1. what i need
⠀⠀⠀⠀⠀
..
Eran las nueve de la noche de un tranquilo viernes cuando miraste el reloj por primera vez en horas. La suave melodía de los créditos de Lady Bird flotaba en el aire, saliendo de tu computadora. Aprovechaste para detener la reproducción y soltaste un suspiro, cargado con el peso de lo que acababas de ver. La vida de la protagonista se parecía tanto a la tuya que cada escena familiar te golpeó con fuerza, casi como si alguien hubiera contado tu historia sin pedir permiso. Seguramente escribirías un pequeño análisis luego; el cine era una de tus grandes pasiones entre las muchas otras cosas que te gustaban, y el hecho de haberte sentido tan identificada le sumaba muchos puntos a esa película.
La puerta se abrió de golpe y tu compañera de piso entró riéndose a carcajadas. Una voz chillona se escuchó detrás de ella despidiéndose con un adiós tan suave que fue silenciado enseguida por el golpe de la puerta al cerrarse. Cuando la miraste, notaste su aspecto: el cabello revuelto, el maquillaje corrido, y en general con una apariencia desaliñada. Probablemente había pasado la tarde haciendo cosas que preferías no preguntar. La curiosidad mata al gato y no querías arriesgarte.
Fue entonces, cuando sintió tu mirada curiosa, que ella volvió a la realidad. Una sonrisa torcida y sus cejas alzadas en una expresión divertida se dibujaron en su rostro, característicos de su personalidad.
Ymir se lanzó a su cama individual, a solo unos centímetros de la tuya, y te saludó con su típica sonrisa pícara.
— Hola, animal de fiestas, ¿otra vez aquí en un viernes? — botó el humo de su vape desechable hacia el techo en un largo suspiro. Sabía que no te molestaba, por lo que no tenía reparos en preguntar. El aroma de la esencia a frutilla ayudaba a disipar los fuertes olores de la comida rápida que habías pedido hace un rato y que todavía reposaba en tu escritorio, junto con todo el desorden que te caracterizaba en tu parte de la habitación.
Encogiste los hombros en respuesta y cerraste la película para mostrar la página de inicio y buscar otra. Apenas le prestaste atención al comentario de Ymir, el que hizo que rodaras los ojos a escondidas de ella.
— ¿Qué hay de increíble esta noche? — respondiste con una voz suave, en un tono irónico y desinteresado.
La siguiente acción de Ymir no te sorprendió en lo absoluto.
La castaña resopló y se levantó de nuevo, anunciando con ese movimiento que se cambiaría de ropa para lo que fuera que tuviera planeado esa noche. Eso avivó tu curiosidad y tus ojos no se apartaron de su espalda mientras se alejaba.
— Oh, cielo, siempre hay algo que hacer. — dijo, cerrando la puerta del armario tras sacar una sudadera burdeo extragrande, con el logo desgastado de una universidad extranjera estampado en el pecho. Al ponérsela, ocultó parcialmente su croptop blanco de tirantes, aunque no lo suficiente para disimular los rastros de lo que fue su día.
Su cuello estaba cubierto de marcas, chupones de un tono casi morado, que con intentó ocultar con torpeza mientras se vestía. Tu mirada se desvió con disimulo a la vista.
— Con la gran Ymir, nunca hay nada que perderse los fines de semana. — agregó con una sonrisa coqueta.
— Entonces me apunto para donde sea. — dijiste cerrando la pantalla de tu laptop y dejándola sobre la cama. Observaste a la chica aplicarse gloss en los labios, resaltando su piel morena y manchada de pecas. Ella sonrió emocionada al escuchar tus palabras, ansiosa por pasar otra noche juntas, a pesar de que el tono de tu voz era un poco irónico y burlón. En el fondo sabía que hablabas en serio. — Que la gran Ymir me guíe esta noche.
Desde que te asignaron habitación junto a Ymir, su presencia se ha convertido en una alegre y cómoda compañía, entre muchas otras cosas. Sin embargo, de forma cómica, te encuentras compartiendo la misma habitación con tu exnovia, durmiendo en una cama llena de memorias. Las cosas se salieron de control un día y el corazón habló por ambas, pero tanto tú como ella son capaces de superarlo sin problemas. Convivir con aquellos recuerdos vivos en algún lugar de tu cabeza no es para nada incómodo. Es más, actualmente, Ymir está en una relación con la chica de la habitación de al lado, Historia Reiss, quien es muy agradable y definitivamente es la indicada para ella.
— Hay una fiesta en la fraternidad de Jean. Así que, ¡vístete! — suelta un par de carcajadas contagiosas, bajando sus biker shorts para colocarse unos mom jeans de tiro alto. No parece importarle que la veas en ropa interior; el nivel de confianza entre ustedes es tan alto que casi no importa. — Te espero.
Guiñó un ojo antes de entrar al baño y le devolviste una sonrisa casi automática. Sin embargo, la sonrisa se desvaneció lentamente ante la audiencia vacía una vez se cierra la puerta. ¿De dónde surgió toda esta confianza? Ni siquiera querías salir de fiesta, y preferías quedarte adentro todo el fin de semana para llorar por películas cursis de romance hasta que tu cuerpo no pudiera aguantarlo más. Pero, ¿mentirle a Ymir y decirle que estabas cansada? Una excusa tan vaga no sería suficiente y solo te haría quedar en ridículo.
Tal vez un día fuera de tu cabeza no te haría daño. Dejarte llevar por ella seguramente era lo que necesitabas. ¿Por qué no, solo esta vez?
Rendida, caminaste hacia tu clóset con un suspiro y sacaste uno de tus vestidos favoritos; la tela negra de la prenda se ajustaba perfectamente a tu cuerpo y era justamente por eso que te gustaba tanto. Luego, te pones unas botas de plataforma para complementar el look. La vestimenta de Ymir te deja claro que no es necesario algo demasiado formal, lo cual es bueno porque, ¿quién demonios va a una fiesta universitaria con ropa formal? Solo personas que no conocen este mundo.
Terminas por ponerte tu chaqueta de cuero favorita, la cual nunca permanece en el armario por más de veinte minutos debido a que la usas siempre. Te sientas en tu tocador y comienzas a maquillarte. Por el reflejo del espejo, ves a Ymir salir del baño con una nube de humo siguiéndola detrás. Te sonríe cuando te observa fijamente desde el marco de la puerta, mientras te concentras en aplicar el eyeliner con precisión y, posteriormente, terminas con un poco de rímel para levantar tus pestañas. Encuentras su mirada en el espejo y le devuelves una sonrisa apenas perceptible.
— Bueno, chica mala ¿Nos vamos?
Aunque te arrepientes por un segundo, la sigues desde atrás en cuanto te levantas, cerrando la puerta detrás de ti y asegurándote de que esté cerrada con llave antes de guardarla en el amplio bolsillo de tu chaqueta. Caminan unos pocos metros hasta la habitación de su novia, y quien sale a la par con su compañera de cuarto, Sasha Braus, mientras se dirigen juntas hacia la fraternidad más prestigiosa del campus. Las fiestas en ese lugar siempre terminaban siendo un elogio a la semana siguiente, Jean manejaba muy bien estos eventos y era popular por eso mismo; ganarse el nombre del mejor fiestero del campus era probablemente un honor para esta gente.
Después de unos minutos caminando, logras escuchar la música distorsionada que proviene del otro lado de la pared. Las luces de adentro se filtran por las ventanas del primer piso y la gente se acerca desde diferentes direcciones. Es poco decir que la casa es enorme, ya que tiene capacidad para albergar a más de doscientas personas.
El viento te obligó a reaccionar, congelando tus piernas desnudas en el acto. Era una noche extremadamente fría y sentías cada ráfaga de aire penetrando en tu piel. Tratabas de distraerte de este frío, esperando pacientemente a que Ymir tomara el picaporte con la mano que no sostenía en el hombro de la pequeña rubia a su lado. Mientras tanto, tus manos se deslizaban por tus muslos desnudos en un intento de darte un poco de calor, sin desviar tu mirada de la pareja frente a ti. Cierta punzada en el pecho te distrajo por un segundo.
Cielos, ¿cuándo va a tocarme a mí?
Al abrir la puerta, el ruido ensordecedor invadió tus oídos, mientras que los potentes olores a alcohol y marihuana inundaron tus fosas nasales apenas diste un paso. Atravesaste una nube de humo desconocido en la entrada de la casa. Los destellos de las luces en movimiento causaron una visión borrosa, y la oscuridad dificultó el caminar entre la multitud de cuerpos en movimiento. Chocaste con varias personas en el largo, pero exitoso recorrido hacia la cocina, donde suponías que encontrarías las bebidas. La luz de la habitación estaba encendida, y podías ver a algunas personas hablando o haciendo cosas mucho más intensas sin ningún pudor por ser vistas.
Honestamente, todas las bebidas parecían baratas y rancias, pero aún así te tomaste tu tiempo para pensar en qué prepararte y sobrevivir un poco. Sin alcohol, tus habilidades sociales eran inexistentes.
No obstante, no pasó mucho tiempo antes de que fueras interrumpida, incluso sin tener ninguna botella en mano.
— ¡Hey! ¿Qué hacen aquí? — gritó el anfitrión, Jean, al verlas, acercándose rápidamente al notar caras conocidas en medio de la multitud. Sus cejas estaban fruncidas cuando se había acercado lo suficiente para verlo. — Tenemos un lugar más privado, todos están allí. Ugh, pensé que ya lo sabías, Sasha.
— Estábamos intentando que ___ se acostumbrara un poco al ambiente, ¿no? — Sasha dijo pasándote un brazo por los hombros, y tú te encogiste ligeramente en su abrazo, esbozando una sonrisa tímida mientras mantenías la mirada en el suelo. — Está un poco tensa...
Jean dirigió la mirada hacia ti apenas escuchó tu nombre salir de los labios de tu amiga. Sus ojos recorrieron tu figura con una mezcla de nostalgia y resignación, deteniéndose por un instante más del necesario antes de apartarse. Sonrió con un deje de tristeza, sabiendo muy bien que solo podía abstenerse a mirarte al no haber lugar para él en tu historia. Nunca lo había habido, y esta noche no sería la excepción, por mucho que una parte de él siguiera deseándolo. Era una larga, larga historia.
Minutos después, luego de un par de saludos y breves actualizaciones de vida, el castaño señaló un largo pasillo hacia una gran puerta donde había dicho que estaban sus amigos más cercanos. Caminaron hacia allá con Jean a la delantera, notando a dos personas notoriamente más fuertes y grandes que cualquier otra cuidando la entrada. Parecía ser muy privado y exclusivo para personas que solo Jean conocía, lo que te hizo fruncir las cejas con un poco de extrañeza. Jamás habías visto algo parecido; tal vez el título del mejor fiestero sí era muy importante para ellos.
Al entrar, se notó una gran diferencia con el exterior: todo estaba más tranquilo y habían menos personas. La multitud estaba relajándose y platicando con normalidad y paz. Las luces estaban apagadas, y sólo unas luces led cambiaban de color suavemente para poner el ambiente. La melodía de R&B de fondo se mezclaba con el fuerte trap de afuera reventando las bocinas, pero de alguna manera lograba bloquear el vocerío y cambiar totalmente la vibra.
— Bueno, pónganse cómodas. — dijo Jean con una sonrisa, dirigiendo su mirada exclusivamente a ti aunque no lo quisiera. Con evidente timidez, se acercó un poco más para conversar con mayor comodidad, aprovechando que las chicas se habían alejado. — ¿Te gustaría tomar algo? ¿Vodka o algo en particular? Puedo preparártelo en la barra.
— Oh, me gustaría un mojito, por favor. Gracias, Jean. — él asintió, peinando su largo cabello hacia atrás y con los labios atrapados entre sus dientes mientras sus ojos brillaban intensamente. Luego, se giró hacia el gran bar donde una pareja estaba platicando animadamente frente a la barra.
En tu propio mundo, tu mente se llenaba de pensamientos. Jean era bastante atractivo y parecía estar muy interesado en ti, pero sabía que intentar algo con él no era la mejor decisión. Era un pensamiento que iba y volvía en cada encuentro.
La última vez que te involucraste con alguien de esta fraternidad, no acabó bien. Una chica celosa de tu relación con Armin Arlert, amigo cercano de Jean, casi te deja una contusión en la cabeza. Fue una lección valiosa para no repetirlo y mantenerte dentro de tu círculo seguro. A pesar de que Jean mostraba un gran interés en ti, la idea de pasar por lo mismo otra vez era una mala idea. Disfrutar de su compañía desde la distancia era lo más prudente.
Más aún, viendo su reputación en el campus, estabas segura que algunas caras no se verían muy felices si caminaras de la mano con él. Oh no.
Exploraste la habitación, saludando a algunos rostros familiares que conocías solo de vista y con quienes apenas intercambiabas un "buenos días" en clase. Finalmente, tomaste asiento en una de las sillas de la barra, observando con fascinación cómo Jean preparaba tu mojito con una concentración tan intensa que ni siquiera notó tu llegada ni tu mirada fija en él.
— Okay... Oh, estás aquí. — rió nervioso mientras te entregaba tu vaso, colocando una pajilla para facilitar su consumo. — Si quieres otro, no dudes en decírmelo. Solo pídemelo a mí, no quiero que un demente te haga algo, ya sabes...
Reíste suavemente ante su preocupación, y lo observaste salir de detrás de la barra y dirigirse hacia su grupo de amigos, reunidos en un círculo en el suelo a unos pasos de distancia. Tus ojos se pierden en el sector cuando Jean se sienta y trata de incluirse en la conversación, abrazando a uno de sus amigos.
El lugar era amplio, con al menos treinta personas esparcidas en cada rincón, excepto el grupo de Jean. Parecían estar compartiendo un porro en un intento de pasar desapercibidos por los demás, pero era muy obvio al ver a la gente toser cuando recibían algo en sus manos. Sonreíste al ver que una de sus víctimas era Historia, Ymir acariciaba su espalda para ayudarla a respirar con normalidad y luego la besaba en la mejilla mientras reían.
Jugaste con la pajilla, sintiendo los cubos de hielo chocar contra el vidrio del vaso, mientras tu mente se perdía en pensamientos. Dudabas mucho sobre si debías unirte al grupo y participar, ya que los veías muy animados en su propio mundo, compartiendo chistes internos que te eran totalmente desconocidos.
Después de tomarte un momento para prepararte mentalmente, finalmente decidiste levantarte con una pequeña mueca de nerviosismo, sabiendo que tendrías que activar tu batería social de nuevo. Sin embargo, justo cuando estabas a medio camino, alguien te detuvo repentinamente y te hizo sentarte nuevamente, exaltada.
Una persona te agarró el brazo con fuerza, intentando hacerte girar para mirarlo. Al hacerlo, sus ojos se fijaron en ti, lo que te causó cierta incomodidad por la forma en que te examinaba. Sus pupilas dilatadas y desorientadas te dieron la idea de lo jodido que estaba.
— Eh... ¿Perdón? — preguntaste mientras notabas al chico pelirrojo retirar su mano de tu brazo con rapidez y tambalearse un poco al ponerse de pie. Con los nervios a flor de piel, reíste suavemente para ti misma. Luego, viste cómo levantaba ambas manos para mostrar inocencia y reía a carcajadas, como si hubiera contado el chiste más gracioso de su vida.
— Lo siento, no quise ser raro al abordarte así de repente, pero te vi desde lejos cuando entraste, — dijo el chico riendo y cruzando sus brazos en un gesto de dominancia. Frunciste los labios sin saber cómo reaccionar. — Y Dios santo, eres preciosa... ¿No te gustaría conversar en otro lugar? Ya sabes...
Hombres.
— No lo creo... Solo vine a pasar un buen rato. No me interesa. — dijiste mientras tomabas un sorbo de tu bebida para aclarar tu garganta seca. Definitivamente eso no le gustó, juzgando por su reacción un poco tardía: su sonrisa desvaneció y sus ojos se oscurecieron, nada que ver con su primera impresión. — Además...
— Oh, vamos... Solo un rato. — su mano cayó sobre tu hombro y eso comenzó a incomodarte aún más, si es que era realmente posible; desde que se te acercó te sentiste incómoda. En un intento de quitártelo de encima, trataste de inclinarte hacia atrás, pero resultaba prácticamente imposible. Sus dedos picaban cada sector de tu piel en esa desagradable caricia que te regala. — Tengo mi coche afuera, podemos...
— Amigo, en serio.. no estoy interesada. Soy lesbiana... — tartamudeaste mientras te excusabas rápidamente. Observaste cómo sus ojos se abrieron aún más al escucharte decirlo y te preparaste mentalmente para su siguiente reacción.
Realmente está pasando.
Sentiste una segunda mano en tu otro hombro y viste a alguien sonriendo para tranquilizarte cuando giraste a mirar. Luego, se dirigió hacia el chico que estaba parado y que se había quedado congelado en su lugar después de tu confesión.
— Floch, creo que ya escuchaste a la chica. ¿Necesitas algo más que un "no" para irte? ¿Una patada en los huevos o algo así? — su voz era grave y un tanto intimidante, pero eso fue suficiente para que el chico se alejara de ti, murmurando un par de disculpas mientras se iba. Desde la distancia, viste cómo otro chico castaño con el cabello recogido en un moño lo ayudaba a caminar y le reclamaba su actitud, pero Floch no parecía estar interesado, y en cambio lo apartó con un empujón para alejarse de todos.
Te volteaste rápidamente hacia la persona que te había ayudado, tus manos temblaban y tu corazón latía desbocado en tu pecho. Era una persona con gafas, el cabello recogido en una coleta alta y despeinada. Sus ojos estaban notoriamente rojos, parecía luchar por mantenerlos abiertos. Vestía una camisa negra abierta que dejaba ver un poco su pecho plano, y llevaba un pantalón de cuero negro que sus manos acariciaban con cautiverio. Asumiste que era una mujer a simple vista, y por un momento te sentiste agradecida por su intervención en el momento justo.
Se rió de la silueta de Floch y luego te miró de vuelta al sentir tus ojos buscando algo más en qué fijarse que no fuera su extravagante apariencia.
— ¿Estás bien? — preguntó, llevando su cigarro a los labios y soltando el humo en dirección opuesta a la tuya. Al fijar la vista, notaste a otra persona a su lado, de cabello negro y corto. También te observaba con un poco de preocupación, aunque parecía ser alguien ajeno a las personas a su alrededor, excepto por la chica que estaba junto a él.
— Sí, muchas gracias... estaba entrando en pánico y no supe qué hacer. — tomaste un sorbo más grande de tu bebida debido a la ansiedad que llenaba tu pecho. La chica asintió, validando tus sentimientos acelerados. Nunca pensaste que el sonido de los hielos derretidos chocando contra el vidrio del vaso, sería el más tranquilizante del mundo.
— Soy Hange, y él es Levi — dijo sonriendo, formando unas finas líneas curveadas en sus ojos. Respondiste con tu nombre y moviste tu mano hacia Levi con una leve sonrisa. Pero tu atención primordial siempre estuvo en ella. — ¿Eres de segundo o primer año? Nunca te había visto por aquí.
— Sí, estoy en segundo. — respondiste mientras observabas a Hange tomar otra calada de su cigarro y mirar a su alrededor, asintiendo a tus palabras. — ¿Y ustedes son de último año? — preguntaste, curiosa.
— Lo soy. — corrigió Hange con una sonrisa, y eso tuvo un poco de sentido. Él se veía un poco más mayor de todos modos. — Jean suele traer gente de tercero y cuarto año a sus fiestas, así que supongo que por eso nunca te había visto por aquí. Quién sabe, tal vez Jean esté interesado en ti — añadió riendo y manteniendo sus ojos fijos en ti sobre sus gafas.
— Eso parece.. — suspiraste y bebiste aún más.
— Pero... Eres lesbiana, ¿no?
Moviste lentamente la cabeza en negación, observando cómo la de ella se inclinaba con curiosidad y sus ojos se abrían con dificultad. Era una acción que no parecía ser tal, ya que sus párpados luchaban por mantenerse abiertos cada segundo que pasaba. Adorable.
— Entré en pánico y dije lo primero que se me vino a la mente. La verdad es que no quiero etiquetarme. — reíste suavemente, mirando hacia tu vaso, mientras uno de tus dedos hacía círculos en el borde para evitar un poco el contacto. — Pero sí, me gustan las mujeres, así que no mentí.
Sus ojos brillaron mientras seguías hablando de ti misma y te pareció un detalle tierno, considerando que ni siquiera ella sabía dónde estaba parada.
— ¿Y tú? En mi opinión, no pareces muy... heterosexual. — su risa continuó mientras soltaba el humo que había inhalado unos segundos antes de que hablaras.
— Mujer, hombre, ¿qué importa? Trátame como quieras. — guiñó un ojo, chasqueó su lengua y formó una pistola con sus dedos. — Y definitivamente soy la reina del lesbianismo. — apagó su cigarro en el cenicero de cristal sobre la barra, tomó uno de los vasos que descansaban allí y bebió su contenido. Te reíste ante su último comentario, mientras el silencio se apoderaba del ambiente.
Una chispa de interés surgió en ti y honestamente querías seguir hablando de cualquier cosa con ella, pero recordaste lo que ibas a hacer antes de ser interrumpida. Curiosa, observaste al grupo de personas sentadas en el suelo compartiendo el porro, aunque ya estaba casi consumido y la gente estaba quemando el filtro. La mayoría se reía de los demás y algunos ya estaban acostumbrados al efecto que les producía, perdidos en su propio mundo.
Y tal vez, no fuiste la única que se interesó en ese sector en específico.
— Al parecer ya se acabó. — dijo Hange, mientras Levi asentía y bebía de su vaso con la vista puesta en el grupo. — ¿Querías ir con ellos antes? — asentiste a su pregunta. — Bueno, si quieres fumar... Creo que deberías pedirme a mí, ¿mm?
Te sorprendiste un poco al escuchar su confesión, y mientras procesabas la información, notaste que su sonrisa se hacía más grande y traviesa. Ella era el dealer.
— Y tendrás los honores hoy, cielo. Considéralo un regalo. — dijo Hange agitando un sobre y girándose hacia la barra para prepararlo. Levi sacó una caja de papelillos de su bolsillo y se la entregó a Hange, quien sonrió y comenzó a esparcir el contenido sobre un moledor. Lo giró por un rato hasta que el gramo se hizo polvo y lo vertió cuidadosamente en un papel.
Lo rodeó con el papel delicadamente para que no se cayera nada, para luego pasar su lengua en el borde y poder activar el pegamento. Sin embargo, no pudiste evitar notar que no quitó sus ojos de mirar los tuyos cuando lo hacía, haciendo tu corazón latir un poco más rápido. Sus largas y seductoras pestañas estaban casi llamándote cada vez que besaban sus sonrosados pómulos.
Cuando finalizó de preparar el cigarrillo, Hange le dio unos cuantos apretones para fijarlo y observó el resultado con orgullo. Luego, te lo mostró con una sonrisa en el rostro. En ese momento despertaste del ensueño y apreciaste el porro bien armado, casi perfectamente hecho, entre sus dedos.
— Señorita, usted primero. — tomaste el cigarrillo con nerviosismo, sintiendo la tensión en el aire mientras lo colocabas en tus labios. Hange tomó su encendedor rojo y se acercó a ti para prender el cigarrillo. La cercanía de su mano con tu rostro te hizo sentir aún más nerviosa, y no pudiste evitar notar que sus ojos estaban fijos en tus labios mientras lo encendía. ¿Acaba de lamerse los labios o fue solo tu mente jugando contigo?
El fuego consumió la punta del cigarrillo y rápidamente inhalaste el humo antes de que se apagara. Mantuviste el humo en tus pulmones por un momento antes de soltarlo, y el humo cayó sobre la cara de la chica, quien cerró los ojos con una sonrisa.
— Perdón, estaba nerviosa. Hace un tiempo que no... fumo. — le entregaste el objeto a Hange, quien lo recibió y dio una profunda calada antes de pasárselo a Levi. Ella te miró otra vez, sonriendo más amplio que nunca. Una risa nerviosa salió de tus labios mientras agitabas la cabeza y lo mirabas, cohibida por tus acciones. — Parece que soy una mocosa, huh.
— Dicen que si sueltas el humo en la cara de alguien es porque te gusta. — bromeó Hange mientras jugaba con los anillos de sus dedos y mantenía su mirada fija en la tuya. Levi le pasó el cigarrillo de nuevo y ella inhaló una vez más. Luego, acercó su rostro al tuyo y sopló el humo en dirección a tu boca semi-abierta, lo que te hizo inhalar un poco. Se apartó con una sonrisa y acarició tu muslo antes de levantarse y dirigirse hacia el grupo de Jean junto a Levi.
La melodía de The Hills de The Weeknd te hizo volver al presente y dejar de mirar fijamente el mismo punto. Te tocas la mejilla con una mano y sentiste que el calor en ella aumentaba aún más te quedabas repitiendo el momento en tu cabeza. Dirigiste la mirada hacia la chica a lo lejos, quien sonreía mientras le negaba unos billetes a otra chica de cabello negro y corto. Hange rechazó rápidamente el dinero y sólo le entregó el cigarrillo ya apagado que había compartido contigo y Levi, junto con otro sobre de plástico.
Aprietas tus muslos, liberando un poco de la tensión en tu estómago, sintiendo miles de mariposas chocando contra las paredes de tu interior mientras el recuerdo de todo lo que acaba de suceder sigue vivo en tu mente. El comentario fue lo que definitivamente terminó por dejarte aturdida.
— Mierda, eso fue demasiado intenso. — ríes al sentir cómo la droga comienza a hacer efecto en tu cuerpo y mente. Te giras completamente hacia la barra y bebes de un solo sorbo lo que queda en tu vaso, dejándolo sobre la superficie. La noche continúa.
..
PLAYLIST. ♥︎
esta app es confusa (´°̥̥̥̥̥̥̥̥ω°̥̥̥̥̥̥̥̥`) i hate you wattpad
