Prólogo
Prólogo
“¡HAHAHAHAHAHA!”
Una risa maniática resonó en el aire mientras una joven combatía contra un colosal dragón humanoide de dos cabezas. Su piel era blanca, vestía un pantalón blanco con líneas y una capa roja con un estampado de círculos y tres columnas rectas que sobresalían de un círculo amarillo.
“¡ERES EL ÚNICO ENEMIGO CON EL QUE PUEDO PELEAR USANDO TODO MI PODER! ¡HAHAHAHAHA!”
El dragón rugió con furia, respondiendo al desafío de la joven. Ella, de cabello rubio y ojos violetas, llevaba un uniforme gakuran azul femenino y unos auriculares blancos con un logo de fuego.
Con una sonrisa fiera, la chica reía extasiada por la intensidad del combate. Cada golpe que intercambiaban arrasaba con parte del bosque de Pequeño Jardín, desmoronando árboles y levantando nubes de escombros.
“¡HAHAHAHAHA, VAMOS, USA TODO TU PODER! ¡ES MUY ABURRIDO SI NO DAS MÁS!”
El dragón respondió con otro rugido atronador y, como si obedeciera, su energía se intensificó. Su aura crepitó con un resplandor temible.
“¡ESO ES! ¡AUMENTA TU PODER! ¡SERÍA MUY ABURRIDO SI NO DAS PELEA!”
Ambos se movieron a tal velocidad que solo quedaban rastros borrosos de su figura. El impacto de sus ataques devastó bosques, montañas e incluso ciudades desoladas, reduciendo edificios enteros a polvo.
¡BOOM!
Un choque de puños desató una explosión que erradicó por completo una ciudad vacía. En medio del caos, la joven continuaba riendo desenfrenadamente.
“¡HAHAHAHAHA! ¡EN SERIO, VENIR A PEQUEÑO JARDÍN FUE LA MEJOR IDEA! ¡GRACIAS, CANARIA!”
Sus golpes se volvían más certeros, impactando las zonas vulnerables del dragón. Sus puños marcaban la carne de la bestia, astillando sus escamas y esparciéndolas en todas direcciones.
El dragón rugió de dolor y lanzó un feroz contragolpe. Su puño colosal impactó de lleno en el estómago de la chica, enviándola a volar.
“¡Aghh... eso sí dolió, maldito...! ¡HAHAHAHA!”
En lugar de enfadarse, ella solo rió aún más fuerte.
“¡HAHAHAHA! ¡EN SERIO QUIERO SEGUIR PELEANDO! ¡ERES EL ÚNICO ENEMIGO CONTRA EL QUE PUEDO DESATAR TODO MI PODER!”
Su sonrisa se ensanchó mientras extendía su mano derecha. Un destello blanco apareció en su palma y comenzó a tomar forma.
Ante ella se materializó un pilar blanco resplandeciente.
“Es hora de acabar con esto.”
El dragón, consciente del peligro, se lanzó a una velocidad cegadora. Su silueta desapareció en un parpadeo, pero los ojos de la joven seguían cada uno de sus movimientos.
“¡AURORA PILAR!”
“¡AVESTA!”
¡BOOM!
El impacto de sus ataques desató una explosión de tal magnitud que una columna de luz blanca atravesó los cielos, perforando las nubes. Todos los habitantes del Quinto Dígito de Pequeño Jardín fueron testigos de la descomunal explosión.
Cuando el polvo se asentó, solo quedaba un cráter descomunal que descendía kilómetros en las entrañas del mundo.
De los combatientes, no había rastro alguno... salvo por la cabeza decapitada del dragón, inerte y lejana del abismo.
[Dragón de dos cabezas] Muerto.
Ciudad Kuoh: Parque — 22:00 P.M
"Suspiro… Ha pasado un año desde que llegamos a este mundo, ¿eh, Alice?” comentó una pequeña chica de 1.34 m, con un pecho modesto, cabello blanco como la nieve y ojos rubí. Vestía un pantalón chándal negro con líneas blancas, una camisa blanca y un suéter negro a modo de capa, con un kanji estampado en blanco que decía “Maldad”. Llevaba también unos zapatos deportivos.
“Sí, padre,” respondió una joven más alta, de 1.67 m, con un pecho algo más pronunciado, el mismo cabello blanco y ojos rubí. Vestía el uniforme de la Academia Kuoh y llevaba un abrigo azul oscuro para protegerse del frío.
Mientras caminaban juntas por el parque de Ciudad Kuoh, la más pequeña sonreía con tranquilidad, mientras que la mayor mantenía una expresión fría y seria.
De repente, un agujero de gusano apareció no muy lejos de donde estaban.
De él emergió una chica de largo cabello rubio con uniforme escolar, volando a una gran velocidad. Sin dudarlo, la pequeña albina levantó su pierna derecha y detuvo su avance con una patada directa al estómago.
"¡Cof, cof! ¡¿En serio tenías que detener a una hermosa chica con tu sucio pie?!” se quejó la rubia, encogida de dolor.
“Vaya, me gusta tu autoestima,” respondió la pequeña con diversión.
La rubia, que tenía un físico similar al de Alice, estaba claramente malherida. Su uniforme estaba rasgado en varias partes y tenía manchas de sangre seca.
“Mhm… dime, chica… ¿acaso vienes de Pequeño Jardín?” preguntó la pequeña con curiosidad en los ojos.
La rubia alzó una ceja y dirigió su mirada a las dos albinas.
Son hermosas… pensó al ver sus delicados rostros y sus intensos ojos rubí.
“Ustedes también son de Pequeño Jardín, ¿verdad?” afirmó la rubia.
“Sí… sí lo somos,” respondió la pequeña con calma.
“…Ya veo,” murmuró la rubia mientras observaba el parque y la ciudad a su alrededor.
“¿Cuánto tiempo llevas en este mundo?” preguntó la rubia, sin apartar la vista del paisaje.
“Un año,” dijo la pequeña albina, llevándose un dedo a la barbilla. “¿Y en qué comunidad estas?”
La rubia sonrió con arrogancia y cruzó los brazos.
“Estoy en la mejor comunidad de todo Pequeño Jardín. Su nombre será grabado en una estrella para que todos reconozcan su grandeza.”
Los ojos de la pequeña albina brillaron con emoción.
“¡Oh! ¿Acaso perteneces a la comunidad [Arcadia]?”
La rubia soltó una carcajada divertida.
“¡JAJAJAJA! No.”
La pequeña se desplomó de rodillas en el suelo, decepcionada.
“¿Estás segura de eso…? Por si acaso, ¿conoces a una chica conejo llamada Kuro Usagi?”
La rubia alzó una ceja, interesada.
“¿Cómo sabes eso?”
“Muy fácil, vi el crecimiento de su comunidad [Arcadia].” La pequeña suspiró. ”Ya veo… así que [Arcadia] perdió su nombre…” murmuró con un dejo de tristeza.
“¿Conoces la antigua comunidad [No Name]?”
“Claro, fue fundada por Kasukabe Koumei.”
“¡¿Espera, el padre de Kasukabe Yō fundó la antigua comunidad [No Name]?!”
“Mhm… había escuchado rumores de que Koumei tenía una hija. Así que es cierto… Supongo que su madre es esa chica en la Dystopia…” susurró lo último para sí misma.
La rubia frunció el ceño y desvió la mirada.
“Pero aun así… no entiendo cómo terminé aquí, fuera de Pequeño Jardín.”
“No te sorprendas. A mí me pasó lo mismo… y a varios de tu comunidad también.”
“¿Cómo lo sabes?”
“Porque estaba con ellos cuando ocurrió. Apareció un agujero de gusano y todos fuimos absorbidos, terminando en diferentes mundos.”
La rubia guardó silencio por un momento, como si estuviera procesando la información.
“…Por cierto, ¿a quién conociste de la comunidad [Arcadia]?”
La rubia se llevó una mano al mentón, pensativa.
“Si mis conjeturas son correctas, Canaria y Barón La Croix pertenecen a la antigua comunidad [No Name].”
“Ya veo… la estratega y su padrastro.”
“Así que sí eran de la antigua comunidad [No Name]…” susurró la rubia para sí misma.
“¿Y cómo se encuentra Canaria?” preguntó la pequeña con inocencia.
La rubia bajó la mirada y su expresión se tornó sombría.
“…Canaria murió hace un año.”
La pequeña albina parpadeó, sorprendida.
“Lo siento… no lo sabía,” dijo la pequeña chica con disculpa mientras frotaba su mejilla con el dedo índice.
“No te preocupes por eso, no lo ibas a saber si se encontraban separadas,” dijo la rubia con calma.
La pequeña sonrió levemente.
“Tienes razón… Por cierto, nunca nos presentamos,” comentó, observando con interés a la rubia.
La rubia sonrió de lado.
“Yo soy… la incivilizada y salvaje, Sakamaki Izayoi. Vulgar, brutal y hedonista; todo lo que necesito para ser una persona sin esperanza. Así que, por favor, siga las reglas de uso y directrices de dosificación cuando interactúe conmigo, Blanca Nieves.”
La pequeña albina alzó una ceja.
“¿Así te presentas cuando conoces a alguien nuevo?”
“¡Sí!” respondió Izayoi con una gran sonrisa de diversión.
La albina sonrió y puso una mano en su cadera.
“Mhm… Yo soy: Al igual que mi pequeña y bella apariencia lo sugiere. ¡Soy hermosa, jajajajaja!” se rió con diversión. “Nah, solo llámame Sengo Masamure. Haa… la vida está llena de sorpresa, ¿verdad, Izayoi?”
De repente, liberó su presión espiritual.
Izayoi sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Sus piernas temblaron y cayó de rodillas.
“¡Tch! ¿Quién demonios eres…?” preguntó con furia, sintiendo el peso de la energía de Sengo.
Sengo sonrió con satisfacción.
“Nadie importante, pero me gustaría saber con quién peleaste para quedar mal herida,” preguntó Sengo.
Izayoi suspiró, todavía sintiendo el cansancio en su cuerpo.
“…Peleé contra un dragón blanco de dos cabezas.”
Sengo parpadeó y luego sonrió, golpeando su puño contra la palma de su mano.
“¡Oh! Un dragón blanco de dos cabezas… Ya veo. Así que te enfrentaste a una copia de Azi Dahaka, ¿y lo mataste?”
Los ojos de Sengo brillaban de emoción.
“Sí…” Izayoi la miró con sospecha. “Pero ahora dime, ¿quién diablos eres, maldita?”
Sengo sonrió con diversión.
“Ya te lo dije, nadie importante. Solo conocía a tu comunidad anterior y tenía curiosidad por ver qué tan fuerte eres. Y viendo que lograste matar una copia de Azi Dahaka, que se encuentra cerca del cuarto dígito y que posee [divinidad]… puedo decir que tu fuerza está en el quinto dígito, rozando el cuarto. Si sigues peleando con enemigos fuertes, tu poder seguirá aumentando más y más.”
Izayoi frunció el ceño, sin bajar la guardia.
“Y eso que solo eres un humano alterado por nanomáquinas… Las mismas que tu padre te inyectó cuando eras un feto, convirtiéndote en un humano de la nueva generación. En serio, eres increíble. Nunca imaginé que Saigou Touya hubiera logrado perfeccionar las nanomáquinas… y que las usara en su propia hija.”
Izayoi sintió un escalofrío de rabia recorrer su cuerpo.
“No digas ese nombre,” murmuró, con una mirada llena de asco y odio. “Solo escucharlo me enferma.”
Sengo alzó las manos en un gesto de disculpa.
“Lo siento, lo siento… Supongo que es natural que odies a tu padre, considerando que te usó como experimento para su investigación de las nanomáquinas en un humano.”
Izayoi bufó, apartando la mirada.
“Entonces, ¿qué harás ahora?” preguntó Sengo con curiosidad.
Antes de que Izayoi pudiera responder, Alice intervino por primera vez en toda la conversación.
“¡Espera! P-Nee-san, ¡no estarás pensando en llevártela con nosotras, ¿verdad?!” exclamó Alice, que hasta ese momento había estado observando la escena en silencio.
Izayoi miró a Sengo con desconfianza.
“Sí, buena pregunta… ¿Por qué demonios debería ir con ustedes?”
Sengo sonrió.
“Es por una promesa que hice con Canaria.”
Izayoi frunció el ceño.
“¿Qué clase de promesa hiciste con esa bruja?”
“Canaria me ayudó en el pasado con alguien que necesitaba regresar a Pequeño Jardín. Fue un proceso complicado, pero al final lo logramos… y aún tengo que cumplir mi promesa de cuidarte.”
Izayoi entrecerró los ojos.
“Hmpf… No me digas que…”
Sengo inclinó la cabeza con una sonrisa astuta.
“Sabes que Canaria tenía una habilidad para ver el futuro, ¿verdad?”
Izayoi apretó los dientes. Recordó cuando leyó el testamento que Canaria le dejó. Esa mujer había escrito muchas cosas… demasiadas cosas. Sabía exactamente cómo reaccionaría al leerlo, y eso la había dejado entre sorprendida y furiosa.
“Tch… tienes razón,” admitió, calmando su odio.
Sengo sonrió con satisfacción.
“Entonces dime, Izayoi Sakamaki… ¿quieres venir a mi lado? Te prometo que habrá peleas, aunque no te aseguro que sean todas divertidas.”
Alice suspiró pesadamente.
“Nee-san… ¿en serio vas a hacer esto?” preguntó con el ceño fruncido.
Sonriendo. “Por supuesto.”
Sengo miró a Izayoi con diversión.
“Entonces… ¿vienes?”
Izayoi cerró los ojos un momento.
“¿Puedo confiar en ustedes?”
Finalmente, los abrió y dejó escapar una pequeña risa.
“Heh… supongo que sí. Después de todo, eres la hija adoptiva de Canaria.”
Sengo mostró una ligera sonrisa.
Izayoi, aún dudosa, exhaló y relajó su postura.
“Está bien. Confiaré en ustedes… por ahora. Además… también quiero saber más sobre Canaria.”
Sengo liberó la presión espiritual sobre Izayoi, permitiéndole moverse con normalidad.
Izayoi se puso de pie, dirigiendo su mirada a Sengo.
Alice, por su parte, solo negó con la cabeza con una expresión en blanco.
“En serio, Nee-san…”
Sengo se giró con una sonrisa confiada.
“Espero que nos llevemos bien, Sakamaki Izayoi.”
Izayoi soltó una risa desafiante.
“Ja, yo solo espero divertirme en este mundo.”
Alice suspiró mientras las seguía.
“Este grupo se está volviendo cada vez más problemático…” murmuró.
Casa de Sengo y Alice.
"Silbido… Vaya, sí que tienes una casa impresionante. Aquí sí dan ganas de dormir,” comentó Izayoi mientras observaba la enorme residencia frente a ella.
La mansión estaba rodeada por un alto muro y protegida por una doble puerta metálica que impedía el acceso. Un espacioso jardín de césped bien cuidado se extendía dentro de los límites de la propiedad, dándole un aire aún más imponente.
“Está bien, entra,” dijo Sengo, abriendo una pequeña puerta en la entrada principal.
Izayoi cruzó el umbral con curiosidad y, tras avanzar por un camino de piedra, llegaron hasta la puerta de madera que daba acceso al interior de la casa.
Una vez dentro, Izayoi echó un vistazo alrededor, sorprendida.
“Elegante y extravagante…” murmuró, recorriendo con la vista cada detalle.
La mansión estaba decorada con cuadros de pinturas rupestres en las paredes, mesas y sillas de madera fina, habitaciones amplias y cómodas, una bañera lo suficientemente grande para cinco personas sin problemas, una cocina espaciosa, un patio con sillas de madera y una pequeña piscina, un enorme salón con una televisión gigante de último modelo, una biblioteca repleta de libros y muchos otros lujos.
“Puedes elegir tu habitación. También hay internet y una laptop a tu disposición… Ah, cierto…” Sengo la miró con curiosidad. “¿Te gustaría estudiar en la Academia Kuoh?”
Izayoi lo miró con una expresión en blanco.
“No, gracias. Ya me aburrí de estudiar. Además, tengo suficiente conocimiento como para no necesitar ingresar a una academia,” respondió con desinterés.
Sengo se encogió de hombros.
“Bueno, al menos podrías conocer algunos demonios. Quién sabe, tal vez termines peleando contra los Maou, que se hacen llamar los más fuertes del inframundo.”
Izayoi arqueó una ceja, su interés despertando de inmediato.
“Ja, ahora sí captaste mi atención, Blanca Nieves. ¿En serio son fuertes?”
“Para este mundo, sí. Pero no sé qué tanto lo serían para ti,” dijo Sengo, encogiéndose de hombros con indiferencia.
Izayoi sonrió con diversión, chocando sus puños.
“~Ara, ara, supongo que tendré que averiguarlo por mí misma~,” dijo Izayoi con diversión mientras chocaba sus puños.
Sengo suspiró.
“Por ahora, puedes ir a bañarte. Te dejaré un conjunto de ropa para que duermas.”
“Oh, muchas gracias, Blanca Nieves,” respondió Izayoi con una sonrisa burlona antes de darse la vuelta y dirigirse al baño.
"Suspiro… En serio, no me gusta ese apodo.”
Alice, que había estado observando toda la interacción, finalmente habló con el ceño fruncido.
“Padre… ¿No crees que fue una mala idea traerla aquí?”
Sengo sonrió con calma.
“Puede ser… Pero me gusta cumplir mis promesas.”
Alice suspiró, dándose por vencida.
“En serio, padre… Está bien, confiaré en que nada malo pasará con esa chica.”
“Hmph. Muchas gracias, Alice.”
“No es necesario que me lo agradezcas,” suspiró. “Me iré a dormir. Mañana es lunes.”
Dicho esto, Alice se retiró a su habitación. Sengo la observó marcharse antes de dirigirse a su propio cuarto.
“Bien, hora de elegir ropa para mi invitada.”
Hora: 00:30
Izayoi caminaba por la mansión con su pijama celeste decorado con pequeñas estrellas.
“En serio… qué aburrido, y ni siquiera tengo sueño.” pensó mientras vagaba sin rumbo.
De repente, un grito resonó por toda la casa.
“¡PEDAZO DE MIERDA, APUNTA BIEN!”
La voz de Sengo se escuchó con fuerza desde su habitación, captando de inmediato la atención de Izayoi.
“Mhm… ¿Qué estará haciendo Blanca Nieves?” se preguntó con curiosidad.
Sigilosamente, se dirigió a la puerta de su habitación y, con cuidado, giró la manija para no hacer ruido. Se deslizó dentro sin ser detectada y avanzó de puntillas hasta quedar justo detrás de Sengo.
Este estaba totalmente concentrado en la pantalla de su computadora, donde varios personajes armados se cubrían detrás de paredes y puertas, esperando el momento oportuno para atacar.
“Mhm… Interesante… Yo también quiero jugar.” pensó Izayoi con diversión antes de alzar sus manos y apoyarlas bruscamente sobre los hombros de Sengo.
“¡LA PUTA MADRE, NO ME ASUSTES ASÍ! ¿¡NO VES QUE ESTOY JUGANDO CS:GO!?” gritó Sengo, dando un salto en su silla del susto.
Izayoi estalló en carcajadas, dejándose caer al suelo mientras sujetaba su estómago con fuerza.
“¡Hahahahahaha!” jadeaba, sin aire de tanto reír.
Un sonido se escuchó a través de los auriculares de Sengo.
[¿Qué pasó, Alma?]
Sengo suspiró, recuperando la compostura.
[Lo siento, lo siento. Mi hermana me sacó un susto mientras estaba concentrado en la partida.]
[Ok, avísanos cuando estés libre de molestia.]
“Gracias, Benito. Me desconectaré un rato.”
[Está bien, somos el mejor equipo. Puedes ir tranquila.]
Otra voz, femenina esta vez, habló.
[Si tienes tiempo, vuelve, Alma.]
“Si, si, Mela.”
Sengo apagó el micrófono y quitó el sonido del chat de voz.
Suspiró, volteándose a mirar a Izayoi con el ceño fruncido.
“¿Y bien? ¿Qué haces en mi habitación?”
Izayoi se secó una lágrima de risa y le dedicó una sonrisa traviesa.
“Nah, solo pensé que estabas viendo porno, así que vine a comprobarlo.”
Sengo la miró con incredulidad.
“…No, no estaba viendo eso,” suspiró. “Estaba jugando CS:GO con algunos amigos de internet.”
Izayoi se acercó a la pantalla y observó cómo su equipo seguía ganando la partida sin él.
“Vaya… Son buenos jugando.”
“¿Quieres probar?”
Izayoi sonrió con emoción.
“¡Oh! Ya que lo dices, sí, me gustaría jugar.”
Suspiró. “Ok, acomódate en esta silla.”
Sengo se levantó de su silla gamer de color blanca, dejando espacio para Izayoi.
“En serio, bonita computadora… Y tiene lucecitas,” dijo Izayoi, divertida.
Sengo sonrió con orgullo.
“Jajaja, es una PC gamer ensamblada: Nvidia GeForce RTX 3060, AMD Ryzen 5 3600, 16GB de RAM, SSD de 1TB, componentes con luces LED… y una pantalla 4K de 40 pulgadas.”
Luego, con una expresión exagerada, señaló su silla con ambas manos.
“¡Y lo más importante, la silla gamer!”
Izayoi lo miró con expresión neutral.
“Hmph… Con una pantalla así, se podría ver porno en su máximo esplendor.”
Sengo casi tropieza con sus propias palabras.
“¿E-En serio tenía que ser porno…?”
Izayoi sonrió de forma juguetona.
“¿Acaso nunca has visto?”
Sengo desvió la mirada, incómoda.
“Ugh… Supongo que una o tres veces.”
Izayoi soltó una carcajada al ver su reacción.
“Jajajaja.”
“Ugh… maldita.”
“Ya, ya… ¿No quieres ver porno?”
Hubo un silencio.
“…Deberíamos.”
“No tengo problema con eso.”
Ambos se miraron, sonriendo de forma cómplice, y cerraron el juego para empezar a buscar páginas para adultos.
Omake: Break Dance
Castillo del Rey Oni Yamato, Puerta Exterior Número: 2976
En una de las enormes salas del castillo de la familia de Alice, una figura diminuta se movía con sorprendente agilidad. Su padre, quien actualmente poseía la apariencia de una loli albina de ojos rojos sangre con pupilas finas, giraba en el suelo con gracia, combinando acrobacias aéreas y volteretas mientras sonreía con entusiasmo. Vestía un conjunto de ropa urbana, adecuado para lo que llamaba Break Dance, un estilo de baile que, según él, provenía del mundo exterior.
Alice, de brazos cruzados, observaba la escena con una mezcla de incredulidad y resignación.
“¿Qué está pasando?”
Antes de que pudiera procesar mejor la situación, su madre hizo acto de presencia. Tomoe Gozen, una mujer de belleza sobrenatural con la misma piel pálida, cabello largo y blanco, y ojos rojos sangre de pupilas finas, característicos de la familia Oni, llevaba un elegante kimono blanco adornado con patrones de cerezos, sandalias finamente elaboradas y una wagasa de color carmesí. Sus cuernos, los mismos que los de Alice, sobresalían imponentes en su frente.
Tomoe entrecerró los ojos con expresión de decepción al ver a su esposo en aquella forma peculiar.
“Mhm... ¿Qué está haciendo tu padre?” preguntó Tomoe, con una mueca de decepción.
Alice suspiró y señaló la escena sin mucho entusiasmo.
“Bailando algo llamado Break Dance... Parece que es un baile del mundo exterior.”
Tomoe cerró los ojos y se frotó el puente de la nariz con exasperación.
“En serio, tu padre está demasiado obsesionado con el mundo exterior.”
Sin previo aviso, sacó su Arco de la Calamidad y apuntó directamente a su esposo.
“¡Espera! ¡Mamá, no mates a papá por eso!” Alice exclamó con desesperación.
Tomoe, sin inmutarse, mantuvo la cuerda del arco tensada mientras invocaba una flecha de fuego.
“Ya se lo tiene merecido desde que decidió tomar la apariencia de una niña,” dijo con frialdad.
En ese momento, un hombre musculoso de dos metros entró en la sala. Tenía el cabello negro con mechones blancos y compartía los mismos ojos rojos y cuernos largos de colores negros y rojizos que pertenecía a su familia. Vestía un tradicional mawashi de sumo y llevaba un kimono sobre los hombros como una capa.
“¡Jajaja! ¡¿Qué pasa, hermana?!” exclamó con energía.
Alice, sin decir nada, simplemente lo señaló, indicándole que observara la escena por sí mismo. Raiden, su tío, fijó la vista en su hermano(¿hermana?) girando y saltando con entusiasmo.
“¡Oh, esto se ve interesante!” declaró antes de lanzarse a la pista y empezar a imitar los movimientos de Sengo.
Los dos hermanos reían mientras bailaban al ritmo imaginario de la música. Tomoe, con un tic en la ceja, chascó la lengua.
“Tú también Raiden… Bueno eliminar a mis dos hermanos no será mala idea,” dijo Tomoe mientras preparaba su ataque y liberando la flecha de fuego hacia Raiden y Sengo.
Una explosión sacudió la sala, reduciendo a cenizas parte de la habitación. Entre el humo y los escombros, Sengo se levantó tosiendo, su ropa parcialmente quemada, dejando al descubierto partes de su piel pálida.
"Cof cof... En serio, Tomoe, ¿por qué hiciste eso?”
Esto hizo que Tomoe se enoje más con Sengo por la hermosa apariencia de loli albina que tiene.
“Hmpf... No necesitas saberlo. Me voy a dar una vuelta por el castillo,” respondió con un lindo puchero antes de retirarse.
Sengo suspiró, frotándose la cabeza.
“Caray... En serio quiero saber por qué se enojó conmigo.”
Luego miró a Raiden, quien también se estaba levantando entre las cenizas.
“¡Oye, Raiden! ¿Quieres seguir bailando Break Dance?”
Raiden se sacudió el polvo con una carcajada.
“¡Jajajaja! Claro, Sengo. No pasamos mucho tiempo juntos como hermanos, así que será un buen momento.”
Sengo sonrió nostálgico.
“Jaja, supongo que tienes razón... Antes solía viajar con Azi Dahaka, causando destrucción por todas partes en Pequeño Jardín. Luego fui sellado por la comunidad de Canaria y sus aliados... Quién lo diría, su plan era realmente elaborado. Aun así, conseguí escapar hace 50 años.”
Raiden asintió.
“La comunidad [Mal Absoluto] se hizo temida en todo Pequeño Jardín... Aunque Azi sigue sellado.”
Sengo sonrió con un brillo en los ojos.
“Aún... Algún día será liberado.”
Raiden suspiró.
“Espero que no sea pronto. Apenas han pasado 195 años desde que fue sellado. [Arcadia] perdió el 80% de sus aliados en esa batalla, y apenas lograron sellarlos.”
Cambiando de tema, preguntó con curiosidad:
“Y tú, ¿qué harás ahora, hermano?”
Sengo se cruzó de brazos, pensativo.
“Creo que viajaré al séptimo dígito. Shiroyasha mencionó algo sobre ropa nueva para cosplay. Suena divertido.”
Raiden lo miró con algo de temor.
“Hermano... ¿Qué te pasó para que termines en ese mundo?”
Sengo soltó una carcajada.
“Nada en especial. Me aburría, así que decidí seguirle el juego a Shiroyasha. Resultó ser más divertido de lo que pensaba.”
Raiden sintió un escalofrío.
“Espero nunca aburrirme tanto...”
Pensó en Shiroyasha y en cómo había terminado obsesionada con el cosplay, al punto de usar trajes de baño escolares sin ningún pudor, a pesar de su milenaria edad. Raiden tragó saliva, estremeciéndose.
“No... No quiero terminar así...”
Y así, en Pequeño Jardín, los más fuertes encontraban formas muy peculiares de lidiar con el aburrimiento.