalgia, pero también de alegría. Hemos hablado un par de veces por llamadas o mensajes desde que me fui. Nada particular, y siempre centrados en mi vida en Londres. Así que también tenía muchas ganas de volver a verlo.
Supuse que estar allí, con ellos, podría movilizar algo en mi interior. Pero no voy a evitar a mis amigos por un pasado que ya he dejado atrás.
Nos instalamos en el living, frente a la mesa ratona que sostiene comida, vino y velas encendidas. El espacio resulta acogedor y el momento compartido es muy agradable, liviano y fluido.
-¿Cuánto tiempo te quedarás?- pregunta Adam.
-Dos meses…- respondo bebiendo un trago de mi copa.
-¿Solo?- se queja Sam.
-Tengo que trabajar después. La clínica extendió mis vacaciones, no puedo abusar de eso- explico.
-¿Vas a vivir en Londres? ¿Ya es un hecho?- pregunta ella con algo de tristeza.
-Tiene su vida allí, Sam- dice Adam en un intento de consolarla.
-Pueden venir a visitarme- les digo. -¿Cómo están ustedes?- pregunto.
-Sobreviviendo a la convivencia- bromea él.
-Ya le he dicho que en mi casa no hay espacio para quedarse en caso de que discutan- responde Connor riendo.
-¿Cómo vas tú?- le pregunto.
-Con bastante trabajo, un par de investigaciones interesantes y no mucho más- responde él.
-Las juntadas en el pub sin ti no son lo mismo- menciona Sam. -Nadie bebe la cerveza de Connor más que él, Adam continúa llegando tarde y yo como sola los snaks…- añade con tono dramático
-Tenemos dos meses para ir a beber cerveza- le respondo riendo.
Hablamos durante un largo rato sobre mi vida en Londres; sus actividades aquí, planes, actualidad y un sinfín de temas. Me recuerda a cuando el grupo comenzó a formarse y las horas solían pasar entre risas y conversaciones. Para cuando quiero acordar es cerca de medianoche y el cansancio comienza a hacerse presente. He tenido un viaje largo y me he pasado todo el día haciendo sociales. Necesito descansar con urgencia.
-Ya me marcho, no puedo más con el sueño- digo incorporándome. Si no duermo tendré una resaca de horas de los mil demonios mañana.
-Yo te llevo- dice Adam. -Soy el único que no ha bebido- agrega.
-No es necesario, pediré un taxi- digo.
-Deja que te lleve, no gastes dinero- me regaña Sam. Me despido de ella y de Connor y quedamos para volver a juntarnos en esos días.
Adam conduce con tranquilidad por las movidas calles de la ciudad. Aunque ya es tarde, hay bastante tráfico y muchas personas disfrutando de la vida nocturna y de la costa. Había olvidado que los veranos son así en la ciudad; coloridos, alegres, atestados de turistas.
-Es mi último día libre- dice Adam suspirando con frustración.
-¿Tenías vacaciones?- pregunto.
-Tenía demasiados días acumulados. He decidido tomarlos para pasar tiempo con Sam- comenta.
-¿Cómo va todo con ella?- pegunto sonriendo. Él sonríe también; se lo ve contento, con ese aire enérgico con el que lo conocí.
-Estupendo- responde. -Aunque no está muy conforme con algunas cosas en mi trabajo- dice. Presiono los labios en una fina línea y me centro en un grupo de turistas que leer el cartel que indica las calles en la esquina. Cualquier cosa sirve para evitar pensar en ese lugar. -Quizá cambie de trabajo más adelante- repone.
-Quizá sea buena idea- respondo entonces. -Aunque entiendo que la paga allí es buena- agrego.
-El Club… ya no es el lugar que solía ser- dice con seriedad. Detesto sentir curiosidad por saber más; pero me niego rotundamente a que todo vuelva a llevarme a recordarlo. -Hay demasiada gente nueva…- agrega.
-Siempre entra gente nueva allí- respondo sin contenerme. Me mira como si estuviese buscando las palabras correctas para no cargarla. Está claro que todos ellos saben el motivo por el cual me fui y cómo lo hice.
-Si… pero las cosas son más impredecibles ahora- Su semblante es tenso y su mirada denota preocupación. Suspiro odiándome a mí misma. Debería haber regresado en taxi al piso.
-¿De qué hablas?- pregunto sin poder contenerme.
-No quería sacar el tema, Bella- se disculpa. -Hablemos de otra cosa- propone, pero mi mirada está atenta a lo que tiene para decir. -Digamos que el director está rodeado de gente que nunca pensé que dejaría entrar- es cuidadoso de su parte evitar nombrarlo, pero mi mente se ha disparado hacia todos lados con esas palabras.
-Ese lugar siempre ha sido bastante turbio y lo sabes- mi respuesta es seria y fría. Mantiene su silencio durante varios segundos como si intentara no decir más de la cuenta. Siento la tensión en mi cuerpo desde el momento en el que mencionó su trabajo. No puedo evitar que las reacciones orgánicas se hagan presentes.
-Al menos antes él cuidaba ciertos límites…- Puedo detenerme allí mismo y cambiar de tema. Hablar sobre Londres, sobre quienes me esperan allí, sobre los vínculos que he construido, sobre lo tranquila y armónica que es mi vida. Puedo pedirle que no vuelva a mencionarme ese lugar durante los dos meses que esté allí. Y probablemente Adam respete mi pedido. Mi frecuencia cardíaca ha aumentado y noto como en mi garganta, comienza a formarse un pesado nudo.
-Habla claro de una vez, Adam- pido con resignación.
-Estoy preocupado…- responde. ¿Preocupado por él? ¿De qué está hablando? Mantengo el silencio dejando que ordene lo que sea que tenga para decir. -Se están llevando a cabo eventos donde hay apuestas que ya no solo son dinero…él no está bien, Bella- Podría esperar que me diga que sigue siendo un maldito infeliz calculador, utilizando a las personas para su propio beneficio. Que está disfrutando de humillar y controlar a cuanta mujer se le cruza o extorsionar a quienes le deben algo. Pero de todo lo que espero escuchar, nada se acerca a que me diga que “él no está bien”. -Se está arriesgando demasiado… como si no le importaran las consecuencias- Lo miro con extrañeza. Su relato comienza a preocuparme a mí.
-¿A qué te refieres? Nunca le han importado las consecuencias- espeto con molestia.
-Consecuencias para él, Bella- retruca.-He estado más presente en el ambiente desde que terminé el entrenamiento. Sé que las cosas nunca fueron del todo transparentes y que muchas veces los límites se pasaban… pero la gente que lo rodea ahora es peligrosa- agrega. -Y él… está apostando cosas que ni yo entiendo cómo puede recuperar, se mueve como si no le importara nada- Trago saliva mientras intento procesar lo que voy escuchando. Es como si hubiera vuelto a su pasado. Al pasado del que salió alguna vez.
-¿Mia sigue allí?- me atrevo a preguntar. Suelta una risa llena de frustración.
-Es una de las personas que lo acompaña en su ruina- responde sombrío. El nudo se convierte en algo más grande y bajo la ventanilla del auto para que ingrese aire. -¿Estás bien?- pregunta.
-Sí… solo necesito respirar- miento. Necesito estar en Londres, no aquí escuchando esto. -¿Por qué me cuentas esto, Adam? ¿Por qué él te preocupa?- pregunto.
-No lo sé… aprendí mucho de él mientras las cosas no eran así. Sé que es un hombre complicado, pero esto fue escalando. Creí que solo sería una etapa, pero luego aparecieron las drogas, el alcohol, los tratos. Tiene deudas… y no con gente con la que puedas jugar- dice. -Lamento tirarte con toda esta información. Supongo que me siento un poco perdido ya en ese lugar- finaliza.
Pero ha dicho más que suficiente para que mi mente sacara a la luz todas las emociones y recuerdos que decidí guardar en un profundo y oscuro lugar. Me marché destrozada de ese sitio. Me costó mucho tiempo reponerme y recuperar las partes que se habían roto. Lo tuve que hacer sola y lejos. Lo odié con toda mi alma por cada situación que me hizo pasar y tuve que hacer un enorme esfuerzo por perdonarme a mí misma el haber permitido que alguien así tomase prácticamente las riendas de mi vida y decidiera por mí como se le diera la gana. Pero también me odié por desearlo con locura y por amarlo con toda su oscuridad.
Así saber que no se encuentra bien y que parece estar cavando su propia tumba, me oprime el pecho. No es mi responsabilidad lo que esté sucediendo en su vida. Emmanuel siempre jugó al límite con las personas, pero también con su control; así que no debería sorprenderme que lo haya perdido. Después de todo, Mia lo describió de esa forma. Así que parece haber vuelto a su esencia.
-¿Cómo estás seguro de que no es una de sus tantas estrategias?- cuestiono.
-Porque lo veo hacer todas esas cosas. Si lo es… no parece. Está siendo autodestructivo y no es su forma de accionar- Adam parece conocer muy bien a Emmanuel. Quizá más de lo que creí. Pero no tengo idea que sucedió en todo ese año y no debería importarme ahora.
El viaje finaliza; me despido e ingreso en el apartamento con la sensación de que me persigue un dinosaurio que está a punto de devorarme. Hace mucho tiempo que no siento ansiedad, taquicardia o estado de alerta. Y es justamente por eso que debería poner un punto final ya mismo a las cataratas de pensamientos que comienzan a caer. Lo pienso entre todos esos excesos, poniendo en riesgo incluso su vida y siento que mi corazón se desarma. ¿Cómo es posible que aún continúe sintiéndome así con él? Creí que el dolor había desaparecido. Que el tiempo y los nuevos vínculos me habían ayudado a sanar. Pero parece que lo único que hice fue evitar, huir y comenzar de nuevo. Había elegido mi libertad, mi autonomía, la posibilidad de tener una vida libre de cualquier conducta tóxica o agresiva. No quiero sentir esto nuevamente.
Por un momento pienso en regresarme a Londres mañana mismo, refugiarme en Theo y en mi armónica vida y olvidar toda esta mierda. Pero no dejo de pensar en pueden terminar matándolo. Y no como un pensamiento extremo; si ya antes se movía en un terreno algo oscuro, ahora parece estar metido entre los lobos esperando a que lo desgarren. ¿Por qué demonios está haciendo eso? No puedo fingir que no me importa mientras sé que se está hundiendo.
Me pregunto qué habría sucedido si hubiera elegido quedarme. Seguramente estaría completamente hundida; él me habría arrastrado consigo sin remordimientos. Y aunque en los últimos días que estuve a su lado vislumbré indicios de un amor enfermizo, no habría bastado para que algo así prosperase. Elegí salvarme. Él lo sabía y por eso me dejó marchar.
Esa noche no logro dormir con tranquilidad. Los pensamientos van y vienen en mi cabeza y cuando consigo hacerlo, las pesadillas de lo que podría ocurrir me hacen despertar sobresaltada.
Son las siete de la mañana cuando decido que ya no puedo quedarme en la cama y me levanto. Necesito ordenarme, regresar a mi eje. Así que me pongo ropa deportiva y aprovecho el leve frescor matutino para salir a correr. Mientras avanzo por la costanera, disfruto del aire golpeando en mi rostro, del brillo de los rayos del sol sobre el mar y de la sensación de libertad que me genera el movimiento. Las calles están tranquilas aún y cruzo a varias personas realizando deporte. Mi mente se siente pesada, repleta de pensamientos y sensaciones. Le he dado mil vueltas al asunto y me pregunto si Adam no estará exagerando las cosas. Después de todo, él no conoció el pasado de Emmanuel y tal vez ahora esté menos controlado, pero dentro de lo que siempre pudo manejar. Eso es lo que quisiera pensar.
Me inquieta la idea de no saberlo. Quizá, si corroboro mi hipótesis podré terminar de cerrar esa puerta y soltar el pasado. Tal vez necesito ver con mis propios ojos si lo que dice Adam es así. Ni bien la idea se presenta mi alerta interior se activa. Me está avisando que no es ese el camino; que debo seguir por donde he venido y que lo único que estoy haciendo es caminar hacia el peligro. Pero solo será una vez. Solo necesito verlo, saber que todo es como siempre e irme. Vuelvo a preguntarme si hay algo mal en mi cabeza. Quizá lo hay, pero suelo ser el tipo de personas tercas, que, si tienen una idea, necesitan llevarla a cabo, aunque luego se arrepientan.
Así que tal vez sea hora de un muy breve descenso al infierno. Solo para confirmar que siga ardiendo de la misma forma de siempre para poder dejarlo atrás.