Prólogo
Alyssa
El gobierno confirma el rumor de los 25 días mediante una rueda de prensa está mañana. Esto quiero decir que todos los jóvenes entre trece y veinticinco años, podrán ser llevados por cualquier grupo delictivo y criminal sin ninguna represalia. No se han dado más detalles hasta ahora sobre porqué se quiere hacer esto, pero ya ha puesto en pánico a todos los jóvenes y sus familias.
El gobierno también advirtió que no trataran de esconderse, porque los criminales los quieren y los encontrarán sin importar nada. Los 25 días comenzarán en diez días, y no se recibirá ninguna llamada de emergencia de cualquier joven cuando los días de caza comiencen.
Miro a mis padres, tratando de encontrar algunas palabras positivas, o una solución, pero no. Ellos me miran mientras las noticias se siguen reproduciendo de fondo.
— ¿No van a decir nada?— les pregunto, cruzando los brazos. Ellos se miran y mamá es la que habla.
— Tenemos un sótano. Podemos esconderte ahí— chasqueo la lengua.
— ¿Escuchaste lo que dijeron?— levanto la voz— Esos malditos criminales nos encontrarán, y estoy segura que saben los lugares más obvios dónde querrán escondernos— trato de hacerlos entender el peligro de la situación, pero es inútil.
— Bueno, Alyssa, no podemos hacer más por tí— se queja— Es lo mejor que tenemos. Tú decides— me doy la vuelta, dirigiendome a mi habitación después de su estúpida solución a está grave situación.
Todos sabíamos que era real, pero teníamos un poco de esperanza de que fuera falsa. Estoy sorprendida, pero no como cuando supe el rumor. Estoy preocupada, mucho más que cuando me enteré del rumor, eso sí. Realmente no hay algún lugar en específico al que pueda ir y así salvarme. Son veinticinco días, tengo necesidades básicas y aparte, tengo que sobrevivir a todas las personas que quieran atraparnos. Esto se volverá una maldita guerra, y nosotros ni siquiera votamos por el presidente Kenneth, sino nuestros padres. Todos nosotros sabíamos lo que pasaría si el ganaba, pero nadie escucho, como siempre. Él les ofreció un poco de dinero y le dieron su voto.
El país ya estaba colapsando, y terminará de hacerlo con esto. Matarán a la generación que ellos tanto querían hacer crecer por el futuro del país. Nos entregarán tan fácil y seguramente por dinero, protección de por vida, o cualquier otra estúpida cosa que los beneficie. Nos están llevando a nuestro destino, entregados y casi servidos en bandeja de plata.
Evan
El gobierno confirma el rumor de los 25 días mediante una rueda de prensa está mañana. Esto quiero decir que todos los jóvenes entre trece y veinticinco años, podrán ser llevados por cualquier grupo delictivo y criminal sin ninguna represalia. No se han dado más detalles hasta ahora sobre porqué se quiere hacer esto, pero ya ha puesto en pánico a todos los jóvenes y sus familias.
El gobierno también advirtió que no tratarán de esconderse, porque los criminales los quieren y los encontrarán sin importar nada. Los 25 días comenzarán en diez días y no se recibirá ninguna llamada de emergencia cuando los días de caza comiencen.
Mis padres apagan la televisión y después me voltean a ver. Mi padre es quién habla.
— No tienes que preocuparte, hijo. Aumentaré la seguridad alrededor de la mansión y todo estará bien— sus palabras no me dan tranquilidad— Aparte, no creo que esos criminales se quieran meter con nosotros— asegura— Estoy seguro de que solamente van a ir por los demás.
— ¿A qué te refieres con eso?— pregunto.
— Ya sabes, a que no se meterán con los millonarios. No les conviene hacerlo.
— Papá, créeme que a ellos les conviene hacerlo— le aseguro— Además, ellos no se fijarán si somos ricos o pobres, sólo van a atrapar a cualquier jóven que vean por la calle— le explico, tratando de hacerlo reaccionar— De igual manera, no tendrán ninguna represalia por hacerlo.
— Entonces disfruta tus últimas días libres, porque por veinticinco días estarás encerrado aquí— se levanta del sillón, caminando hacia mí— Esa es la única opción, Evan— finaliza, para después pasar por mi lado, yéndose de la sala.
Mi mamá me mira, pero no tampoco dice algo que me tranquilice por toda está situación.
— Tu padre tiene razón.
— ¿Y si mejor me voy del país para estar completamente seguro?— ella niega de inmediato.
— No puedes irte ahora, Evan— dice autoritaria— Estás comenzando a prepararte para los negocios con tu padre— se levanta.
— Pero corro peligro siendo adolescente en este país— le recuerdo, dándole una razón lo suficientemente buena para que me deje ir.
— Ya te dijo tu padre la solución. Incluso, esos días podrás aprovecharlos para estudiar más de finanzas y administración— bufó al escuchar eso. Estoy cansado de estudiar eso día y noche— Mejor dejemos ese tema de lado y prepárate para la cena de está noche. Recuerda que es a las siete y la hija del socio de tu papá viene también. Quiero que te veas perfecto para ella— me sonríe, cómo si esa fuera una gran noticia.
— Ya te dije que no me gusta.
— Deja de quejarte, Evan. Ella es la mejor opción para tí, así que ya me contradigas más— dice en un tono molesto— Ve a arreglarte— ordena antes de marcharse, caminando hacia la cocina. Nunca le importa mi maldita opinión.
¿Por qué ningún adulto entiende la gravedad de la situación? No entienden el miedo, la desesperación, la preocupación. No entienden ninguna maldita sensación. No entienden nada. Están tan tranquilos, cómo si les hubieran dicho que nos quieren para jugar en un equipo de fútbol. Nos van a matar, esa es la realidad. Cada uno tendrá que sobrevivir como pueda. Esto será como la purga, pero de veinticinco días y exclusivamente para jóvenes.
Alyssa
Al llegar a la escuela, me encuentro con Meg, Charles, Lauren, Shelia, George, Jasmine y Mark. Todo el grupo reunido. Me acerco a ellos, dejando mi mochila en el camino.
— ¿De que hablan?— les pregunto, interrumpiendo por un momento.
— Creo que es obvio— dice Meg.
— Los veinticinco días— suspiro y ellos asienten— Este mundo cada día es peor.
— ¿Qué te dijeron tus padres sobre eso?— me cuestiona George.
— Déjame adivinar— dice Shelia, y le hago una seña para que continúe— Tenemos un sótano.
— Acertaste— contesto.
— Lo sabía.
— Ustedes obtuvieron la misma respuesta, ¿Verdad?
— Si— responden todos.
— No va a funcionar— comenta Jasmine.
— Es obvio que no funcionará— le sigue Mark— Necesitamos salvarnos nosotros mismos, porque está claro que ellos nos dejarán a nuestra suerte.
— ¿Y cómo podemos salvarnos? Son demasiadas cosas las que necesitamos para eso, comenzando por el escondite, luego la comida y así sucesivamente— replica Lauren.
— Conozco un lugar— suelta Shelia. Todos ponemos nuestra atención en ella— Es una vieja cabaña, está en los adentros del bosque. Incluso tienes que pasar un puente porque hay un río de por medio— explica— Conozco ese lugar porque era de mi bisabuelo, y un día mi papá me llevo ahí cuando tenía seis años— cuenta. Todos nos miramos, sabiendo que no es mala idea ir ahí.
— Podemos comenzar con eso. Después nos encargaremos de la comida, ropa... armas— sugiero.
— ¿Armas?— cuestiona con confusión Charles.
— Tenemos que estar preparados para todo— contesto— ¿Puedes llevarnos a la cabaña después de la escuela?— me dirijo a Shelia.
— Claro— se encoge de hombros.
— Bueno, lo primero está solucionado. Debemos empezar a pensar en lo demás— digo.
La campana suena, terminando nuestra conversación y haciendo que todos tomemos asiento.
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Llegó a casa, dejando mi mochila en el sillón y dirigiendome a la cocina después de una larga caminata por el bosque. La televisión encendida me hace compañía. Abro el refrigerador, saco el jugo, el jamón y la mayonesa, para después cerrarlo y sacar el pan de la alacena. Cuando comienzo a prepararme el sándwich, escucho algo que me hace detenerme. Dejo las cosas de lado y pongo atención.
Debido a la noticia de los días, los jóvenes entraron en pánico y muchos huyeron, saliendo del país. Las aerolíneas aseguran que, la mayoría de boletos comprados estás últimas horas, son de estos jóvenes que corren peligro. Ellos encontraron una solución: salir del país.
Sin embargo, el gobierno se ha dado cuenta de esto. Así que todas las aerolíneas, tendrán prohibido vender boletos a personas de entre 18 y 25 años. Si los jóvenes encontrarán la manera de burlar el sistema y salir del país; el gobierno dijo que tomarán medidas más drásticas, como cerrar los aeropuertos.
Al terminar de escuchar, rápidamente voy a sala. Tomo el control de la televisión y presionando un botón, cambio a un canal de caricaturas. Por unos minutos miro los dibujos animados, mientras proceso otra noticia más sobre toda está situación.
Evan
Escucho a mis padres hablando sobre algún tema de la empresa, mientras comen. Tomo una botella de agua y cuando me doy la vuelta para irme, mi padre me detiene con su voz.
— Evan— me vuelvo a girar— Tengo algo para ti— a pasos lentos, me acerco a él— Usa esto— del bolsillo de su pantalón, saca una tarjeta de crédito y me la extiende— Es para que disfrutes tus últimos días fuera, porque estarás aquí dentro por casi un mes— agarro la tarjeta, mientras él vuelve a recordarme eso.
— Gracias— murmuró. Siempre es lo mismo: dinero en tarjetas de crédito.
— Compra lo que quieras, menos esa porquería de comida chatarra— dice mamá, recordarme sus mismas palabras cada vez que salgo.
— Por supuesto— suspiro. Nunca he podido comer eso, está prohibido para mí. Una vez, cuando tenía seis años, comí un pedazo de pizza en una fiesta, y casi me hizo vomitar ahí mismo.
— También deberías comprale algo a esa niña— agrega una sugerencia que, no acataré.
— Harper— mi papá le recuerda el nombre.
— Si, a ella. Sé que no te gusta, pero ya te he dicho un millón de veces que ella...— la interrumpo, completando su frase.
— Ella es la mejor opción para mí. Lo sé— bufó.
— Exacto. Me alegra que ya te esté quedando claro— sonríe levemente, a lo que yo, mejor me doy la vuelta y abandono la cocina.
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Debido a la noticia de los días, los jóvenes entraron en pánico y muchos huyeron, saliendo del país. Las aerolíneas aseguran que, la mayoría de boletos comprados estás últimas horas, son de estos jóvenes que corren peligro. Ellos encontraron una solución: salir del país.
Sin embargo, el gobierno se ha dado cuenta de esto. Así que todas las aerolíneas, tendrán prohibido vender boletos a personas de entre 18 y 25 años. Si los jóvenes encontrarán la manera de burlar el sistema y salir del país; el gobierno dijo que tomarán medidas más drásticas, como cerrar los aeropuertos.
Apago la televisión y suelto un grito de frustración al aire. Esa mi maldita salvación, y ahora ya no la tengo. Me veo demasiado joven como para usar una identificación falsa que diga treinta años. La de los dieciocho era sencilla, pero el resto no. Quería huir del país porque sé perfectamente, que no estoy a salvo aquí. No importa si mi habitación es una mazmorra. Siento que va a pasar algo malo, de lo que nada me salvará.
Me siento en la cama, suspirando profundamente. Luego, mi mirada se va hacia mi escritorio, lleno de libros de finanzas, administración, contaduría, e incluso de leyes. Voy a morir infeliz, estudiando cosas que no quiero hasta el último segundo. ¿De verdad es difícil entender que no todos queremos lo mismo en esta vida? Sin embargo, sino hago lo que ellos quieren, me sentiré mal por eso y los decepcionaré, bajando sus expectativas sobre mi. Hasta mi vida amorosa quieren controlar. Estoy tan cansado, pero tampoco puedo hacer nada.
La desesperación y la angustia crecen cada día más. Todos quieren huir, salvar sus vidas. Siempre lo dijimos: el presidente Kenneth no es una buena opción. Él nos va a hundir, destrozado el país. Pero nadie escucho, principalmente los adultos. Ellos ya no escuchan, tienen sus mentes atrapadas y encerradas en una jaula con la llave perdida. Esto de los veinticinco días, es una de las consecuencias de votar en alguien que prometió hacer crecer las ganancias. ¿Qué adulto escucha cuando le prometen algo así?
Alyssa
— No tenemos suficiente dinero para comprar todo lo que necesitamos— dice George, desde uno de los asientos del salón.
— ¿Qué vamos a hacer? Necesitamos demasiadas cosas— pregunta Lauren, que está a lado de Mark.
— Podemos robar— suelta él, y todos lo miramos— Esto va a ser una guerra y tenemos que sobrevivir de cualquier modo.
— No podemos hacer eso. Vamos a ir a prisión— protesta George.
— Iremos sólo si somos atrapados— hablo yo, desde el extremo del salón, recargada en la pared.
— ¿Qué quieres decir?— cuestiona.
— Que si no somos atrapados, nada debería de pasarnos. Piénsalo— hago una pequeña pausa— Esto es una pelea, necesitamos provisiones para vivir y no morir de hambre en una semana. Además, si vamos a vivir esto, robar será nuestro menor pecado— suspiro— Sólo necesitamos un buen plan y pensar en cada detalle para que nada salga mal— explico.
— Entonces, Mark y tú se encargarán de eso.
— Me parece perfecto— contesta el mencionado.
— Nosotros lo haremos y ustedes siguen las instrucciones. Así será— cierro la conversación.
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Otra noticia escandalosa está semana, aparte de los 25 días, son las huelgas hechas por trabajadores de diversas empresas. Ellos han dejado de trabajar y están exigiendo lo que se les prometió: mejor salario y condiciones laborales. Aseguran que desde hace seis meses, sus condiciones laborales han empeorado y el salario disminuido para todas las horas extras que trabajan. Hasta ahora, ningún empleador se ha pronunciado al respecto.
Y mientras estos trabajadores hacen huelgas; más de doscientas madres y padres de familia, se han organizado para marchar por sus hijos e hijas desaparecidos. Quieren demostrarle a el gobierno que sus hijos siguen siendo esperados en casa. Mientras que a la sociedad, quieren demostrarle las mentiras e injusticias de la policía y políticos de nuestro país. En los próximos días, podremos apreciar estas marchas y le estaremos infor...
Sus palabras se cortan cuando cambio de canal, poniendo las caricaturas una vez más. Miro a Bob Esponja atrapando medusas, para después extraer su mermelada. Me río levemente cuando dice una de sus tonterías. Sin embargo, la sonrisa se me borra cuando mamá entra a casa.
— ¿Enserio, Alyssa?— suspiro con cansancio porque ya sé lo que dirá— ¿Viendo caricaturas como si fueras una niña pequeña?— me levanto del sillón, caminando hacia mi habitación— Estoy hablando contigo, Alyssa— me detengo y me giro por unos momentos.
— ¿Qué hay de malo en ver caricaturas con diecisiete años? Tú te vistes como si tuvieras quince años y aparte, sales de fiesta con mi padre y se olvidan de mi existencia— le recriminó— Además, puedo morir mañana. Tengo derecho de disfrutar mis últimos momentos— finalizo y sigo con mi camino. Que mujer tan molesta tengo como madre.
Cuatro días después
Tome otro clavo, preparo el bate y con firmeza agarro el martillo. Sin embargo, cuando estoy apunto de comenzar a martillar, Mark nos interrumpe con su llegada.
— ¡Oigan!— exclama. Bufó y me doy la vuelta, aún con el martillo y clavo en mi mano.
— ¿Qué pasa, Mark? Tenemos muchas cosas que hacer y no nos queda mucho tiempo— le pregunto.
— Es importante.
— ¿De que se trata?— cuestiona Charles— Se rápido, porque tengo que terminar de arreglar la electricidad de la cabaña.
— Sólo escuchen esto— saca su teléfono y reproduce un audio.
El presidente Kenneth ha hablado está mañana sobre los 25 días. Los días en los que los jóvenes de entre trece y veinticinco años podrán ser reclutados por cualquier grupo delictivo, y la policía no hará nada contra esto.
El presidente dijo que las familias que entreguen voluntariamente a sus hijos, podrían llevarse una buena cantidad de dinero. Recordemos que el gobierno está haciendo esto como un trato de paz entre organizaciones criminales. También, el gobierno tiene esperanza de que después de perder a sus hijos, estás familias decidan tener más, crear a una generación y aumentar el número de natalidad en el país.
¿Qué opinan los jóvenes que corren peligro?
Es obvio, que ellos no están para nada contentos. Y aunque, muchos están dispuestos a sobrevivir, no todos quieren entrar a el juego. Tan sólo estos últimos dos días, el número de suicidios aumentó un quince porciento. Mientras tanto, en el internet ellos exigen sus derechos, algunos hacen planes para sobrevivir y otros le ponen nombres a el acontecimiento que se está por vivir en unos días más. El gobierno dijo que ellos tienen que vivir la guerra, y que deberían de sentirse famosos porque van a entretener a muchos.
— ¿Qué carajos le pasa a esos malditos imbéciles del gobierno?— exclamó— Creen que estamos en los malditos juegos del hambre.
— ¿Qué vamos a hacer? Todos conocemos a nuestros padres y ellos nos entregarán sólo por ese dinero— habla Charles.
— La oferta comienza oficialmente junto con los veinticinco días, así que podemos volver a casa— le explica Mark.
— Sólo necesitamos estar aquí un día antes de que todo comience— le digo— ¿Los demás ya lo saben?— le pregunto.
— Si, los llame— responde.
— Diles sobre lo que le acabo de decirle a Charles. Y también que no falten a la escuela, será nuestro punto de encuentro.
— Con gusto, querida— ruedo los ojos al escuchar otra vez su manera de llamarme.
— Haz un plan, Mark— suspiro.
— Siempre lo hago, al igual que tú con todas tus opciones sobre lo que puede salir bien y mal en el plan— contesta con su arrogante sonrisa— Por cierto, te ves muy hermosa hoy.
— No comiences— advierto— Tengo un martillo en la mano y no dudaré en usarlo— él no deja de sonreír, pero retrocede un par de pasos. Siempre es lo mismo con Mark. Tiene a Lauren de novia, y aún así, quiere coger conmigo y con muchas otras.
— Deja de fastidiar, idiota. Mejor ve por más provisiones— le dice Charles— Tenemos menos de cuarenta y ocho horas para estar listos— le recuerda.
— Está bien. Volveré en un par de horas— avisa, dándose la vuelta y alejándose de nosotros.
Esto se va a poner más difícil cada día.