PRÓLOGO - Donde empieza la noche que no existió
Dicen que hay noches que parten la vida en dos. Que no hace falta un monstruo real para que el miedo se acueste contigo. A veces basta con despertar en un cuerpo que no reconoces y en una habitación que parece tuya... pero respira como si ocultara algo.
Laia lo sabía sin saberlo. Aquella noche, la última antes del alta, el mundo no se rompió hacia afuera, sino hacia dentro. Todo empezó con un silencio demasiado perfecto, ese que solo habita en los hospitales cuando las luces bajan y las máquinas negocian la vida en voz baja. Ella creía que dormiría. Creía que sería una noche más. Una más entre tantas.
Pero su cerebro, recién sacado del infierno, aún tenía cuentas pendientes.
En algún punto entre un sueño corto y una vigilia rota, la realidad empezó a deshilacharse. Primero fueron pasos que no deberían existir. Luego sombras que no encajaban en su sitio. Y, sin darse cuenta, Laia comenzó a caminar por un territorio fronterizo donde todo —absolutamente todo— era posible.
Allí, entre dos respiraciones y un parpadeo torpe, las paredes se llenaron de huéspedes invisibles, las horas dejaron de avanzar en línea recta y la lógica se convirtió en un invitado ocasional. Lo que vino después no estaba escrito en ninguna historia clínica. No estaba en los informes. No lo vio nadie más.
Era una noche que no ocurrió. Y sin embargo, Laia la recuerda mejor que muchas cosas reales.
Esa noche, la habitación se convirtió en escenario. El hospital en laberinto. Ella, en superviviente de una guerra que solo existió en su mente... pero le dejó cicatrices auténticas.
Antes de que leas lo que sucedió, hay algo que debes entender: Laia no estaba luchando contra fantasmas, ni contra asesinos, ni contra hurones, ni contra una doctora de dos cabezas. Estaba luchando contra un cerebro que intentaba reconstruirse usando trozos de miedo, de amor, de aroma a lejía, de voces familiares, de profesionales que la cuidaban... y de un instinto brutal de vivir.
Aquí empieza la noche que nadie vio. La noche que solo existió para ella. La noche que la acompañará siempre, aunque nunca haya ocurrido.