Capítulo Único
El sonido del papel deslizándose era un susurro leve, casi imperceptible, pero para Hyunjin resultaba un estruendo que le perforaba el pecho. Cada vez que pasaba una página de aquel álbum de fotos, sentía que el aire se le escapaba un poco más. Tal vez era por los recuerdos. Breves, sí... pero intensos, como si hubieran sido arrancados del borde de un sueño demasiado hermoso como para durar.
Hyunjin estaba sentado en el suelo del viejo estudio que habían compartido durante años. La madera crujiente aún conservaba marcas de pintura, huellas de zapatos, manchas de café que nunca limpiaron. Jeongin decía que esas cosas hacían que el lugar tuviera carácter. "Imperfecciones bonitas", las llamaba.
Ahora solo había silencio.
El álbum estaba sobre sus piernas, pesado, cálido por el tacto. Las fotos iban desde días tontos de parque hasta noches borrosas donde la luz de la ciudad les iluminaba la piel. Hyunjin se detenía en una en especial: Jeongin riendo, con los ojos tan cerrados que parecían dos líneas curvas. Él había tomado esa foto. Él había provocado esa risa.
-Te extraño -susurró, aunque no hubiera nadie escuchando.
La habitación respondió con un vacío que dolía.
---
Afuera llovía. De esas lluvias lentas, constantes, que parecían monótonas pero desgastaban el alma gota a gota. Hyunjin cerró el álbum de fotos por un momento, respiró hondo y apoyó la cabeza contra la pared. Habían pasado exactamente tres años y seis meses desde la última vez que vio a Jeongin. Los calendarios no mentían, pero su corazón se negaba a aceptar el paso del tiempo.
"También sé que el pasado nunca regresa", pensó, repitiendo las palabras que tantas veces se dijo para convencerse. No funcionó.
---
Lo conoció cuando Jeongin tenía apenas dieciocho años y él veintitrés.
Un día cualquiera. Una casualidad absurda.
Hyunjin estaba enseñando fotografía en una biblioteca comunitaria, solo como pasatiempo. Jeongin llegó tarde a la tercera clase, respirando agitado porque había corrido para no perderla. Llevaba una cámara vieja, de esas que ya nadie usaba, y unas ganas enormes de aprender.
-¿Llegué muy tarde? -preguntó, medio avergonzado.
Hyunjin le sonrió.
-Solo diez minutos. Si prometes no volver a correr por mi culpa te dejo pasar.
Jeongin cumplió... y no cumplió. Había algo en él que hacía que todo lo más simple se volviera distinto. Era un torbellino dulce, un muchacho que miraba las cosas con una ternura que Hyunjin creía que no existía en el mundo real.
Se hicieron cercanos rápido.
Demasiado rápido.
Jeongin tenía talento. Miraba a través del lente como si pudiera leerle el alma a las personas. Hyunjin lo observaba desde atrás, desde ese silencio que se instalaba en él sin permiso. Poco a poco fue entendiendo que lo que sentía no era admiración.
Era amor.
Jeongin lo quiso de vuelta.
Pero amar no es garantía de permanencia.
---
Volvió a abrir el álbum. Las páginas crujieron.
"Vuelvo a gritar entre los momentos que se han extraviado..."
-Yo también grito -murmuró Hyunjin-, pero nadie responde.
La foto siguiente era su favorita. Salían los dos, abrazados, en medio del mar. Jeongin había insistido en tomarse esa selfie aunque Hyunjin odiara mojase la cámara. La tomó igual. Porque Jeongin se lo pidió con esa sonrisa que lo derribaba todo.
-Hyun... -recordó la voz aguda, suave-. ¡Mírame!
-Estoy mirando el horizonte.
-Yo soy tu horizonte.
-Ridículo.
-Pero es verdad.
Hyunjin presionó el borde de la página con fuerza, intentando no quebrarse.
---
Había muchas razones por las que no funcionaron.
Ninguna lo consolaba.
La primera fue el tiempo.
La segunda, los sueños distintos.
La tercera, el miedo.
Jeongin quería viajar, descubrir, capturar el mundo. Hyunjin quería quedarse, formar algo estable, construir un hogar. Eran compatibles en casi todo... menos en lo que definía un futuro juntos.
Se dijeron que podrían lograrlo a distancia.
Que era temporal.
Que el amor bastaría.
Pero Jeongin comenzó a desaparecer poco a poco, como un reflejo en el agua. Hyunjin lo veía menos, le hablaba menos, lo sentía menos. No porque él no lo quisiera ya... sino porque el mundo lo estaba llamando, y Jeongin tenía alas demasiado grandes como para quedarse en un solo lugar.
La última conversación la recordaba con tanta nitidez que le dolía respirar.
---
-Hyunjin... -Jeongin estaba frente a él, mirando el suelo-. No quiero que pienses que te estoy dejando atrás.
-No lo pienso. Lo estás haciendo.
Jeongin apretó los labios.
-No quiero perderte.
-Pero tampoco quieres quedarte.
Silencio.
Hyunjin había querido abrazarlo. Decirle que sí, que lo entendía, que podían seguir intentando. Pero sus palabras se atraparon en la garganta. Porque sabía que si lo retenía, Jeongin se quedaría... y sería infeliz.
-No me odies -pidió Jeongin, con los ojos temblando.
-Eso nunca -respondió Hyunjin, aunque parte de su corazón quisiera gritarle que se quedara.
Se abrazaron fuerte.
Tan fuerte que Hyunjin creyó que la memoria podría conservar el tacto, la temperatura, el olor.
Pero la memoria también se rompe.
Ese día Jeongin se fue.
Ese día Hyunjin dejó una parte de sí en ese mismo abrazo.
---
La puerta del estudio sonó.
Tres golpes suaves.
Hyunjin no esperaba visitas. Nadie visitaba ese lugar ya.
Se levantó con torpeza, dejando el álbum sobre el sillón. Al abrir la puerta, encontró a Chan, uno de sus amigos más cercanos y también alguien que había conocido a Jeongin desde pequeño.
-No esperaba verte -dijo Hyunjin.
Chan lo miró con una mezcla de preocupación y cansancio.
-No esperaba tener que venir. Pero no me contestas mensajes, no respondes llamadas, y Minho dice que no sales de aquí desde hace días.
-Estoy ocupado -mintió.
-Estás hundiéndote -corrigió Chan, entrando sin pedir permiso.
Hyunjin frunció el ceño, pero no lo detuvo. Chan caminó por la habitación, observando las fotos en el suelo, los sobres abiertos, las cajas sin ordenar.
-¿Otra vez el álbum de fotos? -preguntó.
Hyunjin desvió la mirada.
-No puedo tirarlo.
-No te estoy pidiendo que lo tires... pero tampoco que te quedes viviendo en el pasado como si aún estuvieras esperando que vuelva.
La mandíbula de Hyunjin se tensó.
-Yo no estoy esperando.
Chan lo miró con calma.
-Hyunjin... todos vemos que sí.
Hyunjin no respondió.
En cambio, fue hacia la ventana, observando cómo la lluvia seguía cayendo.
Le parecía irónico. Incluso el clima parecía atrapado en la misma escena una y otra vez.
---
-¿Sabes por qué vine realmente? -preguntó Chan, sentándose en el sillón.
Hyunjin negó sin girarse.
-Tengo noticias.
El corazón de Hyunjin dio un salto incómodo.
No quiso preguntar.
Pero su silencio fue suficiente para que Chan continuara.
-Supe algo de Jeongin.
Hyunjin se quedó completamente quieto.
-¿Qué... cosa? -la voz le salió quebrada.
Chan respiró hondo.
-Volvió al país hace unos días.
Un latido.
Otro.
Y otro más.
Hyunjin sintió cómo su pecho se comprimía, como si por fin algo despertara después de años dormido.
-¿Volvió...? -repitió, incrédulo.
-Sí. Pero-
Hyunjin se giró de golpe.
-¿Pero qué?
Chan bajó la mirada.
-No vino solo a visitar. Tampoco vino a buscarte.
Hyunjin se sintió ridículo por haberlo pensado siquiera.
Apretó las manos.
-¿Entonces?
Chan dudó, como si le costara decirlo.
-Está enfermo.
La palabra lo golpeó como una piedra lanzada directo al plexo solar.
-¿Qué...?
-Nada mortal por ahora, pero... -Chan suspiró-. Está peor de lo que crees. Y creo que por eso volvió. Para estar cerca de su familia.
El mundo comenzó a dar vueltas.
Hyunjin apoyó una mano contra la mesa para no caer.
Jeongin, enfermo.
Jeongin, de regreso.
Jeongin... demasiado frágil como para no venir a verlo.
-¿Él... quiere verme? -preguntó, aunque temiera la respuesta.
Chan tragó saliva.
-No lo sé. Pero sé que tú sí quieres verlo.
Hyunjin cerró los ojos con fuerza.
Era verdad.
Quería verlo.
Quería correr.
Quería abrazarlo como si nada hubiera pasado.
Pero también...
Tenía miedo.
Porque el pasado nunca regresa.
Y porque algunas heridas duelen más cuando se reabren.
-Hablaré con él si tú quieres -ofreció Chan suavemente.
Hyunjin negó.
-No. Si él quiere verme... vendrá.
Chan lo observó con tristeza.
-Y si no viene?
Hyunjin no respondió.
El silencio lo dijo todo.
---
Tras irse Chan, Hyunjin se quedó mirando nuevamente el álbum.
Pasó la mano sobre la portada, sintiendo las marcas, los relieves, las esquinas desgastadas.
-Jeongin... -susurró.
Las lágrimas llegaron.
No muchas.
Pero las suficientes para empañar la foto que había quedado abierta: aquella selfie en el mar.
-Si estás aquí... si realmente volviste... -respiró hondo, frágil, vulnerable-. ¿Por qué no viniste a verme?
La lluvia golpeó aún más fuerte, como si respondiera por él.
Hyunjin cerró los ojos.
Y en ese instante, por primera vez en años, deseó fervientemente volver atrás. No por nostalgia... sino por desesperación.
Porque sabía que no importaba cuánto lo negara...
Seguía amándolo.
Y sabía también que eso solo podía terminar mal.
---
El timbre del teléfono sonó.
Hyunjin lo miró desde el suelo, confundido.
Tenía pocas personas en su lista de contactos.
Chan.
Minho.
Su jefe.
Su hermana.
Y...
El nombre en la pantalla le heló los huesos.
Jeongin.
El corazón de Hyunjin dejó de latir por un segundo.
Con manos temblorosas, deslizó para responder.
-...¿Hola? -susurró.
Hubo un silencio breve pero lleno de emociones.
Y entonces, la voz que había añorado tantos años, tan frágil como nunca antes, habló:
-Hyunjin...
Necesito verte.
El álbum de fotos cayó al suelo.
Y con él, una página se soltó del lomo, flotando lentamente.
Como si incluso los recuerdos supieran que algo estaba a punto de romperse para siempre.
---

---
La voz de Jeongin al otro lado de la línea resonaba débil, como si estuviera hablando desde un lugar lejano, casi inalcanzable.
-¿Dónde estás? -preguntó Hyunjin, tratando de mantener la voz estable.
-En el café de la esquina... el de siempre -respondió Jeongin, respirando con dificultad-. ¿Puedes venir?
Hyunjin asintió aunque él no pudiera verlo.
-Voy en camino.
Cortó antes de que sus emociones lo traicionaran. Tomó una chaqueta cualquiera, una bufanda y salió casi corriendo del estudio.
La lluvia seguía cayendo, persistente, como si quisiera borrar las huellas en la calle. Hyunjin caminó rápido, su corazón golpeando con un ritmo que había olvidado. Cada paso lo acercaba más a un pasado que había intentado enterrar... y a un futuro que temía enfrentar.
---
El café estaba casi vacío cuando llegó. Las ventanas empañadas daban la sensación de que el mundo afuera era irreal, como una pintura borrosa. Hyunjin empujó la puerta, haciendo sonar la campanilla. Entonces lo vio.
Jeongin estaba sentado en la mesa más cercana a la ventana, con las manos entrelazadas sobre la taza de café. Parecía más pequeño, más frágil. Sus mejillas estaban hundidas y sus labios tenían un leve tono pálido. Pero sus ojos... sus ojos seguían siendo los mismos.
Cuando alzó la mirada y lo vio, sonrió.
Una sonrisa tenue, cansada... pero genuina.
Hyunjin sintió cómo todo su pecho se comprimía.
Se acercó despacio.
-Jeongin...
-Hola, Hyun -susurró.
Ese apodo casi lo derrumba.
Se sentó frente a él.
Por un momento ninguno habló. Solo se miraron, como si el silencio tuviera palabras que ninguno se atrevía a pronunciar.
---
-Te ves... -Hyunjin empezó, pero se detuvo. No quería herirlo.
Jeongin soltó una risa muy pequeña.
-Mal. Puedes decirlo.
Hyunjin negó.
-No... solo... estás más delgado.
Jeongin jugueteó con la taza.
-Es normal. Los viajes, las noches sin dormir... y la enfermedad, claro.
Hyunjin apretó los puños sobre sus rodillas.
-Chan me lo dijo.
-Lo imaginé.
Silencio.
Jeongin lo observó con una expresión suave, como si tuviera miedo de romper algo en él.
-Siento no haberte buscado antes -dijo Jeongin, mirando la mesa-. Tenía miedo. No estaba seguro de si querías verme.
Hyunjin tragó saliva.
-Siempre quise verte.
La voz se le quebró sin que pudiera evitarlo.
Jeongin levantó la vista, sus ojos húmedos.
-Hyunjin... no vine para hacerte daño.
-No podrías -respondió él, aunque sabía que era mentira. Jeongin siempre podría.
Jeongin sonrió tristemente.
-Sabes que no es cierto.
---
Hablaron durante más de una hora.
Jeongin contó que llevaba meses sintiéndose mal. Vértigos, cansancio extremo, desmayos. Los médicos en el extranjero no encontraron algo completamente definitivo, pero sí lo suficiente para alarmarlo. Regresó al país para seguir el tratamiento y estar cerca de su familia... por si algo salía mal.
-¿Y... qué dicen ahora? -preguntó Hyunjin, con un nudo en la garganta.
Jeongin bajó la mirada.
-No mucho más. Solo... que debo cuidarme. Que tengo que descansar. Que tal vez... debería dejar de viajar por un tiempo.
Hyunjin sintió un pequeño alivio. No era fatal. No era definitivo.
-Podrías quedarte aquí entonces -dijo sin pensarlo.
Jeongin lo miró, sorprendido.
-Hyunjin...
-El estudio... tu cuarto sigue igual. No he tocado nada.
Jeongin sonrió... pero esa sonrisa dolía.
-No quiero que lo hagas por lástima.
-No es lástima.
-¿Entonces qué es?
Hyunjin dudó.
Abrió los labios, intentando decir la verdad, pero las palabras se estrellaron en su lengua.
Jeongin lo entendió.
Siempre lo entendió.
-Hyun... -suavizó la voz-. Lo sé.
Hyunjin sintió los ojos arder.
-No digas eso -susurró.
-No es malo. Solo... ya no somos los mismos.
Hyunjin quiso protestar. Quiso decir que él sí seguía siendo el mismo, que su amor no había cambiado, que aún tenía noches donde despertaba buscándolo en la cama vacía. Pero Jeongin se adelantó:
-No vine para volver contigo -dijo con sinceridad, sin crueldad-. Vine para despedirme. Y para agradecerte.
Esas palabras partieron algo dentro de Hyunjin.
-No digas despedirte -pidió, con un tono que era casi un ruego.
-Hyunjin...
-No puedes hacer eso. No puedes volver después de tres años, decirme que estás enfermo y luego decirme que vienes a despedirte -la voz se le quebró por completo-. No puedes.
Jeongin cerró los ojos, sus pestañas temblando.
-No quiero que me esperes -dijo con suavidad-. No quiero que te quedes aferrado a algo que ya no podemos tener.
-Yo no me aferro a nada -mintió Hyunjin.
-Sí lo haces -Jeongin tomó su mano, cálida pero débil-. Lo sé porque yo también lo haría.
Hyunjin apretó los labios para no llorar.
Jeongin continuó:
-Te amé. Mucho. Y nunca me arrepentiré de eso. Ni un solo día. Pero sigo siendo yo... ese que quiere ver el mundo, ese que no sabe quedarse en un mismo lugar, ese que no puede darte lo que mereces.
-Lo que yo quiero eres tú -susurró Hyunjin.
-No puedes querer algo que ya no existe -Jeongin tembló-. Yo... ya no soy el mismo de antes, Hyun.
---
El silencio entre ellos se volvió pesado, casi insoportable.
Hyunjin se levantó de golpe, incapaz de seguir sentado.
Jeongin lo siguió con la mirada, preocupado.
-Hyunjin...
-¿Por qué viniste? -preguntó él, con un tono entre rabia y dolor-. ¿Para qué volver si solo era para decir adiós?
Jeongin respiró hondo.
-Porque no quería que nuestra último recuerdo fuera una pelea. No quería irme sin que supieras que todo lo que vivimos fue real.
Hyunjin sintió que su pecho se partía.
Jeongin continuó, con la voz temblorosa:
-Vine porque te amo aún. Pero no como antes. Vine porque tenía... miedo. Y porque sabía que si moría lejos sin hablar contigo... nunca me lo perdonaría.
Esas palabras fueron un golpe mortal.
Hyunjin retrocedió un paso.
-No hables así...
-No es que esté muriendo ya -dijo Jeongin, con una sonrisa triste-. Pero tampoco sé si viviré muchos años. Y no quiero que dediques los tuyos a esperarme.
Las lágrimas finalmente escaparon de los ojos de Hyunjin.
-No puedo perderte otra vez.
-No me perderás -susurró Jeongin-. Siempre vas a tener esto.
Tomó la mochila que llevaba consigo y sacó un pequeño objeto envuelto en papel kraft. Lo deslizó hacia Hyunjin.
-Ábrelo.
Hyunjin lo sostuvo con manos temblorosas. Desenvolvió el papel con cuidado.
Era uno álbum de fotos nuevo.
Pero este... estaba vacío.
Solo la primera página tenía algo escrito.
"Para Hyunjin.
Para los recuerdos que aún no existen.
Llénalo con alguien que no sea yo."
La respiración de Hyunjin se rompió.
-Jeongin... por favor...
-No me odies -pidió él, la voz casi inaudible-. Ni por irme del país... ni por volver... ni por hacerte esto.
Hyunjin se arrodilló enfrente de él, sin importar que estuvieran en un café.
Tomó su rostro entre las manos, sintiendo sus mejillas frías.
-Nunca podría odiarte.
Los ojos de Jeongin se llenaron de lágrimas.
-Gracias por haberme querido tanto -susurró.
Hyunjin apoyó su frente contra la de él.
-Te amo -dijo, quebrándose-. Un poquito más... solo un poquito más.
Jeongin cerró los ojos, dejando que una lágrima cayera.
-Yo también te quiero -respondió-. Pero ya es hora de decir adiós.
Hyunjin lo abrazó, fuerte, desesperado, como si con ese abrazo pudiera detener el tiempo. Jeongin tembló en sus brazos, pero le devolvió el abrazo con la misma intensidad.
Fue un abrazo largo. Uno que quemaba. Uno que dejaba cicatrices.
Cuando se separaron, Jeongin se levantó.
Hyunjin se mantuvo arrodillado, respirando con dificultad.
-¿Volveremos a vernos? -preguntó, aunque temiera la respuesta.
Jeongin lo miró con una expresión llena de amor... y de resignación.
-No lo sé.
Fue la verdad más honesta que pudo darle.
---
El café quedó en silencio cuando Jeongin salió caminando bajo la lluvia. Hyunjin lo siguió con la mirada hasta que se perdió entre la neblina gris. No lo llamó. No lo persiguió.
Sabía que no debía hacerlo.
Sabía que ese era su final.
Regresó al estudio empapado, sin sentir frío. Cerró la puerta con suavidad y dejó el nuevo álbum sobre la mesa. Se dejó caer en el suelo, exhausto.
El viejo álbum de fotos estaba donde lo había dejado. Abierto en la foto del mar.
Hyunjin lo tomó entre sus brazos y lo acercó a su pecho. Lloró.
Lloró sin contenerse, sin vergüenza, sin fuerza.
Lloró porque la persona que más había amado en su vida seguía viva... pero ya no era parte de su historia.
Lloró porque Jeongin había vuelto solo para terminar lo que quedaba entre ellos.
Lloró porque él también sabía que era lo correcto.
---
Pasaron semanas.
Hyunjin fue al estudio todos los días, tratando de seguir adelante. Pero las noches... las noches eran crueles. A veces abría el álbum vacío. Otras veces releía la primera página y se preguntaba cómo iba a llenarlo.
Un día recibió un mensaje.
De Jeongin.
"Estoy mejor hoy. Espero que tú también."
Hyunjin sonrió un poco.
Le respondió.
"Sí. Estoy tratando."
Jeongin tardó unos segundos.
"Me alegra. Cuídate mucho, ¿sí?"
Ese fue el último mensaje.
Después, silencio.
Semanas se volvieron meses.
Hasta que un día, sin aviso previo, Chan apareció en su puerta nuevamente. Hyunjin supo al verlo.
Lo supo antes de que Chan dijera una sola palabra.
Lo supo porque el silencio, de pronto, sonó igual que aquel día en el café.
Chan lo abrazó antes de hablar.
-Lo siento.
Hyunjin cerró los ojos.
Una lágrima cayó antes incluso de que pudiera preguntar.
---
El funeral fue pequeño. Familiares cercanos. Pocos amigos. Jeongin había pedido que fuera así. Nada grandioso. Nada triste, decía en la carta que dejó.
Hyunjin no lloró allí.
No podía.
Solo se acercó al pequeño altar y tocó la foto de Jeongin con la punta de los dedos.
La foto mostraba una sonrisa grande. Tan viva que parecía desafiar a la muerte.
-Te amo -susurró.
Se fue antes de que las flores empezaran a marchitarse.
---
Esa noche, en el estudio, abrió el álbum vacío.
Tomó un lápiz. Escribió en la primera página, justo debajo de la frase de Jeongin:
"Un día volveré a reír sin que duela."
"Un día te recordaré sin romperme."
"Un día... te dejaré ir."
Pasó la página.
Y en la siguiente, pegó una foto.
La última que tenía de Jeongin.
La del café.
Donde sonreía débil, pero aún con esa luz que nunca se apagó.
La miró largo rato y después cerró el álbum.
Apagó la luz del estudio.
La lluvia había parado afuera.
Por primera vez, en mucho tiempo... Hyunjin sintió que el mundo seguía moviéndose.
Lento.
Doloroso.
Pero moviéndose.
Y mientras caminaba lejos de esa habitación llena de memorias, entendió algo:
Jeongin se había ido.
Sí.
Pero el amor...
Ese amor que había tenido forma de fotografías, risas y tardes infinitas...
Ese amor no desaparecía.
Solo se guardaba en un lugar distinto.
Un lugar donde ya no lastimara.
Un lugar donde solo quedaban recuerdos.
Y allí, aunque doliera, Hyunjin decidió dejarlo descansar.
FIN