BAEKHYUN LEE.
[ n.a: basado en uno de los famosos poemas hechos por edgar allan poe (“annabel lee”) y última de sus obras literarias. ]
“Cuando éramos niños, los viejos tenían como treinta. Un charco era un océano, la muerte lisa y llana... no existía.”
— “Pasatiempo”, Mario Benedetti.
♰
Mi hermoso Baekhyun Lee.
¿Cómo pudo la vida separarme de ti?
¿Por qué decidiste dejarme, sabiendo que mi amor por ti, iba a traspasar las barreras del destino?
El cielo estaba tan celoso de nuestra unión, que los ángeles te visitaron e inevitablemente, fuiste con ellos.
Ahora permaneces al lado de tu sitio favorito. Ese mar lleno de historias, el testigo de nuestros recuerdos más acorazados.
Pero ni siquiera la muerte puede separarnos, ¿sabes? Porque yo sé que te amo, así no resides más en este mundo, como tú me amas a mí.
Te puedo sentir en mi pecho, sé que no te has marchado como todos alegan.
Me dicen que me he obsesionado tanto contigo, que no logro aceptar tu deceso, Baekhyun Lee.
Es que... ¡Yo sé que no estás muerto!
Cada noche, salgo a tu encuentro y sonríes con esos brillantes ojos.
Aún puedo sentir la textura de tus labios en cada beso, los suspiros que robo cuando recito una y mil veces todo lo que siento, todo lo que me haces sentir.
Desde que te conocí, llevo tu nombre grabado en cada parte de mi ser.
Desde la primera vez que te miré, desde la primera vez que tomamos una taza de té.
Yo sé que nuestro amor no ha llegado a su fin, nunca lo hará, mi único y precioso amor de mi vida: Baekhyun Lee.
No me cansaré de ti, jamás va ser suficiente para recordarte cada día, cada amanecer y cada noche, lo mucho que me vuelves loco.
Baekhyun Lee, yaces dormido y tan vivo, como jamás imaginé.
El mar te protege de la misma manera en que yo lo hago, pero me pone celoso que te mantenga tan cercas, de la misma forma en que yo lo deseo.
No hay nada que quiera más en este mundo, ni el más frondoso jardín o el mejor de los tesoros.
Te amo, Baekhyun Lee.
Siempre seré tuyo, y tú siempre vas a ser mío.
Chanyeol Allan Park.
Baltimore, (1809-1849).
♰
Las mejores historias comienzan desde el principio, incluso en el final. Pero esto que les voy a contar, damas y caballeros, tiene un origen distinto. Empieza con la muerte, un corazón roto por una gran pérdida y a su vez, la idea inaceptable de que el ser amado se fue, no reside más en este plano terrenal.
Ustedes me van a preguntar, “¿por qué tiene que empezar desde ahí?” Sencillo de responder: es la última etapa de la vida, biológicamente hablando. En la teología, es el inicio de una nueva vida. Para muchos, hay tela por cortar entre pensamientos religiosos, ideas del famoso más allá y la intervención de espiritismo.
Chanyeol Allan Park no pensaba lo mismo; para él, la muerte ni era un impedimento, incluso siguió tan enamorado de su compañero de vida, la única persona que pudo ser capaz de amar con toda su alma, entregar su corazón sin importar nada más.
Así es, romantizó la muerte, escribía sobre ella, halagaba su existencia. Lo hizo en todas las formas posibles, se le consideró una persona importante e influyente por sus versos, estrofas y sus pensamientos tan profundos e intrigantes. Incluyendo a Baekhyun Lee.
Su principal musa, el motor del desgarre con felicidad, mezclados en dolorosas sonrisas, llenas de lágrimas.
Y justo ese día, había perdido contra la tuberculosis.
Tenía que ser una broma, si hace 2 semanas estaba perfectamente. Hicieron la cena juntos, recibieron a los padres de Baekhyun, se besaron incontables ocasiones en cualquier rincón de su hogar.
El doctor le había comentado que su dulce chico risueño, iba progresando. Entonces, ¿qué estuvo mal? No pudo ser el medicamento, se supone que el hombre sabía lo que hacía. Junmyeon Semmelweis era famoso por sus exitosos casos, pensó que sin duda lo curaría.
— Lo lamento mucho, Señor Allan Park. – tomó su maletín, se acomodó el estetoscopio en el cuello y salió de aquella habitación.
Quien fuera que le estuviera jugando una mala tetra, se encargaría de hacerle pagar con su propia vida.
— Esto es tan injusto...
— Señor Allan Park, yo comprendo su dolor...
— ¡No, déjame solo! – zafarse de las manos del ama de llaves, jamás le trajo tanta amargura.
Y no tuvo más remedio que correr escaleras arriba, cerrando la puerta de un golpe, justo al lado donde dormía su amado.
Por cuestión de salud, habían instalado un nuevo sitio de descanso para Baekhyun, así evitaría cansarse al subir tantos escalones. Su suegra sugirió la habitación para huéspedes, en lo que su recuperación se aproximaba.
Pero eso jamás llegó.
No lo soportaría ver, el cómo las sábanas blancas envolverían el cuerpo de ese precioso ser humano. Tampoco cuando llegara la hora de llevárselo, otras manos lo tocarían y cortarían su piel hasta drenar su sangre junto a sus órganos, le vestirían con ornamentos color perla para lucirlo presentable en el funeral. Su presencia estaría a la vista de todos, encima de un cajón de madera pulida y finamente cortada.
Le llevarían rosas, coronas de flores o vería a gente que jamás en su vida vió, ir a dar el pésame u orarían por su alma.
Todo eso le parecía una gran estupidez, elementos innecesarios. Estaba seguro de que Baekhyun hubiera hecho una expresión de desagrado total, puesto que nunca hablaron de cómo sería su despedida ideal, ni tampoco la vieron venir.
— ¿Señor Allan Park? No pretendo molestarlo, sólo que su madre ha enviado una carta. Ya han pasado 48 horas y se ha enterado de lo ocurrido, está sinceramente preocupada por usted.
El suspiro salió de sus labios, aún moribundo y tan desconcertado. El colchón se sintió ligero y vacío al girarse en su espalda, volviendo a acurrucarse.
— Bien, Francine. Pásala por debajo, después la voy a leer. No me apetece hacerlo por ahora, gracias.
La mujer no agregó nada más, bajó las escaleras en silencio y volvió a sus deberes.
Chanyeol miró un punto ciego en las grisáceas paredes de papel, se sacudió la corta cabellera rizada. Llevaba horas sin comer o siquiera asearse, no le importaba en absoluto.
Esa habitación tenía recuerdos importantes que no quería soltar, las almohadas aún conservaban el aroma de Baekhyun, su dulce fragancia. Se abrazó al futón una vez más, lloró de impotencia hasta que el sol se ocultó, como si tuviera algún sentido apreciar un amanecer trayendo el corazón roto.
Recordó la carta aún intacta en el piso, frotó sus ojos antes de levantarse e ir por ella.
Desde luego, la Señora Allan estaba preocupada.
Había conversado con el Dr. Semmelweis al siguiente día, porque no había recibido ninguna carta de su hijo y la explicación era, que Baekhyun había fallecido. Esto le trajo mucha preocupación al imaginar la devastación total de su corazón, planeando un viaje para hacer lo que toda madre: ofrecer compañía durante su luto. Sin embargo, creyó que lo mejor era dejarle su espacio y no irrumpir, sólo quería saber si necesitaba algo o si podía servir de ayuda, que deseaba estar a su lado para que sacara las penas, se alimentara bien y tratara de conciliar una parte del sueño.
Pero sabía perfectamente, que eso no sería fácil, ni tampoco estaba en condiciones de tomarlo en cuenta. No tenía ganas de enviarle una respuesta, se sentía torpe con la pluma y la tinta en sus manos.
Dobló la carta de nuevo, metiendo el contenido de vuelta al sobre, guardándola en uno de los cajones a su alcance.
Por ahora quería dormir, ni una gota de alcohol ayudaría a pasar el trago amargo de su adiós.
Día siguiente. Había recibido una carta más, muy temprano y de mañana.
Los padres de Baekhyun le habían hecho una entrega: la acta de defunción correspondiente, adjunta con más condolencias de parte de ambos, el iniciado pesar del corazón de su suegra y los sentimientos que trajo como madre, perdiendo a su único hijo.
Era una página completa dedicada al tiempo que cuidó de él y le hizo feliz hasta el final.
Palabra que desencajó en sus ojos, porque no asimilaba aún el desafortunado suceso, ni tampoco deseaba tocar el tema con tanta franqueza.
Al no dormir, se notaba más que antes la tragedia en su rostro.
No tocó más alimentos, ni una gota de agua, por más que Francine se lo pidió. Sí, tal vez estaba descuidándose lo suficiente, pero era su sentir: no quería tener nada que ver con funciones básicas de supervivencia, no cuando se sentía fatal y casi muerto, igual que su difunto amor.
Los servicios funerarios ya habían entrado en su hogar, cubrieron a Baekhyun con una sábana blanca y lo despojaron de sus aposentos.
Por obvia razón, Allan Park no quiso estar presente para despedirle.
Porque para él, aún no había muerto.
Las únicas personas presentes fueron Francine, quien por años estuvo al servicio del joven esposo de su patrón y el doctor Junmyeon, que realizó todos los estudios necesarios al inicio de aquella enfermedad, hasta llegar a su fin.
Después de escuchar el portón cerrarse a las afueras de la habitación matrimonial, Chanyeol se desmoronó en el piso, abrazado a sus piernas, deseando que nada de aquello estuviera sucediendo.
— Señor Allan Park, la ceremonia de su esposo será esta tarde. – habló la triste mujer, a sabiendas de que no quería saber nada acerca del tema. Pero de todas formas, creía necesario comunicarlo. — En estos momentos, entiendo que ni siquiera mis palabras le consuelen, pero tiene que afrontar este capítulo de su propia vida y ser fuerte. Lo mucho que amó al señorito Lee, nadie se lo podrá comparar, no estuvo en sus manos que no lograra reaccionar al tratamiento, menos que se marchara. Por desgracia, es parte de la vida aceptar la partida, aunque al corazón le duela.
Y en algo tenía razón Francine, nada de lo ocurrido durante la enfermedad de Baekhyun, había sido su culpa.
Sin embargo, se sentía como un castigo de Dios.
¿Por amar a la muerte? Tal vez.
¿Por hablar de ella, como si hablara de una hermosa dama? Quizás.
¿Por pensar más en ella, que en su lindo esposo? La probabilidad era muy alta.
El dolor se fue extendiendo con la culpabilidad, todos estos años se había enfocado en publicar sus libros, sus poemas y su fama le trajo aventuras, algunas por corto tiempo, otras por un par de años. Y en todas ellas, le enviaba una carta a su amado, cuando mantenía en mente que nada malo sucedía.
Si le hubiera dedicado más horas a Baekhyun, si hubiera cancelado algunos viajes, si hubiera cedido a quedarse con él, renunciar a su vida de escritor, tal vez nada de aquello habría sucedido; ni la enfermedad, ni sus decadencias físicas, ni hubiera estado postrado en cama, hasta finalmente permanecer en ella.
La vida era tan cruel, tan injusta y llena de codicia, que le arrebató lo único que amaba en todo el universo.
Dieron las 6 de la tarde, el reloj cucú no sonó, ni tampoco avisó.
El silencio y un par de zapatos bajando las escaleras llenaron el vacío, con un Chanyeol de semblante tan frío, sin expresiones, con smokin de gala, puesto que tenía que ir a despedir al dueño de su corazón como tal merecía. Francine también llevaba su atuendo de luto: un vestido de 3 cortes largos, su sombrero de orquídeas oscuras y un velo, para mostrar sus respetos.
El carruaje llegó 2 minutos después de haber salido de la gran casa, transportando a ambos hasta el umbral de la iglesia, donde ya muchas personas se encontraban rodeando entre condolencias a la Señora Lee de Byun.
Allan Park bajó del transporte, dejando atrás a su ama de llaves que por alguna razón, no estaba lista aún para ingresar y buscó un asiento dentro de la gran capilla.
Lo único que pudo ver, fue a una mujer destrozada y rota en llanto.
— Mi querido yerno, cómo lo lamento... – habló entre pausas, ofreciéndole un abrazo y rodeándolo con sus brazos. — Él era tan joven, eso no fue impedimento para entregarte su vida.
Nada era mentira, se habían casado cuando Baekhyun cumplió la mayoría de edad, se conocieron en su pleno pico adolescente.
Allan sólo buscaba un libro para distraer el bullicio de su mente, pero terminó encontrando a un jovencito tan fascinante, que le robó el aliento y también el corazón.
No dijo nada más, aceptó el abrazo como fuera, llorando en profundo silencio y después, le soltó.
Las campanadas repicaron por todo el pueblo, en anuncio de una celebración con cuerpo presente, el cual ya se encontraba muy cerca.
Marcaban las 7 en punto, cuando el fúnebre cuerpo de su Baekhyun llegó finalmente, adornado por flores y organza color blanco.
Su rostro permanecía quieto, tranquilo, como las veces que lo observaba durmiendo a escondidas o aquella vez que después de consumar su amor en la noche de bodas, le fue placentero verlo dormir entre sus brazos, con aquella expresión angelical. Varios recuerdos acudieron a su mente minuto tras minuto, ignorando la presencia de todo aquel que se acercaba para saludarle, ofrecer sus condolencias o simplemente, darle algunas palabras de aliento.
Chanyeol simplemente estaba bobalicando en una versión de Baekhyun, aún lleno de vida.
Anunciado el inicio de la celebración, los feligreses se levantaron cuando el órgano comenzó a tocar, llevando ese ritmo inusual de una canción triste, pero que se antojaba seguir escuchando.
Mientras el sacerdote pasaba a las oraciones generales, el cajón fue inclinado con mucho cuidado, así podría recibir sus oleos para la vida eterna. Todos los presentes realizaban sus contestaciones, pero ni así mantenían al recién enviudado hombre con los pies en la tierra; aunque Francine miraba por el rabillo del ojo y cuidaba que nada le pasara a su señor, Allan Park se abría paso entre la multitud, hasta llegar al centro del lugar, frente al cuerpo de su esposo.
Fastidiado por la manera en que lo exhibían, quitó la tapa de cristal y la arrojó en los aires, creando muchos fragmentos esparcidos por el suelo.
El público sintió terror al principio, creían que Chanyeol se había vuelto loco, incluso el Señor Byun estaba dispuesto a retener aquel escandaloso disparate. Pero su esposa tocó su hombro en silencio, como queriendo decir que no importaba el episodio.
Más de una boca se abrió al ver cómo el hombre tomaba en brazos al cuerpo y lo llevaba junto a él, fuera de la iglesia, donde se ubicaba una panorámica y hermosa vista del muelle.
— Cariño mío, no pienses que soy celoso. Nadie cree que tú sigues vivo. Tan sólo te gusta dormir mucho, que por ese motivo, no te has despertado. – habló con ternura, recostando su cuerpo en sus piernas. — ¿Sabes? Este lugar me trae recuerdos, aquí fue cuando pedí tu mano. Estaba tan nervioso, que hice la pregunta mal y sin embargo, te reíste de mí, para después hacerme el hombre más feliz del mundo. – suspiró al compás del viento, acariciando los dorados cabellos del jovencito, derramando lágrimas. — Tú sabes que te amo más que todo lo bueno y existente, ¿cierto? No me arrepiento ni un solo día en haberme enamorado de ti, de que colmaras mi vida de luz con tu llegada, de haberte entregado mi corazón, mi cuerpo y mi alma. Porque yo fui destinado a ti, sé que cada una de nuestras siguientes vidas será así.
Ser un escritor, era una puerta a vivir millones de experiencias y contarlas a través de letras, párrafos, uno que otro punto y coma.
Pero también, era un pasaje a ver el mundo tras los ojos del autor. Explorar sus sentimientos.
— Yo no creía en el amor, no creía en la esperanza, no creía en la ternura, ni en la dulzura. Todo eso cambió desde que te vi. Encontré la puerta más hermosa de la vida y me atreví a cruzar, sabiendo lo que podría encontrarme. Se sintió como un hogar. Tú eres mi hogar, y me niego tanto a estar sin ti.
Lo contempló unos segundos, quería guardar esa imagen por siempre y si esta era la escena final de aquella hermosa historia, entonces no tenía nada que perder.
Inclinándose poco a poco, consiguió respirar a la nada misma, ni siquiera algún rastro de aliento ajeno en sus mejillas, por lo que tomó su rostro pálido entre sus manos y le besó de lleno.
No tenía una respuesta por la otra parte, pero eso no importó, la suavidad de aquellos labios era una de las cosas que necesitaba. Lo besó con tanta necesidad, que sus labios comenzaron a notar la ausencia y en vez de saborear un tinte de cariño, sólo encontraron la sensación amarga de una despedida.
— ¡¿Qué le estás haciendo a mi hijo?! Park, eres un profanador, ¡suéltalo ahora mismo! – la molestia del Señor Byun se escuchó de inmediato.
El hombre se veía muy enojado, con el rostro enfurecido, marcando algunas de las facciones que compartía con su amado.
Las notaba bien, cada una de ellas, desde sus pequeñas pecas, el contorno de su nariz, hasta sus pómulos pronunciados. Simplemente una belleza de genes, una lástima que ahora se lo tendrían que devorar los gusanos.
Al separarse de Baekhyun, dos hombres llegaron para tomarlo por debajo de las axilas y mientras lo alejaban horrorizados del acto impúdico que presenciaron, otro par volvían para tomar con mucho cuidado el cuerpo del jovencito, devolviéndolo a la caja. Allan Park soltaba maldiciones al viento, riñas al padre en cuestión por separarlo cruelmente de su esposo, hasta caer en la locura máxima.
Entre empujones y varios golpes hombro con hombro por el alboroto, Francine apareció de repente pidiendo que lo soltaran ya mismo, con la condición de que se marcharían lo más pronto posible del aparatoso espectáculo.
♰
“La última vez que se supo de Chanyeol Allan Park, fue por un amigo cercano al autor. Éste le contó a la prensa que tenía 6 años sin verlo, ni tampoco recibir cartas suyas.
Al principio, creía que tal vez por el luto, había salido de la ciudad y comenzado de cero, pero que la situación fue más para pensar cuando en una tarde, recibió un telegrama de Francine, la única habitante en la casa y preguntaba por él, al mostrarse gravemente preocupada de su paradero.
Muchos rumores se extendieron por todo el territorio hermano y sus alrededores: unos decían que se había cambiado el nombre, otros que decidió no avisar a nadie de sus nuevos viajes, que probablemente esto era algún proceso de preparación a un nuevo libro, que requería de total soledad para inspirarse.
Sí, muchas de estas noticias se compartieron en los periódicos de aquella época, pero el mundo dió un giro total cuando finalmente supieron sobre él: había sido encontrado en una carretera, desaliñado y pálido, notablemente herido.
Los medios no podían creer en qué condiciones encontraron al famoso poeta, al maestro de la literatura oscura, ni siquiera había responsables o sospechosos de su fatídica muerte.
Aunque familiares lejanos reclamaron el cuerpo para darle una sepultura honesta, sus restos fueron colocados en una fachada similar a la que tuvo en vida, con detalles simbólicos de lo que fue su carrera, dejando una puerta a todo aquel que quisiera continuar con su legado.”
Tal vez en su intento por alagar a la muerte, ella se burló de él una vez más, llevándolo consigo.
Con exactitud, no se sabe en qué dió fin la vida de este hombre. Si murió por amor, si le consumió la soledad, si se rindió ante su propia oscuridad.
No... nunca lo sabremos.
Por ello, es que este es el ejemplo de que la vida y la muerte, tienen su propósito de existencia: nacemos para amar, y morimos para dejar nuestra propia huella, incluso si reencarnamos para empezar de cero.